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El jueves 30 de octubre el pueblo de Burkina Faso, y particularmente su juventud, mediante un movimiento insurreccional, han acabado con el régimen dictatorial del Capitán Blaise Compaoré, que duraba desde hacía 27 años.

Este movimiento es la culminación de una larga lucha clandestina y a veces abierta llevada a cabo desde el inicio de la dictadura instalada el 15 de octubre de 1987. Durante su larga dominación, Blaise Compaoré ha derramado sangre del pueblo y de su juventud. En el actual movimiento se han producido unas 30 muertes, principalmente entre los jóvenes, de los cuales cinco son camaradas nuestros.

La Organización Democrática de la Juventud de Burkina Faso transmite su sentido pésame a las familias. Rendimos un vibrante homenaje a estos mártires caídos en el campo de batalla por la democracia, la justicia y el progreso social. En esta lucha patriótica y revolucionaria, nuestra juventud ha mostrado al pueblo de Burkina y al mundo entero que es la digna heredera de las tradiciones de lucha y de sacrificio de nuestro pueblo.

El valor y la determinación de la juventud durante el movimiento insurreccional muestra la necesidad del cambio, de lucha contra la miseria, la pobreza, el hambre, la falta de trabajo, la carencia de perspectivas. La lucha de la juventud no es sólo una justa lucha para la alternancia en el Poder, es la lucha que conlleva el sacrificio por lograr la aspiración de nuestra juventud por el bienestar social y la libertad.

El derrocamiento de la dictadura de Compaoré plantea el problema del poder del Estado. En esta situación, el Ejército, so pretexto de llamar al pueblo, ha llevado a cabo un golpe de Estado, confiscando una vez más el poder político. Efectivamente, el 31 de octubre, al mediodía, un comunicado informaba que el teniente coronel Isaac Zida, del Regimiento de Seguridad Presidencial (RSP), milicia privada fuertemente armada de Blaise Compaoré, había sido nombrado jefe del Estado para guiar la transición política.

El golpe de Estado va contra las aspiraciones del pueblo de Burkina y de la juventud, que ya tiene una larga experiencia política sobre los golpes de Estado. Desde la irrupción del Ejército en la escena política, con el primer golpe de Estado en enero de 1966, nuestro país ha caído progresivamente en la violencia política, la restricción de la libertad y la manipulación, hasta desembocar en la dictadura del capitán Compaoré. La juventud no ha acudido a las barricadas contra la represión del régimen de Compaoré para encontrarse con otro golpe de Estado. La insurrección política del 30 de octubre de 2014 ha sido obra del pueblo y de su juventud. Por tanto, la transición ha de ser llevada a cabo por el pueblo, con una alianza que una a todas las fuerzas sociales y políticas que han participado en el movimiento insurreccional que dura desde hace años en Burkina Faso, particularmente desde el «affaire» Norbert Zongo.

La RSP, ese cuerpo especial de represión al servicio de los intereses de la familia de Compaoré, que ha sembrado el terror y la desolación en numerosas familias, que ha reprimido a sangre y fuego a nuestro pueblo, incluso en la jornada del 30 de octubre, no puede asegurar una transición política en Burkina: ha de ser desmontada pura y simplemente, como reivindicaba en 1999 el colectivo de lucha contra la impunidad y el Colectivo de Sabios.

La OJD:

 

¡Viva la OJD! ¡Viva la juventud audaz y revolucionaria de Burkina Faso!

¡Adelante por un Burkina Faso libre y democrático!

 

Organización Democrática de la Juventud de Burkina Faso

Comité Ejecutivo Nacional