Redacción | Octubre nº 91

Uno de los países árabes, de entre los que se levantaron en 2011, que han logrado mantener y profundizar su lucha contra imperialismo y el gobierno de turno es Túnez. En primer lugar ha sido por la continuidad y consecuencia de las organizaciones democráticas y revolucionarias, como el Frente Popular y el Partido de los Trabajadores de Túnez, que mantienen en alto las demandas económicas y políticas del pueblo tunecino, así como la perspectiva del cambio revolucionario.

El reciente levantamiento que nuevamente puso a las masas trabajadoras en la pelea, tiene como telón de fondo la continuidad de la política neoliberal que sigue sosteniendo el régimen de Beji Caïd Essebsi, que sucedió al derrocado Ben Alí y que, al igual que este, se sostiene con la intervención del imperialismo estadounidense.

Esta condición también situó nuevamente como protagonistas de esta lucha -que prendió en todo el país- a los desempleados, la juventud y los trabajadores, de modo similar a los hechos de 2011. La muerte en Kasserine de Ridha Yahyaoui, un joven desempleado que se electrocutó al subirse a un poste eléctrico en mitad de una protesta reclamando trabajo al Gobierno, desató la ira de miles de tunecinos, que se enfrentaron con barricadas a la represión policial. El régimen intentó controlar las protestas con los cuerpos de seguridad, pero eso encendió más la reacción del pueblo.

Ante estos acontecimientos, el gobierno se justificó –«recibimos un país con problemas»– y acompañó la represión con paliativos que buscaban la desmovilización: ofreció empleo y ayudas sociales a seis mil jóvenes, mientras arremetía contra las decenas de miles que se rebelaron, acusándolas de tener detrás el terrorismo del Daesh. En los meses anteriores, en Túnez se han llevado a cabo acciones terroristas con las que el régimen justifica sus medidas de “seguridad” contra la movilización popular, que ha estado haciendo frente a la política económica del gobierno de derecha. Pese a ello, el pueblo continúa en pie de lucha.