Documento de la XX Plenaria de la CIPOML [descargar]

¿Son necesarios hoy los frentes populares?

La respuesta es un rotundo SÍ. Son necesarios, e imprescindibles dada la situación de opresión y explotación, cada vez mayores, que sufren los pueblos en general. El proletariado, con su Partido al frente, debe ponerse a la cabeza de las masas populares, para organizar y dirigir sus luchas. No es tarea fácil, pero todas las dificultades se pueden superar. Para ello, se precisa trabajar para vincularse ampliamente con las masas avanzadas, ganar su reconocimiento.

 

El Congreso de la Internacional Comunista (1921) señaló que «El Frente Único [del proletariado] es la unidad […] de los obreros decididos a luchar contra el capitalismo». Dimitrov insistió en que el Frente Popular, dadas las circunstancias que se daban en el mundo, era una necesidad urgente y que la base esencial del mismo debía ser el Frente Único del Proletariado.

Las contradicciones fundamentales de la época en que vivimos y luchamos están perfectamente definidas: «La contradicción entre el proletariado y la burguesía; la contradicción entre capitalismo y socialismo[1]; la contradicción entre los pueblos y naciones oprimidas con el imperialismo; la contradicción entre potencias imperialistas y grupos financieros entre sí». Esta última contradicción se manifiesta con las guerras locales, las agresiones a los pueblos, la disputa de las zonas geoestratégicas y la explotación de las neocolonias, la manipulación de los sentimientos democráticos y patrióticos de los pueblos. Es una contradicción que se acrecienta rápidamente.

Vivimos en la época definida por Lenin, con características y formas nuevas. Actualmente, se manifiesta una preocupante tendencia a la fascistización en diversos países donde actúan organizadamente bandas neonazis, en muchos casos protegidas por los gobiernos (véase el caso de Grecia, Hungría, España, Alemania, etc.) El poder y los aparatos estatales, salvo excepciones, están en manos de partidos y gobiernos reaccionarios, antipopulares. Las potencias y sus gobiernos títeres hablan de democracia, de derechos humanos, de la paz entre los pueblos… mientras que someten y explotan salvajemente a los pueblos, que son reprimidos en muchas ocasiones por las armas.

Es esta una cuestión general, no de tal o cual país: en distinto grado, con diferentes formas e intensidad, es una tendencia general. Los partidos comunistas debemos hacer frente a diario a situaciones de represión, de lucha por conquistas sociales, contra leyes que cercenan, y hasta suprimen, derechos laborales y sociales logrados con la lucha durante decenios.

En su informe al VII Congreso de la Internacional Comunista (1935), Dimitrov insistió en la importancia de la constitución de frentes populares contra la situación que se creaba y frente al auge del nazifascismo (Italia, Alemania, Portugal, Japón…). Ese informe[2], pese a los años transcurridos y los acontecimientos vividos, es de actualidad y puede servir de orientación general para los partidos[3]. Es evidente que las circunstancias actuales no son las mismas que en los años 30. El contexto en el que vivimos es muy distinto al de entonces: baste con recordar la desarticulación y desmembramiento de la URSS, la degeneración oportunista de muchos de los partidos de entonces, y que actualmente, salvo excepciones, los partidos comunistas marxista-leninistas somos todavía débiles, sin influencia determinante en amplias masas.

La importancia del texto de Dimitrov es indudable, pero ha de tenerse en cuenta que la situación internacional no es la misma, aunque haya problemas de fondo similares (que se reflejan en las contradicciones fundamentales), y también es preciso actuar según las circunstancias particulares de cada país y de cada partido. No en todas partes se puede pretender llevar el trabajo frentista de la misma manera, pues hay que tener en cuenta el inevitable desarrollo desigual, tanto de las fuerzas políticas, del Partido, como de la sociedad misma. Es indudable que no se puede comparar la situación que vive Ecuador (en todos los aspectos señalados), con la que se da en Alemania, por ejemplo: en España, Dinamarca, Turquía, Marruecos, Francia, Venezuela, etc., etc., se dan condiciones distintas; por lo tanto, tácticamente se darán diferencias entre unos y otros, diferencias secundarias, pero diferencias al fin y al cabo.

Defender la valía y aspectos actuales del discurso de Dimitrov no debe llevarnos a tomar al pie de la letra todos y cada uno de los aspectos que aborda su texto. Estudiar, analizar, discutir los textos de los grandes dirigentes comunistas, y Dimitrov es uno de ellos, no es hacer de ellos catecismos, doctrinas infalibles, cosa que está reñida con la dialéctica marxista y leninista.

Cada uno de nuestros partidos debe plantearse estas cuestiones. No hay respuestas prefabricadas. Sólo el examen dialéctico, es decir del momento, que puede cambiar de un día para otro, sin desligarlo de la estrategia del mañana, que no se puede precisar ni definir cuál será su rumbo, nos permite tomar posiciones y medidas tácticas, para hacer frente a la problemática que día a día debemos enfrentar, intentar resolver.

Lo importante es en todo momento tener en cuenta la realidad en que vivimos y se desenvuelven, trabajan y luchan nuestros partidos. Hay, pues, que tener en cuenta un hecho decisivo: en casi todos los países del mundo, con su diferente grado de desarrollo, la clase obrera es la más revolucionaria, sus elementos avanzados están a la cabeza de las reivindicaciones y luchas; pero la clase obrera no es la única clase explotada por el capitalismo, hay sectores de la pequeña y media burguesía que también sufren la opresión. Y aunque su mentalidad no sea la del proletariado consciente, debemos tener en cuenta esos sectores y tratar de a cercarnos a ellos. Se debe tener en cuenta que, si la clase obrera y su partido no se esfuerzan por aglutinar a las demás clases trabajadoras, incluso a ciertos sectores patrióticos y democráticos de las clases medias, estos pueden ser manipulados por una u otra facción o capa de la burguesía. Indudablemente, la clase obrera tiene que ganarse, en el combate ideológico y político, el papel de vanguardia de todos esos sectores explotados y oprimidos y defender sus reivindicaciones.

Esta puede ser una de las bases para forjar alianzas tácticas, momentáneas. Pero no debemos confundir ni contraponer esas alianzas tácticas en un momento determinado, a las alianzas estratégicas. Es decir, no supeditamos el conseguir alianzas estratégicas a cuestiones del momento, circunstanciales, pero tampoco supeditamos alianzas tácticas al logro de las posibles alianzas estratégicas, siempre que ello no implique abandono de cuestiones esenciales. Más claro: debemos estar vigilantes para no confundir con el Frente Popular las alianzas tácticas, parciales, pasajeras, en muchos casos locales de una ciudad, comarca o provincia, incluso acuerdos sectoriales, pero que no pueden englobar a los sectores generales avanzados.

El Frente Popular ha de responder a las necesidades generales de la lucha, a las cuestiones políticas que se plantean y, sobre todo, a la necesidad de movilizar a las masas avanzadas para incorporarlas a la acción.

La clase obrera, el proletariado, teóricamente, ha de ser la fuerza principal del Frente Popular; se trata de que lo sea también en la práctica con el Frente Único proletario. Recordemos que la teoría sin práctica es verborrea, y la práctica, sin teoría, son palos de ciego.

Dada la amplitud política que pueden representar las diferentes fuerzas que se incorporen al Frente, para que el proletariado pueda ejercer su papel de fuerza principal el Partido ha de esforzarse por estar a la cabeza, ser el dirigente (en términos relativos según las circunstancias). Ese papel dirigente no se consigue con voluntarismo, ni por decreto; hay que ganárselo en la práctica cotidiana, con la claridad de nuestros planteamientos políticos, con el respeto y fiel aplicación de los acuerdos.

Si el Partido no logra desempeñar ese papel, a la larga acabará por ir a la zaga de la pequeña burguesía, con lo que se cometería un grave error. Aquí conviene tener en cuenta la «Ley de la unidad y lucha de contrarios».

Esto nos lleva a plantear la cuestión de la independencia ideológica del Partido. Un Frente Popular, construido sobre acuerdos de mínimos (según las circunstancias), no puede asumir todos nuestros planteamientos. Pero eso no puede llevarnos a renunciar a nuestras posiciones tanto políticas, como sobre todo ideológicas. En el marco de las tareas del Frente, los comunistas son, han de ser, muy escrupulosos a la hora de cumplir los acuerdos alcanzados aunque estos no sean lo que nosotros desearíamos. .

La política de unidad en cualquier alianza, y también en el Frente Popular, no puede llevarnos a olvidar la lucha de clases. Es más, las alianzas, acuerdos o compromisos tácticos con otras fuerzas políticas, deben servirnos para reforzar la implantación del Partido y no a la inversa. Eso no siempre se comprende, pues si el partido, los comunistas, nos diluyéramos organizativamente en función de tal o cual alianza, ello nos llevaría a un debilitamiento grave e incluso a la desaparición del Partido.

El Partido, con habilidad y mucho tacto, sin prepotencia o maniobras extrañas, debe, como afirmaba Lenin, dirigirlo todo. Esto nos obliga a llevar a cabo un trabajo claro y sincero con las fuerzas que componen el Frente, respetar y cumplir los compromisos y los programas, pero no olvidar que

«…sólo el Partido político de la clase obrera, es decir, el Partido Comunista, está en condiciones de agrupar, educar y dirigir a la vanguardia del proletariado y de todas las masas trabajadoras, la única capaz de contrarrestar las inevitables vacilaciones pequeñoburguesas de estas masas…» (Lenin, Proyecto de resolución del X Congreso del PCUS. Los subrayados son nuestros).

Ligarnos a las masas avanzadas, cada vez más y mejor, movilizarlas en el seno del Frente Popular y en todos los frentes de masas que se formen. Eso requiere vencer la relativa debilidad de los partidos (sin olvidar la inevitabilidad del desarrollo desigual), pues sin un partido fuerte poco podremos hacer; y también se precisa ser conscientes de que, por muy grande y poderoso que sea un Partido, siempre seremos una minoría en la sociedad:

«..Los comunistas son gotas en el océano, gotas en el océano del pueblo», pero «sin un partido del proletariado no se puede ni pensar en el derrocamiento del imperialismo, en la conquista de la dictadura del proletariado…»; y también el Partido «es la vanguardia de una clase y su deber es guiar a las masas, no reflejar el estado mental promedio de las masas», afirmaba tajantemente Lenin.

Para los comunistas, es primordial realizar un trabajo constante de cara a las masas. Pero este ha de ser bien planificado y no hablar de masas superficialmente, sin precisar: debemos dirigirnos a las masas avanzadas y tener en cuenta que en ellas se dan diversos grados de comprensión y de voluntad de lucha. Decía Dimitrov que «El sectarismo se manifiesta especialmente en la apreciación exagerada de la revolucionarización de las masas…», y citaba a Lenin: «...se trata precisamente de no considerar superado, para las masas, lo que está superado para nosotros».

Lenin, como Stalin, Dimitrov, los grandes dirigentes, tenían la preocupación constante del trabajo hacia las masas. Lenin precisaba y advertía:

«No hay nada más legítimo que señalar la necesidad constante y absoluta de ahondar y ampliar nuestro ascendiente sobre las masas, nuestra propaganda y agitación rigurosamente marxistas, nuestro acercamiento a la lucha económica de la clase obrera, etc. Pero precisamente porque es legítimo señalar esto de continuo, en cualquier circunstancia y situación, esas indicaciones no pueden convertirse en consignas especiales, no pueden justificar los intentos de basar en ellas una tendencia particular de la socialdemocracia. Aquí hay un límite, pasado el cual convertís estas indicaciones indudablemente necesarias en una limitación de las tareas y del alcance del movimiento, en un doctrinarismo que relega al olvido las tareas políticas esenciales y de primer orden del momento.»

«…ampliar y ahondar la influencia sobre las masas, lo mismo después de cada victoria que después de cada derrota, lo mismo en momentos de estancamiento político que en los períodos revolucionarios más tormentosos, precisamente por eso, de la indicación de realizar esa labor no se debe hacer una consigna especial sin riesgo de caer en la demagogia y en un menosprecio de las tareas de la clase avanzada, la única verdaderamente revolucionaria.» (Confusión entre política y pedagogía, 1905).

Sobrestimar el papel de las masas es tan erróneo como subestimarlo, pues ambos errores desvirtúan el papel del Partido Comunista. Esto también tiene que ver con el Frente Popular, ya que su trabajo está dirigido precisamente a las masas populares. Una de las condiciones para considerar una alianza como Frente Popular es que llegue a englobar, como mínimo, a sectores de las clases explotadas y oprimidas organizadas o sin organizar.

Es necesario prestar atención a no confundir, en toda nuestra actividad, el Partido Comunista, leninista, dirigente del proletariado, de los sectores avanzados de la clase obrera, con el «partido de masas», amorfo, que preconizan los revisionistas y derechistas de todo tipo. Ahí existe una línea de demarcación que no se puede menospreciar. Para los comunistas, lo que denominamos «línea de masas» es llevar con decisión y habilidad nuestra política, nuestros planteamientos, fuera del Partido, no limitarnos a nuestra propia militancia y amigos íntimos.

Es importante tener claras las líneas de demarcación entre marxista-leninistas y los oportunistas, jruschovistas, maoístas, incluidos los que preconizan el socialismo del siglo XXI. ¿Significa esto que no debemos tener acuerdos, compromisos, pactos unitarios con todos aquellos que no comparten nuestros principios? Evidentemente, no. Si sólo nos unimos entre los que compartimos ideas y principios, no estaríamos hablando de alianzas unitarias, de frentes populares, etc.; estaríamos hablando de la unidad de los comunistas. Y ese es un problema diferente.

Actualmente se nos plantea a muchos de nuestros partidos un problema debido a la debilidad organizativa que arrastramos, que es el tratar de cumplir un papel de dirigentes. Esto no se consigue por decreto, no hay fórmulas mágicas: eso se logrará, según las circunstancias, mediante nuestro trabajo y nuestra dedicación. Se nos plantean alianzas, acuerdos tácticos, etc., con otras fuerzas o grupos. No estamos en condiciones de imponer nuestras posiciones, pero no por ello debemos rechazar esa coyuntura. Al contrario, debemos participar lealmente y en las discusiones plantear nuestras propuestas políticas; discutir y confrontar opiniones y, poco a poco, ir ganando terreno político y también ideológico.

Una cuestión bastante sencilla, pero que no siempre se tiene en cuenta: las alianzas frentistas no son de una vez para todas, hay que verlas en desarrollo; no son alianzas estáticas, lo que hoy aprobamos y planteamos como justo y válido, puede dejar de serlo en otro momento.

El Frente Popular se crea según las circunstancias y las circunstancias no las creamos nosotros, nos encontramos con ellas y tenemos que asumirlas teniendo siempre en cuenta la evolución de esas circunstancias; y, como advierte con harta razón Dimitrov, «…es particularmente peligroso confundir los deseos con las realidades, hay que partir de los hechos, de la situación real, concreta».

El Frente Popular es una importante tarea que se debe abordar en todas las circunstancias en la que se desarrolle la lucha política; no es una opción, es una tarea necesaria. Para impulsarla y avanzar en esa tarea, el partido revolucionario del proletariado ha de elaborar una justa política revolucionaria que tenga en cuenta las condiciones concretas, mas siempre teniendo en cuenta los objetivos estratégicos. La aplicación de esa política depende no sólo de su justeza, también de la potencialidad del Partido, de sus fuerzas. Una política revolucionaria justa, correcta, puede quedarse sólo en propuesta sino existe la firme decisión de impulsarla con los sectores avanzados de las masas.

La experiencia del MCI nos lleva a tomar en serio el peligro de las desviaciones que se pueden dar. Generalmente, el oportunismo imperante ha sido, y es, el de derecha, pero no podemos olvidar que también se da el oportunismo de izquierda; ambos son particularmente dañinos en el trabajo frentista. Conviene recordar la advertencia de Marx en su Crítica al Programa de Gotha: «ningún chalaneo con los principios».

El oportunismo de derecha suele darse principalmente con las siguientes manifestaciones o características: hacer concesiones de principio para atraerse aliados; rebajar el nivel de la lucha por miedo al enemigo; arrastrarse a la zaga del grado de conciencia de las masas en vez de ir por delante de él; exagerar la importancia de las peculiaridades nacionales o regionales, sin tener en cuenta los principios generales; y el liberalismo en materia de organización, del cual el más peligroso es el ocultar al Partido, actuar como si no existiera. Tengamos siempre en cuenta a Lenin: «Pactad acuerdos para alcanzar los objetivos prácticos del movimiento, pero no trafiquéis con los principios». (¿Qué hacer?).

El oportunismo de izquierda tiene las siguientes características principales: el falso criterio de todo o nada; no saber hacer las concesiones necesarias y los compromisos útiles para el desarrollo del trabajo; no saber adaptar el marxismo-leninismo a las condiciones peculiares de la realidad que vivimos, dejándose influir por experiencias ajenas, lo que lleva a no saber adaptar, o a equivocar, el nivel y las formas de la lucha a las condiciones subjetivas de las masas; en adoptar criterios excesivamente rígidos en materia de organización.

Marx, en su Miseria de la filosofía, criticaba el oportunismo citando a Juvenal: «Et propter vitam vivendi perdere causas», es decir: «Y por[conservar] la vida, perder las causas [que son la razón] de vivir». No olvidemos esta vieja lección.

 

Documento aprobado por los 21 partidos y organizaciones presentes en la Plenaria de la CIPOML. Turquía, octubre de 2014.


[1] No existen países intrínsecamente socialistas. El socialismo es el objetivo estratégico del proletariado revolucionario, de los comunistas; está presente en las luchas de los trabajadores, los pueblos y la juventud en contra del capitalismo. En tanto que alternativa al capitalismo está planteado y es objetivo de sectores importantes de la clase obrera en todos los continentes.

[2] El Informe de Dimitrov, cuya edición decidió la CIPOML, ha sido editado, con prólogo del camarada Manuel Salazar, por varios partidos.

[3] Cuando, en septiembre de 1976, el australiano Hill, agente del P.C. de China, criticó el informe de Dimitrov (cosa que anteriormente también había hecho Tito), E. Hoxha escribió: «Se olvida [Hill] que ese discurso tuvo en su época un eco extraordinariamente grande en todo el mundo, se olvida de que dio un gran impulso a la lucha contra el fascismo y a la creación en Francia, y en particular en España, de los frentes populares, que resistieron políticamente y con las armas en la mano al fascismo alemán y al italiano» (Reflexiones sobre China, Tirana, 1979).