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La situación internacional y las tareas de los revolucionarios proletarios

Documento de la XX Plenaria de la CIPOML [descargar]

El mundo capitalista imperialista está entrampado en sus contradicciones irresolubles

El importante desarrollo de las fuerzas productivas, la gigantesca acumulación y concentración capitalista, se desenvuelve en medio de la anarquía de la producción y la realización de las mercancías; está marcado por el afán de lucro de los dueños de la propiedad privada;

está determinado por el desarrollo desigual; está signado por la competencia que se expresa, principalmente, a nivel de los monopolios y los países imperialistas, provocando una intensa y aguda disputa en todos los terrenos: económico, financiero, comercial, político, diplomático y militar.

La expansión del capitalismo y el imperialismo no puede eludir las crisis económicas, que se suceden en plazos cada vez más cortos y adquieren una mayor profundidad.

Una nueva crisis económica en ciernes

La crisis económica de 2007, que hiciera su aparición en EEUU, que impactó en la gran mayoría de países y fue identificada como la de mayor envergadura después de la gran depresión de 1929, provocó la destrucción masiva de las fuerzas productivas, el paro de más de diez millones de trabajadores, la disminución de los salarios, el aumento de la edad de jubilación y la rebaja de las pensiones, así como la utilización de los fondos públicos para favorecer a las grandes empresas industriales y los bancos por parte de los Estados, que tuvieron a su vez que acudir a un nuevo y agresivo endeudamiento. Fue una crisis económica financiera surgida en el corazón del mundo capitalista, en EEUU, que se expandió por el mundo. Fue resultado de la propia naturaleza del sistema capitalista, afectó a los grandes monopolios, pero sus efectos más dramáticos fueron echados sobre los hombros de las clases trabajadoras, los pueblos y la juventud, sobre los países dependientes.

La economía de los EEUU, de los países de Europa Occidental, de los países dependientes de Asia, África y América Latina que fueron impactados por la crisis de 2007, está en proceso de recuperación, si bien de manera incipiente, limitada y lenta y, sobre todo, parcial, puesto que el desempleo sigue teniendo índices muy altos en casi todos los países. El PIB mundial ha alcanzado el nivel de antes de la crisis, en buena parte debido al crecimiento de las economías emergentes.

Esa crisis deja abierta la puerta a la aparición de una nueva recesión que sacudirá drásticamente la economía capitalista.

La presión de la elevada deuda externa es una de las secuelas más graves de la crisis de 2007 y podría convertirse en uno de los detonantes de una nueva crisis económica. La deuda de EEUU, según datos del Banco Mundial, rebasa el 110% del PIB, 16 billones de dólares en 2013. Inglaterra tiene una deuda 5 veces mayor que el PIB. En Francia, la deuda externa más que duplica el valor del PIB. En Alemania, la deuda externa es casi el doble del PIB. La deuda de los países dependientes, si bien no alcanza las dimensiones de los años setenta del siglo pasado, está creciendo de manera sostenida. En realidad, solo China registra un PIB considerablemente mayor que su deuda externa.

La capacidad de pago de los países está seriamente amenazada. EEUU tuvo que acudir a una medida de carácter político: elevar, por decisión del Congreso, el techo de su capacidad de endeudamiento. Argentina acaba de ser declarada en default por parte de los tenedores de su deuda. La recuperación inicial de las economías de Grecia, España, Portugal, Hungría se apoya en la inyección de grandes sumas de capital provenientes de los bancos a elevados intereses y plazos reducidos, en nueva y más alta deuda, lo que las vuelve muy vulnerables. Italia tiene números rojos en el comportamiento de su economía.

Es manifiesta desde 2012 la desaceleración del crecimiento de la economía china, así como las dificultades de la India, tanto como el decrecimiento de la economía de Turquía y Sudáfrica.

En América Latina asistimos a una desaceleración del crecimiento económico. Brasil ha sido declarado en recesión técnica, en tanto que Argentina tuvo en el primer trimestre de este año de 2014 un crecimiento del 0,9%

¿Cómo se expresará esta nueva crisis económica? ¿En dónde estallará la burbuja financiera? ¿Se producirán crisis regionales? ¿Será una crisis de mayores proporciones a la de 2007? Son varios los interrogantes que no se pueden descifrar ahora, de manera integral.

Las lacras del mundo capitalista continúan castigando a los trabajadores y los pueblos. Según la OIT, el desempleo absoluto afecta a más de 202 millones de seres; el paro forzoso es notoriamente más evidente en España y Grecia, donde rebasa el 25%; en el caso de la juventud, incluyendo los graduados universitarios, los índices superan el 50%. En Sudáfrica se registra una tasa de desempleo superior al 26%.

Los índices de pobreza señalaban, para 2013, la existencia de 1000 millones de personas que subsistían con menos de 1 dólar diario; 2800 millones de seres tenían ingresos menores de 2 dólares diarios; 448 millones de niños sufrían de bajo peso, en tanto que 30.000 niños menores de un año mueren cada día víctimas de enfermedades que pueden ser curadas.

Una ola migratoria sin precedentes asola el mundo de nuestros días: millones de trabajadores de los países dependientes, de manera particular de los más empobrecidos por el saqueo imperialista, buscan llegar, utilizando todos los medios, a los países capitalistas desarrollados. Pretenden encontrar trabajo y oportunidades, atraviesan verdaderas peripecias, realizan largas caminatas, utilizan barcazas inseguras con las que desafían la furia de la naturaleza, atraviesan ríos turbulentos, intentan remontar los muros implantados para evitar su llegada. Los que logran arribar al país de destino están sujetos a la discriminación, los bajos salarios, las peores condiciones de vida, además de ser víctimas del odio racial y la xenofobia.

La disputa interimperialista

La primera economía del mundo, EEUU, está perdiendo terreno en el ámbito económico, político y militar, y enfrenta ahora, en nuevas proporciones, la competencia de los monopolios y de los demás países imperialistas. Sus aliados tradicionales, Inglaterra y demás países de la Unión Europea, al tiempo que concurren en algunas circunstancias en acciones comunes, disputan abiertamente sus intereses, sobre todo en el Este de Europa, en África y Asia, e incluso penetran en América Latina. Más allá, el fortalecimiento de la economía de Rusia y, particularmente, su gran poderío militar, erigen una potencia que busca participar, por sus propios intereses, en un nuevo reparto del mundo. El crecimiento económico de China, su posicionamiento como la segunda potencia económica del mundo, la convierten en un rival económico, financiero y comercial que irrumpe en todos los países y continentes, en detrimento del poderío norteamericano y de los demás países imperialistas; forma parte del club de las potencias atómicas y cuenta con el ejército más numeroso de la Tierra. India desenvuelve su crecimiento en grandes dimensiones y se presenta a la mesa del reparto, independientemente de que buena parte de su economía exprese las inversiones directas de los monopolios internacionales. Además, destacan en la palestra internacional nuevos países que vienen emergiendo en el ámbito económico, como Brasil, Sudáfrica, Turquía, México, que buscan establecerse en el club de los poderosos.

Es evidente que el mundo unipolar no existe. Esta concurrencia de varias potencias económicas, de viejos y nuevos países imperialistas, viene incubándose desde finales del siglo pasado. Todos ellos asisten a un mundo repartido entre los viejos países imperialistas, reclaman su puesto en la nueva situación internacional, tienen la disposición de disputar ese posicionamiento.

Hoy día, ni siquiera se puede hablar de la omnipotencia de EEUU, puesto que la hegemonía de otrora está disminuyendo de manera sostenida.

La naturaleza rapaz y belicista de los países imperialistas se expresa nítidamente en la intervención militar, los bombardeos, las invasiones y la implantación de tropas de ocupación allí donde peligran sus intereses. EEUU y sus aliados continúan ocupando Afganistán, están presentes en Irak pese a que oficialmente se retiraron, actúan militarmente en Pakistán, mantienen tropas en Haití, intervienen apoyando a la reacción y las oligarquías en Venezuela, continúa el bloqueo económico contra Cuba. Francia invade Malí, interviene en Costa de Marfil, en la República Centroafricana. Rusia se anexiona por la fuerza varias repúblicas y regiones que estuvieron en los ámbitos de la URSS.

Israel, apoyada por los norteamericanos y europeos, desarrolló este año de 2014 una brutal agresión militar a Palestina, desató intensos bombardeos aéreos y repetidas cargas de misiles, en una ofensiva militar con tanques y tropas sobre la Franja de Gaza, asesinando a más de 2000 civiles, niños y ancianos. Actualmente rige una tregua y unos acuerdos que validan, en cierta medida, las demandas palestinas; pero que no constituyen una solución definitiva para el futuro soberano y popular del pueblo palestino. Los sionistas israelíes no han renunciado a sus afanes de aniquilar Palestina como Estado y despoblar sus territorios para ocuparlos.

Las contradicciones interimperialistas provocan la afirmación de antiguos bloques económicos: el TLC integrado por EEUU, Canadá y México, la Unión Europea, el Mercosur y el fortalecimiento de nuevos agrupamientos como los BRICS y la Alianza del Pacífico.

Asistimos a una intensa disputa de los mercados de los propios países imperialistas, así como de los estados dependientes de Asia, África y América Latina: Particularmente China es agresiva en la colocación de sus mercancías en todos los países, hasta haberse convertido en la tercera economía con más inversiones directas en otros países.

Otro ámbito de la disputa interimperialista se expresa en la carrera por obtener concesiones mineras y petroleras y comprar tierras agrícolas en grandes proporciones por parte de las compañías transnacionales y los propios Estados. El desarrollo de las fuerzas productivas, los avances de la ciencia y la tecnología, demandan en grandes cantidades materias primas, fuentes de energía, alimentos que deben encontrarse, de manera principal, en los países dependientes.

La confrontación económica, financiera y comercial se apoya en la política de disuasión militar y, más allá, rebasando las amenazas, asistimos a enfrentamientos bélicos localizados por apoderarse y/o mantener el control de países ricos en petróleo, en recursos naturales, también por espacios estratégicos para el control de regiones y/o para amenazar, intimidar y chantajear a las potencias imperialistas rivales, así como a los países etiquetados como «terroristas» o que apoyan el terrorismo.

Existen varios conflictos militares localizados en los que intervienen directamente por sus intereses los diversos países imperialistas:

En Siria, continúa desarrollándose una guerra civil reaccionaria que enfrenta a las fuerzas reaccionarias apoyadas por los imperialistas norteamericanos y de Europa Occidental, los gobiernos árabes que buscan implantar un régimen títere que pueda contribuir al cerco sobre Irán y, de otro lado, al gobierno de Al Asad, que es la continuación de un régimen antipopular instaurado hace varias décadas y que actualmente recibe el apoyo militar de Rusia.

Ucrania es escenario de cruentos enfrentamientos entre las tropas gubernamentales, que siguen directrices fascistas, apoyadas incondicionalmente por los EEUU y la Unión Europea, y sectores poblacionales “prorrusos” que buscan, como los habitantes de Crimea, la anexión a Rusia. Los soldados que se enfrentan en los combates son ucranianos, pero están dirigidos por los intereses expansionistas de los imperialistas occidentales, por un lado, y los intereses geopolíticos de Rusia por otro. Esa confrontación ha devenido en la imposición de sanciones económicas a Rusia y en la respuesta desafiante del gobierno de Putin. Se trata de una disputa abierta por demostrar al mundo quién es quién: la fuerza militar de Occidente y el poderío militar de Rusia.

La carrera armamentista se reanima peligrosamente

Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, SIPRI (siglas en inglés), los gastos militares han vuelto a los niveles de la Guerra Fría. Los datos de 2013 muestran que el gasto mundial con objetivos militares asciende a 3,3 millones de dólares por minuto, 198 millones de dólares por hora, casi 4.800 millones de dólares diarios.

EEUU ocupa de lejos el primer lugar, con un gasto anual de 640.000 millones de dólares anuales, seguido de China con 188.000 millones de dólares, Rusia con 88.000 millones y Arabia Saudita, Francia, Gran Bretaña, Alemania y Japón. Hay que señalar que tanto Alemania como Japón están entrando peligrosamente en la carrera armamentista y han empezado a enviar sus tropas al extranjero.

En general, todos los países han entrado en la carrera armamentista, alimentando una industria de guerra que está en manos de las empresas trasnacionales y de grandes complejos estatales.

La profusión de armas nucleares, la gran cantidad de bases militares imperialistas esparcidas por el mundo, el proceso de renovación de los arsenales militares, van más allá de la política disuasiva practicada por las grandes potencias: son preparativos para una eventual conflagración general por un nuevo reparto del mundo.

BRICS, un nuevo polo en la disputa interimperialista

La concurrencia de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica en la constitución del grupo BRICS viene de hace algunos años. Cuenta con 3.000 millones de seres, que constituyen el 40% de la población mundial, supone el 20% del PIB mundial y en 2014 representa el 18% de la economía mundial.

La cumbre del BRICS desarrollada en Brasil en 2014 relanzó la iniciativa internacional, afirmándose como bloque económico, financiero y comercial, y como ente político y diplomático para tener voz propia en el concierto internacional. Estableció el Banco de Desarrollo-BRICS y una moneda de reserva para las transacciones internacionales, con el propósito de competir con el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Está buscando integrar en su órbita a los países dependientes de Asia, África y América Latina.

Para las posiciones reformistas que pululan por todos los países, el BRICS constituye un bloque antiimperialista al que se debe respaldar y en el cual se deben apoyar los pueblos y los “gobiernos progresistas”. Parten del presupuesto de que Rusia y China constituyen un bloque que frenará a los norteamericanos, que tomará partido por los intereses de los pueblos, tal como, supuestamente, lo hicieron en Siria; asumen que Brasil tienen un gobierno progresista y representa los intereses del pueblo de Brasil y de América Latina. Estas ideas se difunden entre las masas y provocan confusión, que nos corresponde a los revolucionarios proletarios esclarecer.

El BRICS constituye un nuevo bloque económico y político, un grupo de grandes potencias, cuyo objetivo principal es su propio fortalecimiento, a costa del expolio de los países dependientes y de la exportación de capitales. De otro lado, como demuestran los hechos que se desarrollan en Ucrania, el BRICS tiene importantes fisuras y contradicciones entre sí. Rusia no ha recibido el espaldarazo integral que demanda en su disputa con EEUU y la Unión Europea. China, al tiempo que rivaliza con EEUU y los países imperialistas de la Unión Europea, celebra acuerdos con ellos.

Se exacerban varios conflictos culturales y religiosos

En el Medio Oriente vienen surgiendo grupos y sectas religiosas que enarbolan el Islam para oponerlo al mundo occidental y cristiano, que definen sus diferencias entre diversas sectas a través de la “guerra santa”. Se trata de grupos apoyados y financiados por los grupos económicos de los países árabes y por ciertos gobiernos. Al Qaeda, que fue incubado, entrenado y financiado por la CIA, jugó un sucio papel para torpedear la lucha nacional progresista de los pueblos árabes e impuso el terror. Actualmente, el Estado Islámico, que formó parte inicialmente de Al Qaeda, ocupa militarmente buena parte de Siria e Irak y ha proclamado un Califato, está poderosamente armado y desafía desde las posiciones sunitas a las otras creencias islámicas y demás religiones, cometiendo toda clase de crímenes y atrocidades. En África, la organización Boko Haram proclama el fundamentalismo islámico y actúa en Nigeria, donde ha secuestrado a cientos de niñas.

En el África Subsahariana estallan conflictos étnicos y religiosos que se expresan con las armas provistas por los países imperialistas para resolver las diferencias entre ellos.

Los sentimientos étnicos, culturales y religiosos que sirven de instrumento para la conformación de los grupos de fanáticos son atizados por los países imperialistas y las clases dominantes para desviar la lucha de los pueblos por la liberación nacional y social.

La lucha de la clase obrera y los pueblos

En ningún país de la tierra existe paz social, en todas partes la clase obrera enfrenta desde sus intereses la explotación y opresión de los capitalistas.

Esas expresiones de la inconformidad de la clase obrera se desarrollan de manera desigual, recorren las fases del debate sobre la defensa de sus intereses y la forma de conquistarlos, pasan por las huelgas de brazos caídos, la huelga de empresa y la huelga general, por las movilizaciones callejeras, por la conformación de iniciativas de coordinación y de lucha sindical, por la construcción de plataformas políticas y la participación en la lucha electoral.

Las clases trabajadoras y los pueblos combaten por las libertades públicas y la democracia, participan activamente en la lucha política, encabezan la oposición popular a los gobiernos reaccionarios y vendepatrias.

La juventud, de manera principal los estudiantes de secundaria y universitarios, está presente en los combates en defensa de la educación pública, en oposición a las medidas antipopulares de los gobiernos de la burguesía, y constituye un afluente de la lucha contra el imperialismo, en defensa de la soberanía nacional.

El reformismo no es alternativa cierta para la liberación social y nacional

La lucha contra los regímenes reaccionarios y neoliberales en diferentes países y continentes que se desenvolvió en el pasado reciente dio al traste con varios de esos gobernantes, y erigió a través de las elecciones algunos gobiernos que se autodenominaron “progresistas”.

Pronto, esas supuestas alternativas evidenciaron su naturaleza de clase; eran expresiones de otro segmento de las clases dominantes, que utilizaron algunas medidas reformistas y sobre todo prácticas asistencialistas para engañar a las masas trabajadoras, para conformar una base social de apoyo político, para la confusión ideológica que les permitió cumplir con el propósito de preservar el sistema de la propiedad privada.

Esas diversas expresiones del reformismo, ocurridas en varios países y continentes, principalmente en América Latina, están agotándose: no fueron capaces de enfrentar los grandes problemas de la sociedad y de satisfacer las demandas fundamentales de las masas trabajadoras; y, sobre todo, están desdibujándose en la subjetividad de la clase obrera y los pueblos.

Los defensores del reformismo como medio para superar iniquidades propagan la idea de que la terminación de esos procesos nos remitirá al pasado, al dominio de los de siempre. Esa es una falsa premisa que deja de lado la objetividad, el hecho de que esos gobiernos y propuestas representan el mismo y viejo capitalismo, un capitalismo que efectivamente no permanece estático, que se desarrolla incesantemente, siempre en beneficio de las clases poseedoras.

En Venezuela se desenvuelve un proceso particular. Las medidas económicas y sociales del gobierno de Hugo Chávez fueron siempre significativas en beneficio de los sectores populares; las posiciones patrióticas y antiimperialistas norteamericanas fueron consecuentes; fue el único gobierno que se apoyó en la movilización de las masas. Tras la desaparición física de Chávez, su sucesor se enfrenta a una agresiva campaña de desestabilización y de lucha callejera impulsada por la reacción con el apoyo directo de EEUU. Esas acciones se apoyan en el descontento social debido a la escasez de alimentos y de otros artículos de primera necesidad, en la inflación de más del 50%, en las sucesivas devaluaciones monetarias, en la inseguridad provocada por el incremento de la criminalidad. En Venezuela se libra una dura batalla entre la izquierda y la derecha, entre los patriotas y los entreguistas, entre la reacción y las posiciones revolucionarias. Evidentemente, en Venezuela no se ha producido la revolución a pesar de las proclamas del chavismo, no se construye el socialismo, pero está en pie un proceso patriótico, democrático y revolucionario que enfrenta una feroz arremetida de la reacción. La situación está demostrando que el reformismo, aunque asuma posiciones radicales, no es el camino de la revolución El desenlace de esa confrontación no se avizora a corto plazo. En todo caso los trabajadores, el pueblo y la juventud de Venezuela están aprendiendo a combatir en medio de luchas de alto nivel, están asumiendo la comprensión de su rol en el proceso de la trasformación social. El partido revolucionario del proletariado, el Partido Comunista Marxista Leninista de Venezuela, tiene ante sí grandes desafíos y responsabilidades.

Es falsa la tesis de que existen países imperialistas belicistas y agresivos y países imperialistas progresistas que ayudan a los pueblos, y en los cuales estos se pueden apoyar para el proceso de liberación nacional. Los “gobiernos progresistas” ocultan con estas ideas los lazos de una nueva dependencia.

La lucha de clases continúa como motor de la historia

El desarrollo incesante de los instrumentos de producción, provocado por el extraordinario desarrollo de la ciencia y la tecnología, y por la incorporación de millones de seres humanos a la producción industrial, está generando gigantescas ganancias y una más acentuada concentración de la riqueza creada en las arcas de los grandes monopolios internacionales y los países imperialistas. Las magnitudes de esa acumulación, pese a los nuevos inventos y descubrimientos: la informática, la cibernética, la automatización y la robotización, es principalmente resultado de la fuerza de trabajo de millones de hombres y mujeres que laboran en las fábricas implantadas en todos los países de la tierra.

La expansión del capital, la acumulación y concentración de la riqueza son resultado, en primer lugar, de la apropiación de la plusvalía por parte de la clase de los capitalistas. Sin la existencia y la labor de la clase obrera no habría la riqueza, no sería posible el mundo del capital.

La clase obrera de nuestros días está en el centro de la época, es la creadora de la riqueza, la fuerza fundamental de la sociedad, no sólo por su rol en la producción sino también por su número. Nunca como ahora, miles de millones de trabajadores forman parte de la clase obrera y la producción industrial dinamiza el desarrollo económico.

La socialización cada vez mayor de la producción y la concentración de la riqueza son los pilares del sistema capitalista imperialista; enfrentan a las dos clases fundamentales de la época, los obreros y los capitalistas; erigen un mundo de explotación y opresión de millones de seres por parte de un puñado de patronos, una circunstancia de oprobio y desigualdad social, una sociedad en decadencia, un mundo que camina irremediablemente a su extinción, una situación que será negada por el advenimiento de un mundo nuevo, el mundo de los trabajadores, el socialismo.

Los comunistas marxista-leninistas cumpliremos nuestras responsabilidades.

La responsabilidad de los comunistas de apoyar lo nuevo revolucionario en oposición a lo viejo reaccionario, de impulsar las posiciones avanzadas, de luchar por las necesidades inmediatas de los trabajadores, demanda la continuación de la lucha por desenmascarar las posiciones revisionistas y oportunistas en el seno del movimiento obrero y popular.

El deber de los revolucionarios proletarios de luchar contra el imperialismo y la burguesía, por la revolución y el socialismo, nos impone la responsabilidad de enfrentar las diversas situaciones en las que se desenvuelve la lucha revolucionaria, de combatir contra el fascismo y la represión, contra la demagogia y el reformismo, de involucrarnos de manera activa en la problemática de la sociedad desde las posiciones de la clase obrera, de participar activamente en la coyuntura sin perder de vista el objetivo estratégico de la lucha por el poder.

Noviembre de 2014