El pasado 18 de septiembre, el Parlamento Europeo votó una resolución (2019/2819 /RSP) que lleva por título “SOBRE LA IMPORTANCIA DE LA MEMORIA HISTÓRICA EUROPEA PARA EL FUTURO DE EUROPA”.

Tras una exposición de motivos en la que se citan algunos textos legales e informes de algunos países y de los propios organismos de la Unión Europea, la citada resolución establece veintidós recomendaciones dirigidas a los países miembros de la Unión. Entre ellas, y por su especial gravedad, destacan las siguientes (entre paréntesis se indica el número de la recomendación):

a. Se considera que la Segunda Guerra Mundial fue el resultado directo del Tratado de No Agresión firmado el 23 de agosto de 1939 entre Alemania y la Unión Soviética (2).

b. Los regímenes nazi y comunista cometieron asesinatos en masa, genocidios y deportaciones que fueron causantes durante el siglo XX de un número de vidas humanas hasta entonces nunca vista en la historia de la Humanidad (3).

c. Se pide a todos los estados miembros que el 23 de agosto se declare “Día Europeo Conmemorativo de las Víctimas del Estalinismo y del Nazismo” (8).

d. Expresa su  preocupación por el hecho de que se sigan utilizando símbolos totalitarios en la esfera pública y con fines comerciales y recuerda que varios países europeos han prohibido el uso de símbolos nazis y comunistas (17).

Este breve resumen muestra la gravedad del documento, cuyo objetivo no es otro que equiparar el fascismo y el comunismo, englobando a ambos bajo la denominación de totalitarismos.

Partiendo de una gigantesca tergiversación histórica, de un revisionismo histórico infame, se pretende equiparar dos ideologías y dos regímenes  que son absolutamente antagónicos en todos los aspectos. Por su origen histórico, su filosofía, sus planteamientos políticos, su proyecto social, sus métodos de lucha y los intereses de clase que defienden, el comunismo y el fascismo no tienen ningún punto en común, representan visiones opuestas del mundo y excluyentes. Intentar poner al mismo nivel el nazismo y el estalinismo es una maniobra de la burguesía que nos devuelve a los peores momentos de la Guerra Fría y que tiene como finalidad desprestigiar el comunismo y criminalizar a la Unión Soviética, privando a la clase obrera de referentes ideológicos, políticos e históricos. En última instancia, y aunque no se diga abiertamente, lo que se pretende es condenar el marxismo. Cuando se difama a Stalin, se apunta directamente a Marx y Engels. 

La Segunda Guerra Mundial no fue el resultado del Pacto germano-soviético de agosto de 1939, sino de la claudicación de Francia e Inglaterra  ante Hitler, de sus concesiones ante el dictador alemán, en quien veían a un defensor del orden capitalista que pretendía destruir la Unión Soviética. Esa fue la verdadera razón de la política de apaciguamiento: el anticomunismo visceral del nazismo. La razón por la que las llamadas potencias democráticas traicionaron a la República española permitiendo la ayuda masiva de la Alemania nazi y de la Italia fascista a Franco; de la misma manera que permitieron a Hitler la anexión de Austria y la destrucción de Checoslovaquia. No estará de más recordar algo de la Historia europea del siglo XX. 

Desde la llegada de Hitler al poder, Stalin estuvo buscando la alianza y la colaboración de Francia e Inglaterra para combatir al nazismo. En el mes de agosto de 1939, el dirigente soviético propuso una alianza militar a los gobiernos francés y británico, pero estos se negaron. Su objetivo era que Hitler se lanzara contra la Unión Soviética. Ante esta situación, Stalin llegó a un pacto de no agresión con la Alemania nazi, con el objetivo de ganar tiempo y fortalecerse militarmente.

Son muchos los historiadores que tratan por todos los medios de minimizar el papel desempeñado por la Unión Soviética en la derrota de Hitler, exagerando los errores del dictador alemán,  magnificando la ayuda militar proporcionada por Estados Unidos  o atribuyendo al duro invierno ruso un rol decisivo en la derrota alemana. Con esos historiadores no es posible polemizar ni dialogar, encerrados como están en su universo anticomunista, ajenos a cualquier dato que contradiga sus prejuicios. Y son los datos objetivos los que nos permiten afirmar sin ningún género de dudas que fue la Unión soviética el sujeto fundamental de la victoria sobre el nazismo.

Nadie pone en duda la contribución de Estados Unidos y del Reino Unido en la derrota del fascismo, y los comunistas somos los primeros en rendir homenaje a los norteamericanos e ingleses que lucharon contra las potencias fascistas. Eran aliados de la URSS y pagaron una cuota de sangre importante en la Segunda Guerra Mundial, pero la mayor contribución, el mayor sacrificio, las mayores pérdidas humanas y materiales en la guerra correspondieron al pueblo soviético. El presidente estadounidense Roosevelt y el primer ministro británico Churchill así lo reconocieron en su momento, pronunciando palabras de elogio y admiración en relación con Stalin y el esfuerzo de guerra soviético.

Afortunadamente existen las hemerotecas y las bibliotecas, y los desmemoriados o quienes padecen amnesia histórica selectiva harán bien en visitarlas de vez en cuando. Así podrían comprobar que el 27 de septiembre de 1944 Churchill afirmó que “el ejército ruso sacó las tripas a la máquina de guerra alemana y en la actualidad contiene en su frente a la mayor parte de las fuerzas del enemigo” o lo que Roosevelt escribió en mayo de 1942: “me es difícil eludir un hecho tan sencillo como que los rusos matan más soldados enemigos y destruyen más armamento que los 25 estados de las Naciones Unidas tomados en su conjunto”. El general C. Chennault, jefe de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos en China, reconoció en agosto de 1945 que la entrada de la Unión Soviética en la guerra contra el Japón fue el factor decisivo que aceleró el fin de la contienda en Extremo Oriente, incluso si no se hubieran lanzado las bombas atómicas. Solo los historiadores con anteojeras pueden ignorar que el ejército alemán perdió el 75% de su artillería, aviación y carros de combate en el frente del este, así como 607 divisiones, mientras que en los demás teatros de operaciones perdió 176 divisiones. Eso sí, con un coste extraordinario: la Unión Soviética tuvo 27 millones de muertos; 1.700 ciudades, 70.000 aldeas, 32.000 empresas industriales y 65.000 kilómetros de ferrocarril fueron destruidos durante la contienda.

La URSS fue capaz de construir más aviones, carros de combate y piezas de artillería que Alemania. El mérito es inmenso si tenemos en cuenta que los alemanes disponían de todos los recursos materiales de los países europeos ocupados y que una parte importantísima de las materias primas  de la Unión Soviética se hallaban en las zonas ocupadas por los nazis. Si en estas condiciones tan adversas, el Ejército y el pueblo soviéticos fueron capaces de vencer a la poderosísima maquinaria bélica germana fue debido  a la dirección del Partido Comunista  y a la planificación económica  socialista. Eso es lo que a muchos les cuesta reconocer: que la victoria sobre la Alemania nazi fue un triunfo del socialismo edificado bajo la dirección de Stalin.

La resolución del Parlamento europeo es una infamia, auténtico terrorismo ideológico, que responde al miedo que las clases dominantes, aún tras la desaparición de la URSS, tienen al comunismo. El totalitarismo no es un concepto científico, es un término con el que se pretende amalgamar realidades antitéticas.

Las organizaciones y partidos pertenecientes a la CIPOML denunciamos esta resolución que falsifica la historia y la deforma hasta extremos inconcebibles. Los comunistas fueron siempre los primeros luchadores contra el fascismo, estuvieron siempre en la primera línea de combate contra el ocupante nazi en todos los países europeos. Los comunistas españoles mantuvieron un combate constante contra la dictadura franquista. En esa lucha contra el fascismo decenas de miles  hombres y mujeres pagaron con su vida. Esa es la verdad histórica y a todos ellos les rendimos homenaje y estamos orgullosos de su sacrificio.

La CIPOML hace un llamamiento a todas las fuerzas progresistas para combatir la citada resolución en todos los países. Equiparar fascismo y comunismo es un paso más en el avance de las fuerzas reaccionarias y oscurantistas en todo el mundo.  No hace falta ser comunista para defender la verdad histórica. Los intelectuales honestos, empezando por los historiadores, tienen la obligación de enfrentarse a estas calumnias.

Esta resolución es una muestra clara de la lucha de clases en el terreno ideológico. A este combate los partidos marxista-leninistas debemos prestar una atención fundamental, reforzando nuestra propaganda, difundiendo ampliamente nuestras publicaciones, combatiendo sin cesar las posiciones del enemigo de clase.

Alemania, octubre de 2019

Jornadas Plenarias de la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxistas-Leninistas (CIPOML)