Partido del Trabajo de Irán (Toufan)

El miércoles 25 de marzo, Arabia Saudí, con el beneplácito de los Estados Unidos imperialistas y el apoyo de estados como Jordania, Kuwait, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, etc., y usando como pretexto la prevención del avance de los “terroristas chiítas”, comenzó el bombardeo de diversas ciudades y aeropuertos y varias bases militares de los chiítas hutíes (chiítas zaidíes) bajo el manto de la “Operación Tormenta Decisiva”. La administración Obama ha apoyado abiertamente la invasión de Yemen y ha anunciado que los Estados Unidos pondrán a disposición de Arabia Saudí sus datos satelitales y sus instalaciones de Inteligencia.

Se desconoce por el momento el número exacto de bajas, pero los informes sugieren que la mayoría de los muertos eran civiles. Muchos edificios públicos están destruidos y miles de personas han dejado sus hogares y se han refugiado en las poblaciones de los alrededores. Estos actos criminales y agresivos violan los derechos de las naciones y la Carta de las Naciones Unidas, y están siendo reforzados por gobiernos tales como los de Turquía, Egipto y Pakistán, y tímidamente apoyados por la Unión Europea. Los estados miembros del Consejo de Cooperación de los Estados Árabes del Golfo están participando en esta agresión. Ciertamente, continuar con la guerra en Yemen causará algunos conflictos entre los miembros de dicho Consejo, particularmente cuando se convierta en una guerra de desgaste. En la reunión de la Liga Árabe, Irak condenó la invasión de Yemen, Siria no estaba presente, y Yemen no aportó ninguna delegación a la reunión, a excepción hecha del títere Mansur Hadi. Arabia Saudí no fue capaz de enviar a la “Oposición Siria” a dicho encuentro.

Las cuestiones clave son estas: ¿Cuál es la razón para bombardear Yemen, qué objetivos económicos se persigue y cuáles son las consecuencias regionales e internacionales?

1. Yemen linda al norte con Arabia Saudí y al este con Omán. El gobierno yemení controla el estrecho de Bab el-Mandeb. Este canal se utiliza para el transporte internacional de energía, en particular petróleo y gas, además de otros productos, desde el Medio y el Lejano Oriente a los países europeos. El estrecho de Bab el-Mandeb es uno de los canales marítimos más importantes internacionalmente y está conectado al Mar Rojo y al Canal de Suez. Su control estratégico es muy importante para el imperialismo estadounidense. Hay varias bases militares estadounidenses a lo largo del estrecho, que se conecta al Cuerno de África (Yibuti), y su importancia estratégica es fundamental.

2. Los imperialistas Estados Unidos han interferido en Yemen durante muchos años, han bombardeado ciudades y suburbios, matando a cientos de hombres, mujeres y niños inocentes mediante el uso de aviones no tripulados (drones). Pero no solamente no han conseguido controlar la situación, sino que también han esparcido la ira y el asco a través de sus políticas agresivas y de las seguidas por Arabia Saudí. Los Estados Unidos han utilizado todo su poder para preservar las exportaciones de recursos energéticos, para garantizar el valor del dólar y para asegurar sus intereses a largo plazo en Arabia Saudí. A pesar de todos estos esfuerzos, sus políticas no han sido exitosas, y los conflictos sectarios y la inseguridad e inestabilidad en Yemen continúan. Al-Qaeda e ISIS [el Estado Islámico, en sus siglas árabes] se han fortalecido gracias a Estados Unidos en Siria, Irak y Líbano, desean tomar el poder sobre Yemen y se oponen al Movimiento de Resistencia Huti, que tiene muchos activistas suníes en sus filas y una influencia significativa en la sociedad.

ISIS ha indicado repetidamente que el Movimiento de Resistencia Huti es su enemigo principal y debe ser destruido. Estados Unidos y Arabia Saudí tienen intereses comunes con ISIS en la destrucción de dicho Movimiento. La reciente explosión en una mezquita en Saná, que mató a 140 personas, es uno de los actos criminales de ISIS / Al-Qaeda en Yemen. Esto demuestra de nuevo que los imperialistas y los reaccionarios se oponen únicamente a una fuerza islámica que no apoye sus políticas. Mientras los imperialistas promueven la islamofobia en sus países, son aliados de ISIS y Al-Qaeda en Irak, Siria y Yemen.

3. Cerca del cuarenta por ciento de los 23 millones de habitantes de Yemen han sido discriminados por el gobierno central suní, apoyado por los saudíes. Arabia Saudí considera a Yemen como su patio trasero, e interfiere flagrantemente en sus asuntos internos. En las pasadas décadas, y después de la destrucción de la República Democrática de Yemen, todos los regímenes que han llegado al poder en Yemen han sido instalados o sostenidos por Arabia Saudí. Arabia Saudí bombardeó los campos de entrenamiento hutíes en 2009 para matar a los líderes del Movimiento. Dicha acción no logró debilitarlo, sino que incrementó su popularidad y su resistencia a Estados Unidos y Arabia Saudí. El reino saudí ha gastado cientos de millones de dólares en establecer bases en Yemen, ha entrenado y armado a las tribus suníes del sudeste de la región, y ha intensificado la anarquía y la división en Yemen. Arabia Saudí es la principal causa de la confusión reinante en Yemen. En pocas palabras, el reino saudí ha alargado los brazos del imperialismo estadounidense en el Próximo Oriente, asesinando árabes en el nombre de los árabes.

4. El Movimiento de Resistencia Huti, que incluye muchos musulmanes suníes, y el alzamiento chiíta en Yemen, no han sido creados por el régimen de la República Islámica de Irán, al igual que el alzamiento y el movimiento de protesta en Bahréin. Los imperialistas americanos y sus aliados etiquetan al régimen iraní como la causa de los alzamientos nacionales en Líbano, Palestina, Yemen, Bahréin, Siria, etc., para legitimar sus agresiones militares ilegales y justiciar su dominio político y militar en la región. Los alzamientos nacionales en estos países han tenido sus raíces en las injusticias impuestas a la población por parte de fuerzas tanto internas como externas. Obviamente, el régimen de la República Islámica de Irán persigue objetivos políticos e ideológicos al apoyar los movimientos en Yemen o en cualquier otro lugar, al igual que Estados Unidos e Israel. No se puede juzgar la naturaleza de un movimiento en una sociedad solamente por los “apoyos” que consigue fuera del país. El movimiento de protesta en 2009 no fue ni pro-estadounidense ni pro-israelí, aunque fuera apoyado por los medios de dichos países, ni porque los agentes de la Revolución de Terciopelo intentaran infiltrarse en el movimiento y apoderarse de su liderazgo. Los movimientos en Palestina, Líbano, Bahréin, y el movimiento de resistencia en Siria son apoyados por el régimen de la República Islámica de Irán, pero ni estuvieron ni están bajo su control. Son simplemente movimientos, y su trasfondo es progresista. El golpe de estado en Libia perpetrado por terroristas extranjeros importados fue apoyado totalmente por la República Islámica de Irán, pero fue totalmente reaccionario.

Los orígenes políticos, económicos y sociales de las graves contradicciones en Yemen y el alzamiento del Movimiento de Resistencia Huti que se hizo con el poder en Saná se basan en las desigualdades sociales, en las políticas neoliberales dictadas por el FMI y en las vergonzosas y despreciables interferencias estadounidense y saudíes en las políticas internas yemeníes. La población yemení se une al Movimiento de Resistencia Huti porque sus políticas se plantan ante las dominaciones imperialistas y no por sus connotaciones religiosas. El petróleo es el recurso natural más destacado de Yemen, pero la inmensa mayoría de su población vive en la absoluta pobreza, el desempleo alcanza niveles del 40% y es superior al 50% entre los jóvenes, la brecha entre los que más tienen y los que menos es enorme, y la pobreza, el hambre y la falta de sanidad es profunda. La denuncia de los Huti al gobierno yemení para que elimine los subsidios al petróleo cuenta con grandes apoyos entre las masas populares. Estas condiciones sociales han forzado a la población a levantarse y a unirse al Movimiento de Resistencia Huti.

El hecho es que Arabia Saudí amenaza y presiona económica y políticamente a los países musulmanes y a la Unión Europea para que se unan en coalición contra Yemen, lo que indica que el régimen saudí está desesperado. Busca y recibe apoyos en la región incluso entre el asesino Estado Islámico (ISIS). Turquía, que mantiene sus propias ambiciones en la región, se mantiene equidistante. El que las Naciones Unidas callen sobre la invasión de Yemen pone de manifiesto que los tratados internacionales o las resoluciones y acuerdos de dicho organismo no tienen ninguna credibilidad a los ojos de los poderosos, incluso cuando son firmados por docenas de países. Solo la fuerza determina el grado de credibilidad de un acuerdo. La validez de un tratado depende de las fuerzas militares que lo apoyen.

La invasión saudí de Yemen ha creado una situación explosiva en el Próximo Oriente y sus consecuencias son impredecibles.

El Partido del Trabajo de Irán (Toufan) condena sin fisuras los bombardeos de Yemen por Arabia Saudí y los considera un acto de agresión sobre el pueblo yemení.

El Partido del Trabajo de Irán condena cualquier posible invasión terrestre de Yemen. Condenamos cualquier interferencia en los asuntos internos de ese país y creemos que cualquier cambio político en Yemen debe ser únicamente decisión de la población yemení y debe ser llevada a cabo únicamente por las manos del pueblo de Yemen y en oposición a las fuerzas intervencionistas del exterior.

¡Imperialistas estadounidenses y sus aliados, fuera de Yemen!

Partido del Trabajo de Irán (Toufan)

Abril de 2015

www.toufan.org