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Acto en Ateneo de Madrid (19 de julio 2022): Homenaje al 19 de julio de 1936. La resistencia de la II República española al golpe de estado fascista

En la tarde de ayer, desafiando la climatología adversa, el salón de actos del Ateneo de Madrid acogió la conmemoración/homenaje a la heroica resistencia de los miles de hombres y mujeres que salieron a las calles para defender la II República y enfrentar al Golpe de Estado fascista.

Organizado por la Agrupación Ateneísta Juan Negrín, Miguel Pastrana presentó el acto y a los numerosos y cualificados ponentes que fueron desgranando los diferentes aspectos de la lucha, resistencia y heroísmo de los que hicieron frente al fascismo y las circunstancias históricas que lo rodearon.

Este acto se realiza en un momento de ascenso del fascismo en España, cuando el PP y VOX no solo maquillan el franquismo, sino que lo reivindican abiertamente, además de criminalizar al régimen republicano, a quienes lo defendieron y a todos los que lucharon contra la dictadura de Franco. El homenaje del Ateneo tiene en este contexto un doble significado: mantener viva la memoria histórica del antifascismo y hacer un llamamiento a la necesidad de seguir combatiendo al fascismo, cuyo objetivo no es otro que destruir derechos y libertades que tanto sacrificio ha costado conquistar.

Nuestro camarada, el historiador Carlos Hermida participó en este acto. Reproducimos, por su claridad y contundencia, su intervención completa:

«Un año más rendimos homenaje a esas decenas de miles de mujeres y hombres que en julio de 1936 salieron a la calle para detener el golpe de estado perpetrado por un sector del Ejército y defender la República.

En mi opinión, hay cuatro factores que explican la combatividad de las masas populares frente a los militares golpistas.

El primero de esos factores es la CONCIENCIA DE CLASE del proletariado español; es decir, ser consciente de sus intereses como clase social y saber reconocer al enemigo de clase. Y es evidente que los trabajadores españoles a la altura de 1936 poseen esa doble percepción, que se ha forjado en las grandes luchas del primer tercio del siglo XX: la Semana Trágica de Barcelona en 1909; la huelga general de 1917; la huelga de la Canadiense de 1919 o las luchas campesinas del trienio bolchevique entre 1918 y 1920, por poner algunos ejemplos. Pero junto a esos combates contra el capital, la conciencia de clase también se ha formado en las casas del Pueblo y en los Ateneos Libertarios, leyendo la prensa obrera, escuchando a los   los dirigentes obreros. La clase obrera española ha adquirido, en fin, una sólida cultura política que le permite contrarrestar la influencia de la ideología burguesa.

El segundo se refiere a la fuerte CONCIENCIA ANTIFASCISTA. En 1922 el fascismo se ha impuesto en Italia, en 1933 Hitler ha llegado al poder en Alemania y en febrero de 1934 el canciller Dolfuss ha reprimido con dureza el levantamiento de los obreros socialdemócratas en Viena. Los obreros españoles saben lo que les espera si el fascismo triunfa en España. Por eso, en octubre de 1934, cuando la CEDA entra en el gobierno con tres ministros, los trabajadores desencadenan la huelga general revolucionaria.

Es cierto que la CEDA no era una organización fascista en el sentido estricto de la palabra, pero simpatizaba abiertamente con los regímenes fascistas, no era un partido republicano y su objetivo era destruir la República desde dentro. Son especialmente significativas las palabras de Gil Robles en la campaña electoral de octubre1933:

" Nuestra generación tiene encomendada una gran misión. Tiene que crear un espíritu nuevo, fundar un nuevo Estado, una nación nueva; dejar la patria depurada de masones, de judaizantes. (…) Hemos de hacer de España una gran nación. (…) Hay que ir a un Estado nuevo, y para ello se imponen deberes y sacrificios. ¡Qué importa que nos cueste hasta derramar sangre! Para eso nada de contubernios. No necesitamos el poder con contubernios de nadie. Necesitamos el poder íntegro y eso es lo que pedimos. Entre tanto no iremos al gobierno en colaboración con nadie. (…) La democracia no es para nosotros un fin, sino un medio para ir a la conquista de un estado nuevo. Llegado el momento, el Parlamento se somete o le hacemos desaparecer".

Aunque la revolución fracasó por estar mal organizada y dirigida, en Asturias los mineros dominaron la región durante quince días y finalmente fueron derrotados por la acción del ejército colonial de África enviado por Franco. La represión criminal de las fuerzas africanistas contribuirá a reforzar la conciencia antifascista de las clases populares.

El tercero está relacionado con la UNIDAD DE LA IZQUIERDA. Ya en la revolución asturiana han luchado juntos los obreros socialistas, anarquistas y comunistas, agrupados en la Alianza Obrera bajo la consigna “Uníos, Hermanos Proletarios”, pero en enero de 1936 la izquierda da un paso más y se forma el Frente Popular, integrado por las organizaciones obreras, exceptuando la CNT, y la izquierda republicana. Un Frente Popular formado en torno a un programa mínimo, que triunfa en las elecciones de febrero de 1936. Los objetivos y el carácter de ese Frente Popular fueron definidos nítidamente por José Díaz, secretario general del PCE:

“La lucha, hoy, está entablada a fondo entre la democracia en el terreno económico y político, de un lado, y de otro, las castas semifeudales, los privilegios de la Iglesia, las oligarquías financieras, la reacción y el fascismo, con su secuela de hambre y de miseria, de terror y de guerra. Sin despejar el camino de estas fuerzas negras del pasado, sin liquidar su base económica y social, no podremos organizar las luchas ulteriores, encaminadas a la emancipación total de los oprimidos” (artículo publicado en Mundo Obrero en mayo de 1936).

Finalmente, el cuarto factor tiene que ver con el convencimiento de la necesidad de ENFRENTARSE AL FASCISMO CON LAS ARMAS para vencerlo. En julio de 1936 no se había difundido entre los trabajadores esa idea aberrante y profundamente reaccionaria de condenar la violencia “venga de donde venga”. Esa concepción deja a los trabajadores indefensos y solo beneficia a las clases dominantes. No se puede equiparar la violencia fascista con la antifascista. Y la violencia contra la opresión, la tiranía y la explotación es legítima. Por eso, los hombres y mujeres que salen a la calle el 18 de julio de 1936 piden armas para defender la República. Unas armas que el gobierno de Casares Quiroga se niega a entregar, propiciando de esa forma, con una actitud claudicante y traidora, que los militares golpistas triunfen en una parte del país. Por el contrario, el gobierno de Giral, formado el 19 de julio, decide armar a los trabajadores y de esa forma fracasa la tentativa golpista en la mayor parte de España.

Esos cuatro elementos explican el arrojo y la actitud heroica de las clases populares frente al golpe fascista. Pero julio de 1936 queda muy lejos, debemos hacer una reflexión sobre la actualidad. Hoy también el fascismo avanza y no nos referimos únicamente a VOX, sino a la tergiversación y manipulación de la realidad que realizan la mayoría de medios de comunicación, a las andanzas de la denominada “policía patriótica” y a las vergonzosas sentencias de algunos tribunales de justicia. Esos también son síntomas de actitudes fascistas muy preocupantes. Debemos tener muy claro que combatir al fascismo hoy en España pasa por derribar esta monarquía corrupta y establecer una III República, de carácter popular y federal, capaz de depurar el aparato del Estado, limpiar las cloacas del Estado y acabar definitivamente con todos los maquillajes del franquismo.

Finalizo recordando algo que nunca debemos olvidar: todos los medios de lucha son legítimos para enfrentarse al fascismo. Lo fueron en el pasado, lo son en el presente y lo serán en el futuro.»