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JCE (m-l) de Castilla y León

El Diccionario de la Real Academia de la lengua española define al acoso escolar de la manera siguiente:

En centros de enseñanza, acoso que uno o varios alumnos ejercen sobre otro con el fin de denigrarlo y vejarlo ante los demás.

Incluir esta definición no obedece a criterios preferenciales, sino a la clarividencia con la que disecciona un fenómeno tan repugnante, como dependiente del modelo de producción capitalista. Sí, el acoso escolar constituye una representación de la lucha de clases, una muestra despiadada de poder material y espiritual.

Abordemos la naturaleza lingüística del término “acoso”. En primer lugar, no es casual nuestra predilección léxica de “acoso” sobre “bullying”; ¿por qué? Porque “acoso” constituye un concepto inseparable de nociones negativas, perfectamente reconocidas culturalmente, e incluso violentas (tanto física, como psicológicamente).

El empleo del vocablo “bullying”, además de representar un ejercicio flagrante de imperialismo lingüístico, limita la gravedad lingüística del fenómeno que representa o, al menos, relativiza la seriedad del asunto. Nos explicamos: “hacer bullying” carece de la carga tan duramente censurable que ligamos a la palabra “acoso”. ¿Acaso hablamos de “bullying” laboral para referirnos al acoso que sufre un trabajador?; ¿alguien se atrevería a referirse al acoso sexual, como “bullying sexual”? La respuesta es tajantemente negativa: en definitiva, “hacer bullying” encarna un eufemismo inadmisible.

Una vez concretada esta noción lingüística, examinemos el contenido socioeconómico del acoso escolar: ¿alguien sabe de historias donde los matones de clase se metieron con el más rico? ¿Con el que más ropa cara lleva? Improbable. ¿Y con el inmigrante? ¿Con la chica que no sigue los cánones burgueses sobre feminidad? ¿Con el chico que más días repite la ropa? ¿Y con aquel que tiene pecas, está gordo o es comparativamente muy alto? ¿Qué pasa con el estudioso? Observamos una dinámica muy selectiva: ¿quién tiene más posibilidades de sufrir acoso escolar? ¿El niño de clase trabajadora o el burgués? ¿El inmigrante de familia desestructurada o el “niño bien” que veranea con su familia en Costa Rica? Es más, cuando ese “niño bien” deje el colegio público por uno privado, se encontrará irremediablemente a la cola de la jerarquía burguesa. Ejemplos no nos faltan.

Acoso velo350Las reflexiones anteriores implican que, como señalaron Marx y Engels, «la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante». Así, ¿quién posee el poder material? La burguesía. ¿Quién impone el poder espiritual? La burguesía. Asistimos a una representación arquetípica de la lucha de clases, sobre un escenario basado en el modelo de producción capitalista, que se desarrolla, en este caso, en la escuela. El poder espiritual burgués se manifiesta en forma de cánones, pautas y guías, que debe seguir la clase trabajadora para lograr su supuesto perfeccionamiento espiritual, el cual le aportará teóricamente el poder material en futuro. Es decir, si quieres poder material, acepta los valores espirituales burgueses. Quien actúe de forma contraria, en el patio de un colegio, será descuartizado por las dinámicas socioeconómicas. Estas censuran a quien no comulga con dichos valores, aunque sea aplicado, y encumbran, aunque no estudien, al rico, porque representa las pautas a seguir, o al matón, porque se encarga de hacerlas cumplir.

Eso sí, no se mancharán los burgueses las manos en el lodazal del acoso escolar: ellos ponen las reglas del juego para que los demás nos despellejemos. El matón es el cancerbero de la espiritualidad burguesa, un policía que el rico alimenta espiritualmente. Así, parte de los entes más vulnerables de la clase trabajadora y el lumpenproletariado se convierte en matones y acosadores escolares, como intento desesperado por avanzar espiritualmente y con vistas a que el poder material los acepte. A propósito, resulta interesante la condena sociológica del estudiante aplicado. El poder material y espiritual no busca la educación de las masas populares, sino su ignorancia, “con vistas a que el estudiante obrero ocupe solo los puestos de trabajo que desprecia la burguesía” (Krupskaya).

acoso escolar bullying centrolingua350Observemos a qué nos referimos cuando mencionamos la espiritualidad burguesa: ¿qué encontramos entre los valores burgueses? ¿La solidaridad internacional o quizá la xenofobia? He ahí el origen del acoso escolar al inmigrante. Qué decir de sus cánones de belleza, que no aceptan niñas que no se rigen por la feminidad burguesa o niños gordos. ¿Significa esto que el socialismo ensalce el sobrepeso? Todo lo contrario. Ahora bien, los valores espirituales burgueses se rigen por un culto al físico enormemente hipócrita, donde la burguesía exige unos cánones que ella misma niega materialmente al estudiante trabajador: condenan la gordura, pero el poder material sube los impuestos de productos sanos y favorece que la comida basura se extienda como la peste entre los hogares de clase obrera.

De esta manera, la dinámica del modelo de producción capitalista excluye al niño que, o no puede, o no quiere seguir los designios espirituales burgueses, y llama a su escarnio público, que se manifiesta mediante el acoso escolar, mediante vejaciones y hasta violencia física. No se trata de “bullying” contra el niño con voz de pito y pelo largo, sino de un acoso y derribo a quien osa desafiar los cánones de la clase explotadora. Tampoco es casual que el acoso se cierna sobre los más “débiles”, sino sistemático. Como sistemático es que el explotador se limite a observar el acoso que ejerce el matón, en una metáfora acertada sobre el burgués que disfruta viendo cómo apalea al débil su policía.