JCE(m-l) de Castilla-León

Desde la JCE (m-l) advertimos que este verano los incendios, tanto en Castilla y León, como en otros puntos de España, ocupan espacio en tertulias, telediarios y conversaciones diarias.
Las imágenes de cultivos arrasados y viviendas calcinadas son portada día tras día, mientras las cámaras de televisión luchan entre sí por retratar las lágrimas del agricultor arruinado.
Esa misma prensa es la que nos muestra el efecto de un incendio como si de un fenómeno divino se tratase: da la sensación a menudo de que no existe responsabilidad administrativa o legal alguna sobre este drama, que, sí, por supuesto que tiene causas y consecuencias. Las causas, que se achacan vagamente al cambio climático, como si hablásemos de algo incontrolable, jamás las relaciona el periodismo oficial con la pasividad de los gobiernos regionales respecto a los montes, su cuidado o limpieza, cuando no el abandono. Poca o ninguna referencia existe en cuanto a las condiciones laborales inhumanas a las que se enfrentan bomberos, militares y personal de emergencias.

Esos mismos tertulianos que ponen el grito en el cielo por unos hielos, culpando de ello al “comunismo”, cuando se trata de los incendios, no buscan responsabilidades, sino que se limitan a decir: “qué terrible, qué pena”.

Por lo visto, las causas de la devastación del fuego no merecen atención ninguna, así como las muertes que provocan, la impotencia de los trabajadores contra los incendios, el hartazgo de la España rural.
Pensar que esto es casual únicamente le hace el juego a quien quiere a los bomberos callados y a la Junta tranquila en su poltrona. Están los medios silenciando a las víctimas y eliminando de la escena a los verdugos.
No olvidemos que la prensa burguesa se contenta con mostrar la desesperación humana, nunca llega a explicar sus orígenes putrefactos. Si lo hiciera, estaría mordiendo la mano de su amo.