Raúl Marco

Con gran pesar hemos recibido, tardíamente, la triste noticia del fallecimiento de Manuel Ballestero, el pasado mes de enero.

Ballestero, fue un brillante intelectual, filósofo, escritor, miembro del PCE, en el que se mantuvo pese a sus claras divergencias con la política de Carrillo. Comunista, y por ende antifranquista activo y republicano de pro.

Tuvo que exilarse a Francia, donde llevó a cabo una intensa labor docente como profesor en la Universidad de la Sorbona; y política, con sus trabajos de investigación ideológica. Activo en los medios políticos del exilio y la emigración, nunca ocultó su desacuerdo con el derechismo de Carrillo. Carrillo y su equipo fueron siempre un tema de discusión en el que Manuel Ballestero brillaba por sus análisis. Rechazaba los análisis triunfalistas de la dirección del PCE. Solía citar a Lenin (que yo trato de reproducir, aproximadamente):

«Una situación revolucionaria no desemboca obligatoriamente en revolución. Incluso en momentos de grave crisis los gobiernos no caen, si no se les empuja.»

Cuando regresó a España, ingresó en el CSIC (en el Instituto de Filosofía) y trabajó como investigador en la Fundación de Investigaciones Marxistas. Se incorporó también al Club de Amigos de la Unesco (CAUM). Participó activamente en actos políticos y republicanos del Ateneo de Madrid, en donde tuve ocasión de participar junto a él en algunos mítines, por supuesto republicanos.

Tuve, pues, la suerte de conocer y tratar personalmente a esa gran persona. Nuestras diferencias sobre algunas cuestiones ideológicas jamás empañaron lo que yo califico de amistad y camaradería.

Cuando regresó a París, tuve un par de encuentros con él. Luego las circunstancias impidieron mantener nuestro contacto. Su fallecimiento, a los 92 años, lo he resentido dolorosamente. Lo ignoraba, hasta que su esposa Catherine me lo notificó recientemente.

¿Qué decir en momentos así, cuando sólo nos quedan briznas de recuerdo? Nada… nada.