Carlos Hermida

Uno de los problemas políticos que tiene nuestro país es, sin duda, el bajísimo nivel de organización de los trabajadores y las clases populares. La inmensa mayoría de los hombres y mujeres de estos sectores no está afiliada a los sindicatos de case ni milita en organizaciones políticas. No hay, por tanto, una participación directa en la vida política y, por ello, las intensas movilizaciones y protestas que se producen en momentos concretos no tienen después una continuidad. Y también, evidentemente, la falta de organización repercute en la intensidad de movilización.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? Son varios los factores, pero hay uno que nos parece fundamental. Ha sido la actitud de la izquierda oficial, sus planteamientos y actuaciones, los causantes de este problema. Durante décadas el PSOE e Izquierda Unida no han hecho una política de izquierdas. Ha predominado en estos partidos, cuando han llegado a las instituciones, la política del pacto, la componenda, los acuerdos con fuerzas reaccionarias, además de notorios casos de corrupción. Lo que en las citas electorales eran mensajes de cambio que ilusionaban a las masas, se convertía poco después en papel mojado. Es cierto que la mayor responsabilidad corresponde a los socialistas, pero otras organizaciones también han participado de estas prácticas nefastas. En los últimos años, Podemos ha sido el ejemplo más notable de lo que decimos, lo que explica bastante bien sus desastres electorales en las últimas elecciones autonómicas de Galicia y Euskadi.

El resultado ha sido un distanciamiento cada vez mayor entre las masas populares y la izquierda. Existe un divorcio y una desconfianza cada vez mayor entre los trabajadores y las organizaciones que dicen representarles. Muchos votantes de izquierda han terminado por replegarse a su vida familiar y laboral, totalmente defraudados por unos partidos que traicionan sistemáticamente sus programas y su discurso; que hacen una política por arriba y se olvidan de los trabajadores cuando ya no necesitan su voto.

Esta desconfianza no se traduce solamente en un rechazo a la organización política, sino que está derivando en la inclinación de algunos sectores populares hacia el fascismo. El auge de VOX en España y de partidos similares en Europa se debe en buena medida a que no existe un referente de izquierdas; a que la izquierda ha abandonado y traicionado a los trabajadores. Que un trabajador vote fascista parece un absoluto contrasentido, pero tiene una explicación cuando confluyen una serie de circunstancias: el paro, la desesperación y la falta de alternativas reales.

Nosotros, comunistas, tenemos que combatir esta situación, porque si los trabajadores no se organizan, si no intervienen en la lucha política, el cambio que deseamos y proponemos, la alternativa republicana, no será posible. Nuestro trabajo es incentivar la organización, promoverla, crearla. Y esto no es una cuestión solo de propaganda; es de praxis concreta. Trabajar en los barrios, en las asociaciones de vecinos, en las Universidades, en las fábricas, implicarnos en las luchas vecinales. Tenemos que ser un referente para las clases populares, para los estudiantes, para los trabajadores de las fábricas. Así crearemos organización, devolviendo la ilusión a miles de personas que hoy están derrotadas y resignadas.

Nuestro país se encuentra en una profunda crisis económica e institucional El PIB ha tenido en el último trimestre una caída del 18,5%, la más profunda desde la Guerra Civil. Hay millones de trabajadores en paro o acogidos a un ERTE. La miseria y la exclusión social se extienden por todo el país. Y mientras la situación social se degrada, la Casa Real es un nido de corrupción que los medios de comunicación ya no pueden tapar. Se dan, por tanto, algunas condiciones objetivas para lograr una ruptura política y proclamar la República. Ese es nuestro objetivo como Partido. Es preciso forjar una unidad popular para materializar ese cambio político, para acabar con una monarquía ilegal, ilegítima y ajena a los intereses de pueblo español. Pero esa unidad popular solo se conseguirá si las masas están organizadas. Sin organización no se puede luchar o se lucha sin perspectivas. Los hombres y mujeres del PCE (m-l) estamos comprometidos en esta lucha, en devolver la ilusión a todos esos sectores que hoy están desmoralizados; en organizar a todas esas personas que se alejaron de la política para que vuelvan al combate con renovadas energías.

En las situaciones históricas más difíciles, las clases populares protagonizaron en nuestro país páginas inmortales de solidaridad, sacrificio y heroísmo. Ahora es necesario recuperar ese impulso para acabar con los que arruinan nuestras vidas y nos niegan el futuro. Para tener una vida digna, con servicios públicos de calidad, para tener trabajo y vivienda. Para recuperar la soberanía nacional.

Vamos a organizarnos y a luchar. Contra el capital y la monarquía, hasta enterrarlos en el mar, como afirma el precioso poema de Alberti.