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Agustin Bagauda

Más allá de cambios innegables, vivimos en el mismo capitalismo explotador y opresor, que condena a la mayoría trabajadora al paro, la precariedad y la pobreza, y por ello podemos decir, con José Díaz, que queremos “una España justa, una España en que haya pan, trabajo y libertad” (José Díaz, La España revolucionaria, discurso pronunciado en el Salón Guerrero, de Madrid, el 9 de febrero de 1936).
La Patria que defendemos es una Patria popular, “una República que dé al pueblo todo lo que el pueblo necesita” (ib.), que satisfaga sus necesidades materiales y espirituales y dé cauce y materialice sus intereses de clase.
Una España que desconozca el paro estructural, la precariedad laboral y los salarios de pobreza; donde la explotación, los abusos y “accidentes” laborales, la brecha salarial y la emigración de nuestros jóvenes sean un mal recuerdo.
Una Patria que ponga todas las capacidades humanas y todos sus recursos materiales e institucionales al servicio de los que producen la riqueza del país, de los trabajadores, del pueblo, de su bienestar y felicidad.
Donde el Trabajo sea la medida de todas las cosas, la tierra para quien la trabaja y no tengan cabida los crápulas, los parásitos sociales, los especuladores, caciques y corruptos.


Una España con unos servicios sociales 100x100 públicos y universales, especialmente la sanidad, única forma eficaz, como estamos viendo estos días, de salvaguardar la salud pública y garantizar la atención sanitaria efectiva de toda la población.
“Queremos una España culta, queremos una España donde los intelectuales, los médicos, los hombres de ciencia y los artistas estén al servicio del pueblo”, en la que “se abran las universidades para el proletariado, para el pueblo…” (ib.) y donde los hijos de los obreros no sean expulsados por no poder pagar sus estudios; una España que tenga por divisa: “Escuela pública de tod@s y para tod@s”.
Donde la libertad y la democracia no sean palabras vacías, eslóganes de moda o caretas tras las que se esconden la libre explotación del capital y los recortes en derechos y libertades de sus agentes políticos, sino que sean una realidad tangible y tengan a los trabajadores y al pueblo como sus beneficiarios; un país en el que el ejercicio del legítimo derecho a la huelga, a la libertad de expresión y manifestación no suponga una multa, una condena o la represión física; donde sea erradicado el fascismo.
Queremos un país bajo cuyo cielo puedas vivir tranquilo, con seguridad, sin miedo a que te vayan a desahuciar, a cortar la luz o el gas.
Queremos una España cuyas instituciones sean representación y estén al servicio de las clases populares: del proletariado, de los trabajadores del campo, de los que levantan sus pequeños negocios con el sudor de su frente,…; que salvaguarde sus intereses y conquistas e impulse el avance de nuestra sociedad, de sus pueblos y gentes a mayores cotas de bienestar, libertad y democracia; que haga gala y promueva su riqueza linqüística, cultural, etc.
Una Patria que haga realidad el principio: “la soberanía reside en el pueblo”, en la que la voluntad popular sea principio y ley, y donde la decencia, la dignidad y la honradez estén grabadas a fuego en el alma de sus representantes políticos.
Parafraseando a Lenin, “queremos a toda costa” una España “libre e independiente, autónoma, democrática, republicana, orgullosa, que base las relaciones con sus vecinos en el principio humano de la igualdad y no sobre el principio feudal de los privilegios” (“El orgullo nacional de los gran rusos”, diciembre de 1914); que haga suya la “renuncia a la guerra como instrumento de política nacional” (Constitución 1931), levante la bandera de la fraternidad y solidaridad entre los pueblos y condene al ostracismo al chovinismo guerrerista, al jingoísmo y al imperialismo, a cualquier forma de supremacismo y colonialismo; pero también una España soberana, nunca cabizbaja, siempre erguida, nunca sometida y humillada por la bota yanqui ni por ninguna otra.
Una Patria que no sea una cárcel de pueblos, en la que estos puedan convivir fraternalmente unidos, fuertes frente a enemigos internos y externos, desde el respeto a que las naciones que la conforman puedan decidir libre y democráticamente sus propios destinos.
¡Esta es la Patria que queremos!
Y porque es esa la España que anhelamos, afirmamos que “no se puede <<defender la patria>> de otro modo que luchando por todos los medios revolucionarios contra la monarquía, los terratenientes y los capitalistas de la propia patria, es decir, contra los peores enemigos de nuestra patria” (ib.).
No se puede defender España de otro modo que luchando contra la monarquía borbónica, sus agentes y clases a las que sirve, los peores enemigos de nuestra patria. Todas las fuerzas revolucionarias, democráticas, progresistas, si realmente queremos a nuestro país, a nuestros pueblos y gentes, estamos llamadas a emprender esta noble tarea, ahora más acuciante por los momentos en que vivimos de auge del fascismo y la gran crisis que se cierne sobre nosotros.