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antipatriotas

Agustin Bagauda

Señalaba Lenin en su artículo “El orgullo nacional de los gran rusos” (diciembre de 1914):
“¿Acaso el sentimiento de orgullo nacional es ajeno a nosotros, proletarios políticamente conscientes gran rusos? ¡Claro que no! Amamos nuestro idioma y nuestra patria, nuestra labor tiene por encima de todo el fin de elevar a sus masas trabajadoras (es decir, las nueve décimas partes de su población) a la vida consciente de los demócratas y los socialistas. Nada nos duele más que ver y sentir la violencia, la opresión y la burla a que someten a nuestra hermosa patria los verdugos zaristas, los nobles y los capitalistas. Nos orgullecemos de que esa violencia haya provocado resistencia en nuestro medio, entre los gran rusos, que de este medio hayan salido un Radíschev, los decembristas, los revolucionarios raznochintsi de la década del 70; de que la clase obrera gran rusa creara en 1905 el poderoso partido revolucionario de masas y de que el mujik gran ruso empezara al mismo tiempo a convertirse en un demócrata y a barrer al pope y al terrateniente”. (Obras completas, T. XXII, Editorial Akal)


Lenin y los bolcheviques no eran, sino todo lo contario como no podía ser de otro modo, insensibles a las penas y padecimientos de su clase y de su pueblo, como, obviamente, tampoco a su lucha contra la opresión ancestral y a los logros en avances democráticos y socialistas, que veían con orgullo, como orgullo sentían por los mejores hijos de su pueblo y las organizaciones democráticas y populares que históricamente habían impulsado conquistas sociales y políticas. Esa clase obrera, campesinos y pueblo gran rusos eran parte constitutiva de la patria, como lo eran los decembristas, el POSDR, etc., y sus avances y progresos formaban parte del bagaje patrio.
Su antítesis: los “verdugos zaristas, los nobles y los capitalistas” y sus organizaciones. Ellos eran la antipatria, los enemigos de Rusia, por cuanto sometían a la “violencia, la opresión y la burla” a su “hermosa patria”.
Nos preguntamos con Lenin, ¿acaso nos es ajeno la cabalgante desigualdad, la miseria que se extiende sobre amplios sectores de la población española? ¿No es indiferente que en España cada vez más obreros reciban salarios de hambre y caigan en la pobreza? ¿Nos da lo mismo que muchos trabajen en condiciones de semiesclavitud, “simplemente inhumanas” y “vivan como animales” (Philip Alston, Relator de la ONU)?; ¿O que cientos de trabajadores, de los que ningún vocero del capital habla, mueran en el tajo todos los años? ¿Acaso somos apáticos a la cronificación de la malnutrición en muchos de nuestros niños, a la brecha salarial de las mujeres, a los desahucios,…? ¡No! Todo lo contrario.
Algo que caracteriza a los revolucionarios, a los comunistas, es su sensibilidad y empatía con los oprimidos y los que sufren todo tipo de injusticias. Somos los primeros en indignarnos y levantarnos contra la explotación, los atropellos y la falta de derechos que sufre nuestra clase, los primeros en alzar la voz contra la falta de libertades, los ataques antidemocráticos y la represión de nuestros pueblos, contra las iniquidades y arbitrariedades del sistema. Siendo así, ¡cómo no vamos a ser patriotas! No solo no nos es indistinto sino que no toleramos esas situaciones y, por ello, luchamos contra ellas y contra el estado de cosas que las da vida. ¡¿Acaso no es eso, precisamente, ser un patriota; querer lo mejor, y luchar por ello, para nuestro país, para nuestros pueblos y gentes, para nuestra clase?!
¿Y quiénes son los que someten a la pobreza, la desigualdad, la explotación, la opresión a los españoles, los que hollan nuestro suelo? Los capitalistas, terratenientes, monárquicos, reaccionarios y fascistas. Los mismos que se autoproclaman “salvadores de la patria” y se envuelven, para tapar sus vergüenzas, en la rojigualda. Ellos, patriotas de la cartera, que llevan sus millones a paraísos fiscales, que son los actores protagonistas del fraude fiscal y asientan y se benefician de “un sistema fiscal que brinda muchos más beneficios a los ricos que a los pobres” (P. Alston); ellos, patrioteros, que votan a favor de las casas de apuestas que son la nueva droga para nuestros jóvenes y origen de multitud de problemas familiares y sociales; ellos, crápulas y parásitos, que viven en el lujo a costa del trabajo y el sudor de los esforzadores trabajadores y hunden en la miseria a millones, mientras su máximo representante, el de la testa coronada, se pagaba mujeres y cacerías a costa del erario público; ellos, vendepatrias, que permiten que un estado (inserto, anclado, en nuestro país), el Vaticano, la Iglesia católica, nos robe miles de millones de euros anuales, que podrían invertirse en sanidad, educación,…, y tenga en propiedad gran parte del patrimonio cultural español; que acuerdan y aplauden que parte de suelo español sea cortijo de los yanquis, ante los que se genuflexionan, y base de operaciones militares de agresión contra otros pueblos, ellos, apóstoles de la guerra y la destrucción. Hogaño lo mismo que antaño, se llenan la boca de “España” (envileciéndola y deshonrándola) cuando son sus verdaderos enemigos, de sus hijos, riquezas, pueblos y tierras.
Ellos, chovinistas y guerreristas, ávidos de “islas peregiles”, se enorgullecen de genocidios, allende los mares y en esta nuestra tierra, sacan pecho por “la España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía”, al tiempo que, en nombre de la patria, caldean el ambiente y alientan el golpismo. Ellos, reivindican, al grito de “viva la muerte, muera la inteligencia”, la larga noche del franquismo y el nacionalcatolicismo (y la mujer en la cocina y el hogar, sirvienta del marido) y hacen suyos los tiempos negros de nuestra historia… y que “¡vivan las caenas!”.
Nosotros, reivindicamos todo lo que ha dado luz a largos siglos y épocas de oscuridad, todo lo que ha habido de progresista en el devenir de nuestros pueblos. Estamos orgullosos de todos aquellos que han hecho avanzar la rueda de la historia, que la han imprimido un sello de desarrollo y de progreso; que han dado prosperidad a nuestro país mejorando las condiciones de trabajo y vida de sus gentes, logrando derechos y libertades.
Estamos orgullosos “de las luchas y hazañas realizadas por nuestros pueblos, por sus representantes, por sus mejores hijos e hijas, héroes y heroínas: el 2 de mayo de 1808 y la Guerra de la Independencia, siendo las clases populares las que primero y más firme y constantemente se enfrentaron a las tropas invasoras de Napoleón; la Primera y la Segunda República, que trajo una serie de conquistas y avances económicos, políticos y sociales (sin olvidar, especialmente, los años de 1936 a 1939), la defensa de la misma con la creación del Frente Popular en el 36, bajo el impulso del PCE, que derrotó a la reacción, la lucha revolucionaria contra el fascismo nacional e internacional, la oleada de solidaridad internacional expresada en las BBII que levantó dicha lucha, las luchas huelguísticas iniciadas por los mineros asturianos a principios de los 60 y que se extendieron a buena parte de España, el combate proletario y popular en la España de la “Transición””, que fue quien trajo, y no el Rey como se enseña en los centros escolares, los elementos democráticos. Como orgullosos estamos del “PCE de José Díaz y él al frente, Álvarez del Vayo, Negrín, nuestros mártires: Cipriano, Ramón, Xosé Humberto, José Luis; etc.” (Documento “Unidad y Movimiento Popular”, IX Congreso, diciembre 2019).
Nosotros somos los patriotas, ellos, patrioteros, los peores enemigos de nuestra “hermosa patria”, a la que maltratan, encadenan y prostituyen.