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Jesús Anero

En la década de los años 30 del siglo pasado, en algunos países, los partidos políticos tradicionales perdieron auge frente a los movimientos políticos. La principal diferencia entre ambos es que mientras el partido político tiene una línea programática que determina sus actuaciones, el movimiento político se manifiesta como una continua acción.

Otra diferencia sustancial es que mientras el partido político tiene órganos de dirección entre los que se reparten las tareas o ámbitos de actuación, el movimiento político adolece de un fuerte personalismo, el líder dirige de modo vertical e inexorable las actuaciones del mismo. El dirigente de un movimiento no recibe críticas, sus dictados son órdenes sumarísimas que acatar sin dilación.

La máxima expresión de los movimientos políticos en la década de los treinta del siglo XX fueron los fascismos europeos, pongamos como ejemplo el nazismo. Sus características fueron que como movimiento no impulsó un cuerpo legislativo, de hecho los nazis nunca derogaron formalmente la constitución de Weimar de 1919, y su sistema organizativo era absolutamente jerárquico, dado que las máximas de Hitler se acataban sin vacilación. Así, el estado continuo de cambios en las directivas que emanaban desde la cúspide hacia abajo, conformaban un movimiento fluido, en constante cambio, sin ataduras, donde los miembros del partido nazi pudieran hacer y disponer a su antojo de los instrumentos políticos.

En la actualidad, los movimientos políticos vuelven a cobrar fuerza. Centrándonos en el caso nacional, los partidos políticos se parecen cada vez más a movimientos políticos; en primer lugar, los partidos han ido perdiendo representación como organización y son cada vez más la expresión de sus líderes; en segundo lugar, no se utiliza un programa, ni un ideario, las decisiones se toman en función de los intereses inmediatos, y la crítica es, muchas veces, más pasional que racional, con mensajes que abundan en los terrores venideros si el contrario accede al poder; en tercer lugar, no tienen reparos en mentir y falsear todo cuanto les convenga, ya sea para justificar sus actuaciones o para atacar al contrario.

Todo lo cual conduce a que el partido político abandona las instituciones y la representación parlamentaria, para, con su líder como ariete, buscar la algarada popular sin reparar en las formas o cuantas mentiras sean necesarias, es la acción por la acción. En este sentido, el Estado es algo ajeno al movimiento, se busca directamente el pueblo, como masa fluida en constante agitación. En último término las instituciones se muestran como caras e innecesarias, también se deforma la realidad al presentarse como movimientos de masas, que aparentemente superan las contradicciones de clase, lo cual es absolutamente falso, pues siguen al servicio de una clase concreta, la burguesa.

Pero existe un nuevo factor, que en el siglo XX no se presentaba, el uso de internet y las redes sociales, en especial la difusión de bulos y mentiras es prodigiosa, el desmentido se vuelve inútil frente a la proliferación constante de eslóganes. Esto acelera el movimiento, pareciendo que su influencia y seguidores es mayor de lo que es en realidad, por su continua exposición pública.

El mejor ejemplo es VOX, comandado de manera draconiana, son constantes las purgas entre sus militantes e incluso entre sus dirigentes, si no muestran una total afección al líder, utiliza la mentira sin dudarlo, de la manera más descarada, y sin ningún asomo de rectificación, de hecho son tantos y tan variados los embustes que lanzan que cuando se ha querido demostrar la falsedad de un argumento, desde sus filas han surgido muchos más que dejan obsoleto al primero.

Su máxima política es la acción, para la cual se sirven de las redes sociales y de las manifestaciones en la calle, los dirigentes de VOX prefieren internet como arena política que un ayuntamiento o las Cortes, se encuentran a gusto en manifestaciones más o menos improvisadas, que en un debate político. En este contexto no es necesario un programa político, basta ir cambiando de rumbo según role el viento de la opinión pública.

El resto de partidos nacionales también están siguiendo este modelo con mayor o menor éxito, lideres fuertes, uso de internet para la manipulación constante, y la utilización de las masas pero no curiosamente de modo revolucionario, sino claramente reaccionario, reclamando nacionalismos o constitucionalismos que están claramente superados en la realidad histórica.

Frente a estos movimientos, los comunistas debemos reivindicar nuestro partido, porque, además, así como solo existe una clase proletaria, solo existe un partido comunista, no pueden existir variaciones ni adulteraciones, es necesario fortalecer el partido comunista, nuestro partido, no podemos caer en la tentación de sumarnos a los alocados movimientos, que hoy reivindican la ecología y mañana… la monarquía.

El partido comunista debe estar constituido por cuadros formados, es importantísimo el debate teórico y conocer nuestra raíces filosóficas, pero también es necesario impregnarse de las clases trabajadoras y populares, la teoría que no se plasma en trabajo practico es como si anduviésemos con una sola pierna.

Los comunistas no somos un movimiento, ni una moda, ni un eslogan, somos el futuro, y como vanguardia de nuestra clase debemos comportarnos, seriedad frente a los vaivenes populistas, reflexión y crítica ante las tentaciones demagógicas, veracidad frente a la mentira, trabajo ante las quimeras.

En definitiva, el partido comunista, pegado a las masas obreras y populares, es nuestro referente y orgullo, por tanto es necesario cada día reivindicarlo y fortalecerlo.