Por A. Bagauda | Octubre nº 90

Este artículo pretende contribuir al debate sobre la unidad popular, un concepto político e ideológico de gran transcendencia en el momento presente. Decía Lenin que “Las ideas se convierten en una fuerza cuando prenden en las masas”; se transforman en potencial revolucionario.

Esas ideas y conceptos son, por ello, peligrosos para la burguesía, que dispone de muchas formas de combatirlas. Una, quizás la más refinada, es la adulteración de las mismas. Con ello, se arranca de las manos de las clases trabajadoras las herramientas de lucha por su emancipación. Señalábamos en el artículo ¿Proceso constituyente? que una serie de conceptos políticos e ideológicos han sido arrastrados y deformados por la corriente del “ciudadanismo”. Aparte de aquél, éste, el de la “unidad popular”, es otro de ellos.

La “unidad popular” hasta hace dos años era un término que muy pocas fuerzas políticas empleábamos (para nosotros es una parte clave de nuestra táctica). Sin embargo, la movilización popular en ascenso durante el periodo 2010-2014 la iba precipitando, decantando, como culminación política necesaria de la misma; un peldaño superior, en tanto que entraña un carácter estructural, organizativo de esa lucha. Ahí residía su peligro para la oligarquía. Y he aquí que es justo en ese momento cuando el “ciudadanismo” surge e integra tal concepto como parte importante de su discurso, especialmente Podemos. IU, y otras fuerzas de izquierda, no se quedan atrás y hacen lo propio. Ya todos hablan de unidad popular, lo ponen de moda, pero también lo vulgarizan y desfiguran. Ya no da miedo al enemigo, porque está domesticado y servido en bandeja de plata al régimen.

No podemos dejar de lamentar aquí que las fuerzas de la izquierda revolucionaria no hayamos sabido y/o no hayamos sido capaces de estructurar esa vasta y permanente movilización. Y es que si bien la movilización es un importante medio de lucha, no podemos, como hacen algunos, caer en su glorificación porque nos olvidaríamos de la segunda parte, que es su canalización organizativa, sin la cual no alcanzaremos nuestros objetivos tácticos y estratégicos.

Pero continuemos. El equipo de P. Iglesias, que está resultando ser un ególatra impenitente, casi habla como lo hiciera (dicen) Yahvé (“Yo Soy el que Soy”) y afirma que Podemos es la unidad popular y la unidad popular es Podemos. Todo queda dicho y hecho. Rechazó ir junto con IU a las Elecciones Generales del 20-D. En ellas, la formación de Garzón se presentó junto con varias pequeñas fuerzas de izquierdas bajo la denominación de Unidad Popular (UP). E inmediatamente después de conocerse los resultados, cuando aún estaba caliente el ataque contra Podemos en campaña, le tiende la mano para formar la unidad popular.

¿Es Podemos la unidad popular? La respuesta es obvia. ¿UP es la unidad popular, o la lleva en su seno? Tampoco. Se nos puede objetar que UP acaba de nacer y que lo hace con esa aspiración, con esa perspectiva. Sin embargo, esto también es falso. UP no trabaja por ese objetivo por mucho que lo declare (“Del dicho al hecho hay mucho trecho”, reza sabiamente un refrán) y se llame así, denominación, por otro lado, que se usa como banderín de enganche. Si uno tiene un objetivo diseña y dispone lo preciso para conseguirlo. Desde su nacimiento, en un momento especialmente propicio, como son las elecciones, cuando el ciudadano de a pie está más interesado y receptivo por la política y por las alternativas políticas, UP no se ha preocupado de organizar, preparar y planificar lo necesario para avanzar hacia esa meta. Sus preocupaciones eran y son otras, más ligadas al recuento de votos, a conseguir un escaño más en el Congreso o, ahora, a formar un gobierno “progresista” con Podemos y el PSOE (¡!).

¿Sería UP más Podemos la unidad popular? Tenemos que seguir dando el no por respuesta. Ni siquiera podríamos hablar de unidad de la izquierda pues faltarían muchos actores en juego. La adulteración del concepto que tratamos también tiene que ver con la identificación, interesadamente o por confusión, entre ambos. La unidad de la izquierda es la alianza de los actores políticos (también organizaciones sociales) que puede tener una permanencia más o menos prolongada en el tiempo en función de sus objetivos. Desde la unidad de acción por un motivo concreto, pasando por una coalición electoral, puntual o no, hasta una alianza más o menos permanente que normalmente requiere de estructuras comunes de organización y dirección.

La unidad popular, si bien se imbrica con la unidad de la izquierda, es algo cualitativamente distinto. Para comprenderla, lo que entraña y su significación, debemos responder al menos a estas preguntas: ¿Qué es y quiénes son sus actores? ¿Para qué y por qué? Ello nos ayudará, además, a conocer mejor la “unidad popular” de Podemos y de UP.

La unidad popular es un instrumento político de las clases trabajadoras y populares cuyo objetivo es la toma del poder, arrancándoselo de las manos a su enemigo de clase, la oligarquía. Un poder que utilizará, además, para aplastarla en la lucha de clases, que no cesará con la toma del poder, segando la hierba bajo sus pies. Nótese que estamos hablando de poder, es decir, de Estado. Por ello, la unidad popular en España pasa insoslayablemente por echar abajo el vetusto edificio monárquico y construir un Estado republicano, cuerpo político de esas clases sociales, representación de las mismas y defensa de sus intereses en lucha contra el capital. Y no puede ser de otra forma, pues el régimen monárquico es el poder de la oligarquía, del capital.

Si la unidad de la izquierda comprende a los actores políticos (se desarrolla, pues, en un plano subjetivo), la unidad popular es algo más profundo, que abarca no solo a las organizaciones políticas populares sino también a vastos sectores de las clases populares (proletariado y el conjunto de trabajadores y empleados, autónomos, pequeños empresarios, e incluso medianos empresarios, estudiantes, jóvenes y mujeres de las clases trabajadoras, …) que se incorporan de forma más o menos organizada a la lucha política y que se convierten en actores políticos activos, en torno a un programa de cambio, popular y de ruptura, impulsado por sus vanguardias, por las fuerzas políticas que les representan y que no son otra cosa que la organización de sus elementos más avanzados.

La unidad popular persigue cambiar la correlación de fuerzas, en un proceso de acumulación, hoy a favor de un enemigo muy poderoso, el bloque oligárquico (también el foráneo). Solo la unidad popular tiene la fuerza suficiente para ello. Se presenta, pues, en el momento presente, como el único sujeto de cambio político, económico y social, el único sujeto revolucionario. En esto radica su importancia. He aquí su porqué.

La unidad de la izquierda es necesaria, pero no es suficiente. El objetivo de la izquierda revolucionaria debe ser, pues, la articulación de la comunión de las distintas fuerzas, clases y sectores populares para conducir su lucha contra la clase que les explota, agrede y oprime.

Bajo estas premisas, si inherente a la unidad popular es su objetivo de cambio, de transformación radical de la sociedad, de ruptura con el “statu quo”, difícilmente podemos hablar de unidad popular en el caso de Podemos o, incluso, de UP, cuando el primero se ha convertido en un nuevo pilar del régimen del 78 y la segunda no rompe con su reformismo conservador. La “unidad popular” que esgrimen es una “unidad” inofensiva, inocua para el Estado monárquico, para el bloque oligárquico; no es unidad popular, es otra cosa.