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V.I. Lenin (Pravda, 1 de marzo de 1913)

«...Lancemos una ojeada a las vicisitudes de la doctrina de Marx en cada uno de estos períodos. En los comienzos del primer período, la doctrina de Marx no era, ni mucho menos, la imperante. Era sólo una de tantas fracciones o corrientes, extraordinariamente numerosas, del socialismo. Imperaban unas formas de socialismo afines, en el fondo, a nuestro populismo: incomprensión de la base materialista del progreso histórico, incapacidad de discernir el papel y la importancia de cada una de las clases de la sociedad capitalista, encubrimiento de la esencia burguesa de las reformas democráticas con ayuda de diversas frases seudosocialistas acerca del "pueblo", la "justicia", el "derecho", etc....»

Lo fundamental en la doctrina de Marx es el esclarecimiento del papel histórico mundial del proletariado como creador de la sociedad socialista. ¿Ha confirmado esta doctrina el curso de los acontecimientos sucedidos en el mundo entero desde que Marx la expuso? Marx la formuló por vez primera en 1844. El Manifiesto Comunista de Marx y Engels, aparecido en 1848, ofrece ya una exposición completa y sistemática de esta doctrina, todavía no superada hasta hoy. Desde aquel entonces, la historia universal se divide claramente en tres grandes períodos: 1) de la revolución de 1848 a la Comuna de París (1871); 2) de la Comuna de París a la revolución rusa (1905); 3) de la revolución rusa(*) a nuestros días.

Lancemos una ojeada a las vicisitudes de la doctrina de Marx en cada uno de estos períodos.En los comienzos del primer período, la doctrina de Marx no era, ni mucho menos, la imperante. Era sólo una de tantas fracciones o corrientes, extraordinariamente numerosas, del socialismo. Imperaban unas formas de socialismo afines, en el fondo, a nuestro populismo: incomprensión de la base materialista del progreso histórico, incapacidad de discernir el papel y la importancia de cada una de las clases de la sociedad capitalista, encubrimiento de la esencia burguesa de las reformas democráticas con ayuda de diversas frases seudosocialistas acerca del "pueblo", la "justicia", el "derecho", etc.

La revolución de 1848 asestó un golpe mortal a todas estas formas ruidosas, abigarradas y chillonas del socialismo premarxista. La revolución muestra en todos los países las distintas clases de la sociedad en acción. La matanza de obreros que la burguesía republicana realizó en París, en las jornadas de junio de 1848, demostró definitivamente que sólo el proletariado es socialista por naturaleza. La burguesía liberal teme cien veces más la independencia de esta clase que cualquier reacción, sea la que sea. El cobarde liberalismo se arrastra a sus pies. Los campesinos se conforman con la abolición de los restos del feudalismo y se pasan al lado del orden, y sólo a veces vacilan entre la democracia obrera y el liberalismo burgués. Toda doctrina de un socialismo que no sea de clase y de una política que no sea de clase, se acredita como un simple absurdo.

«La dialéctica de la historia es tal, que el triunfo teórico del marxismo obliga a sus enemigos a disfrazarse de marxistas. El liberalismo, interiormente podrido, intenta renacer bajo la forma de oportunismo socialista.»

La Comuna de París (1871) coronó este desenvolvimiento de las transformaciones burguesas; sólo al heroísmo del proletariado debe su afianzamiento la república, es decir, la forma de organización del Estado en que las relaciones de clase se manifiestan de la manera menos disimulada.En todos los demás países europeos, una evolución más confusa y menos acabada conduce a la formación de esa misma sociedad burguesa. A fines del primer período (1848-1871), período de tormentas y revoluciones, muere el socialismo anterior a Marx. Nacen los partidos proletarios independientes: la Primera Internacional (1864-1872) y la socialdemocracia alemana.El segundo período (1872-1904) se distingue del primero por su carácter "pacífico", por la ausencia de revoluciones. El Occidente ha terminado con las revoluciones burguesas. El Oriente no está aún maduro para ellas. El Occidente entra en la etapa de preparación "pacífica" para la época de las transformaciones venideras. Se constituyen en todos sitios partidos socialistas, proletarios por su base, que aprenden a utilizar el parlamentarismo burgués, a crear su prensa diaria, sus instituciones culturales, sus sindicatos y sus cooperativas. La doctrina de Marx obtiene un triunfo completo y se va extendiendo. Lenta, pero inflexiblemente, prosigue el proceso de reclutamiento y concentración de fuerzas del proletariado, que se prepara para las batallas venideras. La dialéctica de la historia es tal, que el triunfo teórico del marxismo obliga a sus enemigos a disfrazarse de marxistas. El liberalismo, interiormente podrido, intenta renacer bajo la forma de oportunismo socialista. El período de preparación de las fuerzas para las grandes batallas lo interpretan en el sentido de renuncia a esas batallas.

«Algunas gentes, no atentas a las condiciones de preparación y desarrollo de la lucha de las masas, habían caído en la desesperación y el anarquismo...»

El mejoramiento de la situación de los esclavos para la lucha contra la esclavitud asalariada lo interpretan en el sentido de que los esclavos pueden vender por unos céntimos su derecho a la libertad. Se predica cobardemente la "paz social" (esto es, la paz con los esclavistas), la renuncia a la lucha de clases, etc. Los oportunistas tienen muchos adeptos entre los parlamentarios socialistas, entre los diversos funcionarios del movimiento obrero y los intelectuales "simpatizantes".Aún no se habían cansado los oportunistas de ensalzar la "paz social" y la posibilidad de evitar las tormentas bajo la "democracia", cuando se abrió en Asia una nueva fuente de formidables tormentas mundiales. A la revolución rusa siguieron las revoluciones turca, persa y china. Hoy atravesamos precisamente la época de esas tormentas y de su "repercusión" en Europa. Cualquiera que sea la suerte reservada a la gran república china, a la vista de la cual afilan hoy los colmillos las distintas hienas "civilizadas", no habrá en el mundo fuerza alguna capaz de restablecer en Asia el viejo feudalismo, ni de barrer de la faz de la tierra el heroico espíritu democrático de las masas populares de los países asiáticos y semiasiáticos.Algunas gentes, no atentas a las condiciones de preparación y desarrollo de la lucha de las masas, habían caído en la desesperación y el anarquismo, influidas por el largo aplazamiento de la lucha decisiva contra el capitalismo en Europa.

Hoy vemos todo lo miope y pusilánime que es la desesperación anarquista. No desesperación, sino ánimo debe inspirar el hecho de que ochocientos millones de hombres de Asia se hayan incorporado a la lucha por los mismos ideales europeos. Las revoluciones asiáticas han puesto de manifiesto la misma falta de carácter y la misma bajeza del liberalismo, la misma importancia excepcional de la independencia de las masas democráticas, el mismo deslindamiento neto entre el proletariado y los burgueses de toda laya. Quien, después de la experiencia de Europa y de Asia, hable de una política que no sea de clase y de un socialismo que no sea de clase, merece simplemente que se le meta en una jaula y se le exhiba junto a un canguro australiano.Europa ha comenzado a agitarse después de Asia, pero a la manera asiática.

El período "pacífico" de 1872-1904 ha pasado para siempre a la historia. La carestía de la vida y la opresión de los trusts provocan la aspereza sin precedente de la lucha económica, que ha puesto en movimiento hasta a los obreros ingleses, los más corrompidos por el liberalismo. A nuestros ojos madura la crisis política hasta en Alemania, el más "pétreo" país de los burgueses y los junkers. La furiosa carrera de los armamentos y la política del imperialismo hacen de la Europa actual una "paz social" que se parece más que nada a un barril de pólvora. Mientras tanto, la descomposición de todos los partidos burgueses y el proceso de madurez del proletariado siguen su curso incontenible.Desde la aparición del marxismo, cada una de estas tres grandes épocas de la historia universal ha venido a confirmarlo de nuevo y a darle nuevos triunfos. Pero aún será mayor el triunfo que habrá de aportar al marxismo, como doctrina del proletariado, la época histórica que se avecina.

[Artículo publicado con la firma de V. I. el 1 de marzo de 1913 en el núm. 50 de Pravda.]

(*) Se refiere aquí Lenin a la de 1905.