Joan Comorera

Artículo publicado en Nuestra Bandera, año III, número extraordinario (julio de 1942).

Traducido del catalán por el PCE (m-l).

El 6 de octubre de 1934, el pueblo de Cataluña se levantó contra el Gobierno filofascista de Lerroux y Gil Robles. En la noche de este día casi todos los pueblos de Cataluña proclamaron el Estado catalán como parte integrante de la República española. La Generalitat fue la dirigente oficial del movimiento. El mayor volumen de fuerza organizada y popular estaba en manos de la Generalitat. La Alianza Obrera, minada desde dentro por las provocaciones trotskistas, carecía de la fuerza necesaria para tomar la dirección del movimiento en el curso mismo de la lucha y sobre todo cuando se produjo la caída vertical y fulminante de la Generalitat.

En pocas horas de lucha, el movimiento fue aplastado y miles de revolucionarios fueron encarcelados. Y con ellos, el Gobierno de la Generalitat, con la excepción del traidor Dencàs.

Este fracaso rotundo, sin paralelo en la historia revolucionaria de Cataluña, dio origen, en realidad, al Partido Socialista Unificado de Cataluña, la realización más fecunda y gloriosa del proletariado catalán. Muchos de los que intervinimos en el movimiento de octubre nos dimos cuenta que uno de los factores fundamentales del fracaso era la enorme dispersión ideológica y organizativa de la clase obrera, además del grupo trotskista, dos centrales sindicales, y una gran cantidad de sindicatos autónomos.

Desde el momento mismo de la derrota empezamos a trabajar por la unificación de los partidos obreros, por la formación del partido único proletario de Cataluña, por la expansión a fondo de la UGT con la perspectiva de una fusión con la CNT en el seno de una central sindical única. Empujados por la propia y amarga experiencia y por la certeza de la propia responsabilidad en el fracaso del Movimiento de octubre, dimos principio a los primeros trabajos unificadores. La comprensión de esta necesidad histórica fue rápida en cada uno de los cuatro partidos obreros. No pasó igual fuera de Cataluña. Muchos buenos camaradas actuales del PSUC plantearan esta cuestión a dirigentes máximos del PSOE y de la UGT con resultados negativos. Fueron a plantearles un problema vivo y les contestaron con la letra muerta de Estatutos y Reglamentos. Sólo un partido español comprendió acto seguido el valor histórico de esta corriente unificadora, porque lo había fomentado, desarrollado, y sobre él había trabajado con anterioridad; fue el Partido Comunista y a su cabeza el secretario general, nuestro querido e inolvidable camarada José Díaz.

Con su clarividencia de gran dirigente proletario, el camarada José Díaz, abonó inmediatamente la unificación. Precisamente por esto había luchado durante muchos años. Organizó el contacto entre los cuatro partidos. Estableció el enlace conmigo, en la prisión de Madrid y en el penal de Santa María. Estimuló infatigablemente con su consejo, con su ayuda, a los camaradas dirigentes del antiguo Partit Comunista de Catalunya, de la Unió Socialista de Catalunya y del Partit Català Proletari. Nos ayudó a todos en el estudio de los primeros textos y resoluciones que determinaron la formación del Comité de Enlace, primer órgano de unificación que actuó con eficacia en el Frente Popular, en la campaña electoral y en la victoria del 16 de febrero. Fuera de Cataluña la unificación política de la clase obrera catalana tuvo solamente un consecuente y decidido animador y orientador: José Díaz, con su partido, el glorioso Partido Comunista de España.

Tras la victoria del 16 de febrero, los trabajos de unificación se precipitaron. Los diputados de los diferentes partidos obreros, junto con los dos diputados rabassaires (campesinos arrendatarios, n.d.t.), nos incorporamos a la Minoría Parlamentaria Comunista. La Unió Socialista de Catalunya, en su conferencia también. El Comité de Enlace, reforzado con los camaradas liberados, desenrolló una poderosa unidad por todo el país. Se acordó la fecha en qué reunidos en congreso extraordinario los cuatro partidos se fundirían en el Partido Único. Este congreso debería celebrarse en agosto del 1936. Se acordó la publicación de un diario a partir del mes de julio. Y en todos estos trabajos difíciles y de grandes responsabilidades el Comité de Enlace contó con el entusiasmo y la capacidad de trabajo de militantes comunistas, de auténticos discípulos del camarada José Díaz seleccionados por él mismo.

En pleno trabajo de unificación se produje la sublevación de los generales traidores. Y fue en este instante supremo que el camarada José Díaz, respondiendo a una consulta de los dirigentes del antiguo Partit Comunista de Catalunya, dio la prueba que nosotros esperábamos de su genio político de gran dirigente proletario bolchevique. Nada de formulismo y a unirse sin más trámite. Este fue el concepto de José Díaz, el empujón definitivo que nos permitió vencer algunas vacilaciones reglamentarias que se oponían a las exigencias de la cruda realidad que vivíamos. Y así fue. Sin formulismo, sin escrúpulos reglamentaristas, tres días tras la sublevación traidora, el 24 de julio del 1936, fue creado el PSUC.

Y desde este instante, hasta su muerte irreparable, el camarada José Díaz nos ayudó a desenrollar y a consolidar el Partido Unificado, a educarlo en el marxismo-leninismo-estalinismo. La tarea no era fácil. La heterogeneidad de sus elementos componentes, la tremenda complejidad de nuestra lucha, pusieron constantemente el joven PSUC ante peligros mortales. Un a uno pudieron ser vencidos, por el esfuerzo que todos realizábamos y porque, en toda ocasión, pudimos tener el consejo oportuno, la directriz justa, el apoyo sin limitaciones del camarada José Díaz. No hemos acabado nuestra tarea. No somos todavía un partido completamente homogéneo, monolítico, bolchevique. No estamos libres todavía del peligro de desviaciones hacia el nacionalismo pequeño-burgués o hacia el sindicalismo más o menos anárquico contra el cual luchamos hasta su completa eliminación. Desviaciones que tienen su raíz en nuestro medio, en nuestro clima histórico. Pero es indudable que hemos hecho grandes progresos y que podemos tener la convicción razonable que caminamos hacia el éxito definitivo de nuestro trabajo. Si hemos llegado dónde estamos, si se nos ha hecho el honor de reconocernos Sección de la Internacional Comunista, es indiscutible que, en gran medida, se lo debemos al camarada José Díaz, y a su partido, el Partido Comunista de España.

La gran deuda de gratitud que nosotros tenemos con el camarada José Díaz, por sus trabajos incalculables en el progreso de formación, desarrollo y consolidación del PSUC y, precisamente, con él y no para otros del movimiento político obrero que estaban representados en Cataluña antes de la fusión, no es un hecho casual ni fortuito. Había de ser así y no de otra manera, porque de todos los dirigentes políticos del movimiento obrero, José Díaz, al frente del Partido Comunista fue el único luchador consecuente por la unidad política y sindical de la clase obrera española, él y su partido, que estudiaron y asimilaran la teoría leninista-estalinista sobre el problema nacional, él y su partido que se esforzaron por aplicar la teoría a la realidad de España.