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Carlos Hermida

Cuando el gobierno decidió implantar el estado de alarma en el país y  se puso fin a las clases presenciales en todos los niveles educativos, las autoridades académicas decidieron continuar el ejercicio de la docencia mediante una enseñanza telemática a través de plataformas educativas. Internet y las nuevas tecnologías informáticas hacían posible esta posibilidad. Se optaba, como se argumentó en su momento, por una medida necesaria en una situación excepcional, pero lo cierto es que se trataba también de un experimento que  permitiría comprobar cómo se comportaban los profesores, los alumnos  y sacar enseñanzas de cara al futuro.

Antes de continuar, es necesario recordar que un profesor de Instituto imparte en algunas Comunidades Autónomas hasta 20 horas de clase, solo de docencia directa con alumnos, a las que hay que sumar muchas más horas dedicadas a guardias, claustros, reuniones de tutores, etc. Además, cuando el profesor llega a su casa, dedica bastante tiempo a preparar clases y corregir ejercicios.

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J,P. Galindo

El capitalismo es un fuerza capaz de recuperarse de los golpes más formidables y de resucitar cuando parece totalmente muerto. Unas veces renace de forma “espontánea” gracias a eventos catastróficos que le permiten reiniciar sus mecanismos de explotación y acumulación, como las dos guerras mundiales, y otras veces solo consigue reactivarse gracias a inmensos esfuerzos por parte de sus servidores políticos, mediante medidas de “reajuste”, recortes y demás maniobras económicas destinadas a proteger el desigual reparto de plusvalía entre burgueses y proletarios.

La pandemia mundial de COVID19, preludio y detonante de una crisis económica ya anunciada y esperada a mediados del año pasado, ha vuelto a llevar al capitalismo a uno de sus periódicos momentos de aparente debilidad, lo que obliga a que en los próximos meses, e incluso años, veamos los desesperados intentos por reanimar un modo de producción siempre tocado pero nunca hundido.

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Carlos Hermida

Desde que el gobierno decretó el estado de alerta, los medos de comunicación no han parado de insistir en la necesidad de sacar lecciones de este desastre: “ser mejores personas”, “reflexionar sobre el sentido de nuestras vidas”, “la importancia de nuestros mayores”, “de esto saldremos todos juntos”, y un sinfín de lugares comunes, amenizado todo ello con  los acordes de “Resistiré”.

Claro que es imprescindible sacar conclusiones de la situación que hemos vivido, y seguimos viviendo, pero desde otro punto de vista, muy alejado de esa moralina pequeño-burguesa que difunden a todas horas las principales televisiones, los diarios de mayor tirada y las radios más escuchadas.

Vamos a exponer algunas lecciones que no aparecen en el catecismo de la “nueva normalidad”.

 

No tenemos la mejor sanidad del mundo.

Todos hemos escuchado en innumerables ocasiones lo contrario. Es innegable que nuestras Facultades de Medicina son muy buenas, tenemos hospitales magníficos y un personal sanitario excelente, pero lo cierto es que en nuestro país se han aplicado desde hace muchos años unas políticas económicas neoliberales que han debilitado seriamente los servicios públicos.  Los recortes presupuestarios y las privatizaciones han mermado notablemente la sanidad pública,  que se ha visto desbordada por la pandemia. El sistema ha colapsado, por más que se diga lo contrario, a pesar del inmenso sacrifico del personal sanitario.

Efrén H.

Francisco Javier Girón y Ezpeleta, II Duque de Ahumada, fundó la Guardia Civil en marzo de 1844. Desde sus inicios, el nuevo cuerpo policial tuvo un carácter militar y su espíritu quedó plasmado en la “Cartilla del Guardia Civil”, aprobada en diciembre de 1845. En ella se contempla que los miembros del Cuerpo deben distinguirse por su espíritu de servicio y su comportamiento intachable en todos los órdenes. Algunos ejemplos:

El 3 de enero de 1874 fuerzas del Ejército y de la Guardia Civil, mandadas por el general Pavía, irrumpieron en el Congreso de los Diputados y acabaron con el régimen republicano. De esta forma,mediante un golpe de estado, se puso fin a la primera República española, legal y legítimamente constituida el 11 de febrero de 1873.

Ante la situación generada a causa del COVID-19 en España, hemos visto cómo se han ido tomando medidas en todos los ámbitos de nuestra vida diaria. La universidad no ha sido ninguna excepción de esto y, en las últimas semanas, tras el traslado de recomendaciones por parte del consejo escolar a las universidades, quedó en manos de estas últimas la toma de medidas con el fin de paliar los efectos de esta pandemia.

Por desgracia, las medidas que se han tomado en estas últimas semanas han sido insuficientes, al no tener en cuenta la situación de grandes sectores del alumnado. A raíz de esto, muchos alumnos universitarios de gran variedad de facultades y universidades han empezado a organizar distintas plataformas desde las cuales mostrar su descontento con las medidas tomadas por muchas universidades.

En el fondo de estas demandas encontramos siempre, o casi siempre, cuestiones comunes arraigadas en la reivindicación de que los estudiantes en general (y los que menos tienen en particular) en ningún caso serán quienes paguen por las carencias de estas medidas.

Frente Revolucionario, Antifascista y Patriota

Por Raúl Marco

Hace algún tiempo, pocos años, un periodista, para atacar al entonces emergente Pablo Iglesias, afirmó que su padre había pertenecido al FRAP. Tuve que responder a ese periodista puntualizando brevemente qué era el FRAP.

Ahora, años después, se repite la historia. Ayer, 27 de mayo, en el Parlamento, VOX y sus aliados del PP continuaron con sus ataques al gobierno de coalición. Lo mismo de todos los días, y todos los días muestra más las orejas de lobeznos fascistas esa gente. Una de ellas, la aristócrata Cayetana Álvarez de Toledo, que en sus intervenciones destaca por su deformación de los hechos, tocada de los nervios ante la intervención de Iglesias, que se dirigió a ella remarcando varias veces la palabra marquesa, pretendió insultar u ofender a su oponente escupiendo biliosamente: «Usted es hijo de un terrorista».

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Hay momentos en la vida en que es muy difícil mantener la calma, la serenidad, especialmente cuando se reciben ofensas incalificables, cuando se miente, cuando todo se tergiversa para conseguir fines inconfesables. Hay momentos en la historia de un país que serán recordados como monumentos a la infamia. Hoy es uno de ellos. Y ha tenido lugar en el Congreso de los Diputados, donde un mínimo de decoro obliga a guardar ciertas formas de cortesía. Cayetana Álvarez de Toledo, diputada del Partido Popular, se ha dirigido a Pablo Iglesias llamándole hijo de un terrorista, por las vinculaciones de su padre con el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP).

Nosotros no vamos a ponernos a su altura, ni vamos a recordarle sus orígenes familiares, pero sí le vamos a dar algunas nociones de Historia de España, el noble país que usted mancilla con su presencia y sus declaraciones.

Carlos Hermida

El fascismo ha vuelto, está presente entre nosotros. En realidad, en España nunca desapareció, porque tras la muerte de Franco, y debido a la mal llamada “transición democrática”, todo el aparato de estado franquista pasó  impunemente, sin depuración alguna, a formar parte de la monarquía parlamentaria. El conjunto de los cuerpos represivos de la dictadura franquista  se integraron en el nuevo régimen político, cambiando denominaciones y a veces el color del uniforme, pero su espíritu, sus formas de actuación y su ideología reaccionaria permanecieron.

Nuestro partido ha venido advirtiendo a través de comunicados, artículos, informes, etc. de este resurgimiento, como viene ocurriendo en otras partes de Europa, y de los peligros que supone para la clase obrera y para todos los sectores populares.  Pero este peligro se ha hecho más evidente desde el momento en que se formó el gobierno de coalición presidido por Pedro Sánchez, y se ha agudizado con la pandemia del COVID 19.

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PCE(m-l)

Juan Antonio González Pacheco, conocido como, ha fallecido hoy a causa del Covid19. Este expolicía fue un brutal torturador en la última etapa del franquismo. Muchas de sus víctimas han relatado el horror que padecieron en  la Dirección General de Seguridad  a manos de este inspector de la Brigada Político-Social. Fueron muchos los antifascistas que sufrieron sus interminables  sesiones de tortura y sus métodos sádicos, y todos coinciden en que disfrutaba causando dolor.

Nuestra “modélica” Transición permitió que todos estos criminales quedaran impunes y pudieran seguir en sus puestos. Jueces, militares y  policías  franquistas; en fin, todo el aparato represivo se mantuvo intacto y se colocó al servicio de la monarquía juancarlista. Billy el Niño, para escarnio de todos los que padecieron sus atrocidades, fue varias veces condecorado con medallas que incrementaron su pensión.

A pesar de que sus víctimas reclamaron justicia y que esas condecoraciones le fueran retiradas, nunca fue juzgado ni privado de esas medallas que  chorreaban  sangre. Hoy  ha muerto y los antifascistas nos alegramos, pero lo lamentable es que no se le pudo sentar en el banquillo para que respondiera por sus atrocidades.

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Agustin Bagauda

Cuando se escribe este artículo son 23.500 los fallecidos por coronavirus y 210.000 los infectados, de los cuales el 20 % son trabajadores de la sanidad, la tasa mundial más alta, que obedece fundamentalmente a la falta, desde un principio, de equipos y material necesarios de protección.
Antes de la crisis sanitaria, el Gobierno “no teníamos un plan de qué hacer en una pandemia” (Pedro Duque, elpais.com, 23 de abril). Tampoco los anteriores, a pesar de que los expertos llevan años alertando al respecto. Un plan que hubiera limitado el alcance de la crisis, sobre todo en cuanto al número de afectados y fallecidos.
Número que también sería menor si gobiernos y parlamentos no hubiesen desmantelado la sanidad pública y privatizado, si hubiera profesionales, instalaciones, equipamientos y material suficientes; si residencias de ancianos y geriátricos fueran públicos; si la industria farmacéutica y sanitaria estuvieran en manos del estado. Y es que algo tan preciado como la salud no se puede dejar en manos de la llamada iniciativa privada que busca la ganancia por encima de cualquier otra consideración.
Es la misma iniciativa privada que en forma de bancos, funerarias y empresas de productos sanitarios, aprovechando vilmente la desgracia social, intentan sacar tajada mediante abusos, la misma de esos fondos de inversión que, cual carroñeros, quieren aumentar el precio del alquiler (“El fondo Lazora plantea subidas del 40 %…”, diario.es, 24 abril).
Las fuerzas de la reacción, sociales y políticas, están aprovechando, como buenos buitres que son, la calamidad de la pandemia para sacar rédito político y dividir y debilitar al Gobierno de coalición, para, llegado el momento darlo la puntilla final, al menos en su configuración actual, y establecer otro ad hoc que sirva sin cortapisas, complejos ni ambigüedades los intereses del capital en medio de esta profunda recesión en la que nos adentramos.

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Carlos Hermida

El 8 de mayo de 1945 finalizó la Segunda Guerra Mundial en Europa. Setenta y cinco años después, la contienda bélica más sangrienta de la Historia sigue siendo objeto de atención y análisis por parte de los historiadores. Hay una opinión casi generalizada entre los especialistas en considerar que esta fue una guerra justa, una guerra que era preciso ganar para librar a la humanidad de la barbarie fascista.

A diferencia de la guerra de 1914, ejemplo claro de enfrentamiento imperialista motivado por las ambiciones territoriales de las grandes potencias capitalistas, la Segunda Guerra Mundial fue la lucha de la democracia contra la tiranía que deseaban imponer al mundo las potencias fascistas. Sin embargo, esta visión canónica no se corresponde exactamente con la realidad.

La contienda librada entre 1939 y 1945 fue extraordinariamente compleja. En primer lugar, hubo varias guerras, dialécticamente unidas, pero con dinámicas propias. Hubo una guerra del Reino Unido y Estados Unidos contra Alemania, Italia y Japón. Otra guerra diferente fue la que sostuvieron la Alemania nazi y la Unión Soviética. La resistencia popular contra el invasor nazi en Europa y contra los japoneses en Asia era una guerra peculiar y lo mismo cabe decir de la lucha de China contra Japón.

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Raúl Marco

El 3 de mayo de 1975, moría en Ginebra el gran luchador antifascista y republicano, Julio Álvarez del Vayo. Fue una de las personas más denostadas y calumniadas por la dictadura.

Muy joven, siendo estudiante en Londres, ingresó en las filas del PSOE. Posteriormente se trasladó a Leipzig (Alemania), donde participó activamente en l movimiento socialista alemán, particularmente con Rosa Luxemburgo a la que admiraba. Allí participó en la campaña contra la guerra imperialista y en las movilizaciones de masas que tuvieron lugar por el asesinato del socialista francés Jean Jaurés. En 1914, fue expulsado de Alemania por sus actividades revolucionarias, lo cual no impidió que, en 1916, volviese allá incorporándose de nuevo al movimiento contra la guerra imperialista. Ya desde entonces manifestaba sus discrepancias con la política de claudicación, a la zaga de la burguesía, de los partidos socialistas. Profesaba gran admiración por Lenin, al que había conocido en Zúrich, en el exilio.

Compaginaba sus actividades revolucionarias, con una gran tarea periodística, como corresponsal de «La Nación» para toda Europa. En 1922 viajó a la URSS como miembro de la misión Nasses, de ayuda al pueblo ruso y contra la intervención imperialista.

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Julio Calafat

Después de no sé cuántos días de «acuartelamiento», más forzado que los que me imponían de arresto en la mili (caballería), me disponía a zarandear algo a un par de dirigentes del PP y VOX a cuál más reaccionario, embustero, manipulador y camandulero, cuando en uno esos ratos de leer lo primero que tienes a mano, he dado con un artículo sobre el Covid 19, del que copio unos párrafos del filósofo Boff, y del analista y escritor Klare.
Copio literalmente:
«No podemos seguir tal como nos estamos comportando. En caso contrario, la propia Tierra se librará de nosotros, seres excesivamente agresivos y maléficos para el sistema vida. Sacamos de ella más de lo que puede dar. Ahora no consigue reponer lo que le quitamos. (…) da señales de que está enferma, de que ha perdido su equilibrio dinámico, calentándose de manera creciente, formando huracanes y terremotos, nevadas antes nunca vistas, sequías prolongadas e inundaciones desvastadoras.» (Boff)
«Los científicos han demostrado que el impacto humano en el ambiente, en especial el uso de combustibles fósiles, está produciendo ciclos de realimentación que dañan gravemente a los pobladores terrestres, como tormentas extremas, sequías permanentes, incendios masivos y reiteradas olas de calor cada vez más dañinas.» (Klare)

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Agustin Bagauda

Más allá de cambios innegables, vivimos en el mismo capitalismo explotador y opresor, que condena a la mayoría trabajadora al paro, la precariedad y la pobreza, y por ello podemos decir, con José Díaz, que queremos “una España justa, una España en que haya pan, trabajo y libertad” (José Díaz, La España revolucionaria, discurso pronunciado en el Salón Guerrero, de Madrid, el 9 de febrero de 1936).
La Patria que defendemos es una Patria popular, “una República que dé al pueblo todo lo que el pueblo necesita” (ib.), que satisfaga sus necesidades materiales y espirituales y dé cauce y materialice sus intereses de clase.
Una España que desconozca el paro estructural, la precariedad laboral y los salarios de pobreza; donde la explotación, los abusos y “accidentes” laborales, la brecha salarial y la emigración de nuestros jóvenes sean un mal recuerdo.
Una Patria que ponga todas las capacidades humanas y todos sus recursos materiales e institucionales al servicio de los que producen la riqueza del país, de los trabajadores, del pueblo, de su bienestar y felicidad.
Donde el Trabajo sea la medida de todas las cosas, la tierra para quien la trabaja y no tengan cabida los crápulas, los parásitos sociales, los especuladores, caciques y corruptos.

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Carlos Hermida

En julio de 1792 la Asamblea nacional de Francia declaró, «La Patria está en peligro» ante la amenaza militar de Austria y Prusia y la contrarrevolución organizada por Luis XVI, la nobleza y el clero, llamando al pueblo a defender la Revolución.
Ahora nuestro país también está en peligro, amenazado por una monarquía que representa los intereses de la oligarquía. En España hay una pseudo democracia, un tinglado político al servicio de las empresas del Ibex 35. Las clases populares llevan años siendo expoliadas por la banca y las grandes empresas. Los brutales recortes económicos han deteriorado los servicios públicos, precarizado el empleo y hundido en la miseria y en la pobreza amplios sectores de la sociedad. Es cierto que existe una pandemia, pero su incidencia está directamente relacionada con la fortaleza del sistema sanitario, y en España los recortes en la sanidad pública han deteriorado nuestro sistema de salud, mientras se ha potenciado la medicina privada, que se guía exclusivamente por el ánimo de lucro.
la corrupción política y económica, a cuya cabeza está la familia real, ha esquilmado de la riqueza nacional cientos de millones de euros que han ideo a parar a paraísos fiscales. La evasión de capitales o el fraude fiscal son directamente culpables de muchas de las muertes que coravirus provoca en nuestro país. Con ese dinero robado los hospitales estarían mejor dotados en personal y medios técnicos.

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Carlos Hermida

El 30 de abril de 1945 Adolf Hitler se suicidó en Berlín, en una de las habitaciones del búnker de la Cancillería donde se había recluido para dirigir las últimas operaciones de la guerra. Ocho días después la contienda mundial terminaba con la rendición incondicional de la Alemania nazi.

Se han escrito miles de libros sobre Hitler y el nazismo, de calidad muy desigual, pero en buena medida se ha intentado difundir la idea de que el dictador alemán era un loco que con ayuda de unas decenas de miles de fanáticos y asesinos se apoderó de un país culto y desarrollado y lo llevó al desastre. Así se evitaban cuestiones incómodas y todos tan contentos. No hacía falta hablar de las responsabilidades del un sector del pueblo alemán, ni del papel de la burguesía, ni de las implicaciones del Ejército en la guerra de exterminio contra la URSS, ni de la actitud de los funcionarios, etc., etc.

Lo cierto es que Hitler no fue un loco, ni tampoco los que le apoyaron. Ni los dirigentes nazis eran poco menos que analfabetos. Muchos de ellos tenían estudios superiores y se habían doctorado en diversas especialidades. La realidad es diferente. Hitler y el partido nacionalsocialista se aprovecharon de una coyuntura histórica muy concreta que se inicia con el final de la Primera Guerra Mundial. 

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J. Romero

Parecen confirmarse los peores augurios para la economía capitalista. El imperialismo no solo hace frente a una pandemia sino que de manera inminente se aproxima una catástrofe económica; una crisis sin precedentes que puede ir acompañada de un cambio radical en la correlación de fuerzas entre las principales potencias lo que abrirá sin duda una carrera entre las grandes economías nacionales imperialistas para tomar posición en el nuevo orden internacional que vaya surgiendo.

EEUU, el país de Trump quien hace apenas unas semanas aseguraba que el “virus chino” no entraría en su “great América”, enfrenta una crisis sanitaria verdaderamente brutal con cientos de miles de contagiados y decenas de miles de muertos, unas cifras dolorosas que afectan con particular virulencia a la clase trabajadora y a los sectores populares de ese país.

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D. Urzaiz

 

La pandemia del coronavirus Covid 19 está poniendo al descubierto importantes cuestiones sobre el sistema sanitario y la protección a la salud.

Los efectos de la globalización, la deslocalización de empresas, la descentralización de la producción, el comercio y la libre circulación; en situaciones de crisis epidémicas, además de bloquear la economía a escala planetaria, con todos sus efectos de despidos, desabastecimiento…, que no vamos a tocar aquí, produce una vertiginosa expansión, difusión y extensión de los patógenos infecciosos a escala mundial con una rapidez de difícil control en sus primeras fases, particularmente si se origina en países como China, sudeste asiático… grandes productores de mercancías del mundo por sus bajos costes de producción.

El desarrollo de otras epidemias, en sí mismas con mucha mayor letalidad como el Ébola, no han saltado a los países desarrollados y se ha quedado delimitada a países del África subsahariana donde la situación de vida, salubridad y pobreza de sus gentes provoca una tasa de mortalidad y sufrimiento que, a parte de algún minuto en las noticias televisivas (sobre todo si ha afectado a algún ciudadano español o del mundo “civilizado”), no tiene más trascendencia porque es una epidemia que la sufren allá donde se origina.

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Raúl Marco

El pasado 30 de marzo, el luchador y combatiente Manolis Glezos, símbolo de la resistencia antifascista, falleció a los 98 años.

Cuando los ejércitos hitlerianos invadieron su país, Grecia, Glezos tenía 18 años. Pese a su juventud, y junto a otro muchacho como él, treparon a la Acrópolis y arrancaron la bandera nazi que prepotentemente habían izado las tropas invasoras. Fue un acto que fortaleció el espíritu de resistencia de los patriotas antifascistas.

Durante la ocupación alemana e italiana en Grecia (II Guerra Mundial), Glezos militó en el KKE (Partido Comunista de Grecia), evidentemente ilegal y clandestino. Fue detenido en varias ocasiones, torturado y condenado a muerte.

A la derrota del fascismo, siguió la guerra civil. Manolis Glezos fue detenido y, otra vez, condenado a muerte por comunista, empero la popularidad de Glezos, un héroe para su pueblo, hizo que le conmutaran la pena de muerte por la de cadena perpetua. En 1951, estando aún en la cárcel, fue elegido diputado por la Unión Democrática de la Izquierda (EAD), organización legal del Partido Comunista, pero permaneció en la cárcel hasta 1954 en que, mediante una huelga de hambre junto a otros diputados de la EDA, también encarcelados, fue liberado. Cuatro años después, en 1958, es elegido diputado, de nuevo por la EDA, bajo el régimen del derechista y reaccionario Karamanlis, y de nuevo detenido, pero reelegido en 1961 es liberado al año siguiente, 1962.

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Agustin Bagauda

Señalaba Lenin en su artículo “El orgullo nacional de los gran rusos” (diciembre de 1914):
“¿Acaso el sentimiento de orgullo nacional es ajeno a nosotros, proletarios políticamente conscientes gran rusos? ¡Claro que no! Amamos nuestro idioma y nuestra patria, nuestra labor tiene por encima de todo el fin de elevar a sus masas trabajadoras (es decir, las nueve décimas partes de su población) a la vida consciente de los demócratas y los socialistas. Nada nos duele más que ver y sentir la violencia, la opresión y la burla a que someten a nuestra hermosa patria los verdugos zaristas, los nobles y los capitalistas. Nos orgullecemos de que esa violencia haya provocado resistencia en nuestro medio, entre los gran rusos, que de este medio hayan salido un Radíschev, los decembristas, los revolucionarios raznochintsi de la década del 70; de que la clase obrera gran rusa creara en 1905 el poderoso partido revolucionario de masas y de que el mujik gran ruso empezara al mismo tiempo a convertirse en un demócrata y a barrer al pope y al terrateniente”. (Obras completas, T. XXII, Editorial Akal)

Santiago Baranga

Donald Trump repitió durante su campaña electoral que reduciría el gasto militar y devolvería los soldados norteamericanos «a casa». Era una promesa que respondía al descontento de la clase obrera estadounidense por la degradación de sus condiciones de vida, que la enfrentaba a la política intervencionista y prosionista del Partido Demócrata, tan abiertamente vinculado a los intereses del gran capital y su pelea global. Sin embargo, muy pronto se advirtió la volatilidad de estos lemas trumpianos, difícilmente compatibles con el chovinismo del «América primero» y, por supuesto, con los intereses del complejo militar-industrial; por no hablar del carácter impulsivo y camorrista del propio presidente, tan amigo de la bravuconada.

Ese amor por la bravata y la adicción al aplauso de las masas enardecidas por el militarismo, tan propios de fascistas de manual, sirven para despejar el camino a los intereses de los EEUU y sus aliados en el mundo, como bien han mostrado el golpe en Bolivia y el desastroso “plan” para Palestina.

Agustín Bagauda

“Dicen que la patria es/un fusil y una bandera/ mi patria son mis hermanos/ que están labrando la tierra.
Ay, que yo no tiro, que no/ ay, que yo no tiro, que no/ ay, que yo no tiro contra mis hermanos. Ay, que yo tiraba, que sí/ay, que yo tiraba, que sí/ contra los que ahogan al pueblo en sus manos.
Nos preparan a la lucha/ en contra de los obreros/ mal rayo me parta a mí/ si ataco a mis compañeros.
La guerra que tanto temen/ no viene del extranjero/ son luchas de proletarios/ como los bravos mineros.
Cuando muere un general/ lo llevan sobre un armón/ el que se mata en la mina/ lo entierra el mismo carbón.
Ay, que yo no tiro, que no/ ay, que yo no tiro, que no/ ay, que yo no tiro contra mis hermanos. Ay, que yo tiraba, que sí/ ay, que yo tiraba que sí/ contra los que ahogan a España en sus manos”

En diciembre de 2018 el fascismo, de la mano de Vox, entraba en las instituciones, en el Parlamento de Andalucía. Ahora son 52 los escaños que ocupa en el Congreso.

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