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Por Elena Ódena*

Una de las tareas en el frente ideológico planteada hoy en el seno del Partido es la lucha contra el liberalismo.

Por definición, el liberalismo rechaza la lucha ideológica y trata de justificar y cubrir los fallos, errores, modos incorrectos de actuar, buscando siempre justificaciones de carácter secundario o echando la culpa a causas externas, cuando no lejanas. Algunos camaradas responsables se hacen cómplices del liberalismo pensando que si dejan pasar las cosas actúan como personas comprensivas, bien intencionadas y deseosas de que prevalezca la paz y la tranquilidad entre los camaradas.

En ciertos casos el liberalismo se debe a la falta de conocimiento de algunos camaradas con poca experiencia de lo que es en verdad la disciplina y la responsabilidad partidarias, y las nefastas consecuencias que acarrea para todo el Partido y para ellos mismos el adoptar una actitud liberal, pequeño burguesa hacia las tareas, las responsabilidades y la marcha en general de toda su actividad y la de los camaradas que les rodean. En otros y ello es más grave cuando se da en camaradas responsables y maduros, se trata de una desviación ideológica que corroe y mina la disciplina partidaria, convierte a los mejores militantes en irresponsables e incapaces ante sus tareas y ante los problemas planteados en cada fase de su ejecución, siembra la apatía y no permite a la organización afectada por el liberalismo, cumplir debidamente las tareas del Partido.

El liberalismo en las filas del Partido se suele manifestar, por lo general, en no criticar a un camarada cuando éste no han cumplido con sus tareas o lo ha hecho de manera insatisfactoria, a medias; cuando un camarada responsable acepta cualquier excusa superficial para justificarlo; en desobedecer las orientaciones e instrucciones de los órganos de dirección y colocar las opiniones personales en primer plano; en no indignarse o preocuparse cuando se cumplen mal, o no se cumplen por negligencia, las tareas del Partido; en no adoptar las medidas prácticas, concretas, para la ejecución o el control de las tareas planteadas y dejarlo “ a ver si salen o no salen”, por menospreciar la importancia de los detalles concretos y descuidar la minuciosidad y la mayor exactitud en todos los terrenos de la acción partidaria.

Se dan casos de camaradas y organizaciones que consideran normal no cotizar, ni recoger y entregar regularmente las cotizaciones, o el cotizar una cantidad irrisoria; de camaradas que no acuden a las citas fijadas, que encuentran justificaciones para adoptar un estilo de trabajo irresponsable y un método que coincide exclusivamente con sus inclinaciones personales, sin tener en cuenta el ritmo y las necesidades de las tareas y la política del Partido en cada momento de la lucha.

En el terreno político, el liberalismo se manifiesta cuando se escuchan posiciones o ideas incorrectas dentro y fuera del Partido y no se refutan o aclaran y cuando se hace más caso de chismes y opiniones externas al Partido que la propia política y opiniones del Partido sobre tal o cual problema o camarada.

En realidad y en todos los terrenos, el liberalismo es una manifestación de oportunismo que si bien es grave a nivel de un simple militante, lo es mucho más cuando se da en cuadros responsables.

El arma fundamental para combatir el liberalismo es la lucha ideológica y la disciplina, el aplicar un método y un estilo marxista-leninista en el análisis de los problemas, en la ejecución de las tareas, en la vida partidaria…

Aquellas organizaciones y militantes que descubran que el liberalismo se ha infiltrado entre ellos, deben proponerse desde este mismo momento, el iniciar una sincera y firme campaña de rectificación de los métodos erróneos contra el liberalismo y contra todas sus manifestaciones.


(*) Publicado con el pseudónimo M. Palencia, en el nº 96 de Vanguardia Obrera (diciembre de 1974). Fue el primero de una serie de artículos dedicada al mismo tema.