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Por Efrén H. | Noviembre de 2013

Es frecuente escuchar que ninguna persona es imprescindible o insustituible. Como norma general ese principio es correcto, pero hay casos en que la desaparición de determinados hombres y mujeres, debido a sus excepcionales cualidades, deja un inmenso vacío difícil de llenar. Es el caso de Elena Ódena, fundadora, junto a Raúl Marco, del Partido Comunista de España (marxista-leninista).

Mujer comprometida desde muy joven con la lucha de la clase obrera, dedicó su vida a la causa del comunismo, defendiendo siempre los principios del marxismo-leninismo.  Militante del PCE, combatió con firmeza las desviaciones revisionistas  y las mentiras de Jruschov respecto a Stalin. Es por ello que el gran historiador Pierre Vilar destacó «la fidelidad de Elena a los tres pensadores, a los tres creadores revolucionarios, a Marx que previó la revolución, Lenin que hizo la revolución, Stalin que construyó la revolución y la salvó, ganando la guerra contra los fascismos.»  Y cuando el Partido de José Díaz fue víctima de la traición de Santiago Carrillo, Elena, junto con un grupo de camaradas, levantó una nueva organización, el PCE (m-l), que combatió denodadamente contra la dictadura franquista y denunció la nefasta política de Carrillo y su claudicación ante la burguesía.

Frente a las maniobras y pactos de la Transición que culminaron con la implantación de la monarquía designada por Franco, Elena y la dirección del PCE (m-l) mantuvieron en alto la reivindicación de la Republica Popular y Federal. Levantaron esa bandera que otros, en un acto cobarde traición, abandonaron, y hoy son miles de banderas republicanas las que ondean en las manifestaciones, el clamor republicano se extiende frente a una monarquía corrupta.

Elena Ódena falleció el 10 de noviembre de 1985, víctima de una grave enfermedad. Su muerte fue una gran pérdida no solo para  sus camaradas, sino para todos los comunistas y para  la humanidad progresista. Hace veintiocho años que no contamos con su presencia, pero ella sigue viva en nuestras mentes y en nuestros corazones. Nos dejó su infatigable lucha, su abnegación, su capacidad de trabajo, su temple revolucionario, su hondo sentido de la camaradería y su profundo conocimiento del marxismo-leninismo. Eses es el legado que nunca morirá y del que todos los militantes del PCE (m-l) somos herederos, y la mejor  manera de honrar su memoria es continuar su lucha.  Militantes, cuadros y dirigentes tenemos la obligación de estudiar sus textos (Escritos Políticos, Vanguardia Obrera, 1986, 2 tomos), porque sus análisis, apreciaciones y clarividencia  nos iluminarán en el camino hacia el socialismo.

No tuve la fortuna de conocer a Elena personalmente, pero como historiador le agradezco muchas cosas, entre ellas, y no pequeña, el arrojar luz sobre la figura de Stalin en un momento en que la avalancha de calumnias y tergiversaciones fue capaz de cegar a muchos historiadores.

Hay muchas razones para sentirnos orgullosos de pertenecer al PCE (m-l) y una de ellas es el ejemplo de Elena Ódena, modelo de comunista. Pierre Vilar la definió como «una representante ejemplar de fidelidad revolucionaria». Una mujer que siguió luchando hasta el fin a pesar de su enfermedad irreversible. Fue, por tanto, una mujer imprescindible. Siempre vivirá en nuestra memoria, en la memoria de los trabajadores, en la memoria de los comunistas.