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Intervención de Raúl Marco en el III (VIII) Congreso del PCE (m-l)

Cincuenta años, sí, cincuenta. Y aquí estamos contra viento y marea. Confieso que yo no pensaba en llegar a tantos años. En plena dictadura todo era posible, el asesinato, la tortura, la cárcel. Y a eso nos enfrentábamos con lucha clandestina, con la militancia silenciosa y de todos los días. Nos enfrentábamos a una dictadura de lo más cruel y siniestra, que había establecido su poder después de la matanza de miles y miles de personas, no sólo de soldados republicanos, sino también de la población, de mujeres y jóvenes cuyo «delito» era luchar por la libertad y la democracia.

En esas estábamos cuando nos rebelamos contra la política claudicante, entreguista y liquidacionista del oportunismo. Era una política no sólo revisionista: además, renegaba de las reivindicaciones de los pueblos de España, de los derechos de vascos, catalanes y gallegos.

Cincuenta años de luchas que, pese a dificultades mil, tropiezos y traiciones, no han logrado eliminarnos, aunque lo han intentado. A la proclamación del Partido, y particularmente el Pleno del 17 de diciembre del 64, en el que expulsamos al puñado de carreristas y aventureros, se acumularon las tareas. Había que construir Partido, había que organizar la propaganda, la recogida de fondos, la implantación en todas las regiones del país, la comunicación de la Dirección con las organizaciones de base, etc.

Muchas eran las dificultades, pero nos enfrentamos a ellas con entusiasmo, exponiendo claramente las cosas, sin poner parches u ocultar errores. Así, unos meses después de la proclamación del Partido, escribíamos en el primer boletín interno:

«…al estudiar el último período de desarrollo del Partido, hemos encontrado que el desarrollo obtenido es insatisfactorio. Los últimos tres meses son de un relativo estancamiento provocado por el liberalismo y otros errores en los métodos de dirección, cuyos principales responsables son los camaradas de la dirección. Por ello, la dirección del Partido considera necesario hacerse la autocrítica más severa ante el Partido y declarar su decisión de poner remedio a tal situación sin pérdida de tiempo, mediante la planificación de tareas a realizar, y sobre todo mediante un riguroso control de las mismas.» (Junio de 1965).

Años en los que con diversa fortuna hemos luchado por todos los medios (incluido un período con las armas) por la libertad, la democracia popular, el derrocamiento del régimen, antes franquista y ahora monarco-franquista. Hay quien tuerce el gesto cuando oye lo de «monarco-franquista» Recordemos, pues, al que fuera Presidente del FRAP, el inolvidable Álvarez del Vayo:

«…conviene recordar la característica especial de la dictadura franquista. Un hecho que muchos han olvidado en el correr de los años, que fue instalada en el poder por Hitler y Mussolini, que sin la ayuda de esos dos dictadores fascistas, el pueblo se hubiera enfrentado victoriosamente contra la rebelión.» (En 1974, pocos meses antes de su muerte).

«Sí, bueno –dirán los escépticos–, pero de eso han pasado ya muchos años; ya no es lo mismo». Citemos de nuevo a Álvarez del Vayo: «Es pues [el franquismo] en su origen una dictadura fascista y en su práctica […] no ha perdido nada de su característica especial manifestada principalmente en el odio […] es su razón de ser y su manera de mantener en el poder. De ahí que resulte ir contra la realidad política el obstinarse en proponer de una manera u otra la reconciliación nacional.»

Es evidencia que nadie puede negar, salvo los interesados en ello, que no son pocos. Y hay que recordarlo, pues la monarquía borbónica ha sido impuesta por el franquismo, quien a su vez tiene los orígenes que menciona Álvarez del Vayo. Y esos orígenes se han transmitido a esta monarquía encabezada hasta hace unos pocos meses por un elemento (que cada cual lo califique como quiera) designado, educado y protegido por Franco en persona, Juan Carlos I, el cual ha sido obligado a abdicar por sus repetidos escándalos y aventuras, un auténtico buscón (digamos lo de “presunto” por si las moscas…). Podemos resumir: La monarquía es producto de un crimen de lesa patria, de lesa humanidad, pues para llegar a ella se asesinó a la República, legítimamente proclamada, y a cientos de miles de hombres y mujeres. Y eso no se puede echar al saco del olvido. El actual rey, Felipe VI, es heredero de todo lo anterior, por más equilibrios que haga para aparentar estar por encima de aquello. Es un Borbón, dinastía cuyos miembros a lo largo de sus reinados han dejado triste y amarga memoria. ¿O nos olvidamos del traidor y asesino Fernando VII, de Isabel II y sus manipulaciones con los generales, o de los alfonsos, particularmente el XIII y sus hazañas en África, que causaron miles y miles de muertos y que para salvarse auspició y protegió la dictadura del general Primo de Rivera?

La transición democrática. Ahora ya casi nadie defiende esa infame transición democrática. Nuestro partido fue de los pocos que denunció implacablemente esa maniobra que se preparaba a espaldas de los pueblos de España. Eso es también un acierto a favor del PCE (m-l). Esa transición no fue más que la aplicación de lo decidido por Franco, sus conmilitones y rastreros corifeos del Ejército, de la Banca, de la Iglesia, de lo más retrógrado y reaccionario. Y cuando organizaron el referéndum trampa para aprobar la Constitución, en la que no había opción republicana, nuestro partido y algunas otras fuerzas, particularmente en Euskadi, llamaron a votar «¡NO!». Y decíamos en una declaración pública:

«Se trata de un proyecto de constitución que sienta las bases para justificar “constitucionalmente” la intervención del Ejército contra el pueblo en cualquier momento determinado, otorgándole también plenos poderes para arrastrar a España a una aventura militarista y de guerra.»

Y Elena Ódena, en un artículo en el que teorizaba las razones del NO a la constitución, terminaba:

«Se trata de dar perspectivas y organizar, ensanchar y reforzar la unidad popular para luchar por las verdaderas libertades y por la democracia, para conquistar la República, una república auténticamente democrática y popular que es la que las masas trabajadoras, los demócratas y patriotas de todos los pueblos de España añoran y necesitan.»

Ahora la mayor parte de los defensores de la espuria y “consensuada “transición callan, otros tratan de justificar su actitud con razonamientos pobretones. Sólo algunos reconocen que las cotas de libertad alcanzadas, porque las hay, no se pueden negar, han sido arrancadas gracias a las luchas de los sectores avanzados de las masas populares, gracias a los que como nuestro Partido, la Convención Republicana de los Pueblos de España y pocos más, osamos luchar por todos los medios contra esa vil maniobra.

Esto no a todos les gusta oírlo, miran para otro lado, se hacen los sordos, fingen ignorarlo, empero, en la conquista de esas libertades, el FRAP desempeñó un papel de primera línea. Y repetimos una vez más, el Partido no estaba detrás del FRAP, estuvo siempre a la cabeza. No pasamos factura de nuestra lucha pese al alto precio pagado, mas dejamos constancia de nuestra actividad, de la que no renegamos, ni renunciamos ni ocultamos. Sí, son cincuenta años como marxista-leninistas, y añadimos los que estuvimos en el Partido, nuestro partido, de José Díaz al que reivindicamos. Ya quedamos pocos de los militantes veteranos, mas mantenemos la misma raíz que transmitimos a nuestros jóvenes militantes, que contra viento y marea las defienden y aplican ajustadas a las circunstancias presentes, pues como decía el marxista italiano Labriola, parafraseando a Marx, «En la realidad no hay más experiencias históricas que aquellas que la propia historia crea, y estas experiencias ni pueden anticiparse ni hacerlas brotar por designio premeditado o por decreto.» Es esta una noción que muchos no comprenden, o la tergiversan para justificar sus aberraciones político-ideológicas.

Acabamos de sufrir un golpe de “ideólogos” a la moda, lo ponemos entre comillas, pues por más verborrea que derrochen, y es mucha, no logran más que demostrar su esencia oportunista, su miseria filosófica. No es la primera vez que nos golpea el oportunismo, y posiblemente no será la última. Esa gente, esos oportunistas y fraccionalistas, son consecuencia de la lucha de clases en el seno del Partido. Claro que el oportunismo, aventurerismo, desfachatez ideológica, el populismo, etc., etc. surgen en la sociedad que refleja la lucha de clases aunque a veces sea un tanto difusa. Nuestro partido trabaja en esta sociedad. Nosotros no estamos al abrigo de esas aberraciones. ¿Seremos tan engreídos como para pretender que nosotros, marxista-leninistas, estamos a salvo de esas deformaciones?

No, no somos tan petulantes, por no decir ignorantes, para pretenderlo. En estos cincuenta años, hemos luchado y hecho frente a diversas manifestaciones y características fraccionalistas, desde el grupo trotskista de la universidad en Madrid, en 1965, hasta la vileza de los cabecillas liquidacionistas de 1991, pasando por las intentonas de los que se apuntaron a la transición en 1976 y los derechistas «mencheviques sarnosos» del 81, uno de cuyos cabecillas es paradigma de carrerista y tránsfuga, Rafael Blasco. Todos ellos, todos, argumentaron que querían salvar al Partido… Basta con ver dónde han terminado, en que charca chapotean esos «salvadores». De todas estas luchas contra los oportunistas, sacamos la lección de que son luchas complejas que deben ser abordadas con toda seriedad, ir a la raíz sin caer en esquematismos ni ideas preconcebidas. También hemos aprendido, aunque a veces se olvida, que no hay que confundir las ideas equivocadas de uno o varios camaradas con intentos fraccionales. La práctica comunista nos enseña que no se debe tomar las mismas medidas para todos los problemas de este tipo, que debemos distinguir entre contradicciones antagónicas y no antagónicas. No hacerlo así nos lleva al error de confundir al camarada equivocado con un enemigo. Y eso no es, no puede aceptarse así.

Debemos señalar una de las tareas que nos planteábamos como ineludibles y en la que, bajo la dirección de la camarada Elena Ódena, empezamos a trabajar. Era la reivindicación de las víctimas del franquismo. Resultaba vergonzoso el silencio en torno a ese tema. El partido trabajó con ahínco para poner en pie un homenaje a las víctimas de la dictadura, nos dirigimos a todas las fuerzas y partidos antifranquistas sin hacer distinción de partidos y banderías, con un resultado limitado. Desgraciadamente la camarada Elena, verdadera artífice e impulsora de ese tan merecido homenaje, falleció unos meses antes de que se pusiera en marcha. Sería larguísimo exponer aquí todo lo que se llevó a cabo, exposiciones, actos públicos, concentraciones de masas, edición de libros, de álbumes de música ad hoc. En Madrid, acto en el cementerio civil donde acudieron, obligados por las circunstancias, Gerardo Iglesias, Romero Marín, el «Tanque», Armando López Salinas y otros más. En ese acto pronunciaron discursos Carlos Álvarez (verdaderamente memorable), Marcelino Camacho y camaradas del Partido. Dos días de actuaciones en el Parque Debod, con miles de personas, intervenciones como las de Rafael Alberti, los abogados de los fusilados en septiembre del 75, intelectuales varios; cantantes como José Meneses, Serrat, Ramoncín… Actos similares en Barcelona, Sevilla, Bilbao, Valencia, a lo largo de más de un año. Pese a todo eso, hubo por parte de algunas fuerzas un verdadero boicot de silencio, que aún perdura, pues acabamos de leer a una novelista que señala como el primer homenaje a las víctimas del franquismo el celebrado en otro lugar y posterior fecha… Es difícil pensar que no se había enterado, dicho sin menoscabo por su libro, verdaderamente bueno, salvo ese ¿lapsus?

El internacionalismo proletario ha sido siempre un leitmotiv para nosotros. Pensábamos y pensamos aún que la célebre frase del Manifiesto Comunista, «Proletarios de todos los países, uníos», es un llamamiento a materializar. Concebimos el internacionalismo proletario como algo activo, una práctica consecuente, no como una simple consigna para cerrar un acto. En los años sesenta éramos aún pocos los partidos organizados o reorganizados sobre la base del marxismo-leninismo y contra el oportunismo jruschovista. Pero en todas partes, Europa, América Latina, Asia, crecía la lucha por el marxismo-leninismo. Participamos, en la medida de nuestras fuerzas, pocas, en la ayuda a esos grupos de camaradas, y poco a poco se ampliaba el campo marxista-leninista.

En reuniones con partidos como el Partido del Trabajo de Albania y el PC de China y otros, abordábamos siempre la cuestión internacional: nos preocupaba, pese a nuestra poca experiencia, ver la fragilidad de la unidad internacional, cómo había planteamientos contradictorios sobre problemas importantes. Sabíamos, y así lo exponíamos, que el desarrollo desigual es inevitable, que no se puede caer en el igualitarismo, ni ayer ni hoy, pues no es posible un desarrollo uniforme de los partidos. Se nos respondía con generalidades de que no era necesaria una internacional (no planteábamos eso), de que cada partido es independiente para definir su política, etc., etc.

Pensábamos entonces, y en esas estamos, que cada partido es independiente para definir su propia línea y táctica con arreglo a las condiciones concretas de su país. Pero, y en esto insistimos siempre, nuestra independencia ha de estar limitada por los principios del marxismo-leninismo, y estos principios son o debieran ser comunes a todos los comunistas. Hemos visto clarísimas desviaciones oportunistas de derecha, de izquierda e incluso chovinistas, peligrosas. ¿Qué debemos hacer? ¿Nos callamos por mor de la independencia de cada partido y dejamos que continúe el proceso de degeneración? No, no actuamos así en el pasado, ni lo haremos nunca.

Muchos pasos se han dado, y se han logrado progresos sustanciales en esta importante cuestión, por ejemplo con la constitución de la «Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones marxista-leninistas» (CIPOML), que abordaré brevemente. Antes de ello, quiero dejar constancia de que nuestro Partido siempre, siempre, ha llevado a la práctica el internacionalismo proletario, aun antes de ser Partido: por ejemplo, el FLN de Argelia contó con nuestra ayuda física para ciertas acciones; participamos activamente en apoyo al Frente Polisario saharaui, cuyos representantes se encuentran hoy aquí, como también está una de las camaradas a quien, al salir de la cárcel franquista, se le propuso ir al Sáhara y sin dudarlo allá fue y dedicó dos años a tareas sanitarias. Esa camarada está aquí, Lola. Hemos participado en campamentos del EPL en Colombia, en Etiopía en apoyo al Malalik (Frente de Liberación de Tigré), y en todas las actividades internacionalistas cuando nos ha sido posible.

Este año se ha cumplido el XX Aniversario de la CIPOML, hemos celebrado mítines con ese motivo en diversos países. Destacamos el celebrado en Quito, y hace unas semanas el de Estambul. Esto también forma parte de nuestros cincuenta años. ¿Por qué? No sólo por ser miembros de esa Conferencia, sino porque, desde nuestra constitución como partido, luchamos por la unidad internacional de los marxista-leninistas. Para nosotros era algo vital, para fortalecer el movimiento, reforzar y desarrollar la unidad de principios con todos los que se reclamaban marxista-leninistas.

Nos costó batallar con incomprensiones, con argumentos contrarios realmente infantiles ¿o interesados? Argumentábamos que la unidad del llamado Movimiento Comunista Internacional era frágil, criticábamos la incapacidad de materializar la unidad de la que todos hablaban y que en eso quedara todo, en palabras. Señalábamos que se daban planteamientos contradictorios sobre temas importantes tanto en el análisis de situaciones concretas, como en la misma definición de los principios. Incluso hubo quien nos calificaba de izquierdistas al sentirse afectados por nuestra posición crítica. Los hechos son tozudos, camaradas, y esos mismos que nos acusaban de izquierdistas se plegaron después a las posiciones derechistas, revisionistas, del PC de China.

Cuando en el VII Congreso del PTA (1976) afirmó Enver Hoxha:

«…la colaboración entre nuestros partidos marxista-leninistas, en el verdadero camino revolucionario, debe ser múltiple. El intercambio de experiencias puede ser bilateral o multilateral. Incluso pueden madurar situaciones para llegar a una gran reunión de los representantes de todos los partidos comunistas y obreros marxista-leninistas del mundo. […] Nuestro Partido está resuelto a defender y aplicar el gran principio de la colaboración revolucionaria entre los partidos marxista-leninistas».

Aplaudimos con entusiasmo, era de cierta forma la afirmación de que nuestra posición era justa. Las conversaciones que llevábamos a cabo varios partidos nos animaban a seguir por ese camino. Otros partidos se unieron. Lanzamos una revista internacional, Teoría y Práctica, en diversos idiomas y todo parecía indicar que se desarrollaba la tendencia unitaria. Pero tropezamos con la oposición de otros partidos que se plegaban dócilmente a las instrucciones de ciertos burócratas que repetían que no había condiciones para reuniones amplias (en clara contradicción con lo dicho en varias ocasiones por E. Hoxha).

La historia es larga de contar. Resumo pues. Después de varias reuniones parciales entre varios Partidos llegamos a la conclusión de que había que avanzar, dar más pasos hacia la unidad, concretizar y acabar con cierta paralización ideológica. Y en agosto de 1994 nos reunimos en Quito. Allá se proclamó la CIPOML y lanzamos la Proclama Comunista. Cito un solo párrafo de dicha Proclama:

«Los marxista-leninistas somos conscientes de ciertas debilidades en la comprensión, aplicación y desarrollo del marxismo-leninismo. Se trata de limitaciones que vamos a superar. La experiencia histórica ha demostrado la validez, la vigencia, la vitalidad del marxismo-leninismo. Si hay ideologías y teorías caducas, obsoletas, que pertenecen al pasado, estas son de la burguesía. El marxismo-leninismo es presente y futuro.»

En estos veinte años de la CIPOML hemos tenido que librar importantes batallas ideológicas, como por ejemplo la que nos llevó a expulsar al partido “Bandera Roja”, que se alió con la reacción más negra en Venezuela contra el gobierno de Chávez, y otros casos similares. La CIPOML avanza, se ha reforzado con nuevos partidos y podemos declarar con legítimo orgullo que hoy nuestra Conferencia es un referente internacional, con 24 partidos y organizaciones en Europa, América, África y Asia. Estos son hechos concretos, materializados, no palabrería y fanfarronadas que tanto proliferan. Es innegable el avance, empero, como afirmamos públicamente en Estambul, «no nos conformamos, queremos más y mejor, necesitamos estar en los países donde no hay partidos u organizaciones y ayudar a su creación.»

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Hoy, cincuenta años después de la constitución de nuestro partido, nos encontramos con una situación compleja, con dificultades y problemas. Bien, eso no nos arredra, nunca nos hemos rendido por duros que hayan sido los golpes recibidos, y han sido muchos. Son circunstancias no creadas por nosotros, pero, no me cansaré de repetirlo, hay que tener en cuenta las circunstancias y desarrollar nuestro trabajo sin desmayo.

Y en las actuales circunstancias, como hemos hecho en estos cincuenta años debemos abordar una tarea esencial, principal y absolutamente prioritaria: desarrollar y fortalecer el Partido, que aunque duela tenemos que admitirlo, organizativamente no estamos a la altura de las malditas circunstancias. Sí lo estamos ideológica y políticamente, lo que es una gran cosa, factor decisivo, pero no basta. Debemos pasar a la acción ordenada, consciente, disciplinada, para abordar la situación. Significa que cada militante, esté donde esté, en grupos, células, comités a cualquier nivel, ha de actuar como un auténtico comunista, como un bolchevique para llevar a cabo esta… digamos revolución en el sentido de un cambio profundo. Somos revolucionarios, ¿no? Pues actuemos como tales, tensemos nuestras fuerzas, organizaremos conscientemente, actuaremos con disciplina de hierro.

Tenemos que vencer algunos aspectos negativos que lastran nuestro desarrollo: este es el de la propaganda, particularmente la edición y difusión de nuestro órgano central, Octubre. En el pasado, desde el momento de la fundación del Partido, Vanguardia Obrera fue la principal arma que nos permitió crecer utilizando el periódico como propagandista y agitador colectivo, y también, como subrayaba Lenin, como un organizador colectivo. Y eso hoy se hace poco y mal. No se distribuye tanto como se puede. Las cosas, claras.

Y, como antaño, es deber de cada militante, de todos y cada uno, trabajar y velar por la aplicación de tres reglas maestras: la dirección colectiva, el centralismo democrático y la que asegura las otras dos, la disciplina consciente rayana en lo militar,como subrayaba Stalin. Y junto a estas tres reglas, tener en cuenta la advertencia de Lenin: «…la más rigurosa selección de afiliados y la preparación de revolucionarios profesionales.» Evidentemente, lo de rigurosa selección hay que matizarlo según las condiciones, y sin olvidar que el militante comunista se forja y se hace en el Partido y no fuera de él.

La juventud es también tarea prioritaria. Lo de prioritaria, priorizar, etc., para algunos es una especie de letanía, de palabra que se utiliza en cualquier momento y ante cualquier traspiés o problema que debemos solucionar. Suele suceder que hay camaradas que, cuando se dice «esta tarea es prioritaria», lo malinterpretan en el sentido de dedicarse sólo a esa tarea y relegar otras. Lo cual evidentemente es un error. La juventud organizada es de suma importancia para el Partido. La organización de la Juventud es crisol de militantes, de comunistas cuando está bien dirigida, cuando se tiene en cuenta y se lleva a cabo organizadamente la formación ideológica, no libresca, de los jóvenes. Prioridades… que no se olvide ésta, pues sin juventud que renueve nuestras filas, el partido se agosta, perecerá. Llevamos cincuenta años de batallar y algunas cuestiones debemos planteárnoslas como si fuera el primer día. Tal es el caso de la JCE (m-l). En este punto, al hablar de la JCE (m-l), debemos recordar a “Paúl”. Fue un militante comunista que pese a su juventud había logrado, gracias a su afán de conocer, de estudiar, de saber, una formación ideológica y política que hacían de él un militante de vanguardia. Su entrega y dedicación a desarrollar y fortalecer la JCE (m-l) era admirable, asumía la dirección junto a otros jóvenes, y lograron hacer de la organización juvenil un referente. Paúl y sus camaradas supieron hacer frente a los múltiples problemas que se daban, nada les arredraba. La cruel parca nos arrebató a Paúl en plena juventud. Y cómo lo echamos de menos en las actuales circunstancias, en las que la vil maniobra de un cuarterón de oportunistas ha golpeado a la JCE (m-l).

Aquí termino, camaradas, pese a que pueda parecer mucho el tiempo empleado, no es ni una mínima parte de lo que podemos decir. Que lo diremos y escribiremos cuando la dirección sea generosa y me dé el tiempo necesario.

Nuestro más emotivo recuerdo a los camaradas que, de una u otra forma, han perdido la vida, han fallecido, pero siempre fieles a los ideales revolucionarios que nos dan razón de ser. Esto que decimos no son simples palabras más o menos emotivas. Es un homenaje revolucionario, profundamente sentido, a todos ellos, ya sean de España, como de Colombia, Turquía, Ecuador, Francia, en fin, de todos los partidos, pues eran comunistas íntegros, que nunca vacilaron ni renegaron.

Y termino. Yo no sé si podré estar en el próximo congreso, mas afirmo que, pese a los sinsabores y golpes sufridos a lo largo de mi vida militante, es mucho más y mejor la satisfacción de luchar por un ideal noble, por esforzarme para ser comunista de verdad. ¿Que he cometido errores? Por supuesto, mas no me arrepiento de nada esencial. He tenido y tengo aún la suerte, enorme suerte, de conocer y haber conocido a tantos y tantos comunistas en todo el mundo. Y pienso en estos momentos en un mi camarada de vieja data, Francisco Caraballo: Comandante del EPL, Primer Secretario del PC de Colombia marxista-leninista; 18 años de cárcel. Él y tantos otros, quisiera nombrar a todos, Elena, nuestra Elena Ódena y tantos más, empero, es imposible. Son ellos los que logran que jamás, ni aun en las peores condiciones, nos sintamos solos. Al contrario, nuestra fraternidad es más fuerte que todas las cadenas de la reacción.

«Gruñón» me llama Sergi, con cariño espero, mas exagera un poco. Lo cierto es que, como dice el poeta,

«Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron

-soy de la raza mora, vieja amiga del sol-,

que todo lo ganaron y todo lo perdieron.

Tengo el alma de nardo del árabe español.»

Pueden los años marcarnos físicamente, mas nuestros corazones se mantienen jóvenes, con la juventud de unos principios siempre jóvenes y actuales que nos animan al combate, con la certeza de que llegará el día en que en los montes y valles de nuestros países, ondeen alegres las rojas banderas de la revolución.

¡Salud, camaradas!

¡Viva el internacionalismo proletario activo!

Intervención pronunciada en la clausura del III (VIII) Congreso del PCE (m-l)

Diciembre de 2014