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Nació en Abdera (Tracia) en 460 a. C. y fue discípulo de magos y caldeos. El padre de Demócrito era tan rico que hospedó en su casa y obsequió a Jerjes a su regreso de la expedición contra los griegos. Suponen algunos que para premiar su hospitalidad el rey de Persia le dejó algunos magos para que sirvieran de maestros a su hijo Demócrito. De ellos aprendió teología y astronomía. Más tarde conoció a Leucipo y según algunos también a Anaxágoras (Diógenes Laercio, IX, 34-51). Aplicó su teoría a la psicología, la fisiología, la teoría del conocimiento (epistemología), la ética y la política y presentó así el primer planteamiento amplio del materialismo determinista que afirma que todos los aspectos de la existencia están determinados por leyes físicas.

De Demócrito, Timón decía con admiración: «Tal es el sabio Demócrito, el defensor del discurso, disputante astuto e inteligente, entre los mejores que yo jamás haya estudiado.» Su concepción de la naturaleza fue materialista de un modo absoluto y explicó todos los fenómenos naturales en términos de número, forma y tamaño de los átomos y redujo las cualidades sensoriales de las cosas (como color, frío, gusto y olor) a las diferencias cuantitativas sensoriales de los átomos.

Las formas más elevadas de existencia, como la vida de las plantas y animales, incluso la humana, fueron explicadas por Demócrito en términos físicos en un sentido estricto. Él y Leucipo presentaron la primera formulación de una teoría atómica de la materia. Así ellos vinieron a ser los dos principales atomistas y los últimos de los filósofos presocráticos que, aunque en materia de tiempo coincidieron con Sócrates, ellos continuaron la tradición jónica de la preocupación por el physis.

El atomismo fundado por Leucipo fue un sistema de compromiso entre los sistemas eleático y el de Heráclito. Una de las obras atribuidas a Leucipo, el Mega Diacosmos, fue incorporada entre los trabajos de su discípulo Demócrito, quien vino a ser más famoso que su maestro. No existe ninguna diferencia importante entre las doctrinas principales de los dos filósofos por lo que desde Aristóteles se les ha estudiado juntos y a la vez. Demócrito ha sido considerado como el representante de la teoría atómica. Parece que conoció a Anaxágoras en Lampsaco, antes de su muerte, y según él mismo: Joven cuando Anaxágoras era viejo, refiriéndose a las doctrinas de Anaxágoras, unas veces con simpatía y otras veces con hostilidad. Demócrito murió en 370 a. C., pero no se sabe dónde. Fue de mente universal, abarcando todo el conocimiento filosófico de su tiempo, una faena por lo cual se le ha comparado con Aristóteles. Aunque escribió unos cincuenta y dos libros, todos se perdieron. Su principal trabajo fue el Micro Diacosmos, en el que añadió a su cosmología una filosofía sobre la civilización. Indudablemente el mérito principal de Demócrito es haber incluido en su filosofía el área de actividad mental, lo que muestra la influencia de Pitágoras. Se sabe que escribió varios tratados de geometría y de astronomía, pero desgraciadamente todos perdidos. Se cree que escribió sobre la teoría de los números.

Demócrito afirmó que el no-ser es tan real como el ser. . A diferencia de Empédocles y Anaxágoras, admite el vacío –el no-ser– y niega cualquier tipo de fuerza (amor, discordia, noûs) ajena a la materia. Entre la multitud de realidades (átomos) es preciso que exista algo, el vacío, pues si existen dos cosas separadas por algo, en realidad vienen a ser tres cosas y si no hubiera separación entre ellas, serían una sola y única cosa. El ser, según Demócrito, es lo que ocupa el espacio vacío, el pleno, y el no-ser es lo que ocupa el vacío. De acuerdo con esto Demócrito declaró que el pleno y el vacío son los constituyentes esenciales de todas las cosas. Pero para explicar los fenómenos de estos postulados pensó que el pleno estaba dividido en innumerables partículas que, debido a su pequeñez, no podían ser percibidas separadamente; estaban separadas unas de las otras por el vacío y eran a su vez indivisibles porque llenaban su espacio y no tenían ningún espacio entre ellas, es decir, en sí mismas. Por ello fueron denominadas átomos (átoma) o cuerpos densos. Demócrito enseñaba que la realidad primitiva, el verdadero y único ser era el átomo, que todos los seres y sustancias visibles son cuerpos y agregados de átomos. De manera que Demócrito tomó como fundamento de todas las cosas el ser o el pleno y el no-ser o vacío. Todo cuerpo con extensión podía ser dividido hasta llegar al punto de elementos indivisibles. Así, el ser estaba constituido de innumerable número de elementos indivisibles que, como principios, no podían ser generados ni destruidos y, por ello, eran eternos, constituyendo así lo pleno, el ser: los átomos. Como éstos son lo lleno, sin vacío, no pueden ser divididos. Lo que puede ser dividido es gracias al vacío que existe en el pleno, el no-ser en el ser. Los átomos son también inmutables pues el pleno no admite ni emite nada; tienen la misma composición que el ser de Parménides, aunque se les pueda imaginar como divididas en partes numerosas y situadas en un espacio vacío infinito. Cada átomo conserva los atributos fundamentales del ser o ente de Parménides. Los átomos se mueven en un vacío infinito, separados los unos de los otros y diferentes entre sí, en figuras, tamaños, posición y orden, al sorprenderse unos a otros chocan y algunos son expulsados mediante sacudidas al azar en cualquier dirección, mientras que otros, enganchándose mutuamente según sus figuras, tamaño, posición y orden, se unen y originan el nacimiento de los cuerpos compuestos (Simplicio, De Caelo, 242, 21).

Demócrito afirmaba que la constitución, origen y desaparición o muerte de las sustancias no existen en el sentido estricto de la palabra. También podían diferir en peso; a los átomos son atribuibles todos los cambios de las cosas. Como todos son de la misma sustancia, el peso corresponde a su tamaño. Así, cuando cuerpos compuestos del mismo tamaño tienen diferente peso, esto lo es solamente debido a que un cuerpo tiene más interespacios que otro. Todo lo que viene a ser de cosas compuestas consiste en una combinación de átomos separados y toda cesación no es más que la separación de átomos combinados. Los átomos se mueven en el vacío, tanto que a ese movimiento y juntarse y separarse, los unos de los otros, se debe que las cosas nazcan, cambien o perezcan, aumenten o disminuyan en tamaño. De la misma manera, toda clase de cambio podía ser referido en parte a ello; y en parte, a los cambios de posición de los átomos. Toda forma de conocimiento se reduce al tacto o contacto. Los objetos emanan átomos (eidola) que viajan por el vacío y, al chocar con los órganos de nuestros sentidos, producen el conocimiento.

También existe una oscilación invisible de los átomos. El movimiento no se inició en ningún momento concreto, porque los átomos siempre se han movido eternamente en el vacío. Así, de golpe, se cancela el problema del origen. La causa del impulso es externa a los átomos, pero no puede ser identificada porque no existe. Demócrito, para no verse en la necesidad de señalar una causa del movimiento, decía que el tiempo era infinito y el movimiento eterno, sin darse cuenta de lo absurdo y contradictorio de estos conceptos.

Demócrito afirmaba que existen muchos mundos, entre los cuales algunos eran semejantes entre sí y otros desemejantes, unos carecían de sol que los iluminara al mismo tiempo que otros tenían muchos soles. Suponía también que dichos mundos están sujetos a vicisitudes análogas a las que experimentan los animales y el hombre, de suerte que, en un momento dado del tiempo, algunos mundos se encuentran en su período de crecimiento, otros en el apogeo de su grandeza y perfección, y algunos en estado de decadencia o en vías de disolución. Como el movimiento no tiene principio, la masa de átomos y el espacio vacío no tienen límites; debe haber existido siempre un número infinito de mundos, los que se encuentran en diferentes estados y formas. La cosmogonía de Demócrito sobre la creación dice que primero fue el vórtice de los átomos, luego una membrana delicada envuelve al vórtice y con su movimiento aprisiona a los átomos con los que entra en contacto. Algunos de estos átomos se enganchan y forman un cuerpo que al principio es húmedo y barroso; después secándose es llevado en el vórtice universal y, finalmente, se encienden y forman la sustancia de las estrellas... todas las estrellas debido a la velocidad de su movimiento ignite. De los cuatro elementos el fuego consistía de átomos pequeños y redondos, pero en las otras sustancias los átomos de diferentes tamaños estaban mezclados. Como Anaxímenes, Demócrito se imaginaba a la tierra como un disco plano que flotaba sobre el aire y que era cóncavo en el centro, como un cuenco. Es de notar que, mucho antes, Pitágoras había dicho que la tierra tenía una forma esférica.

. El alma es también un conjunto de átomos cuyas fuerzas mueven al cuerpo. El pensamiento, la conciencia y la sensación son el resultado de la combinación de los átomos que constituyen la sustancia del alma y son también la razón suficiente y el origen de las variaciones, de manera que los diferentes fenómenos psíquicos están en relación con esas combinaciones atómicas. Aristóteles afirma que Demócrito identificaba al entendimiento con los sentidos. El conocimiento se verifica por medio de imágenes sutiles que pasan de los objetos a nuestros sentidos y de éstos al alma, determinando en los primeros las sensaciones o percepción sensible de los cuerpos, y en la segunda lo que llamamos conocimiento intelectual. Apenas sabemos cosa alguna acerca de la esencia real de las cosas pues por medio del entendimiento sabemos únicamente la existencia de los átomos y del vacío. Las percepciones de los sentidos son meras modificaciones o afecciones subjetivas y nada nos enseñan acerca de la realidad objetiva de las propiedades que atribuimos a los cuerpos. El calor, el frío, lo amargo, lo dulce, etcétera, no son más que el nombre que damos a las modificaciones de nuestros sentidos (Locke, Descartes, Kant), pero no son cualidades reales de los cuerpos. Percibir o conocer las cosas en sí, conocer la realidad objetiva, pertenece exclusiva mente a la razón, única capaz de percibir y demostrar la esencia y la existencia de los átomos, del movimiento y del vacío. Así como el pensamiento es superior a la percepción de los sentidos, así el conocimiento razonable de lo bueno es superior a los impulsos de los sentidos, y la paz y tranquilidad del alma o espíritu es superior al placer y al dolor.

El vacío no es real si sólo consideramos real la materia que palpamos. Pero es algo real en cuanto que efectivamente existe o está presente entre dos sustancias distintas. El vacío tiene una importancia decisiva: Hace posible la pluralidad y también el movimiento. Sin el vacío las partículas quedaban aprisionadas en la masa compacta de Anaxágoras. Para los griegos, sin embargo, parecía que tenían que aceptar un mundo sin cambio o movimiento como sugería Parménides o aceptar la existencia del vacío. Los argumentos de Parménides contra el no-ser o el vacío parecían lógicos e irrefutables y fueron soportados más con el descubrimiento que en donde parecía que no había nada, en realidad había aire. De manera que la posición de Parménides era: Usted dice que hay vacío; pero como el vacío no es nada, entonces no hay vacío. Los atomistas no respondieron a ese argumento, pero como dice Russell, se contentaron con declarar que lo ignoraban basados en que el movimiento es un fenómeno de la experiencia y por eso el vacío debe de existir, aunque es muy difícil de imaginarlo (Bailey, p. 83). Para Leucipo y Demócrito, los átomos y el vacío son los principios de todas las cosas; los primeros como principio positivo; el segundo como principio privativo y condicional del movimiento de los átomos, el cual contiene la razón suficiente inmediata de la existencia, diversidad, atributos y cualidades de los seres. Pero el problema persistió. La manera más fácil de evitar ese problema de lógica era distinguir entre la materia y el espacio. Así, el espacio no es nada, sino algo de la naturaleza como receptáculo que puede o no estar parcialmente lleno de materia (Aristóteles, Física, IV, 1, 208b, 5-35).

A pesar del genio de Platón y Aristóteles, tuvieron faltas en su modo de pensar que resultaron perniciosas al desarrollo del conocimiento y de las ciencias, el cual más bien vinieron a retrasar. Con ellos se congeló el vigor de Demócrito y emergieron en su lugar las creencias populares y supersticiones que aún existen hoy día. Demócrito fue sobrevivido por su escuela en Abdera por mucho tiempo. Su doctrina fundamental no sufrió cambios pero sus seguidores mostraron una tendencia hacia el escepticismo que vino a ser muy acentuado más tarde. En el siglo IV a. n.e., uno de los principales representantes de la escuela atomista fue Metrodoro de Quíos, quien tuvo entre sus discípulos a Nausífanes, quien fue discípulo de Pirrón y maestro de Epicuro, Anaxarco de Abdera, amigo de Pirrón y consejero de Alejandro Magno (habiendo sido herido Alejandro en cierta ocasión, Anaxarco le dijo: He aquí sangre humana y no de dioses). Así, del atomismo se extendieron ramas que condujeron al escepticismo y al epicureísmo. Es de interés notar que Karl Marx presentó su disertación doctoral en la Universidad de Jena (recibió el diploma en abril de 1841) con una tesis que analizaba, a la manera de Hegel, la diferencia entre las filosofías naturales de Epicuro y Demócrito. En tal tesis se puede ver con claridad una nota desafiante: La filosofía no hace ningún secreto de eso. Como dice Prometeo: En calma odio a todos los dioses, como su propio motto contra los dioses... Prometeo es el más noble de los santos en el calendario de la filosofía. Demócrito fue un materialista honesto y para él el alma estaba compuesta de átomos. El universo no tenía ningún propósito; sólo existían átomos gobernados por leyes mecánicas (físicas hoy día). No creía en la religión popular y argumentó contra el noûs de Anaxágoras. En la ética consideró al entusiasmo como único propósito de la vida y consideró la moderación como la mejor regla de conducta, alcanzable por medio de la cultura, que es la manera más adecuada. Desaprobaba los placeres sexuales porque sometían la conciencia al placer. Las opiniones de Demócrito se adelantaron dos mil años a su época, no fueron aceptadas por sus contemporáneos y durante mucho tiempo cayeron en el olvido. Esto es paradójico porque, después de todo, el atomismo fue la cumbre de la filosofía griega antes de Platón y realizó el último objetivo del monismo jónico contra el ente eleático. Mucho se debe a Parménides, Zenón y Meliso y a los sistemas pluralistas de Empédocles y Anaxágoras. El atomismo, tal como fue aplicado por Demócrito, continuó con Epicuro y Lucrecio a través de Platón y Aristóteles y eventualmente estimuló la teoría atómica, no obstante que su naturaleza real es tan distinta.

(Fuente: “La filosofía presocrátrica” Carlos A. Lavarreda, Editorial Oscar de León Palacios, Guatemala, 2004)