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Tales de Mileto (hacia el año 600 a.n.e) se esforzó por reducirlo todo a un solo principio, y descubrir el elemento primitivo o sustancia del mundo. Los animales, decía, se alimentan de plantas, las plantas surgen de la tierra; pero la alimentación de todos los seres es húmeda, su semilla es húmeda, y la humedad es lo que conserva la vida; ahora bien, el agua es el principio de la humedad; y por lo tanto, el agua es el principio de todas las cosas. Vemos que el agua se convierte ya en gas, ya en vapor; ¿por qué no puede, pues, convertirse en tierra, en piedra, en vegetal, en animal? El agua no tiene forma propia: puede tomar todas las formas; por ejemplo, la de la vasija que la contenga. El agua es inestable y movediza; ahora bien, allí donde hay movimiento hay vida, existe un alma. El principio húmedo es, pues, el alma del mundo que se extiende a todo: es lo divino, y podemos decir que la inteligencia divina «recorre la onda con rapidez» (Aristóteles, Metafísica I, iii).

En el estado imperfecto en que se encontraba la ciencia en los días de Tales no se podía imaginar una explicación más notable del universo. Por lo demás, la hipótesis de Tales se encuentra aún en la ciencia moderna, pero subordinada a conceptos superiores; los físicos modernos admiten la fluidez primitiva de la tierra, y creen que del Océano salieron los primeros seres animados: podemos, pues, decir con Tales que la tierra y sus habitantes provienen del mar.

Tales contribuyó muchísimo al progreso de la ciencia en su época. En geometría, demostró una proposición fundamental: que los ángulos inscritos en el semicírculo son rectos (Diógenes, Vida de Tales,I, 37).

En astronomía enseñó que la tierra es redonda, que las astros son tierras inflamadas, que la luna es un cuerpo opaco iluminado por el sol, que la interposición de la luna entre la tierra y el sol produce los eclipses; llegó hasta predecir un eclipse. Añadamos a esto el descubrimiento de la Osa menor y de la Estrella Polar, el cálculo de la duración del año y de las épocas de los solsticios y los equinocios, la evaluación aproximada del diámetro aparente del Sol, y las magnitudes de la Tierra, del Sol y de la Luna (Diógenes, Vida de Tales I, 27).

anaximandro300El primer principio de las cosas, tal como Tales lo concibió, debió parecer aún muy tosco a sus sucesores. Anaxímenes (557 a.n.e) y Diógenes de Apolonia sustituyeron el agua por un elemento más útil aún, el aire infinito y viviente, que produce todas las cosas por su movimiento eterno y sus alternativas de dilatación y condensación (Cicerón, De natura deorum, I, X).

Anaximandro de Mileto (590 a.n.e) reconoce por fin que el agua, el aire y todas las demás cosas determinadas o acabadas no pueden representar la verdadera naturaleza del primer principio. El aire mismo, al ser sensible, debe derivarse de algo que nada tiene de sensible. Todo lo más que se puede afirmar del primer principio es que es indefinido en cantidad e indefinido en naturaleza. Anaximandro lo llama también indefinido o infinito. Esta unidad primitiva encierra todos los términos contrarios; es una sustancia sin forma que no es ni esto ni aquéllo, pero que puede llegar a serlo todo. (Temistio, Comentario sobre la Física de Aristóteles, I, XVIII, a).

Fuentes: Alfredo Fouillee, Historia de la Filosofía, Madrid, 1933.