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Informe del Secretariado al Pleno ampliado del Comité Central celebrado el 9 y 10 de enero de 2016

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«Hoy, crece una corriente en el campo comunista que empieza a plantearse la necesidad de recuperar la ideología revolucionaria del leninismo. Nuestro partido, que fue el primero en denunciar la traición carrillista y defender y aplicar los principios que permitieron a los comunistas dirigir la lucha por la emancipación en las condiciones más duras, siempre ha demostrado firmeza en sus convicciones ideológicas y flexibilidad para unirse con otras corrientes populares en torno a programas mínimos que permitan avanzar en la defensa de los intereses del proletariado y de las clases populares.

Hoy nos toca también ser audaces para avanzar en la coordinación entre las organizaciones y sectores de la izquierda, insistiendo en la necesidad de un Frente Popular por la ruptura, la República Popular y Federativa, combatiendo con firmeza la dispersión e indefinición de las corrientes burguesas y defendiendo la organización permanente de los intereses de la clase trabajadora. No cabe esperar para poner en práctica esta tarea.»

SITUACIÓN INTERNACIONAL

Vivimos tiempo de cambios y el año que acaba ha sido rico en ellos. Cambios que no alteran sino que confirman las grandes tendencias a las que hacíamos referencia en anteriores informes. Estas son algunas de las más importantes

La continuidad, con altibajos más o menos intensos según las zonas, de la crisis imperialista y la profundización de sus consecuencias asociadas: crisis social y política. Traslado de la tensión interimperialista al área Asia-Pacífico y agudización de la misma. Tendencia a la “regionalización” con la creación de áreas de libre comercio que agrupan a varias economías, bajo el control de una de las potencias dominantes en la zona.

La lucha, cada vez más abierta, entre las dos potencias llamadas a ser cabeza de sendos bloques contrapuestos, EEUU y China, se agudiza. Ambas buscan reforzar viejas alianzas y ganar nuevos apoyos en su afán por controlar las materias primas, lograr nuevos mercados para sus productos e inversiones financieras y controlar estratégicamente el mayor número de zonas o regiones imposibilitando en ellas la competencia de otras potencias. Ambas se enfrentan a bruscas sacudidas, seguidas de momentos de euforia, que llevan a una nueva convulsión y así sucesivamente, en un proceso de crisis que se prolonga desde hace años, pero que se ha acelerado mucho, los últimos meses.

En EEUU, la reciente decisión de la Reserva Federal de subir un 0,25% los tipos de interés ha sido presentada como la señal del fin de la crisis de su economía, aunque se daba ya por inminente desde hace semanas y, por su contención, se considera “descontada” de antemano por los “mercados” capitalistas.

Sin embargo, no todos los analistas son tan optimistas y la mayoría considera que la economía norteamericana no soportará alzas sostenidas mucho más allá del 0,25%, especialmente por sus consecuencias sobre los mercados globales y emergentes de los que también depende EEUU.

Es cierto que una de las razones esgrimidas por la Fed para la subida de tipos es el bajo nivel de paro, que se sitúa en el 5% (muy por debajo del 9% que alcanzó en 2009); pero el empleo creado es en su mayor parte empleo basura, inseguro y de bajos salarios. Por otra parte, la inflación no logran controlarla y sigue estancada por debajo del 1% (en noviembre quedó en el 0,5%). De ahí que el propio organismo no descarte volver a bajar los tipos de interés si la situación cambia en los próximos meses.

Así pues, pese a que se realicen anuncios periódicos de calma en la tempestad económica que vive el imperialismo yanqui desde 2008, los datos objetivos no dan para muchas “alegrías” y apuntan más bien a que, si bien la volatilidad económica aumenta en las principales economías capitalistas, y con ella, las sacudidas cada vez más bruscas, la ralentización económica sigue siendo la norma en todo el mundo y, también en la principal economía imperialista. Dicho de otra forma, como señalaba un analista: “si los mercados cambian drásticamente será más debido a causas como China, los países emergentes, el crecimiento mundial o el petróleo, que a [las decisiones de] la Fed [Reserva Federal] o al BCE [Banco Central Europeo].

Por otra parte, consciente de que el juego de alianzas entre los países está cada vez más abierto y a pesar de que éste es año de elecciones presidenciales (lo que encona la lucha entre las distintas facciones de la oligarquía yanqui), la Administración Obama está acelerando sus movimientos en el campo internacional, impulsando la firma de acuerdos de librecambio y modificando alguna de sus relaciones internacionales, para desactivar posibles aliados de sus competidores: establecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba[1]; acercamiento a Irán; apoyo militar a las tropas kurdas que combaten contra el ISIS en Siria (el hecho de que, al mismo tiempo, refuerce sus lazos con el régimen turco empeñado en una cruel represión del pueblo kurdo, no es sino una muestra más del grado de fluidez que han alcanzado la situación política internacional).

China quiere ejercer como líder de un segundo bloque en la lucha por los mercados para sus productos e inversiones financieras y por las materias primas, y no deja pasar ninguna oportunidad para mostrar su decisión de convertirse en polo de referencia de la economía mundial frente a EEUU:

La Sexta Cumbre BRICS (recordamos que este es el acrónimo formado por las iniciales de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, las denominadas «economías emergentes»), celebrada el 15 de julio de 2014, acordó que el nuevo Banco del Desarrollo creado por ese grupo tendría un capital autorizado inicial de 100.000 millones de dólares y un capital inicial suscrito de 50.000 millones de dólares, que la sede del banco estaría en Shanghái, dotar con otros 100.000 millones de dólares un fondo de reserva llamado Acuerdo de Reservas de Contingencia (ARC), cuya finalidad sería el evitar presiones de liquidez en el corto plazo, promover la cooperación entre los BRICS, fortalecer la red de seguridad financiera global y complementar los arreglos internacionales existentes.

Más cerca en el tiempo, esta primavera, el representante de Rusia hablaba de la búsqueda de un acuerdo con China y otros países para realizar los pagos comerciales (incluidos los de las materias energéticas) utilizando el yuan; a finales de noviembre, Obama se comprometía a respaldar la candidatura de la moneda china para su inclusión en la cesta de referencia del Fondo Monetario Internacional, sumándose al dólar, euro, libra esterlina y yen, en el papel de divisa de reserva internacional. Esa decisión se aprobó oficialmente el 30 de ese mes.

Era algo esperado, dado que China es el mayor exportador mundial y el yuan fue la segunda moneda más usada en los intercambios comerciales según el sistema de pagos Swift (En agosto pasado el 2,79% de los intercambios comerciales se hicieron en yuanes, lo que supone un salto enorme si se compara con 2012, cuando apenas el 0,84 de ellos se hacían en la moneda china).

Paso a paso, la segunda economía mundial asegura su entrada en los foros donde las potencias imperialistas miden las fuerzas, consciente de que cualquier decisión de sus instituciones tienen consecuencias globales (la devaluación del yuan chino, en agosto pasado, por ejemplo, sacudió los mercados internacionales y contribuyó de hecho a retrasar la subida de tipos que, como hemos dicho más arriba, tenía previsto hacer la Fed desde hace meses).

Pero China sufre también profundas convulsiones económicas, propias de una economía que camina a marchas forzadas a ocupar la primera plaza en el parnaso imperialista: Ya hemos tratado en un informe anterior la crisis de la bolsa de Shangái, que, a principios de verano, perdió en apenas un mes el 30% de su valor, después de un alza del 150% en el año anterior. Este súbito crac volatilizó más de 2,7 billones de dólares, arruinando a muchos pequeños ahorradores, y obligó a intervenir al gobierno para controlar la alarma creada en todo el mundo.

Por otra parte, el régimen chino está empeñado en un cambio de patrón de crecimiento, orientándolo hacia el refuerzo del consumo interno y la reducción del peso de sus importaciones[2].En palabras de Jaume Gidé para Diario.es, el nuevo modelo chino busca que «las empresas chinas no solo controlen el mercado interior sino que potencien su internacionalización. Y esto lo notamos en España porque también han puesto el ojo aquí en sectores como el logístico o turístico, además de que lo notaron indirectamente a través de los países emergentes latinoamericanos donde sí tenemos mucha presencia». Las medidas adoptadas por las autoridades chinas para lograr este objetivo, unidas a las sucesivas devaluaciones del yuan y a la crisis de los países emergentes están provocando alteraciones constantes en la economía mundial.

Estos movimientos de la potencia china, huelga decirlo, son toda una amenaza para la hegemonía yanqui, indiscutida hasta ahora, lo que ha llevado a EEUU a mover rápidamente sus peones.

Hace un par de años, Obama aprovechaba su visita a Europa (eran los momentos iniciales del conflicto en Ucrania, cuando el enfrentamiento a las puertas del viejo continente estaba en todo su apogeo) para regañar a sus “socios”, invitándoles a explorar nuevos combustibles (EEUU lleva años investigando la obtención de energía del esquisto y las arenas bituminosas, con técnicas caras y altamente contaminantes, para garantizar su independencia respecto de los grandes productores) y a prepararse para un mundo en guerra, aumentando sus presupuestos militares, la coordinación de sus ejércitos y reforzando la OTAN para facilitar su intervención en otros “escenarios”.

En Oriente Próximo, la intervención del denominado Estado Islámico (el ISIS, que financia sus tropas con el dinero obtenido de la venta de petróleo y el patrocinio encubierto de Arabia Saudí) ha enconado la guerra en Siria, provocando la huida de centenares de miles de personas y una situación desastrosa que amenaza la integridad de ese Estado, que hasta el momento era un actor importante en la política de la zona.

La intervención militar de Rusia en Siria ha provocado un vuelco en la situación del conflicto. El mediador de la ONU para Siria ha anunciado el comienzo de conversaciones de paz a partir del 25 de enero en Ginebra (son fruto de un acuerdo entre Rusia y EEUU alcanzado en Viena el pasado noviembre, que preveía el inicio de las conversaciones a principios de enero); pero la escalada militar continúa y amenaza seriamente la solución a la guerra en Siria.

El extremo oriental del Mediterráneo se ha convertido en una zona extremadamente inestable, donde abundan las provocaciones (el reciente derribo de un bombardeo ruso en suelo sirio, por parte del ejército turco, las maniobras chino-rusas desarrolladas en primavera, las recíprocas amenazas entre Putin y Erdogan, etc.).

El siniestro papel que juegan estados como Arabia Saudí (patrocinador del ISIS y cuantos grupos terroristas yihadistas operan en el Próximo Oriente, agresor militar de Yemen, etc.), Turquía (frontera oriental de la Europa capitalista) e Israel (cuyo gobierno nazisionista mantiene secuestrado tras muros de la vergüenza al pueblo palestino en Gaza y Cisjordania, lanza continuos ataques a los estados árabes vecinos, etc.) se ve reforzado continuamente por el imperialismo occidental en su pelea por la hegemonía.

EEUU y la UE han reforzado, como decimos, su alianza con Turquía, que es la frontera oriental que cierra el paso a los centenares de miles de personas que pretenden entrar en las fronteras de la Europa capitalista huyendo de la guerra y de la miseria. Su proximidad a Siria, a Irak, Afganistán y otras zonas de conflicto de Oriente Próximo (hay que añadir que es miembro de la OTAN) convierten a la Turquía de Tayyip Erdogan en uno de los gendarmes del imperialismo, a su vez con aspiraciones imperiales en la zona. EEUU y Europa aprovecharon un encuentro celebrado el pasado noviembre para presentar a Erdogan como uno de sus más fieles aliados «frente al terrorismo islamista», y se comprometieron a defenderle y a librar ayudas por valor de 3.000 millones de euros, a cambio de que frene el flujo de refugiados.

El régimen turco está cumpliendo fielmente ese papel, mientras desata una brutal represión contra la izquierda y los pueblos turco y kurdo: dos atentados salvajes contra manifestaciones populares, que provocaron más de un centenar de muertos, entre los que se encontraban varios militantes y dirigentes del EMEP, nuestro partido hermano, contribuyeron a crear la tensión necesaria, de cara a la celebración de las elecciones del pasado noviembre, después de que el partido de Erdogan fuera incapaz de formar gobierno tras las celebradas en junio anterior, en las que las fuerzas de izquierda aumentaron considerablemente sus votos[3].

Conforme se profundiza la crisis y aumenta la tensión interimperialista, la zona del Mediterráneo oriental se convierte en una auténtica olla a presión. Y el reciente descubrimiento de importantes reservas de gas en la zona ha venido a alterar aún más, si cabe, la tensión reinante y a reforzar la alianza entre Turquía, Israel y Egipto.

El diario El País lo expresaba así: «Los complejos lazos entre los países del Mediterráneo Oriental, marcado por décadas de enfrentamientos, pueden verse alterados por el descubrimiento y explotación de grandes reservas de gas natural. El principio de acuerdo anunciado para la normalización de relaciones entre Israel y Turquía, degradadas tras el asalto a la flotilla de Gaza en 2010[4], parece tener como fondo una carrera por la riqueza de la energía a la que se han sumado vecinos como Chipre y Egipto».

Se entiende ahora que Turquía no haya dudado en entrar en conflicto con Rusia, de la que hasta el momento recibía más de la mitad del gas que consumía y con la que tenía comprometido un proyecto de gaseoducto hacia Europa entre ambos países, a través de Anatolia (recordemos que, hasta el momento, el gas ruso entraba en Europa a través de Ucrania, hoy en guerra con Rusia).

Como vemos, la pelea por el control de la energía ha sido y sigue siendo clave en el incremento de la tensión entre las potencias imperialistas, y está detrás también de las convulsiones políticas que están sacudiendo a los grandes productores latinoamericanos, como luego veremos.

Europa. La Europa del Capital y de la Guerra sigue sujeta a importantes convulsiones: a la tensión en Grecia, por la imposición de un memorándum lleno de recortes salvajes (salvada momentáneamente con la rendición incondicional de Tsipras y su equipo) se unen la crisis de los refugiados, el ascenso de las fuerzas xenófobas y fascistas y el anunciado referéndum sobre la permanencia de Gran Bretaña en la UE. Este fue un compromiso de Cameron en la últimas elecciones generales de ese país y el primer ministro ya ha avisado que su intención es establecer condiciones para la permanencia del Reino Unido que garanticen su «soberanía», frente a la posible imposición de normas sociales o fiscales por la Comisión Europea.

Por otra parte, este último año, sólo en Alemania han entrado más de un millón de refugiados, procedentes mayoritariamente del Próximo Oriente y África, que huyen de las guerras (Siria, Libia, etc.). Tras unas primeras semanas, a comienzos del otoño, en las que los grandes medios de comunicación se hicieron eco de la masiva llegada de oleadas de emigrantes que se jugaban la vida para llegar a Europa, el apagón informativo vuelve a ser la norma, aunque las condiciones de vida de decenas de miles de estas personas empeoran al llegar el invierno.

Y se suceden también las crisis políticas:

En toda Europa crece la xenofobia y avanzan los grupos fascistas, particularmente en los países de la antigua órbita revisionista: en Alemania, Hungría, Polonia, Grecia, Ucrania, etc., fuerzas declaradamente nazis hacen públicos alardes de fuerza, queman casas y realizan pogromos de refugiados, ante la indiferencia efectiva de los Estados.

En Francia, el partido de Marine Le Pen fue el más votado en la primera vuelta de las recientes elecciones departamentales, haciendo saltar todas las alarmas.

El Gobierno de Cameron, como decimos, se comprometió a celebrar un referéndum, inicialmente previsto para finales de 2017, pero que probablemente se adelante al verano de 2016. En él, entre otras cuestiones, Cameron pretende negociar con la UE una política distinta en relación con los derechos de los refugiados, como condición para la permanencia, como «mejor garantía para la seguridad nacional y lucha contra el terrorismo». Este es un motivo más de inestabilidad en el largo y tortuoso camino hacia la unidad del capitalismo europeo.

A principios de año, la victoria en Grecia de Syriza, ya controlada por el sector más reformista de Tsipras, levantó expectativas en las clases populares sobre la posibilidad de que en ese país se aplicara una política de ruptura con las criminales y reaccionarias imposiciones de la Comisión Europea. Tras una intensa campaña de presiones y amagos teatrales, que llegaron a su culminación en el mes de julio con la convocatoria de un referéndum en el que el pueblo griego rechazó los recortes de Bruselas, Tsipras y su núcleo de dirección se rindieron, quebrando la confianza de sus propios votantes y plegándose a las imposiciones. Desde entonces, ha pasado a ser uno más de los líderes populistas que se pliegan a las imposiciones de la oligarquía europea. Ya ha tenido que hacer frente a dos huelgas generales, ampliamente secundadas, sobre todo en el sector público.

Latinoamérica. La derrota electoral de Maduro y el triunfo de la oposición derechista en Venezuela se suman a la caída del kirchnerismo en Argentina, la profunda crisis brasileña (donde el proceso de destitución de la presidenta Russeff, instado por el vicepresidente, la dimisión del Ministro de Economía, etc., son el reflejo político de una grave crisis económica) y a las agudas dificultades que acorralan a Correa, en Ecuador, donde nuestro partido hermano, el PCMLE, ha logrado importantes éxitos políticos y dirige el reagrupamiento de las fuerzas populares frente al populismo reaccionario de aquel.

En todos estos casos, se trata de procesos políticos que en su momento fueron caracterizados por gran parte de la izquierda revisionista como una tercera vía: la prueba de que era posible acabar con las profundas injusticias sociales enquistadas en esa región, sin cambios revolucionarios que pusieran fin al capitalismo y sentaran las bases de una economía planificada y socialmente controlada.

Aun con los matices necesarios (no es igual el proceso bolivariano en Venezuela –que, con todas sus contradicciones, sí hizo un esfuerzo por configurar un movimiento popular organizado–, que el papel de Lula y el PTB en Brasil –que nunca cuestionaron el capitalismo y el modelo político brasileño, absolutamente corrompido–, o el del régimen de Correa, en Ecuador, abiertamente hostil a las organizaciones populares y comunistas), con ello, decimos, lo cierto es que la riqueza en materias primas (fundamentalmente energéticas) permitieron a determinadas corrientes realizar una política de redistribución de rentas sobre la que se construyó un confuso proceso conocido como «movimiento bolivariano» que, con muchos matices e intensidad según los países, pretendía ser la alternativa para garantizar el desarrollo regional, limitar en algo las brutales diferencias sociales y favorecer una mayor presencia política de los sectores sociales marginados.

El desarrollo de las contradicciones generadas por el agravamiento de la crisis, particularmente en el sector de la energía, así como las claras limitaciones de los cambios promovidos por estos movimientos políticos a la hora de arrebatar el poder a las oligarquías tradicionales y hacer efectiva la independencia nacional, han ido apagando el impulso del bolivarismo y las otras corrientes, que afrontan ahora un proceso de crisis muy agudo, que irá alterando la correlación de fuerzas en el subcontinente y está siendo aprovechado por las distintas potencias imperialistas para abrir el juego de alianzas en la región: la firma del Acuerdo Transpacífico, del que hablamos en este informe, suscrito por tres Estados latinoamericanos, forma parte de estos nuevos movimientos en el tablero internacional; lo mismo que otros movimientos que han pasado más desapercibidos, pero que marcan una tendencia en el sentido que señalamos: por ejemplo, que China sea la única potencia que ha acudido en auxilio del nuevo presidente argentino, el derechista Macri, para salvar el peso, inyectando yuanes para facilitar el comercio internacional de ese país.

Conforme la crisis se agudizaba, las economías nacionales han ido buscando el agrupamiento regional bajo el liderazgo de alguna potencia, para liberalizar los mercados internos y reforzar su peso en la pelea internacional por las materias primas.

En octubre pasado, tras cinco años de negociaciones secretas, se constituyó el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TTP en sus siglas inglesas) que agrupa a doce países (tres de ellos, Chile, Perú y México, latinoamericanos) que suman cerca del 40% de la economía mundial. Las palabras del presidente yanqui, Obama, no pudieron ser más claras sobre las razones de esa potencia a impulsar el acuerdo: «con más del 95% de nuestros clientes potenciales viviendo fuera de nuestras fronteras, no podemos dejar que países como China escriban las reglas de la economía mundial […] nosotros deberíamos escribir esas reglas, abriendo nuevos mercados para los productos estadounidenses a la vez que se establecen altos estándares para proteger a los trabajadores y preservar el medioambiente»[5].

Quienes se han opuesto al tratado señalan, sin embargo, que fue negociado en secreto y beneficia principalmente a las multinacionales, algo que casa mal con los «buenos deseos del Tío Sam».

Sigue en marcha la negociación del Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP en sus siglas inglesas) entre EEUU y la UE, que pretende, también, eliminar las barreras a la libre acción del capital.

La oposición popular al TTIP ha logrado una relativa dulcificación de sus cláusulas, pero este tratado (una de cuyas mayores amenazas es la inclusión de un tribunal de arbitraje internacional, ISDS, que concederá a las corporaciones transnacionales el poder de demandar por daños y perjuicios al país donde llevan a cabo su negocio, por decisiones de política pública que el país haya adoptado) pretende ser un acuerdo vinculante para eliminar los obstáculos reglamentarios al comercio y garantizar una apertura recíproca para los mercados de EEUU y la UE, algo que tampoco es compatible con las loas a los derechos sociales y laborales que, según sus negociadores, estarán garantizados.

De hecho, gran parte de su articulado es secreto y, aunque aseguran que todos los miembros del Parlamento Europeo tendrán acceso a la “documentación confidencial” que acompaña el Tratado, lo cierto es que subsisten las restricciones de acceso a los documentos de las negociaciones, lo que vulnera incluso el fallo del propio Tribunal de Justicia del 3 de julio de 2014.

La tendencia al agrupamiento y la liberalización es tan fuerte que incluso China ha llegado a ofrecer a la UE la suscripción de un tratado de libre comercio chino-europeo, para mejorar la situación de las relaciones recíprocas y aumentar el comercio entre ambas potencias.

Sobre la militarización de la política imperialista

El imperialismo ha recurrido siempre a la agresión para hacerse con nuevos mercados; ahora se prepara para la guerra también en sus “zonas de seguridad”: crecen los conflictos en zonas “sensibles” por su cercanía a los países imperialistas; aumentan los atentados y, al calor de la alarma que generan, los estados aprovechan para aumentar sus presupuestos militares y recortar las libertades democráticas; las potencias imperialistas se desprenden paulatinamente de sus “complejos pacifistas” y recurren a la retórica militar, amenazadora.

El derribo de un bombardero ruso por el ejército turco es un paso más en esta escalada de la tensión entre las potencias capitalistas y sus gendarmes; las sanciones y amenazas de Putin como respuesta, etc. son situaciones que hace unos meses eran inimaginables y que hoy son moneda corriente.

Las armadas de Rusia y de China realizaron en primavera sus primeras maniobras conjuntas en el Mediterráneo oriental; la OTAN respondía con la celebración en otoño de las más importantes maniobras militares de su historia (que, además, en su mayor parte tuvieron lugar en territorio español), como entrada en acción de la fuerza de respuesta rápida, creada expresamente para la intervención de la alianza militar imperialista en escenarios remotos en menos de 48 horas, para hacer frente a crisis en las que estén en juego los intereses del bloque imperialista. La Unión Europea tiene en estudio la creación de un cuerpo policial conjunto encargado del control de las fronteras comunitarias, con capacidad para intervenir incluso contra la opinión del país de la Unión afectado.

Utilizando los atentados del 13 de noviembre como coartada, el gobierno francés decidía incrementar su presupuesto militar; lo mismo han hecho el gobierno británico y el japonés (este último levantado una notable polvareda política y reavivando el miedo al militarismo nipón); el gobierno griego, a pesar de la oleada de recortes que la Unión Europea ha impuesto en sus presupuestos, no ha tocado el gasto militar, cuando es el tercero en importancia de la OTAN en relación a su PIB[6]. China acaba de aprobar su primera Ley Antiterrorista, que prevé el envío de misiones militares antiterroristas al extranjero… La lista de pasos que las potencias imperialistas han dado en la militarización de su política sería demasiado prolija.

El imperialismo se prepara activamente para la guerra. Se abre una nueva fase en la situación internacional caracterizada, insistimos, por la fluidez en las relaciones entre países, unida a la tendencia a la confluencia regional para enfrentar el reparto de mercados, los cambios bruscos y muchas veces “inesperados” de las alianzas entre países, la profundización de la crisis y sus consecuencias sociales y el incremento del militarismo.

Si algo define este nuevo escenario, es el hecho de que las contradicciones de clase se van a exacerbar por la profundización de la crisis, la agresividad del imperialismo y el fracaso general de las denominadas “terceras vías” que pretendían hacer frente a las consecuencias del modo de producción capitalista en términos económicos y sociales, sin plantearse la superación revolucionaria de aquel. El hecho de que vivamos en Europa un cierto “repunte” del populismo (que, por otra parte, no es un fenómeno nuevo: recordemos el papel de los Verdes en Alemania o del Partido Radical en Italia) no cambia esta evidencia.

Es, en este contexto, una buena noticia para los comunistas el refuerzo de la CIPOML, de la que ya forman parte 23 partidos y organizaciones de todo el mundo, con los que compartimos los principios revolucionarios leninistas y que, en algunos casos, lideran importantes luchas en sus países respectivos. Nuestro Partido va a seguir comprometido en el desarrollo político y organizativo de la Conferencia y en la elaboración y aplicación de sus propuestas políticas, porque el avance de los destacamentos marxista-leninistas y su coordinación efectiva son una gran ayuda para reforzar el campo de la revolución y consolidar la organización comunista en cada país.

En resumen, hemos vivido un año de profundos cambios en la situación internacional y no cabe esperar que estos cambios se atemperen, más bien cabe esperar su agudización. La presión contra las clases trabajadoras, los recortes, la guerra seguirán formando parte de la realidad que llega con toda su dureza al centro de las potencias imperialistas.

 

SITUACIÓN INTERNA

Frente a estos cambios únicamente cabe responder con claridad en el análisis; unidad en el campo popular sobre la base de acuerdos mínimos, que en España deben incluir necesariamente el conformar una alternativa de ruptura y superación del régimen monárquico que permita erosionar la hegemonía del bloque oligárquico dominante; firmeza para aplicar nuestra política en un panorama todavía muy confuso en términos políticos; y calma para no perder en ningún momento la perspectiva general.

En el ámbito nacional hemos vivido también un tiempo de cambios. Hagamos un breve repaso de lo acontecido. La irrupción de PODEMOS en el panorama político, en mayo de 2014, supuso una auténtica convulsión: la obtención de cinco eurodiputados en las elecciones al Parlamento Europeo de ese año abrió un periodo que ha alterado completamente el campo popular y la correlación de fuerzas en él. Fue un tiempo de confusión, en el que parecía imparable el ascenso del grupo que en noviembre de ese año celebraría su Asamblea nacional. Entonces, su líder Pablo Iglesias Turrión afirmaba, eufórico, que su objetivo era ganar las elecciones que cerraban el ciclo en diciembre de este año. Las encuestas daban vencedor a PODEMOS, por delante de todos los demás partidos.

Izquierda Unida, de cuyo seno habían salido la dirección del grupo y gran parte de sus cuadros, sufría una dura crisis que aún hoy no ha cesado[7]. Su dirección se adhería a la moda de las primarias, que en Madrid ganaban dos candidatos que en su asamblea general de finales de 2012 no habían obtenido la mayoría y que, desde el primer momento, trabajaron por la confluencia con PODEMOS (Tania Sánchez, elegida en esas primarias como cabeza de lista para las Autonómicas, ha terminado presentándose en las listas de las Generales por esa fuerza).

El que fuera elegido como candidato, Alberto Garzón, y alguno de sus principales dirigentes, no ocultaban tampoco su simpatía por la nueva formación, a la que dirigían continuos llamamientos para la «confluencia». Pablo Iglesias y su equipo, por su parte, insistían en que únicamente era posible la unidad en torno a sus siglas, que solo participarían en las elecciones municipales previstas para mayo de este año agrupados con otras fuerzas en determinadas ciudades, y que reservarían su “marca” para presentar listas en las Autonómicas allí donde pudieran obtener buenos resultados que no alteraran sus planes de ganar las Generales de finales de 2015.

Las encuestas permitían esta actitud soberbia por cuanto, como decimos, auguraban (en noviembre de 2014) el primer puesto para PODEMOS, con el 27,7% de los votos, si las elecciones se celebrasen entonces, frente al 26,2% del PSOE, el 20,7% del PP y un índice de abstención muy grande (encuestas publicadas en algunos diarios, este mismo verano, planteaban la posibilidad de que la abstención superase el 55% entre los jóvenes menores de 25 años).

Para facilitar el camino hacia el triunfo electoral en las Generales, los dirigentes de PODEMOS se prodigaban en todo tipo de tertulias televisivas, moderaban poco a poco su programa, aparcaban los temas más importantes (defensa de la República, compromiso con la ruptura con el régimen, etc.) y dosificaban algunos golpes de efecto que pudieran servir de “guiño” a las “fuerzas vivas”, como la garantía de respeto a los principios del régimen: la elección –designación sería mejor decir–, como candidato por la circunscripción de Zaragoza, de José Julio Rodríguez, quien fuera Jefe del Alto Estado Mayor del Ejército y presidente del proyecto de reabastecimiento en vuelo de la OTAN durante el mandato de Zapatero, fue uno de los últimos gestos y uno de los que mayor polvareda levantaron, por razones obvias; en otra ocasión, Pablo Iglesias Turrión regaló un ejemplar del libro Juego de tronos a Felipe VI).

La mayoría de sus propuestas se centraban en la regeneración democrática, la lucha contra la corrupción política y proyectos económicos de corte keynesiano que paulatinamente fueron edulcorando. Pero siempre dejaron claro que su proyecto no era romper con el régimen monárquico (cuando la abdicación de Juan Carlos de Borbón y su sucesión, resuelta en ocho días, su posición fue más que ambigua, negándose a participar en las manifestaciones populares contra la farsa en marcha, y criticando incluso a quienes las promovíamos porque «usurpábamos» el sentir de la “ciudadanía”), sino remozar la Constitución del 78, pero respetando el statu quo político. Así, por ejemplo, en una entrevista con la periodista Ana Pastor en noviembre de 2014, Pablo Iglesias afirmaba que no es posible acabar con el capitalismo y que su aspiración es tener «una sociedad con mercado» donde se suban los salarios para que haya consumo.

En palabras del antropólogo Manuel Delgado, «el ciudadanismo se concreta en un conjunto de movimientos de reforma ética del capitalismo, que aspiran a aliviar sus efectos mediante una agudización de los valores democráticos abstractos y un aumento en las competencias estatales que la hagan posible, entendiendo de algún modo que la explotación, la exclusión y el abuso no son factores estructurantes, sino meros accidentes o contingencias de un sistema de dominación al que se cree posible mejorar moralmente. El ciudadanismo no impugna el capitalismo, sino sus “excesos” y su carencia de escrúpulos»[8].

Por otra parte, a pesar de que siempre han alardeado de la participación, como eje de su modelo orgánico y seña de identidad de su modelo democrático, lo cierto es que, desde un principio, el mensaje de PODEMOS ha estado centrado en la imagen de un puñado de líderes.

El editorial de El País del “día de reflexión” (el 19 de diciembre) decía: «Ha terminado una campaña que se anunciaba apasionante […] y en la que […] desde el principio predominaron los planteamientos poco arriesgados, impropios de fuerzas que aspiran a ganar unas elecciones generales […]. Otros temas serios –el conflicto planteado por el independentismo catalán, la reforma constitucional, el papel de España en el mundo, el futuro de las pensiones– han emergido de forma desproporcionadamente discreta respecto a la trascendencia que se les daba previamente […] el elemento clave para entender estos planteamientos es la consolidación de un personalismo muy fuerte en los partidos […] en esta campaña, todo ha girado en torno a cuatro personas».

Nuestro Partido desde un principio estableció la caracterización de PODEMOS como una fuerza de la pequeña burguesía, hostil a la organización de clase, de propuesta programática limitada a un conjunto de medidas reformistas de imposible aplicación sin atajar el problema de fondo: la necesidad de unir a la izquierda sobre unas bases de ruptura con el régimen heredado del franquismo, para superarlo con una República Popular y Federativa. Afirmábamos también que la virulencia de PODEMOS contra la organización de clase, su indefinición ideológica, sustituyendo los objetivos de clase por referencias ambiguas a «los de arriba y los de abajo», «la casta», etc. (de forma similar, Carrillo afirmaba en 1977: «no queremos la dictadura de la derecha, ni de la izquierda»), iban a terminar provocando, si no se le plantaba cara con determinación, la dispersión y la confusión en el campo de la izquierda, el debilitamiento de la movilización, el refuerzo del bloque del poder (que el “ciudadanismo” identifica únicamente con el bipartidismo, pero que alcanza fundamentalmente a la oligarquía económica que es quien, en definitiva, controla los resortes del poder político), y finalmente evitaría la más que merecida derrota electoral del PP tras cuatro años de brutal política contra las clases trabajadoras.

El tiempo ha ido dándonos la razón. Las elecciones andaluzas celebradas el 22 de marzo de 2015 (un día antes del primer aniversario de la Marcha de mareas, que significó el punto culminante de la movilización generalizada que ha presidido el mandato de Rajoy, y todo un símbolo) fueron la primera ocasión en la que el “sueño ciudadanista” se desvanecía.

Con la misma ambigüedad, amparado en idéntico oportunismo, el régimen daba aire a una versión derechista y reaccionaria de PODEMOS, Ciudadanos, empujándola como alternativa “razonable” que podría suavizar la cerrazón del PP y acabar con la corrupción enseñoreada en este partido y en el sistema en su conjunto.

La apuesta fue fuerte y aventurada, pero dio resultado. El PSOE, en la persona de una de sus baronesas más derechistas, Susana Díaz, conservaba la mayoría (a pesar de la pérdida de votos), PODEMOS quedaba relegada a la tercera posición y Ciudadanos se estrenaba como fuerza “responsable”, garantizando con su voto la presidencia del PSOE (luego haría lo mismo con el PP en Madrid).

Las elecciones catalanas confirmaron esa tendencia: PODEMOS no era la fuerza imparable que auguraban las encuestas y obtenía un pobre resultado al no lograr implicar al sector de Ada Colau, entre otras razones.

En el camino, el fenómeno ciudadanista ha reforzado y dado vida a alguna de las facciones más derechistas de Izquierda Unida y a elementos como Joan Ribó, Joan Saura o Inés Sabanés, entre otros; ha destrozado organizaciones enteras de IU (Madrid y Galicia, por ejemplo) y provocado una auténtica convulsión en otras (Andalucía, etc.).

Las pasadas elecciones del 20 de diciembre han terminado por confirmar, por desgracia, nuestros pronósticos: el clásico bipartidismo se ha mantenido y es mayoritario (213 escaños), y lejos de hundirsese ha reforzado, al menos momentáneamente, y con él el régimen, con sendas alas a derecha e izquierda igualmente dóciles y aceptables por este: PODEMOS y Ciudadanos.

El PP ha perdido la mayoría absoluta y muchos votos, pero sigue teniendo la mayoría y, mientras completamos este informe, dispone de serias bazas para seguir al frente del futuro gobierno; y la organización dirigida por Pablo Iglesias Turrión, a pesar de su importante número de votos, ha quedado como tercera fuerza, con 69 diputados, muy lejos de los 123 obtenidos por el PP, cabeza del ataque demoledor contra las clases populares de estos últimos cuatro años (además, más de un tercio de sus diputados han sido elegidos en listas conjuntas con fuerzas nacionalistas e IU, que podrían disponer de sendos grupos parlamentarios).

Con todo, ante la falta de verdadera alternativa de ruptura, y ante la posibilidad, luego confirmada, de que el PP pudiera revalidar la mayoría, muchos votantes se han decidido finalmente a apoyar las listas de PSOE y PODEMOS. La ausencia de alternativas lleva al voto “instrumental”, del “mal menor”: pasó en 2011 y, en cierta forma, se ha repetido ahora.

Conviene recordar lo que señalara Lenin sobre el valor de unas elecciones en el sistema burgués: «En nuestro siglo no se puede pasar sin elecciones; no se puede prescindir de las masas, pero en la época de la imprenta y del parlamentarismo no es posible llevar tras de sí a las masas sin un sistema ampliamente ramificado, metódicamente aplicado, sólidamente organizado, de adulación, de mentiras, de trapicheos, de prestidigitación con palabrejas populares y de moda, de promesas a diestro y siniestro de toda clase de reformas y beneficios para los obreros, con tal de que renuncien a la lucha revolucionaria por derribar a la burguesía»[9].

[…] No parece probable que la dispersión del arco parlamentario aboque a una nueva convocatoria electoral: los movimientos internos en el PSOE son continuos; los barones y baronesas (entre ellos la facción andaluza, con un cuarto del total de “señorías” socioliberales) y algunas “viejas glorias” de este partido, sostén de la monarquía desde el inicio de la transición y responsable de muchos de los principales ataques a los intereses de los trabajadores y las clases populares en este periodo, aumentan su presión para conseguir que sus parlamentarios apoyen («por la estabilidad de la patria») al PP.

Tampoco PODEMOS está interesado en otra cosa: si aceptara, como le piden los socioliberales, la renuncia al derecho de autodeterminación del que ha hecho bandera, quebraría su alianza con los sectores nacionalistas que le aportan más del 30% de sus diputados y se vería obligado a aplicar las políticas de recorte que (luego nos referiremos a ello) la Comisión Europea va a exigir al nuevo gobierno. No, es mucho menos comprometido esperar sin interferir el desarrollo natural de los acontecimientos en una situación como la actual, en la que las bases del régimen se han reforzado siquiera temporalmente, radicalizando incluso un tanto su discurso.

Si lo analizamos, es algo parecido (una segunda transición le llama ya mucha gente) a lo que ocurrió en España a la muerte del asesino Franco,cuando la mayoría de las fuerzas de izquierda se implicaron en el consenso para la aprobación de la Constitución monárquica de 1978, que daba carta de naturaleza a la continuidad del franquismo coronado. Entonces fue el PSOE el que se mantuvo en un segundo plano, ejerciendo de “oposición responsable” (cómo olvidar su «OTAN, de entrada no»), y “acogiendo” a los militantes que perdía el PCE, en una sangría que llevó al 80% de ellos hasta la «casa común», para erigirse como fuerza renovadora cuando la vieja guardia franquista, agrupada en UCD y Alianza Popular, se debilitó.

Hoy, PODEMOS (ese es el papel que tiene asignado) intentará agrupar la fuerza que pierda el PSOE si, como parece más probable, termina permitiendo con su voto o su abstención un gobierno del PP.

Parece evidente que esa actitud llevaría al PSOE a una actitud testimonial que pagaría, sin duda, en el futuro, pero no sería la primera vez que la socialdemocracia se “sacrifica” en aras de mantener intacto el poder de la oligarquía. Si alguien lo duda, basta mirar al PSI de Bettino Craxi o al PASOK de Papandreu.

Pero la situación no es la misma que entonces: no existe una fuerza hegemónica capaz de controlar el campo popular, como hizo el PCE de Carrillo al inicio de la transición, ni el panorama económico era entonces parecido al de hoy, cuando, como hemos visto, no cabe esperar más que nuevos recortes que generarán un mayor malestar político. Hay, no obstante, factores que debemos considerar y que actúan dificultando la toma de conciencia y politización del proletariado: el primero de ellos, la propia debilidad de los comunistas, pero también la desconfianza (sobre todo de los más jóvenes) hacia la organización, la dispersión laboral, etc.

Vienen tiempos muy duros, en los que necesitamos como el agua reforzarnos, reforzar nuestra coordinación con otros sectores populares; tiempos en los que debemos defender la unidad y la organización de nuestra clase. Y, para encararlos, es preciso librar una guerra sin cuartel contra la ideología burguesa, que niega el papel de la clase trabajadora y sus organizaciones, que reniega de la revolución y crea falsas expectativas sobre la posibilidad de mejorar las condiciones de vida y trabajo en un periodo como el actual, en el que el imperialismo va a utilizar todo su poder para descargar sobre la espalda de los trabajadores las consecuencias de su crisis; en un momento en el que la guerra económica entre las potencias se encona y éstas se preparan para la guerra.

Cualquiera que sea finalmente el Gobierno elegido por el nuevo Parlamento, su margen de maniobra es sumamente limitado: el papel secundario de la oligarquía española en el campo imperialista, junto al hecho de que, como hemos señalado más arriba, una de las áreas donde va a golpear la crisis económica con más contundencia es Latinoamérica, donde la oligarquía española ha centrado una parte determinante de sus inversiones, no auguran una mejora en el proceso de crisis económica y degradación social que vive nuestro país[10].

El gobierno Rajoy ha aprovechado el goteo de noticias que hablaban de una cierta recuperación de la actividad económica y del empleo para “sacar pecho” de cara a la cita electoral de diciembre; pero la Comisión Europea avisaba en octubre que las cuentas manejadas por el gobierno para hacer sus Presupuestos Generales del Estado estaban falseadas. La prensa recogía que, según ese organismo, «España incumplirá las metas de déficit fijadas […] con los números en la mano, la desviación se marcha, advertían, a un punto del PIB entre este año y el próximo»,por lo que el próximo gobierno debería acometer recortes por 10.000 millones de euros adicionales. El vicepresidente de la Comisión, Valdis Dombrovskis, daba por hecho que España (léase el Gobierno) no acometería ajustes en 2015 y dejaría la aplicación de los recortes al próximo Ejecutivo.

El diario El País terminaba la información de esta forma: «el PP se despedirá con un déficit público cercano al 5% del PIB; una deuda por encima del 100% del PIB [la deuda privada supera el 175% del PIB]; un desempleo superior al 20% y la sensación de que, según el análisis europeo, queda crisis para rato».

Este aviso se repitió a principio de diciembre. El 7 de este mes, las portadas de los principales diarios insistían en que la Comisión Europea exige «completar la reforma laboral» y más ajustes tras el 20D, advirtiendo al gobierno que saliera elegido que deberá cumplir con el objetivo de déficit marcado para España. Todo apunta, pues, a nuevos y más profundos ataques a los derechos de los trabajadores en los próximos meses.

El propio presidente del Eurogrupo, Dijsselbloem, señalaba en rueda de prensa, coincidiendo con el inicio de la campaña electoral en España: «El gobierno español no adoptará ninguna medida. Esta tarea se dejará al próximo gobierno que, si fuese necesario, tomará las medidas para garantizar que el presupuesto cumpla con las reglas» de la Comisión Europea.

Y, como hemos insistido en otras ocasiones, lloverá sobre mojado. Repasemos algunos datos sobre la situación de las clases populares en España, recogidos del Barómetro social de España:

El valor monetario de las acciones y fondos de inversión se ha incrementado en los últimos cuatro años un 14% (lo que supone un superávit patrimonial de más de 300.000 millones de euros), en tanto que la masa salarial global ha perdido algo más de 40.000 millones de euros con respecto al inicio de la legislatura de Rajoy.

Las rentas derivadas de prestaciones por desempleo son las que más se han reducido estos cuatro años, tanto por el número de perceptores (-10,5%), como por la pérdida de poder adquisitivo de la prestación media (-9,6%). Las personas en paro sin ningún tipo de prestación han pasado del 43% en 2011, al 57% en el primer semestre de 2015, dando lugar a una bolsa de población activa desempleada en riesgo de pobreza extrema y exclusión social de 3 millones de personas (en 2011 eran 800.000).

La estadística de salarios evidencia el desplome del empleo juvenil en las dos últimas legislaturas (la de Zapatero y la de Rajoy): los puestos de trabajo de los menores de 26 años han caído en ese periodo un 42,35%, y su salario medio el 40,8%. La masa salarial de los trabajadores menores de 26 años se ha reducido un 66% las dos últimas legislaturas (839.000 trabajadores menos en este sector de población en el periodo de gobierno de Zapatero, y 336.000 en el de Rajoy).

Según la patronal catalana, los salarios han caído desde el inicio de la crisis un 25%. En términos generales, los asalariados reciben en la actualidad el 61% de la renta nacional total en España (el 65% de media en la UE-15). Datos todos ellos demoledores, que hablan de una situación insoportable para millones de trabajadores y que tiende a empeorar. […]

La contradicción entre reforma y ruptura era ya evidente para la mayoría después de sufrir el brutal mandato del gobierno Rajoy: la movilización se adueñaba de la calle, la politización crecía, etc. Y precisamente por eso, por el riesgo que corría el régimen, en la medida en que sectores cada vez mayores de las masas pasaban a ser conscientes de la imposibilidad de reformas sustanciales sin un vuelco político completo, a partir del momento en el que la movilización y la politización alcanzaron cotas peligrosas para los intereses de la oligarquía, la discusión se centró en cuestiones éticas y formales (corrupción política –no la económica–, transparencia, participación, etc.) que, siendo importantes, desviaban la atención del centro del problema: el régimen como un todo coherente cuya razón de ser es asegurar el dominio de una minoría oligárquica. Si conseguían imponer esa visión, los problemas se individualizaban en tal o cual sinvergüenza y las soluciones se limitaban a reconocer con la boca pequeña los excesos y prometer una regeneración del sistema, sin cambiar nada sustancial.

Hasta ahora lo han conseguido a costa de un enorme esfuerzo de propaganda, pero hoy mucha gente, inicialmente confundida con el fenómeno ciudadanista, comienza a reaccionar y a buscar el reagrupamiento de fuerzas. Muchos activistas de las plataformas constituidas, en momentos de desorientación, sin criterios ni objetivos de clase, hacen frente a la batalla política diaria que se libra en la administración local, con la dificultad añadida de su falta de organización y criterios comunes.

En muchos ayuntamientos importantes, señalaba un dirigente regional de CCOO, hay multiplicidad de interlocutores dentro de una misma organización. En esas condiciones, hacer frente a una batalla como la que viene resulta muy difícil y no es raro ver disensiones en los equipos surgidos de estas plataformas armadas deprisa y corriendo.

Por otra parte, la falta de una perspectiva común de clase que establezca objetivos más allá de la coyuntura inmediata sigue siendo la norma y lleva a situaciones en cierta forma esperpénticas, como las vividas en la última asamblea de diciembre de la CUP catalana, dividida en dos mitades exactas a la hora de decidir si apoya o no la constitución del gobierno de la Generalitat bajo la presidencia de Artur Mas (1515 votos a favor y 1515 en contra), forzando el aplazamiento de la decisión de la que dependía la posible convocatoria de nuevas elecciones en Cataluña, las cuartas en seis años (el acuerdo final se conocía al límite del plazo legal para su convocatoria forzosa).

La situación interna en Izquierda Unida está lejos de despejarse. Aunque es evidente que la antidemocrática ley electoral ha castigado severamente a IU-UP (cada uno de sus dos diputados le ha “costado” más de 450.000 votos, frente a los 70.000 por diputado de PODEMOS o los 50.000 del PP), la coalición ha caído en votos en zonas en las que siempre ha sido fuerte: Andalucía, por ejemplo (Córdoba, Sevilla o Málaga –de donde son tanto el líder de IU, Alberto Garzón, como el secretario general del PCE, J.L. Centella– en particular), lo que prueba que la crisis en esa formación no ha hecho nada más que empezar.

La radicalización de los mensajes del candidato Garzón en la recta final de la campaña, intentando ganar el voto de los sectores de la izquierda, no ha sido suficiente, por tardía y contradictoria con la actitud anterior de rendición frente a PODEMOS, para ganarse el apoyo de muchos de los propios militantes.

La misma noche de las elecciones, el candidato reiteraba su postura de confluir con el ciudadanismo, poniendo como ejemplo Cataluña, Galicia y País Valenciano. Muchos militantes y organizaciones federadas de IU sospechan que la verdadera intención de la dirección federal de la coalición no es otra que diluirse en PODEMOS. De la misma forma, son muchos los militantes del PCE que piensan que esa es también la intención de su dirección.

A partir de ahora, queda organizar la defensa, reavivar la movilización y reagrupar a las fuerzas de la izquierda. Y eso solo se logrará siendo audaces para reforzar las organizaciones permanentes de clase, redoblando la batalla ideológica contra la pequeña burguesía idealista y trabajando con constancia, inteligencia y flexibilidad para acercar a las filas de la revolución a los sectores juveniles hoy en día apartados de la acción política organizada.

Y es que la brutal realidad que vive la juventud española está provocando el surgimiento de muchos grupos y plataformas dispersos, en los que aquella se inicia en la acción política. Debemos trabajar con estos núcleos de jóvenes de forma sistemática y organizada. Y debemos tener en cuenta a qué problemas vamos a hacer frente. El primero, su carácter local: casi cuarenta años de peleas entre facciones y familias, de pragmatismo y reformismo, han generado un importante nivel de rechazo y desconfianza hacia la organización permanente y centralizada. No es de ahora, como decimos, esta situación. Las juventudes de muchas fuerzas comunistas han vivido decenas de convulsiones internas, fragmentándose de tiempo en tiempo en núcleos satélites y trasvasando militantes de una organización a otra en torno a “líderes” locales (uno de los representantes de PODEMOS en los debates televisivos de la campaña electoral, Rafael Mayoral, fue miembro de la máxima dirección de la UJCE, donde era conocido por su carácter sectario y dogmático, en momentos en los que esta organización sufrió incontables fracciones).

Los jóvenes desconfían de la organización, y no les falta razón a la vista de lo ocurrido todos estos años; y, sin embargo, necesitan adquirir la experiencia que puede aportar la vida orgánica, fruto del análisis de anteriores etapas de lucha. […] Otro problema al que nos enfrentamos es el bajísimo nivel de formación de la juventud: con la complicidad de una parte significativa de la izquierda, el sistema ha trabajado sistemática y planificadamente para ocultar las causas de los problemas, olvidar las experiencias de lucha y transformar los instrumentos de análisis –que han permitido a los elementos más conscientes de nuestra clase fijar la táctica en cada momento sin perder la perspectiva y los objetivos globales– en “protocolos” idealistas[11].

La dispersión ha sido otra nota característica de la acción política de la pequeña burguesía. Desengañada del sistema, iba reforzando un complejo sistema de ONG (a las que la propaganda burguesa ensalza como quintaesencia del trabajo altruista, al margen de los intereses políticos y de los gobiernos, cuando lo cierto es que estos han ido cediendo una parte de los sistemas de “protección social” y “solidaridad internacional” del Estado, sustituyendo el papel del sector público por el de la iniciativa privada y la caridad) y “organizaciones sociales” altamente especializadas. Con el tiempo, se ha creado un conglomerado de organizaciones sectoriales que tocan los diversos aspectos de la lucha social y política de forma dispersa, sin una perspectiva general y, menos aún, de clase. Cientos de “activistas” se han especializado en los más diversos temas (ecología, igualdad de género, solidaridad), contribuyendo a anular el papel de las organizaciones políticas, que se han limitado a proponer reformas menores a través de las instituciones.

Sirva como ejemplo la lucha por la igualdad de género, que hoy es uno de los temas en los que parece existir un consenso por encima de las clases y de las ideologías.

A partir de los años sesenta, con las aportaciones del llamado feminismo radical, el marco patriarcal queda definido como sistema de dominación al margen de la explotación capitalista. Así, el problema pasará a ser el hombre, definido primero como opresor y posteriormente como verdugo, hasta llegar a la consideración, por parte de algunos sectores feministas, de las relaciones privadas e íntimas entre los sexos como formas políticas de violación, y a la consecuente división maniquea entre hombres y mujeres, como verdugos y víctimas.

Bajo la opresión patriarcal, caer en la victimización de las mujeres es fácil; pero se olvida que, mostrando a las mujeres constantemente como víctimas, se las está considerando como incapaces, sujetos “tutelables”, tal y como han sido considerados por las sucesivas sociedades clasistas. La tendencia a la criminalización de los hombres y “lo masculino” por el hecho de serlo y la consideración de las mujeres como víctimas van, por otra parte, más allá de los límites del juego democrático burgués, hasta llegar a tipificar una agresión como delito o falta según la realice un hombre o una mujer.

Necesitamos, pues, entrar en el debate y prepararnos para contrastar las posiciones ideológicas con el feminismo pequeñoburgués, que genera dispersión en el campo del proletariado y debilita objetivamente la lucha por la emancipación.

Y es que la promoción de sus ideas lleva implícita la semilla de la desigualdad; pero, como vemos, la burguesía no trata de promover una sociedad más igualitaria, sino de restringir la lucha por la igualdad de la mujer a aquellos aspectos que sean perfectamente compatibles con el sistema capitalista.

Es cierto que la vida de muchas mujeres se ve truncada o deformada por el acoso sexual, la violación o la violencia doméstica a manos de los hombres. Pero, aunque tiene lugar entre individuos, este comportamiento, igual que otras formas de opresión de la mujer, es un problemasocial y no puede ser eliminado hasta que el sistema social que los produce, y hasta cierto nivel anima, sea reemplazado por uno que cree las condiciones materiales para el surgimiento de una cultura imbuida de valores fundamentalmente diferentes. Dicho de otra forma: el sistema capitalista utiliza la construcción social del patriarcado para su beneficio y, por tanto, el patriarcado no es un sistema de dominación separado del Capitalismo.

La liberación de la mujer como sujeto social no puede ser alcanzada dentro del ámbito exclusivo de nuestra vida personal. No es suficiente, por ejemplo, compartir las labores domésticas más equitativamente dentro de la familia, es necesario que la educación de los hijos, la limpieza del hogar, la preparación de comidas, etc., se transformen de responsabilidades individuales a responsabilidades sociales. Pero esto no es posible a menos que se logre una reconstrucción total de la sociedad: el reemplazar la anarquía capitalista por una economía socialista planificada administrada por los mismos productores.

Al igual que la liberación de la mujer está inexorablemente ligada al resultado de la lucha de clases, el destino de una revolución social depende de la participación y del apoyo de las mujeres pobres y de las trabajadoras. Como señaló Karl Marx en una carta del 12 de diciembre de 1868 a Ludwig Kugelmann, «Cualquiera que sepa algo de historia sabe que una gran revolución social es imposible sin el fermento femenino.»

Los revolucionarios tenemos que participar activamente en las luchas sociales para defender y promover la igualdad femenina. También es necesario impulsar el desarrollo de líderes femeninas dentro del movimiento socialista, porque sólo a través de la participación en la lucha para cambiar el mundo las mujeres pueden abrir el camino de su propia emancipación y crear las circunstancias materiales para erradicar el hambre, la explotación, la pobreza y los efectos de miles de años de supremacía masculina.

Pero, también en esta cuestión, el “ciudadanismo” trabaja con la intención de asegurar que no existan espacios desde los que se cuestione lo principal: el propio sistema capitalista, fomentando la perspectiva de la mujer como víctima y la protección desde el punto de vista legal de la mujer, por el hecho de serlo.

Hoy, la oligarquía está empeñada en una política de recortes que no parece tener fin, y la acción institucional está limitada por las directrices obligatorias de la Unión Europea y del Gobierno Central (PSOE y PP pactaron en su momento la única reforma del texto constitucional en 37 años, el artículo 135, para garantizar su férreo control de las instituciones y los presupuestos); y todos los representantes de la burguesía (de derechas o de “izquierdas”) centran la mayor parte de sus propuestas y compromisos políticos en lo que denominan “cuestiones transversales” (que no implican alterar la correlación de clases).

Estos elementos y otros, como la dispersión de la vida laboral de los jóvenes (con niveles de paro superiores al 50% y aún mayores de precariedad), que dificulta la entrada “natural” en el mundo del trabajo y de la organización colectiva de sus intereses de clase, paso previo a la toma de conciencia política, dificultan el trabajo político de los núcleos juveniles.

Sin embargo, tenemos ya una cierta experiencia en él que nos permite afirmar que con calma, sin prisas, teniendo claro que de lo que se trata es de formar dirigentes y militantes en la acción política concreta (y para ello el carácter local de las plataformas puede facilitar la labor), y no sacarlos de ella para especializarlos; y en la medida en que sistematicemos, sin esquemas ni rigidez, la orientación y formación de los jóvenes, los resultados son muy positivos.

Respecto al papel de la Federación Republicanos (RPS) […]: El ciudadanismo hizo su aparición pública en un momento en el que parte de las fuerzas que participaban en la movilización agrupada en las denominadas Marchas por la Dignidad presionaban por desviar la movilización hacia el pantano de la neutralidad política: sectores del PCE como el de Anguita y de algunas organizaciones que luego se incorporarían a PODEMOS (es el caso del SAT y otros) ya venían intentando que las marchas abandonaran sus propuestas generales y se centraran en una consigna confusa e idealista: el «empoderamiento».

Hablaban de «empoderar al pueblo», olvidando la necesidad prioritaria de romper políticamente con el régimen monárquico y superarlo. “Empoderamiento”, claro, de cada una de las expresiones de la movilización, entendidas de modo disperso y sin objetivos comunes. Se trataba de hacer coincidir las luchas en una fecha, contra un enemigo sin carácter de clase (lo que luego denominarían los líderes podemistas como «la casta»), en torno a unas propuestas de reformas que luego se han mostrado irrealizables sin atacar la raíz de los problemas: el carácter de clase de un régimen surgido de la dictadura fascista y cuya característica determinante es el dominio de la oligarquía.

La labor de RPS en esos momentos, impulsando la JER, animando las expresiones más avanzadas del malestar político que expresaban las marchas, fue importante […].

Y es que el papel de RPS en el plano práctico, como propulsor de la coordinación y organización de los elementos del campo popular más conscientes del papel de la ruptura y de la República como precondiciones de un cambio favorable a la mayoría trabajadora, puede ser determinante precisamente en unos momentos como los actuales, en los que mucha gente va a ver en la práctica la incapacidad del proyecto ciudadanista de cambiar nada sustancial, y buscará alguna referencia, por pequeña que sea, que trabaje por el cambio real, por la ruptura […].

Pasada la confusión inicial creada por la irrupción del “ciudadanismo”, es de prever que la continuidad de la política antipopular del gobierno cree las condiciones para un nuevo resurgir de la movilización. La labor del carrillismo ha sido muy destructiva, aislando a los elementos más conscientes y abriendo la ideología revolucionaria a la influencia de todo tipo de corrientes reformistas y burguesas. Hoy, crece una corriente en el campo comunista que empieza a plantearse la necesidad de recuperar la ideología revolucionaria del leninismo. Nuestro partido, que fue el primero en denunciar la traición carrillista y defender y aplicar los principios que permitieron a los comunistas dirigir la lucha por la emancipación en las condiciones más duras, siempre ha demostrado firmeza en sus convicciones ideológicas y flexibilidad para unirse con otras corrientes populares en torno a programas mínimos que permitan avanzar en la defensa de los intereses del proletariado y de las clases populares.

Hoy nos toca también ser audaces para avanzar en la coordinación entre las organizaciones y sectores de la izquierda, insistiendo en la necesidad de un Frente Popular por la ruptura, la República Popular y Federativa, combatiendo con firmeza la dispersión e indefinición de las corrientes burguesas y defendiendo la organización permanente de los intereses de la clase trabajadora. No cabe esperar para poner en práctica esta tarea: muchos militantes de las plataformas levantadas deprisa y corriendo, con objetivos estrictamente electorales, se encuentran ahora sin dirección, peleando en orden disperso en las tareas institucionales, sin orientaciones ni objetivos comunes, agrupados en plataformas en las que afloran las contradicciones.

No debemos olvidar que muchos han votado al PSOE o a PODEMOS por la falta de alternativas de ruptura y el miedo a que el PP obtuviera, como así ha sido finalmente, la mayoría en lugar de la derrota que se merecía; mucha de esa gente está buscando ahora, o lo hará en cuanto constate las limitaciones del “ciudadanismo”, una alternativa. Se trata, pues, de trabajar con audacia y flexibilidad, porque los primeros momentos pueden ser determinantes para evitar la frustración de muchos de sus votantes, decepcionados, pero también influidos, por el ciudadanismo populista.

Pero, si de lo que se trata es de recuperar los objetivos de ruptura con una perspectiva de clase, debemos reconocer como vital el papel de los comunistas. Ello nos plantea, como tarea prioritaria, el reforzar las filas de nuestro Partido y nuestra ligazón estrecha con el movimiento obrero y popular; al tiempo que trabajamos por mejorar su coordinación, establecer acuerdos y orientaciones tácticas y facilitar debates y formación comunes, entre los comunistas organizados y sin organizar.

Para afrontar esa tarea, hemos constituido con otros compañeros la Plataforma de los Comunistas. La iniciativa ha tenido muy buena acogida […] Debemos extender la iniciativa de una forma ordenada, en contacto con sectores de otras organizaciones [] Se trata de ir dando forma a la Plataforma para ayudar a la coordinación entre los comunistas, organizados o no […].

Como indicábamos más arriba, una de las principales tareas centrales a las que debemos prestar especial atención en nuestra política es la de dirigirnos hacia los jóvenes y avanzar en su organización […].

En definitiva, salimos de una etapa en la que hemos vivido el desarrollo acelerado de las contradicciones que venían incubándose desde hace años en la izquierda institucionalizada, estallando inicialmente en una confusión que ha dominado el debate y la acción en el campo de la izquierda a lo largo de año y medio.

Pasamos a una nueva fase compleja por la presencia de nuevos actores políticos cuya característica es la indefinición ideológica y el interclasismo, pero en la que la verdadera cara del reformismo y del revisionismo quedará expuesta crudamente ante las masas.

Una fase en la que los cambios van a ser probablemente muy rápidos, lo que exigirá de cada uno de nosotros una mayor iniciativa y del conjunto de nuestra organización más audacia, para desarrollar nuestra política con independencia y orientar la lucha popular en un sentido de clase.


[1] Hay que decir que ello, cuando China es ya segundo socio comercial de la isla (tras Venezuela) y acaba de abrir la primera ruta aérea Pekín-La Habana (la primera que abre una compañía china a Latinoamérica).

[2]Esto por su parte provocaproblemas en economías como la española (baste decir que las importaciones totales de China cayeron un 13,8% en agosto en tasa interanual) o las latinoamericanas, que ven bajar sus exportaciones al gigante asiático (no en vano China consume el 60% del carbón, el 56% del hierro, el 49% del cobre, el 47% del acero y el 30% del maíz que se produce en todo el mundo), lo que agrava su propios problemas de estancamiento.

[3] El gobierno turco hizo responsable de los atentados al Estado Islámico, pero no ha adoptado medida alguna para detener este terrorismo criminal que se ceba únicamente en las fuerzas de izquierda; por el contrario, el ejército turco ha aumentado la represión en el Kurdistán, poniendo sitio a varias ciudades y bombardeando enclaves civiles.

[4] Recordamos que, en esa fecha, una flota de voluntarios pretendía llevar ayuda humanitaria a la población de Gaza, sometida a bombardeos continuos y una ocupación militar por el ejército sionista, que interceptó los barcos, provocando la muerte de varias decenas de personas.

[5]Sobre los buenos propósitos del cínico Obama, baste señalar que una de las principales razones de la demora en la firma del Acuerdo fue porque EEUU se negaba a levantar la “protección intelectual” que pesa sobre los medicamentos de última generación de las multinacionales yanquis y exigía que se concedieran 12 años de protección para promover la inversión (sic), en tanto Nueva Zelanda y Australia, entre otros países, temían que esta norma elevara el costo de sus sistemas de salud pública.

[6]Este es un breve repaso al ranking de gasto militar, tomado del Bank of America: 1) EEUU (610.000 millones de dólares anuales); 2) China (216.000); 3) Rusia (84.000); 4) Arabia Saudí (81.000); 5) Francia (62.000); 6) Reino Unido (60.000); 7) India (50.000).

[7]En mayo de 2013, un sondeo de la empresa Microscopia para el diario El País auguraba una caída del PP en Madrid, que perdería 18 diputados y la mayoría absoluta, si hubiese elecciones autonómicas en aquel momento; el PSOE-PSM bajaría hasta los treinta diputados e Izquierda Unida, sin embargo, tendría un vertiginoso ascenso, subiendo de los trece diputados hasta los 29 (18,9% de los votos) en la Asamblea autonómica. Dos años después, IU-CM se quedó sin representación en el Parlamento madrileño.

[8]«15M: El peligro ciudadanista», en El cor de les aparences (mayo de 2011).

[9]V.I. Lenin, El imperialismo y la escisión del socialismo (1918).

[10]La Comisión Europea señalaba en su aviso del 7 de diciembre: «La recuperación se fortalece, pero los desequilibrios son significativos [...]. La gran banca española está significativamente expuesta a las turbulencias, especialmente en Latinoamérica».

[11]Como ellos mismos han reconocido, el núcleo de dirección de PODEMOS, en su inmensa mayoría profesores de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, utilizaban las historias medievales de la saga Juego de Tronos para “formar” a sus alumnos.