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Comité Central PCE(m-l), 11 de Noviembre 2023

Situación internacional

            La brutal ofensiva del ejército del estado nazi sionista de Israel contra la franja de Gaza, que está provocando la destrucción deliberada de ese territorio, el asesinato de miles de civiles y el éxodo forzado de cientos de miles de personas para garantizar “espacio vital” a un Estado anómalo creado en 1948 sobre una base étnica y religiosa, ha puesto encima de la mesa que, como venimos señalando desde hace años, la lucha entre las potencias imperialistas se da abiertamente, sin ningún freno. El grado de salvajismo del inhumano cerco nazi sionista de Gaza prueba además que, llegado el momento, los estados capitalistas no conocen leyes internacionales ni criterios de respeto alguno a la vida y la dignidad humanas.

            Oriente Próximo ha sido desde hace décadas uno de los principales focos de tensión por diversas razones “geopolíticas”, entre ellas: la confluencia en ese punto de tres de los continentes donde más intensa es la pelea entre los imperialistas: Europa, Asia y África; porque es allí donde se concentran alguna de las mayores reservas de petróleo y gas del mundo y, por último, porque el propio surgimiento del Estado de Israel supone una anomalía histórica: se trata de un Estado constituido artificialmente sobre bases étnicas y religiosas, en 1948, tres años después del final de la Segunda Guerra Mundial, un conflicto que había movilizado a millones de personas en defensa de pueblo judío, víctima del criminal Holocausto llevado a cabo por el nazi fascismo.

 

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Secretariado del Comité Central del PCE(m-l)

SITUACIÓN INTERNACIONAL

La crisis sigue, y la guerra, también

La confusión dominante en la burguesía, su división entre quienes apuestan por la continuidad de la globalización imperialista y quienes ven en el nacionalismo, el cierre de fronteras y el establecimiento de medidas proteccionistas, una garantía para sus intereses de clase, ha llevado al propio FMI a hablar de la entrada en una “quinta globalización”, a la que llama slowflación, (jugando con el término inglés slow: lento) que, según esta institución imperialista, se caracterizaría por una desaceleración prolongada en el ritmo de reformas y apertura comercial y el debilitamiento del apoyo político al libre comercio en medio de crecientes “tensiones geopolíticas”. Una forma “sutil” de definir una crisis de superproducción imperialista.

Frente a los datos objetivos que hablan de una crisis sin parangón, acompañada de un conflicto por el control de la economía global, los analistas de la burguesía se dividen entre catastrofistas, que predican el fin del planeta, la inminencia de catástrofes económicas, energéticas o naturales, todas inevitables; “profetas” que aventuran poco menos que el fin del planeta y de la especie humana, acogotados por una imparable crisis energética y climática. Y optimistas, que, por encima de las tendencias y los datos objetivos, predicen de continuo el fin cercano de la crisis, viendo en cada cambio coyuntural una mejora definitiva.

 

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12 de Noviembre de 2022 (descargar en pdf)

SITUACIÓN INTERNACIONAL

Desde la invasión de Ucrania por el ejército de Putin, aparentemente hemos entrado en un “bucle” de noticias que se limitan a una sucesión de datos “geopolíticos”, unos en apoyo del imperialismo occidental, otros del ruso y la tesis de un mundo “multipolar” de quienes anhelan que las dos principales potencias imperialistas se repartan las áreas de influencia apoyándose en bloques de aliados satélites. El mundo se queda pequeño para las dos grandes potencias en liza: China y EEUU y el proceso de reparto entre ellas parece de momento ralentizado.

Solo aparentemente, porque en el panorama internacional se están produciendo contínuos cambios, muchos apenas perceptibles, que avanzan hacia un cambio mucho más profundo que busca alterar completamente el statu quo actual asentado tras la II Guerra Mundial, en el que EEUU es el primus inter pares de los estados imperialistas. Ese “orden mundial”, aceptado hasta ahora incluso por sus rivales, China y Rusia, es puesto en cuestión por las nuevas potencias que exigen su parte en el reparto del producto social saqueado al proletariado y a los pueblos. La derecha se escora abiertamente hacia el fascismo y la izquierda con presencia en las instituciones abraza abiertamente a uno u otro campo en liza, renunciando objetivamente al internacionalismo proletario. Desde hace tiempo están trazadas las grandes tendencias de este proceso de las que hemos venido tratando en anteriores informes. Recordemos algunas:

Situación internacional

La sección internacional del informe aprobado por el Pleno del CC del pasado mes de marzo terminaba alertando sobre la acumulación de crisis que amenazan con la inminencia de una “tormenta perfecta” en la economía imperialista, y abrimos este informe constatando que en los seis meses transcurridos desde aquel pleno, esa crisis que se sumaría a la que el imperialismo arrastra desde hace años y se ha agravado con la pandemia, parece cada día más cercana.

Todos los indicadores económicos señalan una situación agónica, hasta el punto de que los principales medios de comunicación se hacen eco de los augurios más sombríos; aunque es verdad que el tono apocalíptico de muchos de ellos, busca a menudo un efecto sedante, bien porque quien los lea llegue a considerar inevitables los males que se aventuran o porque cualquier mejora relativa de las catastróficas previsiones se tome como un bálsamo. En cualquier caso, los datos objetivos apuntan, como decimos, a un recrudecimiento de las tendencias de las que tratamos en nuestro informe anterior hasta un extremo que amenaza la estabilidad del orden económico capitalista y anticipa tormentas políticas que pueden provocar rupturas abiertas en el actual equilibrio entre las potencias imperialistas, y en el interior de cada país.

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Que el sistema capitalista está en crisis y se encamina aceleradamente a un enfrentamiento abierto entre las grandes potencias por el reparto del mundo, no es algo que digamos con insistencia solo nosotros. En la 55ª Cumbre de Seguridad celebrada en Munich, el pasado mes de febrero, la propia anfitriona, frau Merkel, declaraba: “vemos que la arquitectura que apuntala al mundo como lo conocemos es un rompecabezas que se ha roto en pequeños pedazos”. Mucho más claro fue el director de la Conferencia, herr Wolfgang Ischinger: El mundo no solo asiste a una serie de crisis grandes y pequeñas. Hay un problema mayor: la recolocación de las piezas clave del orden internacional. Se ha abierto una nueva era de competición por el poder entre EEUU, China y Rusia, acompañada de un cierto vacío de poder”. El político alemán recurrió a una cita del dirigente comunista Gramsci para explicar la situación: “La crisis consiste en que lo viejo está muriendo y lo nuevo no es capaz de nacer. Lo que resulta en el interregno es una enorme variedad de síntomas mórbidos”.

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«La historia ha dado muchos ejemplos de que la puesta en marcha de un proceso de transformación con objetivos claros libera fuerzas revolucionarias que permiten avanzar mucho más rápidamente. Los trabajadores, cuando son conscientes de su propia fuerza pueden acometer tareas que en momentos de confusión como los actuales parecen inalcanzables.»

Una de las cuestiones determinantes a la hora de sacar conclusiones para nuestro trabajo tanto en lo que se refiere a la situación internacional como a la interna, es que asistimos a una lucha encarnizada entre las distintas facciones de la burguesía sobre cómo enfrentar la profundísima crisis imperialista sin tocar los fundamentos del capitalismo.

En el ámbito económico ya hace decenios que se cumplía la previsión expuesta magistralmente en su día por Carlos Marx y desarrollada posteriormente por Lenin de la creación de un mercado mundial.

Partiendo de estos análisis, nuestro Comité Central considera más urgente si cabe que los comunistas nos vinculemos a nuestra clase y sus reivindicaciones concretas en barrios, centros de estudio y trabajo, utilizando todos los instrumentos precisos para ello y apoyándose en las organizaciones permanentes del proletariado y las clases populares, para agrupar a los sectores obreros hoy dispersos y sin organizar. Con ese objetivo, el PCE (m-l) va a centrar sus esfuerzos en precisar con mayor detenimiento un programa táctico concreto que oriente la intervención política de nuestros militantes, mientras desarrollamos la formación ideológica de los camaradas, y particularmente de los jóvenes que están incorporándose a la organización. En este sentido, nuestro Partido pondrá especial dedicación al reforzamiento de la JCE (m-l).

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El ritmo de los acontecimientos políticos se acelera constantemente. Baste decir que celebramos nuestro último pleno en las fechas en que se conocía el resultado del referéndum británico que aprobó la salida de la UE y cuando, en el terreno interno, todas las encuestas daban como seguro el sorpasso de Unidos Podemos sobre el PSOE y la posibilidad, por lo tanto de un gobierno de “progreso” que acabara con el de Rajoy.

En estos seis meses se han sucedido las sorpresas: el no en el referéndum que debía sancionar el acuerdo entre las FARC y el Gobierno Colombiano, el golpe de Estado en Turquía, la victoria de Trump en las elecciones yanquis del 8 de noviembre y la derrota de Matteo Renzi en el reciente referéndum en Italia, son otros tantos resultados contra pronóstico, cuyas consecuencias aún no podemos prever del todo, pero que apuntan a la entrada en una nueva fase.

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«Uno de los problemas fundamentales que afronta el movimiento popular y también, por supuesto, los comunistas, es la insuficiencia de tejido social en los barrios, centros de estudio, etc. En los barrios funcionan, sí, plataformas coyunturales para enfrentar los problemas que surgen. Pero no hay organizaciones permanentes que permitan agrupar a los sectores que luchan, estructurar la información, el debate, la solidaridad y la participación de la gente, educar y formar cuadros, etc. Hoy, excepción hecha de las principales centrales sindicales (y con problemas) y alguna asociación local, la participación política de las masas no se articula de manera permanente en organizaciones de base. Esa es la gran victoria del socioliberalismo».

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«El Pleno analiza que entramos en unos meses decisivos en todos los terrenos, en los que la situación política aboca a una confrontación de clase abierta. Después de dos años de hegemonía de la ideología pequeñoburguesa en el campo popular, de presión del ciudadanismo, comienza a verse claro que la organización de los comunistas es esencial para dirigir la lucha política del proletariado y de las masas populares. Se trata de preparar al Partido, en fin, para estar a la altura de las necesidades: de conseguir un Partido más fuerte, más joven, más audaz.»

El Comité Central del PCE (m-l) ha celebrado su última reunión en unos momentos de gran incertidumbre política, en los que la repetición de las elecciones generales prueba la crisis que aún vive el régimen monárquico, claramente deslegitimado, mientras que a escala internacional asistimos a las tendencias propias de un capitalismo en crisis que profundiza las contradicciones interimperialistas.

Informe del Secretariado al Pleno ampliado del Comité Central celebrado el 9 y 10 de enero de 2016

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«Hoy, crece una corriente en el campo comunista que empieza a plantearse la necesidad de recuperar la ideología revolucionaria del leninismo. Nuestro partido, que fue el primero en denunciar la traición carrillista y defender y aplicar los principios que permitieron a los comunistas dirigir la lucha por la emancipación en las condiciones más duras, siempre ha demostrado firmeza en sus convicciones ideológicas y flexibilidad para unirse con otras corrientes populares en torno a programas mínimos que permitan avanzar en la defensa de los intereses del proletariado y de las clases populares.

Informe del Secretariado al Pleno ampliado del Comité Central celebrado el 13 y 14 de junio de 2015

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«Consideramos, de hecho, que la crisis capitalista está desnudando a los ojos del proletariado la esencia del problema, la contradicción principal y antagónica en el modo de producción capitalista entre el estancamiento de las fuerzas productivas y el carácter de las relaciones de producción, de modo que el hecho de que la contradicción, larvada hasta ahora, entre el oportunismo burgués y la aristocracia obrera que dominaban la dirección política del campo popular se haya desarrollado hasta el extremo de llevar a la burguesía directamente a las instituciones, va a servir, también, de rica experiencia al proletariado, al demostrar palpablemente que ninguna de estas corrientes oportunistas, hasta ahora dominantes en el campo de los comunistas, tiene la más mínima intención de avanzar hacia la destrucción del capitalismo. La confusión que vivimos puede servir, en definitiva, para acelerar la batalla ideológica que nos permita avanzar hacia aquel objetivo de unidad entre los comunistas.»

En nuestro informe sobre la crisis capitalista, publicado en noviembre de 2008, ya advertíamos sobre su carácter, incardinada en un proceso general de descomposición del capitalismo que enfrenta de modo cada vez más implacable las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Es esa contradicción entre el carácter social de la producción capitalista y privado de la apropiación del producto social, el motor último de las crisis que aquejan periódicamente a las economías capitalistas. Esta, sin embargo tiene características que la convierten en la más profunda y generalizada desde el crac de 1929. [Descargar PDF]