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Hace cinco años celebrábamos nuestro VIII Congreso. Entonces, el panorama internacional era bien distinto del actual: la crisis iniciada en 2008 parecía superada; en la primera gran potencia imperialista, Obama seguía siendo el presidente y pocos esperaban que su sucesor, Trump, fuera a empezar la guerra comercial que enfrenta desde hace meses a EEUU y China; apenas se atisbaban los problemas que hoy afectan al bloque europeo: el Brexit era una mera hipótesis lejana, lo mismo que la crisis en el corazón de la Europa capitalista: Alemania, Italia, Francia….

Los movimientos ciudadanistas, en sus distintas versiones igualmente reformistas, estaban en plena pujanza. Todavía hablaban de “revolución bolivariana” en América Latina y hacían su aparición con fuerza en Europa: en las elecciones de 2015, Syriza llegaba al Gobierno en Grecia; un año antes, en España, Podemos obtenía cinco eurodiputados en el Parlamento Europeo y se disponía a fagocitar a IU, imponiendo su hegemonía en el campo popular. Eran los días en los que los líderes de Podemos, con la soberbia que les caracteriza, hablaban de «tomar los cielos por asalto» y definían su opción como interclasista y “antipolítica”.

Esto señalaba uno de sus dirigentes, M. Monereo, llegado de las filas del revisionismo, como la inmensa mayoría de los cuadros de Podemos: <<…Vayamos por partes: el eje izquierda y derecha no define, desde hace muchos años, propuestas políticas diferenciadas y alternativas. La dicotomía arriba y abajo era más radical y más de “izquierdas”… Hegemonía y antagonismo van de la mano>> Y así lo expresaba, aún más claramente, el primer inter pares de sus líderes, P. I. Turrión, poco antes del encuentro Vista Alegre I: <<… El comunismo es algo que se entiende… entre la revolución bolchevique y la caída del muro de Berlín. El deber del Gobierno debe ser redistribuir. Ese espacio socialdemócrata lo hemos ocupado nosotros. Pero ideológicamente nos sentimos en un espacio más amplio>> (Los subrayados son nuestros).

Se abría paso aparentemente una ¿nueva? forma de ver la lucha política, determinada por el buen hacer de líderes filántropos cuyo único interés al acceder a las instituciones burguesas era mejorar la redistribución, no cambiar el sistema. Que ajustada resulta la apreciación que en su día hizo Marx de tesis parecidas: “...Todos ellos quieren la competencia sin sus funestos efectos. Todos quieren lo imposible: las condiciones burguesas de vida, sin las consecuencias necesarias de estas condiciones. Ninguno de ellos comprende que la forma burguesa de producción es una forma histórica y transitoria, como lo era la feudal. Este error proviene de que, para ellos, el hombre burgués es la única base posible de toda sociedad, de que no pueden imaginarse un estado social en que el hombre haya dejado de ser burgués... A la plebe solo le queda la tarea de poner en práctica las revelaciones de los hombres de ciencia... (C. Marx, Carta a Annenkov).

El momento de confusión afectó al movimiento popular en su conjunto. También a nuestro Partido. Varias organizaciones y cuadros, entre ellos los dirigentes de la juventud, abrazaron las tesis oportunistas, complotaron para hacerse con el control de RPS utilizando medios abiertamente antidemocráticos e intentaron provocar una fracción en el Partido. Nuestro III (VIII) Congreso, celebrado en ese momento de efervescencia del ciudadanismo y retroceso general de las organizaciones de clase, sirvió para atajar las veleidades de los complotadores, reforzar la unidad del Partido y comenzar la lucha contra la confusión dominante.

En estos cinco años, con particular virulencia a partir de 2.017, los cambios en todos los órdenes, tanto en el plano nacional como en el internacional, se han sucedido a una velocidad de vértigo, probando la certeza del viejo aforismo que afirma que hay días que valen por años. De todo ello venimos tratando en los informes aprobados por los plenarios de nuestro CC.

Demos un rápido repaso por alguno de los principales cambios intervenidos:

En 2017, el déficit comercial de EEUU (la diferencia entre lo que importa y exporta ese país) alcanzaba los 452.000 millones de euros (el máximo desde 2008) y de esta astronómica cantidad, la mayor parte (375.200 millones de euros) lo mantenía con China.

Para reducirlo, en marzo de 2018, el presidente yanqui, Trump, iniciaba una guerra comercial al imponer unilateralmente un arancel del 25% a las importaciones de acero y un 10% a las de aluminio de aquel país. China respondía imponiendo a su vez aranceles a sus importaciones de productos yanquis, especialmente agrícolas y materias primas provenientes de las zonas más favorables al presidente yanqui. Y el portavoz de su Ministerio de AA.EE., advertía: “ningún intento de poner a China de rodillas a través de amenazas e intimidación ha tenido nunca éxito y tampoco lo tendrá en esta ocasión”.

Desde ese momento, se han sucedido los intentos de “diálogo” entre ambas potencias imperialistas (junio y diciembre de 2018, finales de junio de este año, etc.) y los giros dialécticos hacia una mayor concordia entre ellas; pero las buenas palabras no duraban mucho y daban paso al cabo de pocos días a nuevas medidas, cada vez más agresivas.

En diciembre pasado, por ejemplo, al tiempo que ambos gobiernos anunciaban un acuerdo para poner fin a la guerra comercial tras la reunión del G20 en Buenos Aires, Canadá detenía, por orden de EEUU, a Meng Wanzhou, hija del dueño de la compañía Huawei y vicepresidenta de esta multinacional informática china, provocando un grave conflicto diplomático.. Desde entonces y paso a paso, cada declaración de paz, iba seguida de nuevas medidas de represalia.

¿Por qué la guerra comercial entre China y EEUU? ¿Por qué ahora que el imperialismo encara una nueva crisis sin acabar de salir de la anterior?

Una vez abandonados histéricos experimentos de la llamada “banda de los cuatro” como la “revolución cultural”, el régimen chino ha venido aplicando sin complejos una política de Capitalismo de Estado que, controlada por el partido único dominante en el país asiático, ha garantizado un acelerado proceso de acumulación capitalista, hasta llegar a ocupar en apenas tres décadas un puesto dominante en la economía imperialista, que pone en cuestión la hegemonía de la potencia yanqui.

Es cierto que el PIB per cápita de China es casi la séptima parte del de EEUU (en 2018, 53.000 y 8.000 euros respectivamente) y está todavía por detrás de Rusia y casi al mismo nivel que Méjico; pero en lo tocante al poderío económico, la brecha entre China y EEUU se ha estrechado mucho: en 2.000, EEUU aportaba el 31% global y China el 4%; hoy, esa proporción es respectivamente del 24% y el 15%.

La penetración de capital chino en Latinoamérica, amparada por el movimiento bolivariano, ha sido espectacular a lo largo de los últimos años, aunque, en estos momentos, está en marcha el contrataque impulsado por el imperialismo yanqui. China se ha transformado en un socio comercial clave en el subcontinente latinoamericano según los documentos presentados en el segundo foro de la CELAC. En 2.017 el intercambio comercial de China con AL llegó, según datos de la CEPAL a 266.000 millones de dólares y las inversiones directas chinas a 115.000 millones.

Otro tanto cabe decir de África, inmenso continente lleno de materias primas necesarias para la producción capitalista y que, tras el proceso de descolonización, es el escenario de continuos golpes militares fomentados por oligarquías locales que, al amparo de una u otra superpotencia, se disputan el control de Estados con una estructura aún débil. En África, ya lo hemos dicho otras veces, está por jugarse una de las partidas más importantes en la guerra económica entre las potencias. Falto de infraestructuras y empresas, su inmenso territorio puede convertirse a corto plazo en un nuevo frente de batalla entre las grandes potencias.

Desde que, a principios de los noventa, Deng Xiaoping asegurara que enriquecerse es glorioso, el Estado y el tejido empresarial del gigante oriental se han empeñado en cumplir la máxima del sucesor de Mao. El país ha expandido su interés económico por todo el planeta, con especial predilección por aquellos territorios ricos en recursos naturales. Y en recursos naturales África es un auténtico paraíso.

En menos de dos décadas, el comercio entre China y África se ha multiplicado por 17 hasta alcanzar el año pasado los 170.000 millones de dólares (146.500 millones de euros). Hace un año, Xi Jinping, anunció un ambicioso paquete de inversión para el continente. China desembolsará durante los próximos tres años en África 60.000 millones de dólares (cerca de 52.000 millones de euros), en forma de préstamos sin intereses. No es de extrañar, pues, que en la última década China haya superado a Estados Unidos como principal socio comercial de África. Es evidente que el ‘plan Marshall’ que ha lanzado Xi Jinping para el continente africano aumentará el poder de Pekín y dotará a su política exterior de mecanismos para acrecentar su influencia militar y geopolítica.

África es un continente prácticamente virgen para la inversión del capital imperialista, baste decir que, según indica Carlos Lopes, economista representante de la Unión Africana para las negociaciones con Europa, sólo un 1% de las tierras africanas están registradas en los catastros y únicamente el 60% de los africanos dispone de documento de identidad. El País, 15 agosto 2019

“La inversión de China en África no viene con condiciones políticas”, declaró Jinping ante sus socios africanos. “No interferiremos en la política interna de los países ni exigiremos demandas que la gente piense que son difíciles de cumplir”. Podría parecer un gigantesco ejercicio de internacionalismo proletario, pero, debemos tener en cuenta que el 90% de las más de 10.000 empresas chinas en África son de propiedad privada, solo el 47% de los proveedores de las empresas chinas es africano, y, por último, las empresas chinas han sido reiteradamente acusadas de operar con condiciones laborales infrahumanas.

En efecto, se trata simplemente de acuerdos comerciales, como demuestra la experiencia de Sri Lanka, que cedió su puerto de Hambantota durante 99 años a una empresa china al no poder devolver el préstamo que financió su construcción. Los países africanos acumulan ya una deuda de 100.000 millones de dólares.

En marzo de 2018 se firmó el Acuerdo de Libre Comercio Continental Africano (AfCFTA) que agrupa a 54 de los 55 Estados miembros de la Unión Africana. El tratado, entró en vigor el 30 de mayo pasado tras ratificarlo 23 países. Es el mayor acuerdo comercial desde la creación de la Organización Mundial de Comercio. Su entrada en vigor, al reducir aranceles y costes en frontera, será también fundamental para incrementar los intercambios interafricanos.

Otro de los últimos pasos dados por el gigante asiático en esa dirección de disputar a EEUU su hegemonía en el olimpo imperialista puede servir de ejemplo: la denominada “Nueva Ruta de la Seda” (ONE BELT ONE ROAD):

A partir de su lanzamiento, en 2013, este proyecto que pretende desarrollar infraestructura para el intercambio comercial entre Asia, Europa y África, afecta a más de 60 países (la nómina sigue creciendo), que aportan el 75% de las reservas energéticas conocidas en el mundo, el 70% de la población y cerca del 55% del PIB mundiales. Desde su inicio, China ha invertido en total 80.000 millones de euros  en sucesivos proyectos de esta “ruta”, y sus bancos han prestado entre 175.000 y 265.000 millones de euros.

Así se refería a ella hace unos meses el diario El País: <<Un puerto en Portugal, el de Sines. Una ruta de tren a Madrid. Un gasoducto en Kazajistán. Una urbanización en Malasia. Una exposición artística en Dunhuang, en el oeste de China. Todos son proyectos integrados en la Nueva Ruta de la Seda, la ambiciosa red china de infraestructuras repartida por los cinco continentes que puede costar hasta un billón de dólares. Un plan estratégico de ramificaciones geopolíticas y económicas, criticado por algunos como un instrumento para dominar el mundo y alabado por otros como un plan Marshall del siglo XXI que ayudará a desarrollar regiones olvidadas. Y al que China asigna una importancia vital>>.

En abril pasado, se reunieron en Pekín, sede de la 2ª Cumbre de este proyecto, un total de 37 jefes de Estado y representantes de 150 países. El principal invitado fue el presidente ruso, Vladimir Putin, quien fue definido por Xi Jinping como “mi amigo más cercano”.

Y es que, Rusia y China avanzan hacia una cooperación activa frente a EEUU (aunque, todo hay que decirlo, su amistad no está exenta de contradicciones. Una de ellas, el desequilibrio a favor de Rusia en el comercio entre ambos países). El máximo dirigente chino, Xi Jinping, señalaba a principios de junio pasado: …"En los últimos seis años, nos hemos reunido (él y Putin) casi 30 veces. Rusia es el país que más veces he visitado, y el presidente Putin es mi mejor amigo y colega”. En su último encuentro celebrado en Moscú, donde Xi Jinping encabezaba una delegación de más de 1000 empresarios y funcionarios de alto nivel, ambos dirigentes burgueses suscribieron varios acuerdos comerciales, entre ellos el compromiso de queHuawei desarrollará la tecnología 5G en Rusia.

En los últimos años, China se ha convertido en el principal socio comercial de Rusia. En 2018, el volumen de negocios entre ambos ascendió a los 107.000 millones de dólares, un 27,1% más respecto al año anterior, según datos del Ministerio de Desarrollo Económico de Rusia. Y, de acuerdo con las previsiones, las cifras podrían duplicarse en un futuro cercano. En comparación, el comercio de Estados Unidos con Rusia fue de 27.500 millones de dólares.

Y aunque la inversión directa de China en Rusia está por debajo de la de EE UU o la UE, importantes proyectos han impulsado las relaciones entre Moscú y Pekín en los últimos tiempos. Así, por ejemplo, Pekín ha ido reduciendo significativamente sus importaciones de gas natural licuado de Estados Unidos y espera compensar esta reducción con la entrada de gas ruso, cuando sea operativo el oleoducto Sila Sibiri entre Siberia y China, cuya puesta en marcha estaba programada para el 1 de diciembre, con una capacidad de 38.000 millones de metros cúbicos de gas por año. *(1)

Junto a la treintena de acuerdos comerciales entre China y Rusia, sus líderes trataron sobre los medios de pago distintos al dólar en sus transacciones. De momento las partes han comenzado a trabajar para establecer pasarelas de pago entre sus sistemas nacionales análogos al sistema internacional SWIFT. Se estima que la proporción de pagos en rublos en el comercio con China puede aumentar del 10 % actual al 50 % en los próximos años. *(2)

A esta lucha entre las potencias por cambiar o mantener el modelo de pagos de las transacciones internacionales hoy dominado por el dólar, habría que unir el anuncio por facebook del lanzamiento de una nueva criptomoneda, Libra, que ha vuelto a levantar una gran polémica, aún mayor que la que produjo en su día la aparición del bitcoin. Su lanzamiento que estaba previsto para mediados de 2.020, parece que se retrasa por el miedo de los bancos y de los gobiernos a compartir el control de la emisión y distribución del dinero.

Con todo, la utilización de este tipo de “monedas” e instrumentos de cambio, que favorecen la acumulación de capital especulativo, sigue creciendo. Baste un dato: diez años después de la crisis, de la que el estallido de la burbuja de las subprimes fue el detonante,el 40% de todo el sistema financiero europeo está en manos de la banca a la sombra, según datos del supervisor bancario europeo. El propio FMI señalaba recientemente que cerca del 40% de la inversión internacional de las multinacionales solo busca la elusión fiscal. Todo ello cuando la deuda mundial alcanzará, según el Instituto de Finanzas Internacionales, los 255 billones de dólares para finales de 2019 (231,5 billones de euros), lo que equivale a 32,500 dólares por persona.

El bloque de la Europa capitalista, por su parte, ve agravarse sus problemas: al cierre en falso del Brexit, se une la crisis de Alemania y Francia (no solo económica, sino política), la penetración china, principalmente en la zona oriental a través de la nueva ruta de la seda y el peso creciente de las posiciones proteccionistas y nacionalistas de corrientes filo fascistas.

En estas circunstancias crecen los problemas internos y las dificultades para desarrollar una política común, lo mismo ocurre con los intentos encabezados por Francia de crear un ejército europeo, sin renunciar a su participación en la OTAN. Lo que no evita que el Parlamento europeo diera su apoyo a una norma para el impulso de los fondos privados de pensiones, primer paso para generalizar las políticas de recortes de las pensiones públicas (en Septiembre, los sindicatos franceses respondieron con una potente huelga en el transporte al plan de Macron de incrementar la edad de jubilación y otros recortes)

En una reciente entrevista, el presidente francés declaraba: “…la OTAN se encuentra en un estado de “muerte cerebral y afirmaba que la Unión Europea está “al borde del precipicio" y afronta el riesgo de “desaparecer geopolíticamente”. Estas palabras forzaron a su colega alemana Merkel a manifestar con rotundidad: “El presidente francés ha elegido palabras drásticas. Esa no es mi visión de la cooperación dentro de la OTAN. No creo que sea necesaria una crítica generalizada. Incluso si tenemos problemas, tenemos que actuar juntos. Desde una perspectiva alemana, la OTAN es en nuestro interés”

Como vemos, la fluidez de la situación internacional afecta directamente a las relaciones internas entre las potencias de la Europa del Capital y de la Guerra y a sus relaciones con las otras potencias imperialistas. Lo que no quiere decir, sino todo lo contrario, que el imperialismo europeo no tenga clatro quien es su enemigo, como lo demuestra la reciente declaración del Parlamento de la UE en la que se equipara nazismo y comunismo. Esta monstruosidad que ignora que fue la Unión Soviética, dirigida por el camarada Stalin y apoyada por los comunistas de todo el mundo, la que intentó durante años alcanzar un acuerdo con las grandes potencias europeas para impedir que el nazismo terminara, como así fue, provocando una mortífera guerra, y que fueron el Ejército Rojo y el pueblo soviéticos los que, con el sacrificio de 27 millones de vidas, cargaron con la mayor parte del esfuerzo en la derrota de las tropas nacifascistas, busca preparar el terreno para incrementar la represión contra las organizaciones comunistas, ahora que la crisis del imperialismo agudiza la lucha de clases y acrecienta la urgencia de una orientación de las luchas por venir en un sentido revolucionario.

Para sintetizar la situación internacional, permítasenos recoger las opiniones de un filósofo charlatán de moda en los cenáculos de la burguesía bien pensante, el esloveno Slavoj Zizek,*(3). En un artículo reciente, cuyo título es bien orientativo: Las guerras comerciales son la sustancia de que están hechas las guerras reales” , se desata de esta forma: “… Un ciclo económico está llegando a su fin, un ciclo que comenzó en los albores de los 70… En 1971, el gobierno de EE.UU. respondió con un audaz movimiento estratégico: en lugar de reducir los crecientes déficits de la nación, decidió hacer lo contrario, elevar el déficit. Y, ¿quién lo pagaría?, ¡el resto del mundo!...Estados Unidos pasó a ser el depredador no productivo: en las últimas décadas, tuvo que absorber un ingreso de 1000 millones de dólares diarios procedentes de otras naciones para pagar su propio consumo… Este influjo, que es efectivamente como el diezmo que se le pagaba a Roma en la Antigüedad se sustenta en un complejo mecanismo económico: Estados Unidos goza de la "confianza" de ser el centro seguro y estable, de manera que todos los demás…, invierten el excedente de sus ganancias en los Estados Unidos. Puesto que esa "confianza" es fundamentalmente ideológica y militar, no económica, el único problema que debe resolver Estados Unidos es justificar su papel imperial”.

Y remata: Trump sabe que Estados Unidos se ha beneficiado con la situación que él ahora denuncia como injusta y lo que quiere es continuar obteniendo ventaja en la nueva situación. Por consiguiente, la única salida que les deja a los demás es plantearse la necesidad de unirse en algún punto a fin de socavar el papel central que desempeña Estados Unidos como una potencia global avalada por su poderío militar y financiero. Habría que ser tan despiadado como Trump en esta lucha. La única manera de estabilizar nuestra posición desventajosa es imponiendo colectivamente un nuevo orden mundial que ya no esté comandado por Estados Unidoslos reordenamientos geopolíticos que hoy ya son discernibles pueden fácilmente estallar en guerras reales (al menos locales). Las guerras comerciales son la materia de que están hechas las guerras reales. Nuestra situación global se parece cada vez más a la que se vivía en la Europa de los años previos a la Primera Guerra mundial; lo único que aún no está claro es dónde será nuestro Sarajevo, el sitio exacto donde estallará la guerra: Ucrania, el mar de la China Meridional o…” (los subrayados y negritas son nuestros).

Así pues, paso a paso el imperialismo avanza hacia un “reordenamiento geopolítico”. Las distintas potencias toman posición, revisan sus alianzas, refuerzan su peso y se preparan entre cantos a la paz y a la libertad para un enfrentamiento abierto. En cada país la oligarquía ejerce un control absoluto de las instituciones y poderes del Estado, revisa su legislación, pone en cuestión derechos democráticos, cierra sus fronteras, pretende compaginar la defensa de los intereses económicos de la oligarquía dominante, con la protección frente a los de sus competidoras.

En definitiva, el imperialismo ha exacerbado las contradicciones hasta el extremo. Una ínfima minoría oligárquica impone su dominio en todos los órdenes, sus crisis las pagan la mayoría social y, con particular dureza, el proletariado que afronta una degradación sin precedentes de su situación económica y social.*(4)

La pequeña y media burguesía también sufre en sus intereses la pelea inter imperialista, obligada a una disputa permanente por los recursos frente a una oligarquía que internacionaliza sus inversiones y controla férreamente los principales resortes económicos de la nación, incluidos los servicios públicos. Y esas contradicciones están provocando una constante tensión política.

La agudización de la crisis capitalista hace que los diversos sectores de la burguesía expresen sus intereses políticos de forma cada vez más descarnada. Por un lado, por la derecha crecen las tendencias proteccionistas y filo fascistas que, identificando en la globalización el enemigo, proponen el cierre de las fronteras y una mayor intervención del Estado en el fomento de la economía nacional, todo ello, sin poner en cuestión el propio sistema.

En el campo popular, la descomposición del revisionismo ha llevado al práctico abandono de las posiciones de clase y a la exaltación de las tendencias populistas, que centran los objetivos de lucha en cuestiones identitarias ajenas a la lucha de clases y tampoco ponen en cuestión el sistema.

Y esto ocurre cuando todos los organismos internacionales y analistas alertan sobre la inminencia de otra crisis económica. Llueve sobre mojado. La nueva crisis económica que se espera se da en un momento de bajísimos tipos de interés, dudas sobre el papel del dólar en las transacciones internacionales, exacerbación del capital especulativo que busca refugio en el oro y en la deuda de los Estados que alcanza cotas nunca vistas, y cuando las grandes potencias se enfrentan en una guerra comercial abierta, forzando al resto de estados capitalistas a proteger los intereses de su oligarquía con acuerdos inestables. Todos estos y otros factores auguran que la próxima crisis puede ser aún más demoledora que la precedente de 2008 lo que aceleraría la rápida descomposición del capitalismo forzando la lucha abierta entre las potencias imperialistas.

Y si, en efecto, las guerras comerciales entre imperialistas son las materias de las que están hechas las guerras reales, una pelea cada vez más extensa e intensa entre los grandes bloques imperialistas por el control de la hegemonía mundial en un momento de profunda crisis sin salida de la economía imperialista como el que se acerca, hace que no se puede dar nada por descartado, incluida la posibilidad de un enfrentamiento militar directo entre ellas.

¿Quién puede extrañarse de que un líder imperialista se despache hablando abiertamente de la posibilidad de una guerra como lo ha hecho recientemente Macron,? *(5) ¿Cómo extrañarse de que todas las potencias en liza preparen y refuercen sus arsenales y realicen continuas maniobras militares para enseñar músculo frente a sus rivales?

Rusia, por ejemplo, celebraba en Septiembre del año pasado las mayores maniobras militares de su historia (las maniobras Vostok-2018 incluyeron el despliegue de cerca de 300.000 soldados, más de mil aviones, helicópteros, aparatos volantes no tripulados, hasta 80 buques y 36.000 tanques) con la participación de China. En las de este mismo año, 2019, han participado además de militares chinos e indios, tropas y mandos de cuatro países de Asia Central: Kazajstán, Tayikistán, Kirguistán y Uzbekistán.

Por su parte, la OTAN respondía movilizando el año pasado a 45.000 militares, 150 aeronaves, 60 embarcaciones y 10.000 vehículos terrestres, en sus mayores maniobras militares desde la “guerra fría”, realizadas en Noruega entre el 25 de octubre y el 7 de noviembre *(6). Y este año, desplegando sus tropas y material (como todas con participación del ejército español) en Estonia, Letonia, Lituania y Polonia, en un claro mensaje a Moscú.

Al tiempo crece el gasto militar en todo el mundo y menudean las amenazas y agresiones. El gasto militar mundial creció un 2,6% y superó los 1,8 billones de dólares hasta marcar un máximo histórico desde que existen cifras consideradas fiables (1988). Baste decir que los 29 miembros de la OTAN aumentaron conjuntamente su gasto militar un 7% (56.500 millones de euros) en 2018 respecto al año anterior; y Turquía el 24% *(7).

Un ejemplo de la fluidez de la situación internacional, lo encontramos en el ataque ordenado por Erdogan contra las milicias kurdas en Siria. Turquía ha sido hasta ahora un firme valedor de los intereses del imperialismo yanqui en una zona particularmente convulsa por su situación geográfica limítrofe con Rusia y los países del Oriente Próximo, y socio fundador de la OTAN. El ataque, que al parecer contaba con el visto bueno previo de Putin, ha provocado que el presidente yanqui amenazara en un primer momento a Turquía con fuertes sanciones, aunque finalmente facilitó la ofensiva contra las milicias kurdas aliadas suyas en Siria, retirando su ejército desplegado en la zona.

Las quejas de la UE por el ataque, tuvieron como resultado la amenaza de Erdogan de romper su acuerdo de retener dentro de las fronteras turcas a miles de refugiados sirios que huían de aquel país hacia la UE.

Y es que, en el marco de una tendencia general hacia el enfrentamiento y la guerra, todo está en cuestión entre los capitalistas. No hay alianzas imperecederas. En definitiva, como venimos insistiendo a lo largo del informe y en otros aprobados por anteriores plenos de nuestro CC, las tendencias dominantes tanto en el terreno internacional como en el interno apuntan hacia una agudización de la crisis y una consecuente exacerbación de la lucha de clases.

Por ello, en estas condiciones de constante incremento de las contradicciones, son más que probables estallidos sociales como los que han convulsionado Ecuador y Chile, y golpes militares como el reciente en Bolivia. En Ecuador, el pasado 2 de octubre, L. Moreno, emitía el polémico Decreto 883 que estipulaba la eliminación de los subsidios a los combustibles, lo que condujo a un alza en los precios de la gasolina y del diésel, con el consiguiente aumento de las tarifas del transporte. A ello se sumó la reducción de los salarios y del período vacacional de los empleados públicos de 30 a 15 días, a fin de cumplir exigencias del FMI para recibir un crédito de cuatro mil doscientos millones de dólares.

Tales medidas provocaron paros, bloqueos de carreteras y manifestaciones que se extendieron por todo el país, obligando al Gobierno a trasladarse a Guayaquil a pesar de la represión de las fuerzas del orden, que causaron al menos ocho muertos, unos 1340 heridos y 1192 detenidos. En estas luchas participó activamente el Partido hermano, PCMLE.

Por su parte, en Chile, una de tantas decisiones adoptadas por el gobierno, el aumento de precio del transporte público ha desatado un estallido reprimido a sangre y fuego por el reaccionario Piñera quien declaraba que el país se encontraba en guerra, decretaba el “Estado de excepción” y sacaba el ejército a la calle, que no dudó en disparar a bocajarro contra la gente provocando decenas de muertos.

Las contradicciones que sacuden Chile llevan decenios acumulándose en un país donde tras el criminal golpe de estado de Pinochet auspiciado por EEUU se ha venido aplicando una brutal política ultra liberal. Ahora, la prensa burguesa, va dando a conocer algunos datos que ilustran sobre los problemas que afrontan las “democracias burguesas”. En Chile, por ejemplo, solo vota el 49% de los ciudadanos y las instituciones democráticas como el Gobierno, el Congreso y la “casta política burguesa” tienen una mínima valoración popular.

Hasta ahora, todo parecía reducido a un juego parlamentario entre “progresistas” y “conservadores”, pero ha bastado una chispa para provocar una explosión que al tiempo de escribir estas líneas estamos lejos de saber cómo termina. Transcurrido un mes desde su inicio, las movilizaciones en Chile se radicalizan.

Esto puede ocurrir en cualquier parte, se trata de mejorar los instrumentos organizativos para asegurar una dirección adecuada de la confrontación de clase en aumento hacia objetivos que permitan a los trabajadores prepararse para luchas de mayor envergadura, dirigidas contra el sistema imperialista en su conjunto. De ahí que para los comunistas sea trascendental avanzar hacia la unidad de acción con otros partidos marxista leninistas del mundo, aprender de su trabajo y mejorar el nuestro con las experiencias colectivas de los comunistas de todo el mundo.

Sobre la CIPOML.

La Conferencia de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas, de la que nuestro Partidos es fundador, continúa su avance y ampliación, pese a las muchas dificultades que encontramos.

Conviene tener en cuenta que el actual Movimiento Comunista Internacional, de donde surgió la CIPOML, se ha construido, pese a debilidades y carencias, por organizaciones que tuvimos que luchar contra la degeneración y traición revisionista, que aún perdura, al igual que el maoísmo y otras manifestaciones, como el foquismo, o el mal llamado «socialismo del siglo XXI».

Vale la pena recordar lo que el CoCo escribíamos en la plenaria de 2007:

«El Movimiento Comunista Internacional, con su capacidad de representación, su composición y su estructura actual, no es el partido mundial de la clase obrera, luego no es [aún] una Internacional […]. La perspectiva del Movimiento Internacional, como la de los partidos y organizaciones que lo componen, es la perspectiva de la revolución mundial, que prevé la dominación mundial de la clase obrera. Esto significa una nueva internacional., que represente al menos a los sectores más avanzados de la clase obrera del mundo. La tarea central fundamental de este Movimiento es construir esta Internacional. Como una revolución no es nunca la copia de otra, tal internacional que represente no sólo teórica e ideológicamente, sino también a nivel, organizativo, a la clase obrera mundial, no será en absoluto la repetición de las viejas internacionales. La vía para su construcción y la forma que tomará, dependerá principalmente del proceso de desarrollo socialista masivo del movimiento en los grandes países y de las posibilidades que se abran… [Mas no se puede perder la perspectiva de que] Reunir las fuerzas de la clase obrera sobre una línea común, organizarlas y movilizarlas son palabras vacías sin tener en perspectiva la construcción de la internacional.» («La situación internacional y nuestras tareas”, Julio de 2007

La CIPOML es una fuerza real, continúa su desarrollo organizativo e ideológico, como se pone de manifiesto en cada plenaria. Actualmente la CIPOML agrupa 27 partidos y tres candidatos. Podemos afirmar que los miembros de la CIPOML, en general, estamos cumpliendo con las tareas y objetivos que se fijan en cada plenaria, mas no podemos darnos por satisfechos y dormirnos en los laureles.

Otra cuestión importante que a todos concierne, es la necesidad cada vez más urgente, dada la situación internacional que acentúa los problemas entre potencias, enfrentamientos armados mediante países interpuestos (Siria, Yemen, el Sahel africano etc.), es la creación de frentes populares para poder movilizar a las masas populares, contra la situación creada en los países, con la crisis que ya se perfila, contra la represión y contra las cosas más urgentes como el trabajo, los sueldos, la educación laica, la sanidad etc. ,etc.

En esta y otras plenarias, se ha insistido en la necesidad de combatir toda manifestación de sectarismo, desviaciones derechistas o izquierdistas, lo cual es primordial para avanzar como partido, y también, sobre todo en la cuestión de alianzas, frentes, acuerdos momentáneos, etc. Resumiendo, brevemente: firmeza en los principios y flexibilidad en la táctica . No es fácil, tropezamos con posturas o posiciones que no compartimos, no por eso debemos abandonar la búsqueda de unidad de acción sobre temas concretos sin dejarnos llevar por la rigidez táctica que dificulta e impide en muchos casos cualquier tipo de acuerdo. Firmeza de principios contra viento y marea, y también, necesariamente, flexibilidad táctica para logar acuerdos unitarios ante situaciones concretas.

La plenaria entre otros documentos aprobó la denuncia de la resolución de la Unión Europea de la que hablamos más arriba que establece, mediante falsedades y tergiversaciones vergonzosas, un paralelismo entre fascismo y comunismo. Difundir esa declaración por todos los medios es indispensable.

En 2013, en U y L se precisaba: “Debemos organizar una gran ofensiva sobre lo que significan la izquierda, la revolución social, el socialismo y el comunismo; difundir masivamente las propuestas que tenemos los comunistas en las diferentes realidades, confrontándolo con lo que el capitalismo y sus representantes han dado a los trabajadores, especialmente hoy que trata de anular un siglo de conquistas sociales y democráticas”.

Situación interna.

Hoy, la lucha política en España se da principalmente entre los distintos sectores de la burguesía por el estado de debilidad de las organizaciones de la clase obrera y la hegemonía ideológica de la pequeña burguesía reformista en el campo popular, de modo que las prioridades del proletariado no figuran entre los objetivos de las principales fuerzas políticas.

Y una de las más agudas contradicciones entre las corrientes burguesas se da en torno a la cuestión nacional. El creciente control del Estado por parte de una ínfima minoría oligárquica está provocando que sectores de la burguesía busquen en la identidad nacional el eje de sus reivindicaciones políticas.

Nuestro partido siempre ha defendido el Derecho a la autodeterminación de las nacionalidades históricas. Nuestra propuesta es la de una República Popular y Federativa, porque por encima de las diversidades nacionales (que las hay) el proletariado y las clases populares tienen una identidad política común de intereses que se ha puesto en evidencia siempre en los momentos de nuestra historia en los que se desarrollaron luchas por objetivos emancipadores.

La cuestión es que el intento de la burguesía catalana (que, en su momento no había dudado en encabezar la aplicación de los recortes aprobados por el gobierno de Rajoy) de realizar una consulta popular sobre la autodeterminación ha provocado una dura pelea entre burguesías nacionalistas en la que la visión del nacionalismo joseantoniano más reaccionario la ha hecho también suya la dirección del PSOE y algunos dirigentes autodenominados “comunistas”.

Que la burguesía nacionalista tiene claros sus intereses de clase lo ha demostrado en muchas ocasiones tanto el nacionalismo catalán como el vasco. Sirva como último ejemplo el PNV, fuerza nacionalista (y por tanto teóricamente enfrentada a la derecha del PP) que sin embargo apoyó los Presupuestos Generales del Estado de Rajoy en mayo del año pasado estando aún vigente el artículo 155 de la Constitución monárquica que limitaba la autonomía de Cataluña; unos presupuestos que el PP no pudo desarrollar porque el mismo partido nacionalista apoyó con su voto la moción de censura del PSOE menos de un mes después y que, a su vez, han sido desarrollados por Sánchez. ¡Qué rápido se sucede la vida política en España y qué claras tiene la burguesía sus prioridades!

Para las clase trabajadoras, cada vez va quedando más claro que los problemas económicos y sociales se agudizan en consonancia con la crisis general de imperialismo y que para hacerlos frente con un mínimo de eficacia, es preciso unificar las luchas concretas en torno a un eje político común que necesariamente debe tener como prioridad la superación del régimen surgido de la transición. Esos objetivos están sintetizados en la propuesta de ocho puntos asumida, siquiera formalmente, por el movimiento republicano, una propuesta que tampoco debemos utilizar como un mantra insistente que solucione todos los problemas.

El debate sobre la necesidad de avanzar hacia la unidad popular, pero en torno a un programa común frente a la oligarquía, un programa que incluya la necesidad de un cambio radical en la estructura política española está en la calle a pesar de los intentos de las diversas corrientes burguesas por llevarlo a cuestiones como el feminismo o la ecología que sin una perspectiva de clase pierden completamente su capacidad de ayudar a la organización y toma de conciencia política del proletariado.

En nuestro anterior congreso señalamos una cuestión que cada vez adquiere más importancia. Decíamos: “En esta coyuntura, si algo queda claro es que la lucha de clases es cada vez más descarnada y la respuesta de los trabajadores debe ser organizada, unida e ideológica y políticamente firme; de lo contrario, no se podrá cambiar la tendencia implacable hacia la destrucción masiva de fuerzas productivas, sino, en el mejor de los casos, únicamente influir limitada y temporalmente sobre los acontecimientos que empujan al imperialismo hacia el desastre…”*(8).

La convocatoria de elecciones generales para el 10 de noviembre (por cuarta vez en cuatro años) es reflejo de la situación política que vive nuestro país, producto del incremento de las contradicciones de clase del que venimos hablando.

Una vez celebradas las elecciones queda claro que, como hemos señalado públicamente, lejos de resolverse los problemas del régimen, se han agudizado, polarizando y dispersando más aún el campo de la burguesía.

PSOE e IU han alcanzado un principio de acuerdo para un gobierno de coalición. Esta es en sí una buena noticia porque da tiempo a avanzar en el trabajo unitario en torno a la propuesta que señalamos arriba. Con todo, si tal gobierno acaba constituyéndose no va a poder cumplir con los principales compromisos que tiene por delante si quiere seguir contando con el respaldo de sus propios votantes: derogar las reformas laborales, garantizar las pensiones públicas y su revalorización, garantizar un salario mínimo que permita al menos afrontar los gastos esenciales de las familias trabajadoras, derogar la ley mordaza, avanzar en una solución democrática al problema nacional en el Estado español, etc., son objetivos que requieren una firmeza política, que ninguna de las dos fuerzas suscriptoras del acuerdo tiene. Pero, sobre todo, pretender desarrollar estas medidas dentro del marco de la Constitución monárquica, como se han comprometido a hacer los firmantes, es simplemente un imposible.

Esta es una evidencia que se abre paso incluso entre quienes forman parte del entramado ciudadanista. Esto es lo que señalaba Albert Noguera en un reciente artículo sobre el Gobierno PSOE-UP, publicado por Diario.es: <<El gobierno de coalición no permitirá a UP implementar ningún cambio estructural en el país e implicará la sepultura de la izquierda institucional estatal, despejando el camino para que, a las puertas de una crisis en 2020, la extrema derecha recoja todo el descontento social... el aparato de Estado en España se encuentra en retardo respecto al programa económico de UP. Este último no podrá nunca implementarse sin una modernización del aparato estatal del régimen…La izquierda institucional debe entender que su programa económico no es posible si no cambia primero la estructura de lo político, lo que exige tumbar el régimen y aplicar un proceso constituyente>>

De modo que cinco años después de la erupción ciudadanista, la crisis del régimen no cesa. Ahora bien, la diferencia entre ambos momentos es fundamental. Entonces, 2014, cuando surgió Podemos, el objetivo del régimen era evitar que la creciente tensión creada por la constante movilización contra los recortes terminara fraguando en una expresión política enfrentada al régimen; y por eso la canalizaron hacia el ciudadanismo que expresamente se definía ajeno a la lucha de clases y opuesto a la ruptura política, centrado en influir desde las propias instituciones surgidas de la transición, sin romper con el régimen continuista *(9). Hoy, fuera de cuatro citas centrales, la contestación social en la calle ha desaparecido prácticamente, y cuando se da, continúa dispersa y sin objetivos políticos. La lucha encarnizada se da, como decimos, en el campo de la burguesía

Entonces, el surgimiento brusco del ciudadanismo como fuerza electoral levantó esperanzas en un sector importante de las organizaciones políticas y sociales fuertemente influido por las concepciones revisionistas. Hoy, esas ilusiones se han desvanecido en gran parte y muchos empiezan a plantearse la necesidad de articular la unidad en torno a posiciones de ruptura con el régimen surgido de la transición, otros, decepcionados, esperan.

Y es que, como señalábamos en nuestro anterior congreso: “… Las crisis desnudan de adornos retóricos las políticas del imperialismo, exacerban las contradicciones y provocan convulsiones políticas. En momentos así, ya no valen las reformas graduales,… la cuestión se plantea abiertamente en los términos que definía la vieja socialdemocracia: socialismo o barbarie… Pero es precisamente en esos momentos… cuando el factor subjetivo, el grado de desarrollo de las organizaciones de clase y el grado de madurez política del proletariado pasan a ser determinantes. Es en tiempos como estos cuando explotan decenios de contradicciones acumuladas… Quienes hoy afirman que las organizaciones “clásicas” y sus “cosmovisiones” son un tapón que aleja la política de la gente y de lo que se trata, por tanto, es de renovar las estructuras para imponer una nueva visión más actual sin las anteojeras de la ideología… quienes presentan su ideología burguesa como el más original y acabado producto de la razón democrática, ya dirigían y colmaban de pragmatismo las organizaciones de la izquierda institucional, marcando su agenda política desde hace decenios.

En efecto, debemos tener en cuenta que el ciudadanismo no surge de la nada; no es, como pretenden hacernos ver, la consecuencia de un movimiento, el 15M, espontáneo y al margen de la política. El ciudadanismo es la consumación del largo proceso de degeneración revisionista, iniciado por Carrillo, máxima expresión del jruchovismo en España, con la incorporación de tesis aberrantes procedentes del postmarxismo en sus diversas corrientes.

Desde hace años, tanto el PCE, como su expresión táctica, IU, venían recorriendo de forma acelerada la pendiente del oportunismo al negar el papel de la clase obrera, transformando la lucha por la emancipación en una pelea por la hegemonía electoral y la representación en las instituciones burguesas de las diversas identidades secundarias.

Así lo señalaba Manuel Monereo, en su día ideólogo del PCE, luego candidato nº 1 de Podemos por Córdoba y ahora enfrentado a esta formación: Si IU hubiera hecho sus deberes ahora no hubiera hecho falta un Podemos… Cuando digo que Pablo (Iglesias Turrión) es el mejor discípulo de Anguita, todos piensan en el (Anguita)… ortodoxo del comunismo anacrónico. No, el Anguita real es el de la innovación” (M.M. “Sí, soy podemita, soy un traidor. Y ahora… ¿discutimos de política?”).

Y así lo hacía el propio Julio Anguita al definir uno de los último jalones de esta pendiente, su Frente Cívico: Un Frente Cívico, una mayoría ciudadana organizada en torno a un programa, una propuesta concreta, un objetivo, en principio cercano y necesario… perfectamente factible, desarrollable y legal por inspirarse en el texto constitucional vigente”.

Las denominadas “Mesas de Convergencia” fueron el sustrato reformista que venía preparando la erupción del podemismo. Las tesis políticas que en estos encuentros defendían muchos de los principales cuadros del PCE-IU son en lo esencial las que hoy defiende la dirección de las diversas fuerzas de ese variopinto mundo del ciudadanismo.

Así pues, esta nueva socialdemocracia, como la definía Pablo Iglesias, ha culminado lo que otras corrientes organizadas (el carrillismo, Nueva Izquierda, etc.) intentaron antes sin conseguirlo, y lo ha hecho cuando más aguda es la lucha de clases, cuando la vieja socialdemocracia, agotada por décadas de traiciones y abandonos, se veía en dificultades para reconducir la tensión social y, fruto de las grandes movilizaciones contra los recortes, el régimen afrontaba un profundo desgaste y el peligro de una rápida toma de conciencia política por parte de amplios sectores de las masas. Por eso, el surgimiento de Podemos fue paralelo a la abdicación del heredero de Franco en favor de su hijo.

La razón de ser del surgimiento de Podemos era la de canalizar la creciente movilización de masas hacia la gestión institucional, aceptando plenamente los límites del sistema. Esta posición acorde con el viraje de las fuerzas revisionistas desde la defensa de un proyecto revolucionario a la aceptación del capitalismo como marco, la expresaba JC Monedero, en un artículo reciente: <<En Europa, le ha correspondido a la socialdemocracia gestionar socialmente el capitalismo, ayudado por las presiones de los partidos a su izquierda y de los sindicatos…La izquierda ha perdido su utopía. Su programa político y económico consiste en detener los golpes del neoliberalismo, hacer políticas económicas a medio y largo plazo…mantener la agenda por la igualdad social reduciendo las desigualdades de clase, género y raza, frenar el deterioro medioambiental y apostar por lo común. Esta “nueva socialdemocracia” realiza propuestas que, a la vista de la realidad son simplemente delirantes. Esta es una de los expuestas por Monedero: <<…hacer virar al Gobierno y a la Unión Europea desde posiciones neoliberales a posiciones socialistas acordes con la Constitución>>.

Ahora bien, las enseñanzas de estos meses, han dejado en evidencia la inconsistencia de la política burguesa y la podredumbre general de régimen monárquico, lo que contribuye a que sean muchos quienes busquen alternativas de ruptura con él. Por eso insistimos en la necesidad de trabajar por la unidad con otros sectores y en reforzar la claridad en nuestras posiciones para no seguir las prioridades de las corrientes burguesas reformistas que actúan en el campo popular.

Nuestros esfuerzos deben ir dirigidos a la conformación de marcos unitarios que ayuden a desarrollar nuestra apuesta táctica por la Unidad Popular Republicana y reconstruir estructuras orgánicas en cada sitio donde participemos, que permitan participar a las masas trabajadoras.

Sobre la situación económica y social

Hemos analizado en otros informes aprobados por los Plenos del Comité Central, cómo (en un proceso desarrollado con particular firmeza por el partido social liberal, el PSOE) la economía española, de forma coherente con la tendencia perceptible en el resto de economías imperialistas pero con mayor rapidez si cabe, ha ido concentrando en una oligarquía empresarial y financiera el control de la economía (incluidos los servicios públicos), al tiempo que ésta derivaba hacia el sector de los servicios no industriales.

Tras los brutales recortes de Rajoy, que Sánchez mantiene en sus grandes líneas, se ha agravado la situación económica. Aquellos recortes, junto a las privatizaciones y a la transferencia de capital hacia las grandes empresas y entidades financieras que entre otras consecuencias vaciaron el fondo de previsión del sistema de pensiones y elevaron la deuda pública hasta casi superar el 100% del PIB, empeoraron las condiciones de vida y trabajo de millones de familias al tiempo que aumentaron el negocio de las multinacionales de servicios.

De hecho, según el Ministerio de Hacienda se destinaron en 2018, 6375 MM de euros a los pagos a la enseñanza concertada, un 1,7% más que el año anterior y un 18,7% más que en 2008 al inicio de la crisis (las comunidades que más recibieron fueron Cataluña y Madrid). Algo parecido ocurre con los conciertos con la sanidad privada que, entre el 2008 y el 2018 crecieron en cerca de mil millones de euros, un 19,8% más. También aumentaron los beneficios empresariales durante la crisis (en concreto entre 2013 y 2018, pasaron de 440.000 a 510.000 millones de euros hasta superar los niveles previos a la crisis)

La cuestión es que a día de hoy las grandes instituciones de análisis del capital internacional advierten un acelerado deterioro de la situación económica en España que anuncia la inminencia de una nueva crisis. Oficialmente se achaca a la inestabilidad política que impide formar un gobierno estable y aprobar unos Presupuestos Generales del Estado que permitan afrontar “los retos económicos” que afronta el país.

Lo cierto es que hoy España está mucho peor preparada para afrontar una crisis económica que hace 11 años. Entonces había más desequilibrios pero el Estado disponía de más medios para combatirla, ya que la deuda pública, por ejemplo, estaba alrededor del 60% del PIB y hoy ronda el 100%. Los datos desmienten el falso optimismo del aparato monárquico que lleva meses hablando de la mejora en el empleo y la mayor actividad económica. A continuación señalamos algunos de ellos, recogidos de diversas fuentes (CCOO, Cáritas, El País, etc.):

El sector industrial, ya muy debilitado tras la desindustrialización encabezada por el siniestro Ministro social liberal del ramo, Carlos Solchaga (aquel que dijo: “la mejor política industrial es la que no existe”) ha profundizado su deterioro en la crisis. Según datos de CCOO, entre diciembre de 2007 y diciembre de 2.017, se han cerrado 36.643 empresas industriales y hay casi 450.000 trabajadores menos en el sector. En septiembre pasado, el diario ABC elevaba esa diferencia hasta los 600.000 puestos de trabajo menos.

Por el contrario, según publicaba Diario.es, el sector servicios daba trabajo en junio pasado al 76% del total de ocupados afiliados a la Seguridad Social en España (en el mismo mes de 2007, era el 67% del empleo). Los otros sectores productivos como hemos dicho siguen bajando su peso en el empleo: la Construcción (6,5% y 13% respectivamente) e Industria (12% y 14%, respectivamente).

Por su parte, el sector agrícola está sufriendo una profunda transformación en el mismo sentido de concentración de la propiedad en pocas manos y debilitamiento de la producción familiar y cercana sustituida por grandes unidades de producción intensiva (”industrializada”), lo que tiene graves consecuencias (también ecológicas). Algunos datos: Entre 1999 y 2009 (década en la que se realizó el último censo agrícola) el número de explotaciones agrarias se ha reducido un 23% y, sin embargo, la media de tamaño de las explotaciones se ha incrementado el 18% y el incremento se ha concentrado en las de tamaño medio-grande.

La pequeña explotación agrícola representa más del 52% del total, pero solo el 4,35% de la superficie cultivable. La propiedad latifundista (de más de 500 hectáreas) acapara el 18% aproximadamente de la superficie pero tan solo supone el 0,44% de las explotaciones, en manos de apenas 1200 personas; personajes como Mora Figueroa-Domecq, José María Aristrain, la familia Botín, Juan Abelló, la Casa de Alba, o Samuel Flores que perciben subvenciones agrícolas del sistema PAC de la UE (la Casa de Alba, 2,9 millones de euros anuales). Conviene leer el documento “¿De quién es España? los dueños de la tierra, el agua y el aire” de la periodista Olivia Carballar.

A todo ello se une la dispersión de unidades productivas fruto de las mejoras en la gestión y procesos de producción de las grandes empresas, de la implantación de las operadoras informáticas (VTC) y de las privatizaciones. Y el abandono de las pequeñas empresas y autónomos que tienen que pelear en condiciones precarias por sus nichos de negocio frente a las grandes empresas (lo hacen, entre otras cuestiones a costa de un empleo en condiciones miserables). Sirva de ejemplo el caso de Telefónica que, al tiempo de su privatización en 1996 tenía una plantilla de 80.000 trabajadores directos y hoy en torno a 20.000, un 25% de aquella plantilla originaria, a pesar de que sus beneficios en 2018 fueron de 12.800 millones de euros.

La conclusión es que un puñado de grandes empresas y entidades financieras estrechamente interrelacionadas entre sí controlan la parte de león de la economía española, incluidos los principales servicios públicos (abastecimiento de agua, recogida de residuos, limpieza de las grandes ciudades, etc), limitando el papel de las pequeñas y medianas empresas al de auxiliares suyos mediante subcontratación y a la pelea por los nichos de negocio restantes.

De hecho, a lo largo de 2.018 las grandes empresas del IBEX 35 debían 60.409 millones de euros en impagos a proveedores y subcontratas; si se incluye a todas las empresas que cotizan en bolsa, la cantidad se eleva a más de 78.000 millones de euros. Lo que ayuda a explicar que una de cada tres empresas que cerraron y uno de cada tres puestos de trabajo perdidos durante la crisis, desaparecieran como consecuencia de la insolvencia que provoca esa morosidad.

Por otra parte, el propio, Luis de Guindos, quien fuera Ministro de Economía de Rajoy y anteriormente segundo de Draghi en la gestión en Europa de Lemman Brothers, la entidad financiera cuyo crac abrió la crisis de 2008, reconocía recientemente que los activos de la banca europea en manos de fondos de inversión, han crecido un 170% entre 2007 y 2017 hasta llegar en la actualidad a controlar el 41% del total de activos bancarios. Una auténtica bomba económica en una nueva crisis general de la economía imperialista como la que se avecina.

Al tiempo se sigue ampliando el desequilibrio territorial que permite hablar de una España vacía (vaciada, más bien), lo que tiene repercusiones de todo tipo: económicas, laborales, sociales, incluso medioambientales (movilidad, contaminación, etc). El que una plataforma local como “Teruel Existe” haya logrado un escaño en las elecciones del pasado 10 de noviembre, es una buena prueba del aumento de las contradicciones en la “España vaciada”.

Y surgen nuevos nichos de explotación intensiva que absorben capital especulativo a través de aplicaciones informáticas (vtc, glovo, amazon, etc.) en las que los trabajadores la mayor parte de las veces figuran como autónomos y sufren unas condiciones laborales y salariales verdaderamente intolerables. Estas nuevas modalidades de “negocio” contribuyen además a dispersar a los trabajadores y enfrentarlos (como se vio en la huelga del sector del taxi de hace unos meses) dificultando su coordinación. Sería fundamental potenciar el papel de los sindicatos de clase para lograr mejorar la coordinación entre los trabajadores de los diversos sectores productivos. Pero esta es una tarea todavía pendiente.

¿Cuáles son las consecuencias de esta estructura económica?: La primera, como decimos, su debilidad (pensemos en que cerca el 14% del empleo depende del sector turístico sujeto a cambios continuos dependiendo de factores muchas veces arbitrarios lo mismo que muchos de los sectores en los que más ha crecido el empleo los últimos meses: construcción, atención y dependencia, etc.); además, el deterioro social, el paro, la precariedad del trabajo, etc. Y entre los trabajadores, los más vulnerables son, como siempre la juventud, la mujer, los inmigrantes y los mayores de 50 años.

Paro.- España es el segundo país (solo por detrás de Grecia) de la UE con peores cifras de paro (14% y 31,58% entre los menores de 25 años). Aquí existen profundos desequilibrios territoriales, por cuanto, por ejemplo, en nueve autonomías la mitad de los parados son de larga duración (más de 1 año sin trabajo).

Pobreza.- Según señalaba la OCDE, en 2018 España es el segundo país (detrás de Grecia) de esta organización con más pobres en edad de trabajar, el 15,9% de trabajadores pobres, lo mismo que el 46% de los parados y más de 3 millones de jubilados según Gestha (casi un tercio del total).

Temporalidad.- España tiene la mayor tasa de temporalidad de los países de la UE con el 26,8% de los contratos. En esto, también es determinante el desequilibrio territorial (Andalucía en cabeza, tiene el 36%, frente al 20% de Madrid) y la edad (los menores de 25 años afrontan una tasa de temporalidad superior al 70%).

Por otra parte, la dispersión cada vez mayor de las unidades productivas y el crecimiento de la microempresa y del “emprendimiento” tiene profundas consecuencias de todo tipo, también en la estructura orgánica de nuestra clase y dificulta su organización.

Podemos decir que la revolución industrial hizo de los campesinos y de los artesanos trabajadores asalariados, agrupándolos en grandes fábricas; organizando a la clase obrera. En estos momentos la lógica del modo de producción capitalista tiende a dispersar a la clase obrera y contribuye a su desorganización.

Es decir, desde el punto de vista de la estructura de empleo, si  miramos los datos, se está produciendo un cambio sustancial de las relaciones laborales en todos los países y con especial profundidad en España.  Por ejemplo, para acceder a nuevos empleos, lo que importa, más que la cualificación profesional, es una capacidad  educativa de cultura general, de poder de asociación para saber cuáles son las cualificaciones que necesitas para las tareas que tienes que hacer, dónde buscarlas, cómo aprenderlas y cómo aplicarlas. Para entendernos, un nivel intelectual general alto, lo cual implica toda una redefinición del sistema de educación.Es elpropio trabajador quien adapta su formación a las necesidades del mercado, lo que desplaza continuamente del trabajo a una parte importantes de la clase.

Necesitamos, por tanto, un análisis profundo del trabajo, de la fuerza de trabajo que necesita en estos momentos el capitalismo, los cambios que se han producido y las repercusiones en el empleo y en las condiciones laborales, para encontrar formas de lucha efectivas que le den protagonismo a la clase obrera, que cambie su correlación de fuerzas recuperando su capacidad de organización para participar plenamente en la lucha de clases con voz propia.

¿CUÁLES DEBEN SER LOS OBJETIVOS PRIORITARIOS EN EL PERIODO QUE EMPIEZA?

Reforzar el partido y su ligazón con las masas proletarias a través del refuerzo de las organizaciones permanentes de estas. El ciudadanismo es a la vez la culminación y máxima expresión de un proceso de dispersión que ha llevado al campo popular a pelear descoordinado y sin objetivos que vayan más allá de las reivindicaciones concretas de cada sector. Los ciudadanistas que han hecho de la crítica a los grandes líderes comunistas uno de sus ejes centrales, acusándoles de antidemocráticos, tienen como base de su proyecto el menosprecio de la organización permanente y el cesarismo de sus dirigentes.

Una de las deformaciones más peligrosas que ha traído consigo la degeneración ciudadanista es el desprecio de lo colectivo, la dispersión de las luchas y el ensalzamiento del papel de cada individuo aislado de los demás. Conforme a su ideología burguesa, para los oportunistas los problemas que afrontan las masas tienen su origen en la actitud individual de cada persona.

La organización para ellos es sinónimo de burocracia y dictadura del grupo sobre el individuo. Partiendo de esta premisa hacen del formalismo burgués la esencia de su modelo organizativo: primarias, abuso de las redes como sustitutas de las reuniones presenciales, sustitución del militante por el inscrito que no adquiere compromisos con la organización pero tampoco puede controlar su vida política... Al final, los vicios que los oportunistas achacan a la organización de clase (y con particular virulencia a la leninista) son precisamente los que minan su propia estructura. En palabras de Laclau, el argentino de cuyas teorías se consideran seguidores los dirigentes de Podemos: “El líder es construido como lugar de enunciación por aquellos que escuchan la voz del líder. Escuchar la voz del líder es una forma de construir la centralidad misma del líder”.

Nada que ver con el gran dirigente comunista italiano A. Gramsci, al que también reivindican cínicamente los dirigentes ciudadanistas, que frente a los oportunistas manifestaba con rotundidad el valor de la organización colectiva: “La colectividad tiene que entenderse como producto de una elaboración de la voluntad y el pensamiento colectivos, conseguida a través del esfuerzo individual concreto. Si tiene que haber polémicas y escisiones, no hay que tener miedo de enfrentarse con ellas… evitarlas significa sólo retrasarlas hasta el momento en que realmente sean peligrosas o incluso catastróficas” (A. Gramsci. Diletantismo y disciplina).

El proletariado necesita con urgencia reconstruir y reforzar, también en lo político e ideológico sus organizaciones para la lucha. De los sindicatos hemos tratado en nuestra Conferencia celebrada el año pasado a cuyas conclusiones remitimos. Pero lo mismo cabe decir en todos los ámbitos en los que nuestros camaradas intervienen.

Como venimos señalando, el proletariado se enfrenta disperso y escasamente organizado a unos momentos de creciente agudización de la lucha de clases. El desarrollo de los acontecimientos de estos meses pasados, está llevando a que dentro de las organizaciones del campo popular muchos sectores comiencen a plantearse la necesidad de unificar los objetivos y avanzar hacia la ruptura con el régimen, pero los movimientos efectivos en tal sentido son todavía muy incipientes, lo que plantea a nuestras organizaciones la necesidad de intervenir con una táctica adecuada para ayudar a los sectores desorganizados a organizarse, al tiempo que se desbroza la confusión reinante para ayudar a los sectores más lúcidos en su lucha interna contra el oportunismo. No nos vale el seguidismo respecto de las iniciativas políticas de la pequeña burguesía, pero tampoco el purismo propio de los sectores radical oportunistas…

La pequeña burguesía, como venimos insistiendo a lo largo de este informe, hegemoniza aún la dirección política del campo popular provocando una dispersión de objetivos que es urgente superar. Conforme se agudiza la crisis en todos los órdenes, aumenta la obsesión de la pequeña burguesía por hacer de objetivos parciales, cuando no secundarios hoy en día el eje de la pelea política. Y profundiza su renuncia a los objetivos centrales de lucha de la clase trabajadora.

Eso hace que en la mayor parte de las movilizaciones que se dan se pase de largo de los problemas económicos, laborales y sociales que viven los trabajadores en sus empresas y barrios y únicamente se centren en reivindicaciones de carácter cultural o identitario: ecología, feminismo, antifascismo, todo ello desde una óptica interclasista, que ignora el papel del modo de producción existente y su expresión política en España, fruto de una transición que dejó prácticamente incólumes los centros e instituciones que detentan el poder del Estado en manos de una oligarquía consolidada a la sombra de la dictadura franquista.

Por eso, no podemos dejar que la pequeña burguesía nos imponga su agenda; no nos podemos dejar arrastrar por las alocadas fuerzas oportunistas de uno u otro pelaje y la multitud de movilizaciones que no tardando empezarán a promover. Tenemos que tener nuestras propias prioridades y objetivos y ajustar nuestra labor política a ellos.

Como venimos señalando se están dando elementos de crisis de la hegemonía burguesa, pero sin que prime la lucha de clases y la radicalización política de las masas, como tendencias generalizadas.

Nuestra actitud táctica, aun lo más flexible posible, debe partir de una claridad meridiana en los objetivos y las prioridades que tiene frente a sí el movimiento popular. Unidad, sí, pero no con las prioridades y objetivos actuales del sector hegemónico en el campo popular. Debemos tener en todo momento como prioridad el movimiento obrero, la clase trabajadora y todas aquellas cuestiones que le afectan directamente: económicas, laborales, movilidad, vivienda, etc., etc. Esto es lo fundamental. Esto debe ser una constante en los debates con los cuadros y de los cuadros con las organizaciones del P, en el control de la labor de nuestras organizaciones.

Ahora bien, algunos revisionistas doctrinarios, “puros” en todos los campos de intervención, denuncian los sindicatos de masas negándose a intervenir organizadamente en ellos porque están dirigidos por reformistas y desprecian con altivez la lucha por objetivos democráticos, entre ellos la lucha por la República Popular porque, dicen, los comunistas defendemos la República socialista. Deberían estudiar con más profundidad a Lenin, quien afirmaba: <<Únicamente gente incapaz en absoluto de pensar, o que desconoce en absoluto el marxismo, deduce de esto: ¡Entonces la república no sirve para nada; la libertad de divorcio no sirve para nada; la democracia no sirve para nada; la autodeterminación de las naciones no sirve para nada! Los marxistas, en cambio, saben que la democracia no suprime la opresión de clase, sino que hace la lucha de clases más pura, más amplia, más abierta, más nítida, que es, precisamente, lo que necesitamos. Cuanto más amplia sea la libertad de divorcio, tanto más claro será para la mujer que la fuente de su “esclavitud doméstica” es el capitalismo, y no la falta de derechos. Cuanto más democrático sea el régimen político, tanto más claro será para los obreros que la raíz del mal es el capitalismo y no la falta de derechos. Cuanto más amplia sea la igualdad nacional (que no es completa sin la libertad de separación), tanto más claro será para los obreros de la nación oprimida que el quid de la cuestión está en el capitalismo, y no en la falta de derechos...El socialismo es imposible sin la democracia en dos sentidos: (1) el proletariado no puede llevar a cabo la revolución socialista si no se prepara para ella a través de la lucha por la democracia; (2) el socialismo triunfante no puede afianzar su victoria y llevar a la humanidad a la desaparición del Estado sin realizar la democracia completa…>>(V.I Lenin. Sobre la caricatura del marxismo y el “economismo imperialista”).

Frente a reformistas y doctrinarios, nuestra tarea es crear espacios de socialización, reconstruir el combate político y social, intentar poner en el centro del tablero político la contradicción capital/trabajo y no desperdiciar nuestras fuerzas en proyectos que nos llevarían a mantener en la práctica una política errática e incoherente, difuminar nuestros objetivos y desorientarnos.

Camaradas: Celebramos nuestro IX Congreso en unos momentos de gran trascendencia histórica. El régimen surgido de la transición hecha para evitar una ruptura revolucionaria con el franquismo, se descompone a ojos vista. En medio de una crisis imperialista sin precedentes, la lucha de clases se agudiza por todo el mundo; las certezas se tambalean y las masas buscan alternativas al continuo empeoramiento de sus condiciones de vida y trabajo.

Las recetas de la vieja socialdemocracia devenida en social liberal, se muestran incapaces de amortiguar las contradicciones que empujan al imperialismo al desastre y amenazan a toda la humanidad.

Los mitos del revisionismo sobre la posibilidad de un paso gradual del capitalismo al socialismo sin procesos revolucionarios que transformen de raíz la estructura económica y política de los Estados imperialistas se desmoronan. Por delante queda la tarea de orientar a nuestra clase y ayudarle a organizarse para afrontar los tiempos por venir en los que va a ser imprescindible actuar con la firmeza y determinación que característica a la vanguardia del proletariado.

Vienen tiempos duros, sin duda. Las fuerzas organizadas del proletariado para hacerlos frente son escasas aún. Sí, existen muchos problemas que hacen difícil avanzar en la tarea de construir una Unidad Popular por la ruptura con el régimen monárquico y por la República, debido a la debilidad de la izquierda, la hegemonía ideológica de la burguesía y la confusión reinante.

Pero el desarrollo de los acontecimientos apunta hacia una rápida radicalización de la lucha que hace posible avanzar con más rapidez en la tarea, a condición de que actuemos con determinación, sin complejos ni esperas, implicando a todos los camaradas con iniciativa y determinación. En momentos como los que vienen, la historia avanza a pasos rápidos. Se trata de ser audaces.

Camaradas: como siempre, la disyuntiva es: socialismo o barbarie

Notas:

*(1).- China continúa aumentando de manera constante el consumo de gas: un 15% en 2017 y un 18% en 2018. Por primera vez encabezó la lista de los mayores importadores de gas natural en el mundo.

*(2).- El presidente ruso, Vladímir Putin, manifestaba durante la cumbre entre ambos países que el dólar "se convirtió en una herramienta de presión  del país emisor de esta moneda contra el resto del mundo", y que "la confianza en el dólar está cayendo”.

*(3).- Este personaje paradigma del pensamiento de la “burguesía bienpensante” que en 2018 dijo que Pablo Iglesias quiso ser populista y fracasó, afirmaba, cuatro años antes lo siguiente:“Pablo Iglesias no es populista en absoluto, es pragmático y realista. No pide la revolución. Es modesto en los objetivos que plantea. Los medios son los culpables de que se extienda esa imagen… Me enfada que se acuse a Podemos y Syriza de radicales. No proponen nacionalizarlo todo, ni restablecer un nuevo orden o acabar con el capitalismo. Sus objetivos son los de la socialdemocracia hace 60 años”.

Para definir al personaje, habitual en las páginas de diarios como “El País”, baste recoger la referencia que figura en Wikipedia: “se apartó de la teoría marxista tradicional para desarrollar una concepción materialista de la ideología que se basó en gran medida en el psicoanálisislacaniano y el idealismo hegeliano”.

*(4).- Según un informe de Credit Suisse, el 0,7% de la población mundial adulta poseía en 2017 el 50.1% de la riqueza global (en el 2008, antes de la crisis disponía del 42,5%) mientras que más del 70% de la población mundial, en edad laboral se llevaba solo el 2, 7%. El mismo informe afirma:"…. El aumento de patrimonio que obtuvo ese segmento más rico entre 2016 y 2017 fue del 6,4 por ciento (16,7 billones de dólares), lo que supone el mayor ritmo de crecimiento desde 2012”.

*(5).- Creo que la crisis que vivimos puede conducir a la guerra y a la descomposición de las democracias. Estoy íntimamente convencido” (Declaraciones de Macron ante la OIT, junio 2019).

*(6).- Dicho sea de paso y como dato ilustrativo, obsérvese la coincidencia de las fechas de inicio y final de las maniobras de la OTAN con las del aniversario de la Revolución Soviética en el calendario Juliano (25 de octubre) y gregoriano (7 de noviembre).

*(7).- EEUU, con 649 (el 3,2% de su PIB) supone el 36% del gasto militar total mundial; le sigue China con 250 millones, el 14% y Arabia Saudí el 3,7% con 67,6 millones

*(8).- G. Dimitrov, dirigente de la III Internacional, señalaba: “…El Fascismo pudo llegar al poder, ante todo, porque la clase obrera, gracias a la política de colaboración de clases con la burguesía practicada por los jefes de la social democracia, se hallaba escindida, política y orgánicamente desarmada frente a la burguesía que despliega su ofensiva, y los Partidos Comunistas no eran lo suficientemente fuertes para poner en pie a las masas y conducirlas a la lucha definitiva contra el fascismo, sin la socialdemocracia y en contra de ella” (Informe sobre los frentes populares ante la Internacional Comunista, 1935).

*(9).- J. Carlos Monedero, uno de los principales ideólogos del podemismo, lo decía así: “…es tiempo más de poetas y músicos que de ideólogos. De emociones que desvistan la razón…”.