En un breve comunicado, fechado el 3 de agosto del presente año, el denominado Rey Emérito transmite a su hijo Felipe VI la decisión de trasladarse fuera de España. Como ya hiciera su abuelo Alfonso XIII el 14 de abril, es un texto plagado de falsedades, invocando el amor a España y “el convencimiento de prestar el mejor servicio a los españoles”. La realidad es que este siniestro personaje se va del país a causa de los escándalos de corrupción desvelados por la justicia suiza, en una torticera maniobra para salvar la monarquía, como ya ocurrió hace seis años cuando no tuvo más remedio que abdicar para salvar el trono de su vástago.

Juan Carlos fue designado rey por Franco, un militar fascista que se sublevó en julio de 1936 contra el régimen republicano legalmente constituido e impuso un régimen de terror en España durante treinta y seis años. Durante la larga dictadura fascista, cientos de miles de hombres y mujeres fueron fusilados, torturados, encarcelados o tuvieron que marchar al exilio. Y ese mismo criminal decidió nombrar a su sucesor en 1969. Entonces, en una ceremonia solemne, el entonces príncipe Juan Carlos juró fidelidad a Franco y a las Leyes Fundamentales del Movimiento. Tras la muerte del dictador, este individuo se convirtió en rey, con el beneplácito de una izquierda oficial que traicionó las aspiraciones y la lucha del pueblo español contra el franquismo.

Durante decenios Juan Carlos I fue protagonista de todo tipo de corruptelas económicas, estuvo implicado en el intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981 y mantuvo relaciones “sentimentales” con numerosas amantes a cargo del presupuesto del Estado. Todo ello fue silenciado por unos medios de comunicación corrompidos y puestos al servicio del gran capital.

Pero la verdad se abre camino y ahora ya no es posible encerrarla ni amordazarla. La cuestión no es qué delito ha cometido el Emérito, sino qué artículo del Código Penal ha dejado de infringir. Desde la rebelión hasta el fraude fiscal, toda la escala delictiva ha sido recorrida por el anterior Jefe del Estado. Y ahora, como solución, se va de España y aquí no ha pasado nada. Eso es lo que pretende la derecha, pero lo más grave es que también la “izquierda” está dispuesta a colaborar en esta pantomima, pidiendo un referéndum o que devuelva lo robado.

No, no es esto. Eso es desviar la atención del verdadero problema. La monarquía es el dique que se opone a la solución de los gravísimos problemas que tiene nuestro país. No es un problema de personas, sino del sistema político organizado en torno a la Constitución de 1978. Ya se oyen las voces pidiendo regeneración democrática y a muchos políticos apelando a la unión de todos los españoles para salir de esta situación. No podemos permitir esta farsa ni que se orqueste una segunda transición.

Nuestro partido ha venido denunciando año tras año que la actual monarquía es ilegal e ilegítima en origen, que representa los intereses de la oligarquía y que es el obstáculo fundamental para llevar a cabo las reformas estructurales que nuestro país necesita. Mientras otros preferían callar, mirar para otro lado o hablar de reforma constitucional, el PCE (m-l) siempre manifestó que este sistema no se puede reformar, se diseñó para defender los intereses económicos de un bloque de poder encabezado por la oligarquía financiera. Esta monarquía está al servicio de unos intereses económicos que son incompatibles con los del pueblo español y con la soberanía nacional de nuestro país. Y en todo esto hay un punto de gravedad extrema. Los medios de comunicación han callado, cuando conocían todas las andanzas del monarca: sus adulterios pagados con dinero público, el cobro de comisiones ilegales, las cuentas bancarias en paraísos fiscales… Y eso les hace cómplices de los múltiples delitos cometidos por un monarca que había organizado en la Zarzuela una asociación para delinquir. Algún día habrá que pedir responsabilidades a muchas personas por lo que ha sucedido.

La única respuesta posible es la ruptura republicana. Acabar con esta monarquía corrupta y proclamar la III República, popular y federativa. Es la única salida. Todo lo demás será un nuevo engaño, una nueva mentira, para que todo siga igual. La izquierda tiene ante sí una responsabilidad histórica inmensa. Es la hora de forjar la unidad popular sobre un programa mínimo de reformas estructurales.

Disponemos en España de los suficientes recursos humanos y económicos para que toda la población tenga un nivel de vida digno, para asegurar a nuestros jóvenes un futuro sin necesidad de que se marchen a otro país. Estamos en condiciones de asegurar un sistema público de servicios sociales de altísima calidad y de garantizar las pensiones. Todo eso es posible, pero no dentro de este sistema, que esquilma nuestros recursos y nos condena al trabajo precario y la pobreza.

Acabemos con esta monarquía que desprecia a nuestro pueblo. Luchemos unidos contra el fascismo, el capital y la monarquía.  

3 de agosto de 2020

Comité Ejecutivo del PCE (m-l)