Desde que la extrema derecha llevó a cabo sus primeras movilizaciones en la calle, ha ido creciendo la preocupación y la indignación entre nuestra clase y otros amplios sectores, ante sus mensajes amenazantes, las mentiras y la impunidad de sus agresiones. Sin embargo, las acciones de respuesta inmediata aún han sido localizadas y desde luego sectoriales, fundamentalmente en apoyo de la sanidad pública y sus trabajadores: la manipulación de los medios de comunicación del régimen, así como los temores lógicos al contagio en una gran parte de la población (precisamente la menos inclinada a escuchar los mensajes irracionales del fascismo), han dificultado hasta ahora una respuesta coordinada y masiva, si bien ha sido positiva a nivel local y en las manifestaciones del pasado 20 de junio.

Mientras tanto, el fascismo y sus socios neofranquistas del PP presionan, mienten y manipulan sin cesar para hacerse con el Gobierno a cualquier precio, mientras hacen todo lo posible para frenar y revertir cualquier medida a favor de los trabajadores. A ello se aplica también la patronal: al tiempo que rechaza el mínimo atisbo de reforma fiscal y cualquier tipo de ayuda social, denuncia histriónicamente la vigilancia sobre las durísimas condiciones laborales impuestas a los trabajadores, especialmente en el campo, y utiliza los ERTE de forma fraudulenta; pero no tiene empacho alguno en exigir más ayudas públicas y aún menos limitaciones y regulaciones para engordar su cuenta de beneficios.

Muy preocupante es, asimismo, el giro anunciado por una parte del Gobierno hacia su derecha, tanto en lo que se refiere al tipo de medidas a poner en marcha durante la desescalada como con el acercamiento a la derecha, en particular Ciudadanos.

A ello se añaden las predicciones del FMI y otros organismos sobre la caída de la actividad económica para este año, que, con su corolario de déficit y deuda, anuncian nuevas y duras presiones en el contexto de la ortodoxia neoliberal imperante. Si las previsiones se cumplen, tendrán unas consecuencias catastróficas sobre la clase obrera y, en general, las clases populares, entre los que serán particularmente golpeadas las mujeres trabajadoras (víctimas ya de una conciliación laboral y familiar imposible), así como la juventud y los migrantes. Y, ante ello, la experiencia nos dice que no cabe esperar, por parte del capital y sus agentes, más que la exigencia de nuevas privatizaciones, desregulaciones y reducciones de los derechos laborales y sociales.

Los servicios públicos han demostrado su importancia para las clases populares durante esta crisis. Sin embargo, ello no ha sido obstáculo para que diferentes gobiernos autonómicos hayan proseguido su política de privatización, recortes y rapiña. Asimismo, las capas trabajadoras de este país han mostrado una y otra vez su apoyo a lo público y a sus trabajadores, y el rechazo a las privatizaciones y los recortes que han debilitado sectores vitales como la sanidad y la educación.

Es necesario que salgamos de esta pandemia con un sector público fortalecido: servicios públicos, transporte, energía y otras ramas estratégicas de la economía, incluida la vivienda, deben estar bajo control democrático y al margen de los intereses privados de empresas y fondos buitre.

Es necesario, asimismo, salvaguardar y ampliar los derechos laborales, sociales y democráticos frente a la voracidad capitalista y el ascenso del fascismo. Y, para ello, no debemos dejar que el discurso ultra se convierta en hegemónico ni que se apropie de la calle y de los espacios de convivencia.

Junto a todo ello, se hace evidente para cada vez más personas la podredumbre del régimen monárquico, incapaz de asegurar los derechos de la mayoría trabajadora y cuya Jefatura del Estado se halla cada vez más enfangada por los escándalos de corrupción y su vinculación a los valores del franquismo, pese al velo que tiende una prensa cómplice en manos del capital. Un régimen cuyas complicidades con el fascismo en los tribunales, la policía, el Ejército y la patronal son cada día más transparentes para todo el mundo. Por ello, y pese a las tergiversaciones, zancadillas y embustes de todo tipo, se abre paso, cada vez con más fuerza, y especialmente entre la juventud, la necesidad de una alternativa política que arrumbe con todos los desechos franquistas presentes en nuestra vida política, social y económica, rompiendo con la herencia del fascismo y abriendo el paso hacia formas de vida y organización más justas, solidarias y enriquecedoras; hacia el Socialismo, en suma. Esa alternativa, aquí y ahora, se llama República: una República del pueblo, que desarrolle la democracia, que asegure los derechos de los pueblos de España y que garantice el bienestar de las clases trabajadoras.

Desde el PCE (m-l), llevamos llamando desde mayo a trabajadores y organizaciones, en los diversos territorios, a articular una respuesta amplia, unitaria y organizada, en cuanto lo permitieran las condiciones sanitarias, de modo que podamos canalizar toda la solidaridad desarrollada durante el confinamiento hacia la defensa organizada de los derechos colectivos de nuestra clase. Las manifestaciones y concentraciones convocadas para este sábado 27 por los sindicatos de clase y otras muchas organizaciones son, sin duda, un paso importante en ese camino, pero de ninguna manera el punto final.

Es vital que esta convocatoria sirva para fortalecer la posición y recuperar la iniciativa del proletariado, las clases populares y la izquierda frente a los ataques de los fascistas y las agresiones de la patronal. Por ello, debemos empezar a organizar la movilización desde abajo, en las ciudades, pueblos y barrios para que, tras la desescalada y el verano, se produzca un masivo clamor en defensa de los derechos colectivos de la clase obrera y de todos cuantos vivimos de nuestro trabajo.

Los y las militantes del PCE (m-l) seguiremos trabajando en esa dirección, con el más firme de los compromisos para que así sea.

¡Vamos a salir!

¡Por los derechos laborales, sociales y democráticos para las clases trabajadoras!

¡Por la ruptura con la monarquía heredera del franquismo, por la República popular!

 

PCE (m-l)

Secretariado del Comité Central