Imprimir 

Tras semanas de discretas negociaciones, y en medio del griterío de la derecha franquista y las advertencias apocalípticas de los medios de comunicación afines, finalmente Pedro Sánchez ha culminado el proceso que lo convierte en el primer presidente de un gobierno de coalición bajo el régimen del 78.

Es de destacar, sin duda, la intensa campaña mediática emprendida por PP, Vox y C’s, de resabios claramente ultras –fascistas– por su carácter agresivo, catastrofista y grotescamente embustero, y que ha contado con el respaldo de patronal, Iglesia y sectores relacionados con el Ejército. No solo se ha exagerado hasta la caricatura las intenciones de los partidos firmantes del pacto, sino que se ha llegado a mentir descaradamente incluso sobre las carteras atribuidas a «los comunistas» y su verdadera significación.

Especial gravedad han revestido los llamamientos a la intervención del Ejército, realizados desde las filas de los fascistas de Vox, que han tenido su correspondiente reflejo en amenazas serias contra la seguridad de diversos diputados. Pero no resultan menos indicativas de la histeria derechista las acusaciones de falta de legitimidad del nuevo gobierno por parte de Pablo Casado, así como sus advertencias sobre la posibilidad de derribarlo por medios distintos a los parlamentarios.

De esta manera, la (ultra)derecha pone abiertamente sobre la mesa la alternativa autoritaria, despojando a la democracia burguesa de sus últimos ropajes democráticos, una vez comprobado que los mecanismos institucionales y los aparatos de hegemonía no son suficientes para someter por completo la marcha de los asuntos legislativos a los intereses del gran capital. Como muestra la evolución de la situación política en los últimos años, tanto en España como a escala global, la oligarquía necesita afinar sus instrumentos al máximo para disciplinar a la clase obrera y someter al resto de fracciones burguesas nacionales, con el fin de afrontar la pelea global por los mercados y los recursos en las mejores condiciones.

Tal barullo y nerviosismo contrasta, sin duda, con la entidad de los ministerios conseguidos por los representantes de UP, con el limitado contenido del propio acuerdo PSOE-UP y con la insistencia en ceñirse al «marco constitucional» a la hora de negociar con el independentismo una solución al conflicto político. De hecho, la cortedad de miras de la izquierda institucional a la hora de enfrentar los cimientos del régimen amenaza con producir mayores frustraciones entre el proletariado y la izquierda social en general, lo que acabaría reforzando al fascismo.

En realidad, por más que sea comprensible el alivio y el optimismo que la formación del gobierno de coalición han inspirado en amplios sectores obreros y populares, no es posible dar respuesta a los principales problemas que aquejan a nuestra clase dentro del estrecho corsé impuesto por la “transición”: es necesario romper con su entramado jurídico e institucional, empezando por la misma monarquía.

Ciertamente, no es descartable que, pese al ruido creado por la reacción en el Congreso, el capital y sus principales representantes no estén considerando seriamente dar un golpe de timón que, al poner en cuestión los aspectos formales del régimen, pueda desencadenar una fase de inestabilidad contraproducente para sus negocios. Pero, incluso en ese caso, no cabe duda de que el recurso al nacionalismo españolista y la agitación producida en torno al papel de ERC y otros partidos independentistas como EH Bildu en la formación del nuevo gobierno amenazan con profundizar la derechización de sectores populares y su radicalización en un sentido reaccionario, endureciendo la dominación política y económica ejercida por la oligarquía.

Sea como fuere, es necesario que el proletariado no baje la guardia ni se entregue a las ilusiones de un parlamentarismo burgués del que empieza a renegar incluso su clase beneficiaria. Muy al contrario, la situación requiere incrementar la discusión, la organización y la movilización de nuestra clase en todos los ámbitos, con el fin de hacer frente a la reacción y obligar al nuevo gobierno a cumplir sus promesas y asumir nuevas medidas favorables para las clases populares. Solo de esta manera empezaremos a construir una correlación de fuerzas favorable a nuestra clase, que permita plantear nuevas tareas en el camino de conseguir más democracia –la República– en el camino hacia el Socialismo.

¡A DISCUTIR Y A ORGANIZARSE EN TODOS LOS BARRIOS Y CENTROS DE TRABAJO Y DE ESTUDIO!

¡A LA CALLE PARA DETENER A LA BESTIA FASCISTA! ¡NO PASARÁN!

¡POR LA REPÚBLICA DEMOCRÁTICA, POPULAR Y FEDERATIVA!

¡POR EL SOCIALISMO!

Secretariado del CC del Partido Comunista de España (marxista-leninista)

Ocho de Enero de 2020