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Después de ocho años de recortes y de una degradación constante de nuestros derechos sociales y políticos; tras meses de movilizaciones masivas y generales, los trabajadores afrontamos este primero de Mayo en unas condiciones extremadamente duras, con millones de familias agobiadas por el paro, el trabajo precario y sin derechos ni perspectivas de mejora, y por la pobreza.

El capitalismo, sumido en una profunda crisis que va a más, se debate en una implacable pelea por los mercados; las potencias imperialistas se preparan para la guerra, desestabilizan estados y provocan diásporas que amenazan la vida de millones de personas, hermanos de clase como los refugiados que huyen de los conflictos en Siria, Irak, Afganistán y otros países del próximo oriente y África, a los que la Europa capitalista ha vuelto la espalda.

¿Cómo hemos llegado a esta situación? Hemos luchado mucho, sí, pero dispersos, como si las distintas reivindicaciones no fueran parte de una misma lucha central por nuestra emancipación, sin una dirección que las unificara en términos políticos contra el enemigo común: una ínfima minoría empresarial y financiera que controla y maneja a su antojo las instituciones.

El Gobierno de Zapatero se despidió pactando con el PP la reforma del artículo 135 de la Constitución en apenas diez días. El rey felón Juan Carlos I, elegido por el dictador Franco como sucesor, cedió el trono a su hijo en una maniobra urdida en plena ola de recortes por el Gobierno PP y los dirigentes del PSOE, en 17 días, al margen de cualquier control democrático del pueblo y mientras las fuerzas emergentes del ciudadanismo se desentendían afirmando que para “asaltar el cielo” bastaba ganar las instituciones.

Ahora comenzamos a ver las consecuencias: domina la misma «casta» y la confusión política ha fragmentado a la izquierda, la mayoría de cuyos dirigentes siguen rehuyendo el combate contra las bases políticas del régimen y hacen suyas las tesis de los “ciudadanistas”, que desprecian la lucha colectiva y organizada de los trabajadores por su emancipación, lo que aumenta la dispersión en lugar de reforzar nuestra unidad como clase.

La mayoría trabajadora ha protagonizado, como decimos, importantes luchas estos años: tres huelgas generales y un sinfín de movilizaciones que de un extremo a otro de España han defendido la sanidad y la educación públicas, y reclamado una salida para las familias abandonadas a su suerte, expulsadas de sus viviendas, amenazadas por la miseria. Nuestra clase ha llegado a poner contra las cuerdas al gobierno del PP, al régimen que lo sustenta y a la oligarquía cuyos intereses gestiona.

Y, sin embargo, en unos momentos en los que apuntan nuevos ataques y agresiones, cuando la Europa del Capital y de la Guerra exige nuevos recortes por valor de 10.000 millones de euros adicionales a los ya previstos; cuando al paro y al trabajo precario, se suma la realidad de los nuevos empleos miserables que no garantizan un salario mínimo vital a los trabajadores, en una espiral que amenaza con una vuelta atrás de proporciones históricas en nuestras conquistas, no se habla de lucha de clases, el debate político en la España oficial sigue limitado a una pelea miserable y estéril entre las viejas fuerzas de la transición y las nuevas del “ciudadanismo”, que se han enredado desde el principio en la politiquería institucional.

En este primero de mayo, a las puertas de una posible repetición de las elecciones generales, en medio de una crisis económica, unida a una profunda crisis política del régimen, los trabajadores no podemos seguir contemplando la realidad política que amenaza nuestro futuro y el de nuestra clase, como espectadores pasivos de un duelo entre las corrientes de la burguesía para decidir qué composición tendrá el gobierno encargado de gestionar los recortes que exige la UE y mantener la cuenta de resultados de la patronal a costa de nuestros derechos.

En la Guerra entablada entre el proletariado y el capital imperialista no cabe esperar treguas. Por separado somos débiles. Debemos reagrupar las fuerzas dispersas y reforzar las organizaciones de clase, en primer lugar los sindicatos y dentro de ellos, los sectores más combativos como los críticos de CCOO, frente a los dirigentes que han probado sobradamente su incapacidad de representar los intereses de la clase trabajadora. Y reforzar la coordinación,  el debate y la unidad de acción entre los comunistas, como ya se está haciendo de forma incipiente en Madrid y Galicia.

Pero la unidad no es “neutra”, debe darse para recuperar el objetivo de emancipación. Es por eso, cada día más urgente pasar a plantear la lucha en términos políticos, para conquistar una República Popular y Federativa que alumbre otro marco institucional y político que nos permita recuperar la iniciativa contra la oligarquía empresarial y financiera que continúa controlando el poder efectivo en España, y siente las bases para avanzar hacia el socialismo.

¡Viva la lucha de la Clase Obrera!

¡Adelante la unidad de clase por la República Popular y Federativa!

¡¡¡Hacia el socialismo!!!

1º de Mayo de 2016