Declaración de la XXI Plenaria de la CIPOML [descargar]

1. El pulso del moribundo sistema capitalista es débil e irregular

La XX plenaria de la CIPOML, celebrada en Turquía en 2014, realizó un análisis de la situación internacional aclarando que «el mundo capitalista imperialista está entrampado en sus contradicciones irresolubles» y llegaba a la conclusión de que una nueva crisis económica estaba en ciernes.Los acontecimientos que se han desarrollado confirman la dinámica, las tendencias y las previsiones contenidas en el documento aprobado en esa plenaria. Ocho años después del inicio de la más grave y larga crisis de superproducción post-bélica, el prolongado proceso de recuperación de la producción es todavía lento y parcial, con continuas recaídas.

A pesar de los esfuerzos de la burguesía para que el crecimiento recaiga sobre las espaldas de la clase obrera y los pueblos, la economía capitalista a nivel mundial se ha desarrollado a un ritmo modesto respecto al período anterior al estallido de la crisis, con tasas de crecimiento divergentes entre las mayores potencias imperialistas y capitalistas.

El crecimiento del PIB mundial en 2014 ha sido prácticamente igual al de 2013, y en la mayoría de los países ha disminuido. En 2015 el crecimiento será similar. Si confrontamos el período 2011-2014 con el período 2003-2008, vemos que los cuatro quintos de la economía mundial han tenido una media de crecimiento inferior.

La producción industrial mundial se estancó en 2014. En el primer semestre de 2015 se observa una tendencia similar tanto en las potencias imperialistas "avanzadas", como en las "emergentes", particularmente de Asia y América Latina. Incluso el comercio mundial se está reduciendo significativamente. 

Las perspectivas económicas mundiales se oscurecen. La situación está dominada por el débil crecimiento económico después del estallido de la crisis del 2007. Se acumulan síntomas, elementos y factores, se desarrollan tendencias, que pueden desembocar en un nuevo escenario de crisis internacional. Una crisis que algunos países, como Argentina, Brasil y Rusia, ya están sufriendo.

2. Aspectos concretos de la actual coyuntura económica

En el último año los elementos principales, y algunos nuevos, en la esfera económica han sido los siguientes:

a) La marcada disminución de la velocidad de crecimiento de los BRICS, particularmente de Brasil, China, Rusia y los otros países capitalistas "emergentes".

El promedio de crecimiento de los 18 principales países capitalistas "emergentes" (Argentina, Brasil, Chile, China, Colombia, India, Indonesia, Malasia, México, Perú, Filipinas, Polonia, Rusia, Sudáfrica, Tailandia, Turquía, Ucrania y Venezuela), ha bajado notablemente.

En ello han influido los siguientes factores: la fuerte bajada del precio del petróleo a causa del exceso de producción en el sector, así como los precios del gas, de los metales, de los fertilizantes y de las mercancías agrícolas; la debilidad de la demanda mundial y la reducción de los consumos de las masas, debida al empobrecimiento de los trabajadores; la valorización del dólar y el incremento de las tasas de intereses de los créditos. Eso ha determinado graves pérdidas en los países productores de América Latina, de Rusia y los países de la CEI, del Próximo Oriente, de África.

En los últimos dos años, graves problemas financieros han afectado a algunos de estos países: Brasil, Rusia, Turquía, China, etc. Las inversiones financieras en ellos han disminuido claramente y sus monedas se han devaluado, especialmente respecto al dólar.

Las sacudidas financieras en China y el frenazo de la economía del gigante asiático (la producción manufacturera ha caído en septiembre al nivel más bajo de los últimos seis años y medio) son una nueva expresión de las dificultades del capitalismo que tendrán profundas consecuencias en el ámbito del crédito y de la producción a nivel mundial, y pueden abrir el camino a una nueva recesión.

b) La incertidumbre y el desarrollo desigual de las economías de los principales países imperialistas: EEUU y Reino Unido en crecimiento, por un lado, y la eurozona y el Japón en disminución de velocidad por otro. En ese contexto, las economías "avanzadas" crecieron en 2014 sólo un 1,8%: un crecimiento escaso, a pesar de las políticas monetarias de estímulo a la producción sin precedentes y el precio barato del petróleo.

c) La creciente divergencia en la política monetaria aplicada por los bancos centrales de los principales países imperialistas para detener la caída de la producción y los mercados (por ejemplo, fin del programa Quantitative Easing (QE) en los EEUU, inicio del QE en la UE y amplia inyección de liquidez en el mercado chino), se ha traducido en diferentes tasas de interés de las monedas y en la consolidación del dólar.

d) La constante debilidad del comercio internacional se debe a la disminución de la velocidad de la actividad económica y a la escasa demanda de los países más ricos. En el período 2012-2014, el comercio ha registrado un promedio inferior al 4%, muy inferior respecto al período anterior a la crisis, en el que el crecimiento promedio fue de cerca del 7%. A principios de 2015, el volumen del comercio mundial ha seguido disminuyendo.

3. El curso económico en los principales países imperialistas y capitalistas

Estados Unidos de América. En el país que ha sido al epicentro de la crisis, se observa un crecimiento oscilante del PIB que al final del 2014 ha sido de cerca del 2,4%, favorecido por el bajo precio de la energía, una baja tasación, etc. Sin embargo, el ritmo de la recuperación es vacilante y las perspectivas no son favorables y se pueden agravar.

La producción industrial estadounidense ha superado por poco los niveles previos a la crisis, pero no ha continuado su desarrollo ulteriormente.

El exceso de capacidad productiva es amplio. Éste es un síntoma de la continuación de graves problemas que inevitablemente se manifestarán con una nueva destrucción de capital.

Durante el último año las inversiones interiores se han estancado; en el sector energético se ha producido una caída de las inversiones. El dólar, sobrevalorizado, ha deprimido las exportaciones. Los yanquis todavía tienen el déficit mayor del mundo, estimado en el 2014 en 430.000 millones de dólares.

La situación confirma que el imperialismo norteamericano ya no tiene la fuerza necesaria para incidir en el conjunto de la economía capitalista, pero es capaz, con sus políticas financieras y energéticas, con el predominio del dólar y con la potencia militar, de descargar sus dificultades y desequilibrios sobre los otros países, especialmente en los dependientes.

China. En el gigante capitalista asiático se observa una progresiva disminución del crecimiento económico que, en 2014, fue del 7,4% -el peor resultado desde 1990. En 2015 el crecimiento cae alrededor del 7%.

China padece desde hace tiempo un elevado exceso de capacidad productiva en todos los sectores. Superproducción, sobreconstrucción y sobreacumulación de capital son tres aspectos interconectados de su economía.

En los últimos años, como resultado de esta situación -agravada por la caída de los mercados europeos y americanos-, la producción industrial china ha disminuido visiblemente.

Al mismo tiempo, se ha formado una gigantesca burbuja inmobiliaria y luego una burbuja bursátil. La deflación de las burbujas chinas ha sido una de las causas de la decadencia del crecimiento económico a partir del 2012.

El gobierno chino ha tratado de frenar la desaceleración económica y la fuga de capitales con medidas de tipo keynesiano, gigantescas introducciones de liquidez en las instituciones financieras y la devaluación del yuan. Pero lo logró solo parcialmente.

El bajo crecimiento de China tiene efectos negativos sobre toda Asia y sobre la economía mundial, especialmente en los países "emergentes" a causa de las uniones financieras y el gran volumen del export.

Japón: En el 2014 el PIB del Japón ha disminuido bruscamente, a pesar de la devaluación del yen, favorable para las exportaciones, y el bajo precio del petróleo. El impulso engendrado por las medidas de estímulo fiscal del 2013 se ha agotado, por lo que el Banco del Japón ha retomado el programa QE. El Japón ha repercutido en el último período la disminución de velocidad de la economía china. También el consumo se ha restringido.

Unión Europea. La lentitud de los procesos de recuperación económica es particularmente evidente en los países de la UE imperialista, a pesar de la caída del precio del petróleo, de las medidas extraordinarias adoptadas por el BCE y del cambio favorable del euro. Si consideramos la UE-15, el crecimiento en 2014 ha sido sólo del 1,2%.

Incluso Alemania no ha ido más allá del 1,6% en el 2014, con una tendencia a la disminución de velocidad en 2015. Con el export mantiene un fuerte superávit comercial (ha superado China en el 2014).

Francia ha cerrado el año con un modesto 0,4%. Italia, después tres años de recesión, registra en el 2015 un minúsculo crecimiento. Entre las potencias europeas, sólo el Reino Unido ha alcanzado en 2014 un crecimiento del 2,6%. España se encuentra en situación parecida a la de Italia.

En la UE las inversiones en capital fijo se han restringido considerablemente. Eso depende de algunos factores: tendencia a la sobreproducción, efectos a largo plazo de la crisis cíclica del 2008-2009, incertidumbres políticas y creciente tensión en la Europa oriental.

El nivel de desempleo en la eurozona ha sido muy elevado en 2014: cerca de 11,5%, con máximos en Grecia (26%) y España (24,5%). Características del desempleo en Europa son el alto porcentaje de jóvenes parados y la larga duración del período de paro para los trabajadores.

La inflación en 2014 ha sido negativa, causando problemas a los países con elevada deuda. Entre junio de 2014 y mayo de 2015, el euro se ha depreciado un 18% respecto al dólar.

En este escenario, el BCE decidió en marzo de 2015 llevar el programa de adquisición de bonos del Estado y bonos privados (60.000 millones de euros por mes, desde marzo de 2015 a septiembre de 2016), además de las medidas ya tomadas de ayuda a los bancos.

Las medidas extraordinarias del BCE no han dado hasta ahora resultados consistentes. Persiste la posibilidad de un prolongado estancamiento con baja inflación en la eurozona.

Añadimos que el proceso de "convergencia" de la UE encuentra mayores dificultades por la acción conjunta de la ley del desarrollo desigual y de la política de supremacía del imperialismo alemán. El caso griego es la demostración palpable de la quiebra de la UE y de la ambición de la potencia alemana de imponer su hegemonía. Pese el esfuerzo de la burguesía europea, particularmente alemana, por acelerar la construcción de los "Estados Unidos de Europa", que limitaría fuertemente la soberanía popular y nacional, la realidad confirma que estos «son imposibles o reaccionarios en el capitalismo».

En Brasil continua el proceso de desaceleración de la economía, acompañado por masivos despidos de trabajadores, elevada inflación, endeudamiento de las empresas y pobreza creciente de las masas. Las inversiones extranjeras cayeron notablemente. La economía brasileña ha padecido la caída de las exportaciones hacia China y la bajada de los precios de las materias primas. Esto, junto al aumento del déficit público, impide una política keynesiana.

Pero en general, en el área de América Latina y Caribe, durante 2014 el crecimiento ha decaído por cuarto año consecutivo, llegando a un 1,3% total. La pendiente de los precios de las materias primas ha tenido como resultado el aumento de los déficit y las dificultades económicas de los países exportadores. Venezuela ha sido particularmente golpeada por el colapso del precio del petróleo, lo que ha empeorado una situación ya de por sí complicada y agudizada por las maniobras de los sectores burgueses que especulan y desorganizan la economía.

India. El crecimiento en India ha sido del 7,2% en 2014 y se mantiene en 2015, lo que arrastra a la región de Asia del Sur. Actualmente India registra el crecimiento mayor del mundo. El sector predominante es el de los servicios. Pero no será fácil mantener este ritmo, a causa de obstáculos internos estructurales (por ejemplo, la controvertida reforma de la propiedad de la tierra, crucial para los capitalistas) y la caída de las inversiones extranjeras, que el gobierno trata de recuperar con una ley de reforma agraria e impulsando una política abiertamente reaccionaria y antipopular.

Rusia. En Rusia la bajada del precio del petróleo, las sanciones económicas, el derrumbamiento de las inversiones, han determinado en 2014 una depresión que persiste en 2015. Esto se acompaña con la devaluación del rublo y una creciente inflación. En general, la situación en toda la Confederación de Estados Independientes (CEI) se ha deteriorado sensiblemente, con la contracción anual.

4. Nuevas tormentas financieras que pueden sacudir al capitalismo

Aunque no han terminado las consecuencias del terremoto desencadenado en 2007, en las vísceras del sistema imperialista-capitalista se desarrollan factores y elementos que pueden llevar a una nueva crisis financiera. Veamos algunos aspectos de este proceso.

a) En el período 2004-2013 se formó en China una gran burbuja inmobiliaria, que triplicaba los precios de las viviendas. El boom especulativo en este sector fue el resultado de la reducción de la tasa de ganancia en la industria, golpeada por la sobreproducción. El sector inmobiliario se vio alentado por la política de urbanización y la emisión de grandes cantidades de yuanes decidida por el gobierno, la deuda de los gobiernos locales, así como las inversiones de los monopolios en este sector altamente rentable, que ha sido durante años un motor económico del crecimiento chino.

La burbuja inmobiliaria comenzó a desinflarse en el 2011 por la adopción de políticas monetarias restrictivas, impuestos y prohibiciones de ventas de casas. En el 2012 el crecimiento chino empezó a frenarse. El banco central chino intervino sobre el crédito e introdujo liquidez en el sistema. Eso ha contribuido a desarrollar una burbuja en el mercado de acciones, en el que los bancos, los monopolios chinos y extranjeros y los pequeños ahorradores han invertido ampliamente capitales como sucedáneo del sector productivo e inmobiliario. La nueva burbuja especulativa se infló dramáticamente en poco tiempo.

En junio de 2015 se inició el derrumbe del mercado bursátil chino. El gobierno ha tratado de frenar la caída con medidas extraordinarias. Pero Pekín, que ha liberalizado gran parte de la economía y financiera (existe un amplio sistema crediticio paralelo), no puede controlar todos los factores de anarquía en el mercado capitalista y no puede evitar el estallido de nuevas crisis que, cuanto más tarden, más destructivas y contagiosas serán.

b) Hay otros elementos que empujan a la formación de burbujas de capital ficticio en los mercados financieros americanos y europeos. Su origen está en la política monetaria ultraexpansionista seguida por EEUU y la UE para rescatar bancos. Se especula con capitales líquidos a bajo tipo de interés, la droga financiera, en los "mercados financieros paralelos", donde los “buitres de la bolsa” buscan una remuneración más alta.

c) Otro factor de riesgo es la erosión de los márgenes de seguridad financiera en los países productores y exportadores de materias primas. El anunciado crecimiento de las tasas de interés en los EEUU puede causar un reflujo de capitales de los mercados "emergentes", amplificando la vulnerabilidad y la inestabilidad de estas economías que se ralentizan.

d) Existen, por fin, los problemas de Europa, especialmente de sus países meridionales. El sector bancario en la UE todavía está bajo trastornos y lleno de títulos tóxicos que el BCE está "lavando" con el programa QE. Hay serios problemas en las compañías de seguros y en las llamadas clearinghouses, creadas para concentrar los derivados tóxicos. A eso se acompaña el posible default de Estados fuertemente endeudados como Grecia, Bulgaria, Croacia, Portugal, Italia, cuyas consecuencias son imprevisibles.

Vemos que las “soluciones” de la crisis anterior han echado más leña al fuego. Hay diferentes factores detonadores, que pueden desarrollarse y producir un nuevo incendio financiero, que tendrá efectos devastadores en el proceso productivo.

5. Empobrecimiento del proletariado y aumento de las desigualdades sociales

El modesto crecimiento de las principales economías capitalistas no ha representado alivio alguno para la clase obrera y demás clases trabajadoras. Los sacrificios siguen.

Este reanudación ha ido acompañada por elevados niveles de paro (en los países OCDE hay 40 millones de desempleados), especialmente juvenil; el empeoramiento de las condiciones de trabajo, la disminución de los salarios reales y la ampliación de la discriminación salarial para las mujeres trabajadoras; el aumento de la carga tributaria sobre la masa trabajadora; por lo tanto, el progresivo empobrecimiento de la clase obrera, de los pequeños campesinos y de las masas populares.

La ocupación crece muy lentamente (especialmente en el sector informal y sin tutelas, en las ocupaciones a tiempo parcial, etc.), y en la mayor parte de los países imperialistas es improbable e insuficiente recobrar las pérdidas registradas después de 2008. La sobreproducción de capital está acompañada por la superpoblación de trabajadores desempleados.

La crisis ha facilitado una posterior concentración y centralización del capital en manos de los monopolios internacionales.

Mientras la pobreza crece en muchos países, incluidos los más “avanzados" (en los EEUU es cerca del 17,6%), golpeando vastas capas de trabajadores, la riqueza social es acaparada, cada vez más, por un estrecho grupo de magnates financieros.

Los datos demuestran que en el período 2008-2014 la cuota de riqueza mundial poseída por el 1% más rico ha crecido del 44 al 48%. Por consiguiente, la cuota de riqueza poseída por el 99% de la población mundial ha bajado del 56 al 52%.

En los últimos años, la riqueza poseída por los 80 individuos más ricos del mundo ha aumentado rápidamente: hoy, esos 80 representantes de la oligarquía financiera detentan una riqueza igual a la de la mitad más pobre de la población mundial (3.600 millones de personas).

Las tendencias descritas empeoran la situación de las masas trabajadoras y los pueblos en el moribundo sistema capitalista, cada vez más caracterizado por la concentración de la riqueza social en pocas manos, la insoportable opresión de unos monopolios sobre el resto de la población, la generalización de la pobreza.

El consumo restringido de las masas, debido al empobrecimiento de los trabajadores, constituye un importante factor de la crisis del capitalismo. Al mismo tiempo es un poderoso factor para el desarrollo de la lucha de clase del proletariado, que aboliendo el capitalismo eliminará la causa de todas las desigualdades sociales.

6. Decadencia y descomposición del sistema capitalista

En las anteriores crisis posbélicas, el capitalismo logró restablecerse con sus propias fuerzas en pocos años.

Después de la gran crisis de 2008 hubo una reanudación, no conseguida por las fuerzas internas del capitalismo, sino con la droga de las ayudas estatales. Culminó en el 2010, seguida en el 2011 por una fase de estancamiento y luego de recesión.

En los principales países imperialistas el aparato productivo ha superado en 2009 el punto más bajo del ciclo, pero la desigual recuperación económica no se ha transformado en una fase de auge, de prosperidad; esta fase tiende a desaparecer debido al hecho de que la expansión de la producción capitalista se puede encontrar bien pronto en conflicto con los límites del mercado.

La debilidad de la reanudación observada en el 2014 y la bajada observada en los primeros meses de 2015 señalan un problema de superproducción persistente y no solucionado.

El creciente superávit de capacidad productiva, la parcial utilización de las instalaciones industriales que se registra en los países imperialistas y capitalistas, es un hecho que demuestra que el capital tiende a la superproducción crónica. Las barreras de la producción son continuamente infringidas por la especulación financiera para valorizar el capital, pero esto lleva inevitablemente a nuevas y violentas crisis.

La disminución de velocidad de los "países emergentes", que han sido los amortiguadores de la crisis en los años pasados, acarrean graves implicaciones para toda la economía capitalista y en caso de una nueva crisis no podrán jugar el mismo papel.

China, que ha sido un factor clave para evitar la recesión mundial en los años pasados, se transforma en lo opuesto, y se convierte en factor de una nueva crisis mundial del capitalismo.

El análisis nos lleva a concluir que el capitalismo ha superado parcialmente la crisis anterior -cuyo impacto no se ha agotado todavía-, preparando las condiciones de una nueva y más destructiva crisis de superproducción relativa, inevitable resultado de la contradicción entre el carácter social de la producción y la apropiación capitalista de los resultados de la producción social.

La próxima crisis tendrá consecuencias más profundas que la anterior, ya que no ocurrirá después de un período de prosperidad, sino después de un período de estancamiento y modesta recuperación; además, los balances estatales de muchos países imperialistas y capitalistas no serán capaces de soportar nuevos y más altos niveles de deuda para salvar bancos y monopolios.

Es decir, no hay condiciones para una relativa estabilización capitalista. Al contrario, continúa el proceso de descomposición del capitalismo monopolístico, que se manifiesta en el marco del agravamiento de la crisis general del sistema capitalista, el cual entra en una nueva y destructiva etapa.

La correlación y la interdependencia entre crisis general y crisis cíclicas y sectoriales del capitalismo que tienen lugar en diferentes países del mundo son evidentes, y se reflejan en la duración de los periodos de crisis y estancamiento, en su profundidad, en la debilidad de la recuperación y en la inestabilidad general.

La liquidación del asfixiante dominio capitalista es la única solución posible, necesaria y urgente de los problemas de la humanidad.

7. Agudización de las contradicciones del capitalismo y peligros de guerra

El desarrollo desigual del capitalismo en los diferentes países, las crecientes dificultades económicas y políticas, la tentativa de descargar las consecuencias de la crisis sobre los rivales, han llevado a un empeoramiento de las relaciones entre las potencias imperialistas.

No se trata sólo de una competencia económica y financiera más intensa en todos los continentes, de disputas comerciales y políticas para los mercados, materias primas, agua dulce y tierras fértiles, etc., sino de una marcada inestabilidad de las relaciones internacionales, una exacerbación de las tensiones militares, una preparación para un nuevo reparto del mundo, quizá mediante la fuerza armada.

La política y la estrategia hegemónica del imperialismo de los EEUU encuentran una respuesta más decidida del imperialismo ruso y chino, que no están dispuestos a soportar el dominio mundial de los norteamericanos y tratan de quebrantar su “orden mundial”.

Hay muchos focos de guerra que pueden evolucionar, por la creciente agresividad imperialista, en una guerra generalizada. Los conflictos armados locales y regionales en Siria, Iraq, Libia, Yemen, Ucrania, África central y occidental, Afganistán…; la tensión creciente en el Mar de China y el Océano Pacífico, en los Balcanes, en Pakistán, en Venezuela y Colombia, etc.; el impulso al rearme de las potencias imperialistas, la militarización de las economías y la transformación reaccionaria y fascista de los Estados burgueses, son expresión de las contradicciones interiores y externas del capitalismo, de la lucha por la supremacía, que acrecientan el peligro de una guerra de amplia envergadura.

Siria, la puerta del Próximo Oriente (y del petróleo), es hoy un campo de batalla de la disputa interimperialista. Sobre su territorio están presentes directamente las fuerzas militares de potencias imperialistas rivales y de sus aliados, que actúan con fines e intereses estratégicos contrapuestos. La situación es peligrosa y puede degenerar fácilmente en un choque directo.

También en America Latina hay evidentes manifestaciones de contradicciones interimperialistas. En el “patio trasero” de los yanquis, China y Rusia han logrado tener una importante presencia comercial y actividad, particularmente en el sector de extracción de minerales y petróleo. Frente a esto, EEUU y la OTAN buscan retomar la iniciativa comercial y militar en la región, con la instalación de nuevas bases militares, así como con tratados que, como el TTIP, profundizan la dependencia de los países dependientes.

En este escenario, el imperialismo estadounidense -fuerte por su potencia militar, financiera y tecnológica, y por las transformaciones energéticas- ha elaborado una estrategia para defender sus intereses y conservar su "orden mundial", sacudido por el crecimiento económico, militar y de influencia de otras potencias imperialistas que quieren sustraerse al dominio estadounidense.

Con ese fin la superpotencia americana trata, por un lado, de reforzar y dirigir un amplio sistema de alianzas con Estados y "subestados" subalternos y vasallos; de otro lado, impedir a cualquier otra potencia adquirir un poder igual al suyo, previniendo la formación de alianzas en torno a potencias imperialistas rivales que pueden desbancar su hegemonía en el mundo capitalista.

El plan estratégico de los EEUU se basa en un vasto programa de medidas de orden militar, económico, energético, político y diplomático, y es acompañado por una hipócrita campaña ideológica.

Este plan de larga perspectiva no se focaliza sobre una sola área, sino que tiene el mundo como campo de acción, y define un conjunto de prioridades en función de los intereses globales del imperialismo estadounidense:

a) El reequilibrio de la fuerza militar en la región de Asia-Océano Pacífico, baricentro económico mundial, para contener el crecimiento de la superpotencia china y de las otras potencias emergentes que disputan su supremacía y privilegios en este área crucial; b) el mantenimiento del dominio en Europa por la OTAN, para rodear Rusia y contener la ascensión del imperialismo alemán, obstaculizando sus relaciones con Rusia y China; c) una fuerte presencia militar en el Golfo Pérsico y el rediseño de las fronteras del Próximo Oriente; d) el mantenimiento de la supremacía militar y tecnológica, modernizando y consolidando los armamentos nucleares y convencionales, reorganizando las fuerzas armadas para combatir en más guerras regionales de largo período, además de guerras locales en diferentes continentes; e) actividades de contraguerrilla y contrainsurgencia urbana, por parte de sus agencias y de acuerdo con aliados locales; f) parar ataques directos a los EEUU, actuando unilateralmente y con cada medio a escala mundial; g) mantener la estabilidad interior, amenazada por las revueltas sociales, previniendo su extensión (en julio se ha desarrollado en los EEUU una gran maniobra militar por el control de su territorio, en previsión de revueltas más amplias que las de Ferguson y Baltimore).

El área Asia-Océano Pacífico es el corazón de la estrategia hegemónica de los EEUU.En los próximos cinco años los EEUU tendrán el 60% de su flota naval en el Océano Pacífico. En esta área, los EEUU aspiran a redefinir en sentido más agresivo la alianza con Japón, Corea del Sur, Australia, Filipinas y Tailandia, rearmando a estos países. También están empeñados en reforzar las relaciones con India, Indonesia, Malasia y Vietnam. A través del ASEAN y la Cumbre East Asia, quieren realizar en este continente una alianza estratégica, antichina y antirrusa.

En Asia central, la OTAN está incorporando Georgia y continúa «profundizando la cooperación» con Kazajistán, Kirguizistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán, para contrarrestar la unión económica eurasiática, que comprende Rusia, Bielorrusia, Kazajistán, Armenia y Kirguizistán.

EEUU y la OTAN continúan la guerra en Afganistán, país de importancia geoestratégica. Al mismo tiempo, los EEUU amenazan a otros Estados, como la R.P.D. de Corea, que pueden comprometer de algún modo sus intereses o representar amenazas locales.

En Europa se observa el paso del imperialismo norteamericano a una política extremadamente agresiva y abiertamente expansionista. La plena integración de los países balcánicos y orientales en la OTAN, la extensión de su área operativa y la triplicación de las tropas de intervención rápida en la Europa oriental son aspectos clave de la maniobra de cerco a Rusia.

Mientras aceleran la “modernización" de las armas nucleares estadounidenses en Europa, los yanquis reorganizan su fuerzas en función del apoyo a los nuevos vasallos (Ucrania, Georgia, República de Moldavia...).

Ucrania está encuadrada de facto en la red de la OTAN como país clave para sitiar Rusia y destruir sus relaciones con Alemania. En Europa central y en el Báltico, la OTAN ha enviado cazabombarderos que "patrullan" los cielos en los límites del espacio aéreo ruso. En el Mar Negro se agrupan barcos de guerra norteamericanos, canadienses, alemanes, italianos, turcos, búlgaros y rumanos, además de los rusos. Existe la posibilidad de una escalada militar en la región del Donbass, en cuyo caso la clase obrera y la población están amenazadas por las rivalidades interimperialistas.

En este momento (octubre 2015) se lleva a cabo en Italia, España y Portugal Trident Juncture 2015, el mayor ejercicio militar de la OTAN desde el fin de la “guerra fría”. Objetivo: someter a prueba la “Fuerza de respuesta”, sobre todo su “Fuerza de punta”. Contará con la participación de la UE y la Unión Africana.

Subrayamos el papel asignado a España, con el escudo antimisiles y la creación de una fuerza de intervención rápida con treinta mil soldados, que puede ser operativa en 48 horas.

Mientras que la OTAN aumenta la presión sobre Rusia, asistimos a la interferencia continua de los EEUU sobre su aliados para "compartir el fardo de los gastos militares", así como para obligar a la UE a firmar el acuerdo TTIP (y en Asia el acuerdo Transpacífico), en contraposición a la “nueva ruta de la seda" chino-rusa y los gasoductos rusos para el abastecimiento energético de Europa.

Se observa que los países de la UE dependientes del petróleo y gas de Rusia (por ejemplo Italia), o con fuertes lazos industriales y comerciales (como Alemania), tienen dificultades para seguir la política de guerra y sanciones impuestas por los EEUU, e invocan una “solución política”.

El Próximo Oriente, área caracterizada por una fuerte inestabilidad política, no tiene ya la misma importancia anterior para los EEUU. En lugar de la presencia militar directa, la intervención imperialista yanqui se lleva a cabo organizando golpes y guerras civiles reaccionarias, adiestrando, financiando y armando al fundamentalismo islamista y otras fuerzas contrarrevolucionarias, oscurantistas y reaccionarias que se oponen violentamente al campo de las fuerzas revolucionarias y progresistas, antiimperialistas y democráticas.

La estrategia del "caos constructivo" en Siria, en Iraq y en Libia, llevada a cabo con la colaboración del ejército irregular del ISIS -un subproducto de las intervenciones imperialistas en la región-, sirve para golpear los procesos revolucionarios y democráticos e impedir que potencias rivales puedan sacar ventaja del vacío político, ganando posiciones y debilitando la hegemonía norteamericana.

Claramente, tras el pretexto de la «lucha contra el terrorismo» está la guerra por el control de los recursos mineros y petrolíferos y de las zonas estratégicas, así como las rivalidades entre las potencias imperialistas y sus aliados locales.

En esta convulsa región, los EEUU pueden contar con la alianza con el sionismo de Israel, con Jordania, Egipto, las cuatro monarquías del Golfo y Arabia Saudí. Otros evidentes aspectos son: la táctica de equilibrio entre las fuerzas sunitas y chiítas, para controlar ambas; el acuerdo nuclear con Irán, que permite a Washington dirigir recursos y medios hacia los conflictos mayores y proporciona petróleo y gas iraní a la UE, disminuyendo la dependencia energética respecto a Rusia.

El acuerdo de Viena sobre la cuestión nuclear, firmado por el régimen islámico de Irán y los “5+1”, ha sido redactado en función de los intereses del imperialismo norteamericano, que ha impuesto sus reglas en detrimento de la soberanía nacional del pueblo iraní.

En América Latina, el imperialismo norteamericano trata de mantener su hegemonía, amenazada por China y otros países imperialistas, y desarrolla su política belicista apoyándose sobre gobiernos lacayos, como en el caso de Perú, México, Chile, Colombia. La OTAN estableció en 2013 un acuerdo ilegal sobre la seguridad con Colombia, ya comprometida en programas militares, como la formación de fuerzas especiales. Este acuerdo es una amenaza de intervención militar en la región y sirve para rodear Venezuela, ya sometida a un bloqueo económico y a una ofensiva mediática que preceden a la agresión.

Esencial para los EEUU es la formación de un triángulo de influencia entre Centroamérica, Colombia y Caribe, para contrarrestar la creciente penetración financiera y comercial de China en el viejo "patio trasero". En este sentido hay que entender la reciente apertura en Cuba, con la renuncia del criminal bloqueo económico y político.

En África, después de haber demolido Libia y organizado el golpe militar en Egipto, los EEUU, además de intensificar su presencia militar (por ejemplo en Níger), crear infraestructuras para la guerra y preparar intervenciones militares (como en Nigeria), están potenciando la asistencia militar y económica a la Unión Africana. Iniciativas como Power Africa, Trade Africa y AGOA sirven para aumentar la capacidad de robo de los recursos naturales y la influencia política, así como para frenar la creciente presencia china en el continente.

Evidentemente, las otras potencias imperialistas no se limitan a observar: defienden sus propios intereses y zonas de influencia contra sus rivales.

China imperialista sigue aumentando la exportación de capitales en todo el mundo (especialmente en América Latina y en los centros financieros offshore), continúa fortaleciéndose militarmente y desarrollando un papel de superpotencia en Asia y otras regiones del mundo.

En África, la potencia china está presente y es activa en el marco de la rivalidad entre las potencias imperialistas, especialmente en el terreno económico y en la disputa por las materias primas, el petróleo, uranio, etc. África es un terreno de lucha entre las potencias imperialistas. Es también un terreno económico importante para la penetración de capital y mercancías chinos, en competición con los monopolios británico, francés, norteamericano, etc. China tiene también intereses estratégicos en este continente.

Sobre el plano político-militar, China está afirmando su capacidad de actuar unilateralmente, especialmente en el dominio marítimo. Continúa su esfuerzo para contrarrestar la tecnología militar avanzada de los EEUU.

En el Mar de China meridional –donde transitan la mitad de los barcos comerciales en ruta hacia Europa, Próximo Oriente y Asia oriental y hay fondos ricos en petróleo y gas– es evidente el incremento de la presencia militar china. La actitud china es más agresiva no sólo hacia los EEUU, también hacia Japón, Vietnam (disputa de las islas Paracel y Spratly y sobre las plataformas petrolíferas), Filipinas (disputa por las islas Spratly y la isla Huangyan), Malasia y Taiwán.

Para reivindicar su soberanía sobre el 80% del área marítima meridional, China construye islas artificiales sobre arrecifes coralinos a miles de kilómetros de su costa. Apunta a controlar el estrecho estratégico de Malaca, entrando en conflicto directo con los EEUU y el Japón. También en el Mar de la China oriental hay fuertes roces con el Japón por las islas Senkaku/Diaoyu.

Para afirmar sus intereses en el área -en contraste con la supremacía naval norteamericana-, China ha aprobado un programa para realizar una flota potente y moderna de más de 300 barcos de guerra, con sistemas antimisil.

La tensión y la presencia militar en el este de Asia y en todo el Mar de la China están en rápido aumento, así como el nacionalismo en los países de la región: eso es indicativo de la tendencia a la confrontación imperialista.

El imperialismo ruso desarrolla un papel más activo a nivel diplomático y militar. Ha modificado su doctrina militar y se demuestra más dispuesto a la intervención directa para defender sus intereses y sus fronteras. Además de modernizar su arsenal estratégico, está potenciando las fuerzas especiales de intervención rápida para operaciones en el área de la antigua Unión Soviética, para crear "situaciones de facto" sobre el terreno.

Aunque debilitado económicamente, trata de recobrar su papel de gran potencia imperialista y refuerza los lazos con China a través de múltiples instituciones económicas y militares.

En la Conferencia de Moscú del pasado mes de abril sobre la seguridad internacional,   Rusia, China e Irán llevaron a cabo coloquios a nivel militar para mejorar su cooperación y contrarrestar la expansión de la OTAN.

La intervención rusa en Siria, con bombardeos a los enclaves yihadistas, ha pillado por sorpresa a EEUU e Israel, y pone de manifiesto que el imperialismo ruso no quiere perder su áreas de influencia, sus aliados y su base militar en el Mediterráneo.

El imperialismo alemán afirma cada vez más su papel de gran potencia a la búsqueda de su "espacio vital", no sólo a nivel económico (por ejemplo, los diktat a Grecia), sino también político y militar. Tiene programado un aumento consistente del gasto militar, con adquisiciones de tanques, armas y equipos. Apunta a reforzar su industria bélica para hacerse independiente de los EEUU.

El imperialismo francés defiende infatigablemente sus áreas de influencia en África, activando todas su palancas: aumento de los gastos y bases militares, envío de misiones militares y mantenimiento de bases permanentes en los países de la "Francáfrica" (Malí, República Centroafricana, Chad, Níger, Costa de Marfil…). Lleva a cabo en esta región presiones económicas, injerencias políticas y diplomáticas, vigilancia de las fuerzas revolucionarias: una política abiertamente neocolonial.

El Japón imperialista ha"interpretado" su Constitución para dar mayor espacio a la flota militar y ha aprobado una ley que permitirá que sus fuerzas armadas participen en operaciones en el exterior. Al mismo tiempo aumenta los gastos militares el 2% (en 2015 ha alcanzado el récord después de la Segunda Guerra Mundial), dotándose de aviones de nueva generación, incluidos los F-35 americanos, drones y barcos muy avanzados: el imperialismo del “Sol naciente” se transforma así en el "vigilante” de China.

La exacerbación de las rivalidades interimperialistas y la competencia entre los monopolios determinan una consolidación y reorganización de los bloques económicos y militares. Hoy, excepto la OTAN, no hay bloques estables. La situación es fluida, las alianzas pueden cambiar rápidamente. Hay numerosos grupos de contradicciones, líneas de fractura entre las potencias imperialistas y capitalistas, entre los campos reaccionarios, que se asocian y se separan.

La tendencia general es al empeoramiento de la situación política, al rearme y la militarización, a la intensificación del nacionalismo y del chovinismo. Se acentúan las intervenciones imperialistas -no solamente militares, sino también económicas y políticas-, la interferencia y la brutal presión sobre los pueblos oprimidos y los países económicamente débiles, lo que mantiene la inevitabilidad de las guerras entre los países imperialistas y capitalistas, y por lo tanto la necesidad de derrocar a la burguesía.

8. La incesante oleada migratoria

Como resultado de la expoliación económica y la desestabilización política de países, de las guerras de robo y de los regímenes reaccionarios, del hambre y de las insoportables condiciones de vida, de lanegación de cualquier perspectiva favorable para las jóvenes generaciones, continúa y se amplifica la oleada migratoria de los países dependientes de Asia, de África, de América Latina y del Caribe.

Grandes masas de hombres, de mujeres, de jóvenes, que huyen de la miseria, de la guerra y la opresión política, tratan de llegar a los países capitalistas más ricos y desarrollados, a menudo perdiendo la vida en las travesías del mar y otras vías. En el primer semestre de 2015, dos mil migrantes murieron ahogados en el Mediterráneo mientras intentaban llegar a las costas europeas.

Los países imperialistas -que tienen la responsabilidad histórica y principal de esta situación- erigen muros cada vez más altos para impedir la entrada de los migrantes, entre los cuales hay muchos refugiados políticos.

Los migrantes, cuando logran alcanzar su meta, a menudo son sometidos a la explotación más dura, discriminaciones, privación de los derechos y seguridad social, condiciones de vida bestiales. Son perseguidos por la policía y atacados por grupos racistas, fascistas y populistas que alimentan la hostilidad con el pretexto de la «invasión» de los migrantes.

Evidentemente, el fenómeno de la migración tiene connotaciones económicas. Las potencias imperialistas, particularmente EEUU y Alemania, provocan e impulsan el proceso migratorio de la fuerza de trabajo con dos fines: aumentar la presión sobre la clase obrera nativa para eliminar las conquistas sociales obtenidas y renovar su fuerza de trabajo, pues su población activa está en un proceso de envejecimiento y por lo tanto se necesita integrar obreros jóvenes a precio barato.

Al mismo tiempo, algunos gobiernos y sectores reaccionarios y xenófobos de la burguesía utilizan los migrantes como válvula de desahogo de las tensiones sociales: activan políticas cada vez más agresivas, advierten del peligro social que conlleva la emigración masiva y criminalizan a todos aquellos que son solidarios con los migrantes. Debemos también considerar que los migrantes aportan importantes experiencia de lucha que han desarrollado en sus países dependientes.

Junto a la oleada migratoria procedente de los países dependientes y subdesarrollados, se amplifica también el fenómeno de la emigración de los jóvenes golpeados por el impacto de la crisis económica en los países avanzados. Inmigración y emigración son tan inseparables del capitalismo como el desempleo, la pobreza y las guerras.

9. El agravamiento de la situación política en los países imperialistas y capitalistas y la ofensiva contra la clase obrera

La última crisis capitalista y las persistentes dificultades económicas han producido un empeoramiento de la situación política en los países imperialistas y capitalistas, así como en la destrucción de la soberanía y de la independencia nacional de los países dependientes.

Mientras crece el descontento y la desconfianza hacia las corruptas clases dominantes y el parlamentarismo burgués, asistimos en muchos países a un proceso de transformación reaccionaria del poder estatal, que tiende a la forma de dictadura abierta de la burguesía.

El empeoramiento de la situación económica y política empuja a la burguesía –en crisis de consentimiento y liderazgo– a acentuar los métodos autoritarios y prepotentes de sus gobiernos; a liquidar los derechos y las libertades de los trabajadores como la libertad de huelga, organización, expresión, manifestación, etc.; a reprimir las luchas obreras y populares, para debilitar la organización y la resistencia de las masas y hacer ilegales sus luchas.

Al mismo tiempo, las clases dominantes se esfuerzan en restringir las prerrogativas de los parlamentos, modificar en sentido reaccionario las constituciones democrático-burguesas y cancelar los espacios políticos y sindicales utilizados por el movimiento obrero y comunista.

En los países donde la burguesía ya no puede gobernar con sus viejos métodos y partidos, se sirve de movimientos populistas y nuevos partidos socialdemócratas, así como de los partidos confesionales, semifascistas y fascistas para desviar el descontento de las masas, dividirlas y conservar su dominio de clase. Las condiciones de libertades “democráticas” y los derechos de los trabajadores en muchos países sufren violentos ataques.

La política de guerra y el intervencionismo militar se traducen en los países en un aumento de las medidas de “seguridad” y represivas, en un clima de intensa propaganda demagógica y xenófoba que envenena la opinión pública.

Continúa la ofensiva anticomunista, que se expresa en brutales ataques y denigraciones y se fortalece especialmente en los países bálticos y en Ucrania, con la prohibición de la actividad política y de los símbolos comunistas, y con la obscena equiparación entre comunismo y fascismo.

El ataque capitalista contra la clase obrera se efectúa en múltiples frentes, sobre la base de las directivas establecidas por la oligarquía financiera para obtener la máxima ganancia.

Consiste en la liquidación de todas las conquistas y los derechos políticos, sociales y sindicales conseguidos por la clase obrera en décadas de luchas; en las llamadas "reformas estructurales" del mercado de la fuerza-trabajo, que permiten mayor flexibilidad y precariedad, y un más estrecho control sobre la producción; en la "desregulación" total para eliminar las barreras erigidas contra la explotación capitalista.

Continúa el ataque a los salarios, que son diferenciados para favorecer a la aristocracia obrera y perjudicar a la masa obrera. Las pensiones y la seguridad social de los trabajadores se reducen y la edad de jubilación se retrasa. En muchos países, los capitalistas y sus gobiernos están tratando de ampliar la jornada laboral y extender el trabajo nocturno y a los días festivos. Se asiste a la extensión del sector informal, sin derechos para los trabajadores. Las mujeres, los jóvenes, los trabajadores migrantes, son los blancos favoritos de la discriminación y superexplotación, con el intento de romper la resistencia unitaria de la clase obrera. En los países obligados a devaluar su moneda, los trabajadores son obligados a pagar el desastre económico.

En muchos países están rebajándose los convenios colectivos de trabajo (nacionales y de grupo), así como los obreros sindicados que resisten a la ofensiva. Los capitalistas y sus gobiernos incrementan sus esfuerzos para dividir a los trabajadores, enfrentar a jóvenes y ancianos, regulares e irregulares, nativos y extranjeros… En cuanto a los métodos, las amenazas, el chantaje, las mentiras se han convertido en los temas preferidos de la burguesía.

El elevado nivel de endeudamiento de los Estados –debido al rescate financiero de bancos y empresas– y las consiguientes políticas de «austeridad», determinan ulteriores recortes a los gastos sociales, sanitarios y educativos, a las jubilaciones y a los transportes públicos, además del incremento de los impuestos directos e indirectos que cargan sobre las masas trabajadoras.

Los tratados neoliberales como el TTIP, CETA y TiSA incidirán en las reglas que garanticen un mínimo de protección en el ámbito laboral y en la seguridad social, así como en la calidad y sanidad de la alimentación y en la defensa de los servicios públicos. Como consecuencia, los monopolios más poderosos podrán penetrar fácilmente en los mercados para buscar la máxima ganancia. Un efecto de esto será la eliminación de miles de puestos de trabajo. Claramente estos tratados son armas contra todos los pueblos.

Como resultado de la criminal ofensiva del capitalismo y sus gobiernos, se agudiza la lucha de clases.

10. La profunda crisis de la socialdemocracia y del revisionismo

La urgencia para la burguesía de encontrar una vía de escape a sus graves dificultades económicas, descargándolas sobre las espaldas de la clase obrera y capas populares, pero manteniendo la paz social; la necesidad de prepararse para guerras imperialistas, sin alarmar a los pueblos; la aplicación de medidas reaccionarias, bajo la máscara de "reformas" y “democracia", han creado las bases de una abierta colaboración entre la oligarquía financiera y los partidos socialdemócratas y revisionistas, auténticos puntales sociales de la dictadura burguesa y auxiliares del imperialismo.

Donde estos partidos contrarrevolucionarios están en los gobiernos, por lo general participan de modo activo en las medidas que la burguesía adopta contra la clase obrera y las masas populares. Los jefes de estos partidos están completamente integrados en el sistema de la oligarquía financiera, y asumen un papel directo en la consolidación del dominio burgués y en la represión del movimiento obrero. Para mantenerse en el poder, los partidos socialdemócratas llevan a cabo alianzas con partidos de derecha.

Donde no están en el gobierno, los jefes socialdemócratas y revisionistas recurren a métodos más sofisticados, para canalizar y desviar las protestas de la clase obrera y sectores de la pequeña burguesía, afectados por la crisis y las políticas del gran capital y sus instituciones. Es importante observar que en los países imperialistas, particularmente en los más agresivos contra la clase obrera y los pueblos, los socialdemócratas y los revisionistas aumentan su actividad, difunden ilusiones y mistificaciones sobre las instituciones imperialistas y la transformación pacífica de la sociedad, debilitan la vigilancia de las masas contra la reacción política, esconden a las masas el carácter de clase del fascismo y se esfuerzan en "proteger" a la clase obrera de la influencia del comunismo.

En particular, debemos subrayar la función del ala izquierda de la socialdemocracia, que retarda el proceso de desintegración del reformismo y esparce la peligrosa ilusión de que las instituciones imperialistas pueden ser reformadas, hacerse demócratas y "sociales". Un camino que sólo conduce a nuevas y aplastantes derrotas.

En América Latina se ha iniciado la decadencia de los llamados "gobiernos progresistas", que representan fundamentalmente los intereses de la clase media ascendente. La derrota electoral de Evo Morales, la creciente protesta popular contra la política autoritaria y prepotente de Correa, demuestran el decaimiento de una propuesta política -la «revolución ciudadana»- que no ha cambiado la naturaleza capitalista de estos países, no ha eliminado la dependencia del imperialismo y no ha sido capaz de dar respuestas a las múltiples reivindicaciones y expectativas de los trabajadores y los pueblos.

Estos gobiernos se han desplazado gradualmente a la derecha y han asumido posiciones neoliberales y represivas bajo la presión del imperialismo y sus instituciones supranacionales, de los capitalistas, de la cúpula de la iglesia católica. La caída del precio de las materias primas agudiza su crisis y amplía la base de la protesta social.

En el Viejo continente, la falsa consigna de «otra Europa es posible» se rompe bajo las imposiciones de la Troika, mostrando a las masas trabajadoras y los pueblos que el imperialismo no puede ser reformado, hay que derribarlo.

El afán de reorganización de las fuerzas socialdemócratas alrededor de programas de tipo keynesiano es una maniobra de sectores superoportunistas que tratan de asumir la dirección de los procesos de lucha para desviar e ilusionar a las masas, debilitar las acciones revolucionarias y aplicar medidas útiles a la burguesía en las situaciones de crisis aguda, para ganar tiempo y recobrar el terreno perdido.

Estas políticas engendran expectativas entre los trabajadores y en la pequeña burguesía, pero también pueden desinflarse rápidamente, mostrando su inconsistencia y falta de perspectivas reales, debido al agotamiento de las condiciones económicas y políticas (por ejemplo, la liquidación del Welfare state o“Estado del Bienestar”) que en el pasado actuaron a favor de los socialdemócratas y de ruptura con el sistema imperialista-capitalista.

Existe también un proceso de fragmentación y reorganización de sectores de viejos y nuevos revisionistas, especialmente en Europa, que difunden sus posturas contrarrevolucionarias y desviaciones de todo tipo. Pero hay grupos, particularmente de jóvenes, que no siguen a estas posturas y se acercan a los marxistas-leninistas.

La profunda crisis de la socialdemocracia y del revisionismo permite a los Partidos y Organizaciones marxistas-leninistas extender su influencia revolucionaria sobre las masas de los trabajadores, incluidos los trabajadores socialdemócratas. Para ampliar los contactos y conquistar a estos trabajadores, es indispensable llamar a la unidad de acción contra la ofensiva capitalista, la reacción política, el fascismo y los peligros de la guerra; al mismo tiempo es necesario formar organismos de frente único para una amplia movilización de masas contra el enemigo común, el capital, a pesar de la hostilidad de los dirigentes socialdemócratas.

11. La respuesta de lucha del proletariado y las masas populares

Los imperialistas, los capitalistas y sus instituciones intensifican la agresión a las condiciones de trabajo y vida de la clase obrera y de los pueblos, pero la resistencia contra las políticas reaccionarias y antiobreras, los recortes a los gastos sociales, etc., tiende a desarrollarse y ser más organizada.

Con las movilizaciones y las huelgas en la fábricas, con la lucha callejera, con el voto o con su repudio, la clase obrera, los desempleados y los pueblos se enfrentan a las políticas de la burguesía imperialista y de sus aliados reaccionarios, rechazan el neoliberalismo, la austeridad y la masacre social, deslegitiman las corrompidas instituciones burguesas.

Hay una tendencia al ascenso de la lucha de masas, con importantes luchas obreras y luchas por la democracia; también se reivindica en muchos casos la independencia, la soberanía, el derecho de autodeterminación de los pueblos. Los trabajadores, los pueblos, combatiendo, recuperan la confianza en su enorme fuerza.

La clase obrera lucha en diferentes condiciones y situaciones en Turquía, Polonia, Sudáfrica, Nigeria, Bolivia, Bangladesh, Corea del Sur, Birmania, Camboya, China. En la India se ha producido una histórica huelga general dadas las condiciones de este país. Se promueven luchas por reivindicaciones salariales, para poner un dique a la explotación, por mejores condiciones de trabajo y contra los despidos masivos. En algunos casos, los obreros han ocupado fábricas y planteado en ellas el debate sobre el orden capitalista. Los obreros también luchan contra las posiciones vergonzosas de los jefes colaboracionistas de los sindicatos, exigiendo su expulsión de las fabricas y organizándose en comités independientes, como ha ocurrido en Turquía.

En América Latina y en el Caribe están en auge las luchas de los trabajadores y los pueblos, como en Ecuador, Perú, Bolivia, Uruguay, Colombia, Panamá... En México crece la ira y resistencia popular por los desaparecidos y los asesinados de Estado, contra las "reformas estructurales" del gobierno. En Honduras el pueblo reivindica el castigo de los corruptos. En Brasil, Chile y Argentina continúan la protesta social y las huelgas contundentes.

En muchos países africanos -especialmente en África occidental-, el pueblo y la juventud se levantan por sus necesidades vitales, por la libertad y los derechos democráticos y sindicales, contra las guerras civiles reaccionarias y los dictadores corruptos, agentes de las potencias imperialistas que persiguen una política de recolonización económica y política del continente.

En Burkina el proceso revolucionario avanza. Después del reaccionario golpe militar de septiembre, la movilización se desarrolla masivamente en todo el territorio nacional, pese a las maniobras de la burguesía local y las potencias imperialistas, EEUU y Francia, que tratan de paralizar la dinámica de las masas.

Subrayamos el desarrollo de la lucha social en Irak y Líbano, con nuevas reivindicaciones sociales y políticas que rebasan el esquema confesional y adquieren un carácter de clase evidente.

En Oriente Próximo sigue la lucha heroica del pueblo palestino con una nueva intifada contra la criminal ocupación de su territorio. El pueblo kurdo lucha por su autodeterminación. Es de destacar la respuesta popular al terrorismo y a las provocaciones fascistas en Turquía, así como en Túnez en defensa de los derechos alcanzados y la consecución de los objetivos revolucionarios.

En Europa hemos visto importantes luchas obreras en Polonia, Bélgica, Italia y otros países contra los despidos. Los trabajadores de los transportes y las comunicaciones se han movilizado en Inglaterra, Francia, Alemania, España y en otros lugares. En Italia, los maestros han realizado una huelga masiva contra la privatización de las escuelas públicas.

El rechazo de las políticas de austeridad ha visto nuevas significativas expresiones en Grecia, donde los trabajadores han rechazado el chantaje de la Troika imperialista (UE-BCE-FMI), han castigado a los partidos neoliberales y después disputado la subordinación del gobierno socialdemócrata hacia estas instituciones irreformables, que impusieron un nuevo y cruel "memorándum".

En los EEUU se han desarrollado las luchas de los trabajadores de la industria petrolífera,el movimiento de los obreros precarios (low-wage) y la gran protesta de la comunidad negra contra el terror policial y el racismo en el poder judicial. En Canadá, los estudiantes salieron masivamente a las calles contra el gobierno.

La ascensión de la lucha de clase procede por oleadas. Las anteriores permiten el desarrollo de las siguientes a nuevos niveles de combatividad, unidad y fuerza.

El carácter de las actuales luchas de clase es, todavía, defensivo. En los grandes y pequeños días de lucha los trabajadores, los jóvenes, las mujeres, los pueblos oprimidos, expresan su protesta, refuerzan el papel de sus organizaciones, pero en la mayoría de los casos no han logrado impedir la aplicación de las medidas neoliberales y antipopulares de los gobiernos. Sin embargo, la lucha misma crea entre las masas un odio implacable contra los capitalistas y el poder estatal, sentando las bases para un salto cualitativo.

Estas luchas demuestran una renovación del movimiento obrero y sindical, de sus reivindicaciones. Las huelgas atraen cada vez nuevos grupos de obreros y otros trabajadores explotados que desarrollan un papel clave en la vida económica. El nivel de la movilización y el número de los descontentos crece, especialmente entre los jóvenes.

Vemos un desplazamiento hacia la izquierda de los sectores combativos del movimiento obrero. La lucha por las exigencias económicas y políticas inmediatas adquiere rápidamente un carácter político. En la misma lucha se plantea el objetivo de reorganizar el movimiento obrero y sindical sobre una base combativa de clase.

La clase obrera y los pueblos están recobrando posiciones ideológicas y políticas, aumenta su nivel de organización y fuerza, aunque de modo desigual y gradualmente. Maduran las premisas de un nuevo avance revolucionario, gracias al aumento de la combatividad y participación de las masas en la vida política y social.

Se puede pronosticar una acentuación de los conflictos de clase como centro de las contradicciones mundiales, donde la economía se desacelera y el costo de vida aumenta.

El problema de fondo es: ¿qué fuerzas dirigen las protestas, las luchas, las revueltas? ¿Qué clase tiene que ejercer la hegemonía aprovechando cada ocasión para asestar un golpe al imperialismo y aumentar su influencia política sobre los otros elementos de la población? Hoy, los límites principales de las luchas carecen de una consistente dirección proletaria y de perspectivas revolucionarias. Eso aumenta la importancia del "factor subjetivo", es decir del nivel de conciencia, de combatividad y de organización de la clase obrera y de su destacamento de vanguardia.

12. Sobre nuestras tareas y responsabilidad

Estamos en un período histórico caracterizado por la contradicción entre la madurez de las condiciones objetivas para dar un paso hacia la nueva sociedad basada en la propiedad común de los medios de producción, y el atraso del factor subjetivo, determinado por la derrota transitoria, pero con profundas consecuencias, de las primeras experiencias del socialismo.

El movimiento comunista es hoy todavía débil y fragmentado, pero se reactiva. Recae sobre nuestros hombros la etapa en la cual, como consecuencia de la ofensiva imperialista y anticomunista, la conciencia de la clase obrera y de las masas populares ha sido duramente golpeada y se manifiesta una pérdida de la perspectiva revolucionaria.

La ofensiva del capitalismo y las repercusiones sociales de su última crisis han sido de tal envergadura que ahora las masas explotadas y oprimidas ven con más claridad el verdadero rostro de este sistema obsoleto, y por lo tanto manifiestan más y más la exigencia de radicales cambios políticos y sociales. Las ideas comunistas se han difundido después de la crisis de 2007.

Existen potentes factores favorables al desarrollo de la lucha revolucionaria: la continua extensión del proletariado a nivel mundial (hoy hay aproximadamente 1.600 millones de trabajadores asalariados, de los cuales cerca de la mitad son obreros industriales); el rápido crecimiento de la joven generación más amplia de la historia; el desarrollo y propagación de los medios de comunicación que ponen en contacto a los trabajadores y su luchas; el aumento de las desigualdades sociales y la concentración de masas inmensas de explotados y oprimidos en las metrópolis, donde ya reside más del 50% de la población mundial y que serán los lugares cruciales dónde se desarrollará el conflicto de clase en las próximas décadas.

Hace falta añadir que vastas capas de la pequeña burguesía, víctimas de las políticas criminales de la oligarquía financiera, atraviesan una seria crisis y ya no constituyen una base segura de apoyo para la burguesía. La disgregación política de las clases sociales medias ofrece mayor posibilidad de éxito a la lucha del proletariado, que debe dirigir a la gran masa de los explotados y oprimidos, paralizando a las capas inestables y oscilantes.

El terreno vuelve a ser fértil para los marxista-leninistas. Del desastre de todas las opciones políticas burguesas y reformistas emerge de nuevo la única alternativa segura: la revolución proletaria y el socialismo. En la situación actual pueden preverse rápidos cambios, el ritmo de los acontecimientos revolucionarios puede acelerarse, se pueden crear condiciones en las que será posible avanzar a pasos acelerados, a saltos.

La situación exige capacidad de comprensión de la situación concreta, de previsión y adaptación; demanda firmeza y estabilidad ideológica para adoptar tácticas ágiles y flexibles, subordinadas a la estrategia revolucionaria. En este escenario, la tarea de las fuerzas marxista-leninistas es aumentar su influencia política, conquistar y mantener los más estrechos lazos con la masa proletaria, recogiendo sus necesidades y aspiraciones, implicar en la lucha a los sectores decisivos, para atraerlos a nuestro campo y avanzar en el proceso de acumulación de fuerzas revolucionarias.

Las convulsiones del sistema capitalista-imperialista, la ofensiva reaccionaria de la burguesía, el riesgo de guerra, hacen de vital y urgente importancia el desarrollo de la lucha de clases, de su organización, del nivel de combatividad de las masas. Debemos aprovechar las situaciones objetivas, definir líneas de acción política adecuadas, hacer un esfuerzo para tomar la dirección de los procesos de lucha, para multiplicar nuestro contacto con las masas, sin perder nunca de vista la lucha por el poder político.

Por lo tanto, corresponde a los comunistas (marxista-leninistas) apoyar y movilizar cotidianamente a la clase obrera y a los otros trabajadores en defensa de sus intereses y aspiraciones económicas y políticas; unir a los explotados y oprimidos, llevando la luz del socialismo científico al movimiento obrero y popular; proponer y realizar en varias formas el Frente Único de la clase obrera para empujar a la lucha a amplias masas de obreros y desempleados; trabajar en los organismos de masas existentes y crear otros nuevos, para organizar acciones comunes contra los capitalistas, los ricos y sus gobiernos, creando las condiciones para una amplia contraofensiva de los explotados y oprimidos.

De esta forma, lograremos penetrar más profundamente entre las masas, para conseguir un más estrecho enlace y conquistar políticamente las capas decisivas del proletariado.Por consiguiente, lograremos movilizar a los aliados del proletariado: las amplias masas trabajadoras que sufren el yugo del capital, los pequeños campesinos, la pequeña burguesía urbana, los jóvenes parados y estudiantes, las mujeres de las capas populares, los pueblos y las nacionalidades oprimidas.

Corresponde a los comunistas (marxista-leninistas) luchar contra la dictadura burguesa en todas sus formas, tomar en nuestras manos la bandera de las libertades y los derechos de la clase obrera y de las masas populares amenazadas por la burguesía, afirmar la soberanía popular y la independencia de los países subyugados por el imperialismo; desarrollar las luchas contra las fuerzas reaccionarias y fascistas, contra la xenofobia y el fascismo, contra la represión antipopular y la política antidemocrática de la burguesía, impulsando amplios Frentes Populares que unan alrededor de la clase obrera a las capas populares. Estos frentes deben conectarse a escala regional e internacional en un solo Frente revolucionario, antifascista, antiimperialista, de lucha de la clase obrera y los pueblos oprimidos contra el común enemigo, el imperialismo.

Corresponde a los comunistas (marxista-leninistas) tomar la iniciativa de la lucha contra la guerra imperialista, sobre la base de plataformas antiimperialistas y revolucionarias que recojan todas las fuerzas populares, democráticas y patrióticas; ponernos a la cabeza de la lucha contra las intervenciones imperialistas, contra los fomentadores de guerras y la carrera armamentista, por el desmantelamiento de las bases militares imperialistas y la salida de las alianzas belicistas, para obstaculizar la máquina bélica con acciones de masas, por la transformación de las guerras civiles reaccionarias en guerras civiles revolucionarias, así como el apoyo a las luchas de liberación nacional y social que sacuden al imperialismo.

Corresponde a los comunistas (marxista-leninistas) intensificar la más decidida batalla ideológica y política contra las corrientes nacionalistas, populistas, chovinistas y fascistas, y contra aquellas corrientes reformistas y socialdemócratas que adormecen y dividen a las masas para perpetuar la esclavitud asalariada.

Es nuestra tarea indicar la salida revolucionaria de la crisis general del bárbaro e inhumano sistema capitalista,

Para cumplir con estas tareas y responsabilidad, para avanzar de una manera consistente en la organización de los procesos revolucionarios en los diferentes países, es necesario contar con Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas más grandes, fuertes y con un mayor número de cuadros proletarios, realmente activos.

Sin Partidos comunistas arraigados en la clase obrera y en las masas populares, que participen activamente en la vida social y política, es imposible superar las debilidades de los movimientos de lucha y transformarlos en movimientos de masas revolucionarios, es imposible dirigir de forma independiente la lucha de clase del proletariado, avanzar y garantizar el triunfo de la revolución, la construcción del socialismo y el comunismo.

Por lo tanto, es nuestra indispensable tarea agrupar la vanguardia del proletariado, las genuinas fuerzas comunistas bajo las banderas del marxismo-leninismo y el internacionalismo proletario, reforzar y renovar los Partidos existentes, construir auténticos Partidos y Organizaciones comunistas donde no existen, trabajar por la consolidación de la unidad internacional del proletariado revolucionario en nuestra CIPOML.

XXI Plenaria de la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxistas-Leninistas

Octubre de 2015