Se ha celebrado el VI Pleno de nuestro Comité Central. El Comité ha examinado algunas consecuencias que, a escala internacional, está provocando la parálisis económica causada por la anarquía característica de la producción capitalista. Así, en primer lugar –tal y como ya se anunciaba en el Informe a nuestro último Pleno–, la política exterior de Donald Trump ha acabado ajustándose, en sus líneas generales, a las tendencias seguidas por sus antecesores, manteniendo las medidas que interesan al gran capital: ello significa un reforzamiento de la represión y un incremento de las agresiones militares y las amenazas de la principal potencia imperialista del planeta. Mientras tanto, se extiende la crisis política por Latinoamérica.

Asimismo, advertimos que China aspira abiertamente a tomar el relevo de EEUU en la tarea de impulsar la globalización imperialista, configurándose como principal competidor de EEUU en el control de las áreas de influencia. Por más que aún haya quien, desde el campo revisionista, alaba el papel del “socialismo chino”, esta creciente rivalidad no hace más que apuntar a la exacerbación de las contradicciones, la agudización de la crisis y la guerra, como ya ha sucedido en el pasado. Y es que, pese a la propaganda de los medios y gobiernos al servicio de la burguesía, la crisis económica y el declive del bloque imperialista europeo no cesan. Y, con ello, se agudiza la batalla interna en el seno de la propia oligarquía imperialista, mientras crece en todo el mundo la inestabilidad, se extienden las guerras y aumenta la confrontación entre las potencias y sus exhibiciones y alardes militares, particularmente en las zonas “calientes” donde chocan de manera más clara sus intereses.

En Europa, por su parte, se agudizan las contradicciones internas en las grandes potencias, a causa de la crisis, pese al respiro proporcionado por las derrotas electorales del populismo fascista. No obstante, el debilitamiento de la Unión Europea no va a impedir que siga practicando la misma política de recortes, sobre todo después del respiro que la victoria de Macron ha supuesto para la burguesía. Por eso, nada bueno espera a las clases trabajadoras: la continuidad en los recortes sociales, la liberalización y la desregulación laboral, etc., que necesita el capital para hacer que la economía europea se recupere y pueda competir en mejores condiciones por el reparto del mundo en marcha. Por eso también, la posición ante la Europa capitalista va a seguir siendo un elemento determinante en la orientación de las luchas que enfrente el movimiento obrero, tanto sociales como políticas: o el «más Europa» de la pequeña burguesía, o enfrentarse abiertamente al programa de la oligarquía imperialista europea y a la propia Unión Europea.

Es importante no perder de vista que la política imperialista recurre continuamente a la guerra como último argumento en defensa de sus intereses. Paso a paso, las potencias mueven sus ejércitos, actualizan sus arsenales y movilizan sus fuerzas de destrucción cada vez con menos disimulo diplomático. El conflicto sirio, la tensión en el Mar de China o el despliegue del escudo antimisiles norteamericano y de fuerzas de la OTAN en la frontera oriental de la UE, por ejemplo, así lo atestiguan. Las potencias imperialistas y sus satélites reequilibran sus alianzas, se enfrentan por el control de nuevos mercados y se preparan para la guerra entre cantos a la solidaridad, la democracia y la paz. Las condiciones objetivas derivan rápidamente hacia una situación parecida a la que desembocó en la Primera Guerra Mundial.

En definitiva, habiendo creado las condiciones para el mercado mundial, el capitalismo se enfrenta ahora a la necesidad de destruir masivamente fuerzas productivas, arrasando empleos, incrementando la guerra comercial entre los capitalistas y, finalmente, provocando guerras y destrucciones masivas, para volver a empezar sobre las ruinas, en una espiral que únicamente la acción consciente de quienes crean la riqueza, los trabajadores, puede cortar: hoy, como hace cien años.

Precisamente, la agudización de las contradicciones coloca a los trabajadores ante la necesidad de comprometerse políticamente. La dureza de los ataques por venir crea también las condiciones para que la conciencia de las masas madure rápidamente. Las luchas educan y hacen que cada día valga por años de los tiempos de “paz social”.La experiencia de los bolcheviques nos enseña que, en un momento de confusión y desánimo, cuando el enemigo, azuzado por sus contradicciones y ensoberbecido por su fuerza, actúa sin caretas, lo determinante para canalizar los esfuerzos colectivos es la claridad en las ideas y los objetivos, así como la organización. Hoy en día, cien años después de la primera gran revolución proletaria de la historia, la situación objetiva del proletariado se agrava por días. Pero ello mismo hace que la política de los comunistas sea comprendida y asumida más fácilmente por las masas, como estamos comprobando cotidianamente. Allí donde los comunistas hayamos conseguido agruparnos y organizarnos mejor, consolidar una dirección capaz de analizar colectivamente y orientar el trabajo del Partido, podremos intervenir de una manera más eficaz en política y actuar como exigen las circunstancias.

Para ello, es determinante la organización internacional de los comunistas: el análisis colectivo de las experiencias de lucha de los distintos partidos enriquece el trabajo de cada uno de ellos. El capital actúa en la esfera internacional por encima de fronteras: la explotación, la miseria y la guerra se extienden por todo el mundo y afectan a los trabajadores como clase con independencia de su origen nacional. La revolución es también una tarea internacional.

Es por ese motivo que nuestro Partido debe reforzar aún más el trabajo internacionalista en la CIPOML. Los cambios que la burguesía ensaya para mantener su control político en los estados, y las respuestas que cada uno de los destacamentos organizados del proletariado da para combatir al capital, nos permiten llegar a síntesis que, con las debidas adaptaciones, nos sirven a los comunistas españoles para combatir la forma política que el régimen de explotación capitalista adopta en nuestro país.

En nuestro país, apenas quedan rescoldos de las grandes movilizaciones que se produjeron en los años previos a la abdicación borbónica; y, cuando se producen, suelen adolecer de la misma falta de objetivos políticos que caracterizó a las mareas de entonces. En este contexto de desmovilización, sólo el procès catalán hace agitarse la agenda política de la España monárquica. En este sentido, nuestro Partido ha defendido siempre el derecho a la autodeterminación de las nacionalidades históricas, de la misma forma que siempre ha defendido el Estado federativo como alternativa que permite aunar la defensa de la identidad de cada nacionalidad, con el interés común a las clases trabajadoras de todos los pueblos del Estado español.

Sea cual sea la conclusión del camino emprendido por la burguesía catalana, lo que queda claro es que en esta pelea no se ventilan problemas reales de los trabajadores y de los pueblos de España. Y este es, a nuestro parecer, un síntoma claro de que el proceso de dispersión de fuerzas y objetivos y de crisis de la izquierda reformista y del socioliberalismo, en sus distintas variantes, continúa profundizándose. Una descomposición –fruto de la falta de claridad en los objetivos– que alcanza incluso a las fuerzas más “radicales” del espectro revisionista, y que se suma a las limitaciones impuestas por el marco jurídico y político para vaciar gran parte de las expectativas que habían generado estas corrientes oportunistas.

Entretanto, el gran capital sigue aplicando su política de manera inexorable: persisten las reformas laborales y se anuncia su recrudecimiento, con lo que crecen la desregulación del trabajo, la precariedad y el número de empleos con salarios de miseria; el núcleo central de la LOMCE permanece inamovible; persisten también las grandes líneas de la reforma universitaria; continúa profundizándose el desequilibrio territorial en el Estado; prosigue el clima de crisis social provocado por el estallido de la burbuja inmobiliaria, con incesantes desahucios hipotecarios.

Así pues, el bloque de poder consolida poco a poco su dominio, lejos ya la amenaza de una expresión política de clase y consecuente del periodo de movilizaciones generalizadas que se vivió en la primera legislatura del PP. Y el Gobierno, por su parte, ha logrado una relativa estabilidad y afronta una legislatura en la que la división y la crisis interna se trasladan a su oposición.

Entre tanto, la pequeña burguesía –incluida la nacionalista– hace política con las cuestiones tangenciales que le afectan pero no cambian el carácter de clase del Estado monárquico: corrupción, identidad nacional, igualdad, orientación sexual, derechos de los animales, ecología, etc. son el centro de atención de sus representantes en las instituciones. Apenas tres años después de la irrupción de PODEMOS, el panorama político está abierto en canal: los sectores más consecuentes de la izquierda están desconcertados y aislados en sus propias organizaciones por las decisiones erráticas de sus dirigentes y sometidos a una presión constante con amenazas, sanciones y expulsiones de organizaciones enteras. Por eso, los comunistas del PCE (m-l) nos planteamos como una de nuestras tareas contribuir a agrupar estos sectores, antes de que se pierdan para la lucha, e incluso recuperar alguna expectativa electoral unitaria, al margen de la moda “ciudadanista”, allí donde sea posible.

En este sentido, el Comité Central constata con satisfacción que los Ocho Puntos del programa republicano que propusimos como objetivos centrales de la Unidad Popular han sido rápidamente aceptados por la mayoría de corrientes de la izquierda. Pese a las graves consecuencias de la erupción “ciudadanista”, la situación está abierta y observamos que los planteamientos claramente rupturistas están siendo aceptados por sectores crecientes de las masas.

Partiendo de estos análisis, nuestro Comité Central considera más urgente si cabe que los comunistas nos vinculemos a nuestra clase y sus reivindicaciones concretas en barrios, centros de estudio y trabajo, utilizando todos los instrumentos precisos para ello y apoyándose en las organizaciones permanentes del proletariado y las clases populares, para agrupar a los sectores obreros hoy dispersos y sin organizar.

Con ese objetivo, el PCE (m-l) va a centrar sus esfuerzos en precisar con mayor detenimiento un programa táctico concreto que oriente la intervención política de nuestros militantes, mientras desarrollamos la formación ideológica de los camaradas, y particularmente de los jóvenes que están incorporándose a la organización. En este sentido, nuestro Partido pondrá especial dedicación al reforzamiento de la JCE (m-l), tarea que, en lo inmediato, se concreta en contribuir al éxito político y organizativo del próximo Campamento Juvenil Republicano, Antifascista y Antiimperialista, que se celebrará el próximo mes en Castellón.

Madrid, junio de 2017

Comité Central del PCE (m-l)