La larga campaña para la primera vuelta de las elecciones presidenciales ha terminado con el paso a la segunda de E. Macron y de M. Le Pen. Pese a la fuerte presión para votar, la abstención ha sido del 20%. En esta cifra se encuentran todas las personas que han querido manifestar su rechazo al sistema. Es la posición que hemos defendido y aplicado.

Las diferencias entre los cuatro primeros candidatos son muy reducidas: Logran entre el 19,5% y el 24% de votos, lo que demuestra la estrecha base electoral de los dos candidatos que se van a enfrentar.

El rechazo masivo hacia los representantes de los dos partidos que han gobernado durante cuarenta años, Fillon por la derecha y Hamon por el PS, es uno de los aspectos a destacar de los resultados. El golpe es particularmente severo para el PS, que ya ha explotado.

El favorito de los medios de comunicación es E. Macron, el cual se beneficia del apoyo de la oligarquía y ha encabezado la primera vuelta, por delante de M. Le Pen, que ha logrado el mayor resultado electoral de la extrema derecha.

Un importante número de electores ha querido traducir, mediante el voto a favor del candidato de «Francia insumisa» (J.L. Mélenchon), su oposición a la política neoliberal del PS. Este potencial de resistencia, como el que se ha mostrado a favor de P. Poutou o de N. Artaud y el manifestado mediante el voto en blanco o la abstención, debe invertirse en las luchas sociales, que no cesan. La lucha de clases, a nivel nacional e internacional, no se repliega y no se puede dejar al albur del calendario de las citas electorales.

La segunda vuelta se presenta como una repetición del llamamiento de 2002 a votar por Chirac, para frenar a Le Pen: hoy, ese llamamiento se traduce por «todos con Macron».

La extrema derecha es una carta de la oligarquía: la carta de la división del movimiento obrero y popular, del racismo, del neoliberalismo camuflado bajo un discurso de demagogia social y nacionalista, de la política de guerra.

Macron, el candidato de la oligarquía, partidario del neoliberalismo, de la precarización generalizada del trabajo de la sociedad, de la defensa europea, de la OTAN, no es una muralla o freno contra la extrema derecha.

Es por eso por lo que nos negamos a plegarnos a la petición de ponernos a remolque del candidato Macron, y llamamos a la abstención en la segunda vuelta de las presidenciales.

Estas elecciones presidenciales, basadas en una personalización desmedida del combate político, desembocarán en la designación de quien administre mejor los intereses del imperialismo francés.

Lo urgente es organizarse y luchar: plantar cara para defender los intereses obreros y populares, para luchar contra la política neoliberal, contra el estado policíaco y la política de guerra que Macron va a aumentar. Hay que desarrollar la solidaridad con los pueblos que luchan por su emancipación nacional y social.

Esto es lo que nuestro partido coloca en primer lugar este Primero de Mayo, mediante nuestra consigna:

¡Contra la reacción y la guerra, por una ruptura revolucionaria!

Partido Comunista de los Obreros de Francia

París, 24 de abril de 2017

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